Foto: Echosinhache.blogspot.com
Era Bernabé hijo de Diego y María, y nace en Cárcar el día 19 de junio del año 1628. Jacinto, su hermano menor, y que nació en noviembre del año
siguiente, se da la circunstancia de que fue antepasado de la autora de esta investigación.
Consultados
los catálogos de los Archivos de Navarra y Diocesano de Pamplona encontramos
que Bernabé era de profesión organista y maestro de escuela. No sabemos dónde,
cómo o cuándo se formó, pero gracias a los muchos pleitos en los que se vio
envuelto podemos hacer siquiera un esbozo de lo que fue su vida.
Para el año 1651, con veintitrés
años, lo encontramos residiendo en la localidad navarra de Aibar, ya
que aparece envuelto en lo que sería su primer pleito civil, y donde ya consta que era el organista de la iglesia de San Pedro de esa localidad. Mantuvo al parecer Bernabé cierto
devaneo amoroso con una chica a la que sedujo, y que, según, era menor de edad. La
joven se llamada Juana de Azcárate. Bien pudo ser que fuera cuestión de amores
primerizos o que en realidad el joven se quiso aprovechar de Juana, pero el caso es
que el padre de la ofendida, llamado Miguel de Azcárate, acude a los tribunales acusando a
Bernabé de estupro, y exigiéndole que o bien
se casase con su hija, o bien le resarciera con la desorbitada cantidad de doscientos
ducados, que servirían para su dote. Al tasar la indemnización a pagar en una
cifra tan elevada, para ser afrontada por un hombre tan joven, se nos ocurren
dos cosas: que o bien el padre de la chica buscaba verdaderamente forzar a
Bernabé a casarse -dando por hecho que éste no podría desembolsar esa cantidad-, o bien esperaba que la familia del chico pudiera perfectamente avalarle y aprovechar así de la coyuntura.
Iglesia de san Pedro de Aibar. Foto: romaniconavarra.info
No
hay respuestas a tales preguntas, pero tampoco hay constancia de que este matrimonio se
llevara a cabo, y mucho menos de si dejó huella sentimental en el
espíritu del organista -que bien pudiera llevarle a componer alguna pieza melancólica
y sublime de la que quedara rastro-; nada de esto se puede aventurar,
pero lo que sí es cierto es que Bernabé vuelve a aparecer algunos años más
tarde en la localidad de Mendigorría contratado por el cabildo para hacerse
cargo de la organistía de su parroquial de San Pedro. Y será en este pueblo
donde el organista conozca a la que sí será su esposa: Francisca de Leóz y Lator, y con
la que se casará hacia el año 1660; esta mujer era viuda y había estado casada anteriormente
con un tal Miguel Escribano.
Iglesia de San Pedro.Mendigorría. Foto: lebrelblanco.com
Del
matrimonio entre Bernabé y Francisca nacerá al menos un hijo en el año 1663, al que
bautizaron con el nombre de Joaquín. Y será en ese mismo año cuando Bernabé regrese
a Cárcar, su pueblo, para hacerse cargo de la organistía de la iglesia de San
Miguel.
En
esa época el órgano de la parroquia de Cárcar no se encontraba en el lugar en
que lo vemos actualmente, sino que estaba situado en la parte derecha del coro,
justo en el lado opuesto. Como esa ubicación dificultaba la vista al organista
para poder seguir la liturgia adecuadamente, un puñado de décadas más tarde,
concretamente en el año 1735, se estudió y aprobó la construcción de un nuevo
órgano que culminaría al año siguiente,
obra del maestro organero lerinés Joseph de Mañeru, y que es el que se puede
ver en la actualidad, y que por cierto no suena.
Ubicación antigua donde se encontraba el órgano de la iglesia san Miguel de Cárcar.
Aquí,
en Cárcar, se verá Bernabé envuelto de nuevo en otro pleito, esta vez presentado
ante los tribunales eclesiásticos por él mismo contra don Felipe López Baylo, uno de los primicieros de la parroquial. Le reclamaba a este sacerdote un dinero que por lo visto le adeudaban
y se retrasaba en el pago. El caso también quedó pendiente.
Órgano de la iglesia de Cárcar en su estado actual.
Algunos años después, el músico carcarés pasará de nuevo a ocupar la organistía de la iglesia de Mendigorria, y gracias a otro proceso descubrimos un nuevo dato: que Bernabé, además de ser el organista, se encargaba también de impartir clases a los niños como maestro de escuela, cosa que por otro lado era bastante habitual. El pleito se inició el año 1665 y se lo puso un tal Francisco Mediavilla, vecino de esta localidad y también maestro de escuela. Alegaba Mediavilla que Bernabé, además de ejercer como maestro, era organista, y aseguraba saber que no había sido examinado por la villa para ese puesto sino solamente por los patronos eclesiásticos, por lo que estimaba que ya tenía bastante con su sueldo de organista. (Queda claro que, como en todo tiempo y lugar, la competencia crea rencillas).
Como
al parecer el puesto de organista no era vitalicio, para el año 1671 vemos de
nuevo a Bernabé desempeñando su oficio esta vez en la localidad de Allo y en su iglesia
de Nuestra Señora de la Asunción. Aquí también hace doblete, haciéndose cargo también de la educación de los niños de
la escuela. Y de nuevo vuelve a tener problemas con los dineros ya que en
el año 1672 aparece pleiteando en los tribunales eclesiásticos con los
primicieros de su parroquial, reclamándoles el salario que se le adeudaba, tanto
de organista, como de maestro: “siendo un
pobre hombre quien no solo se le debe por su ministerio, sino que también por
el de maestro de escuela”.
Iglesia de Santa Maria de la Asunción de Allo. Foto: villadeallo.org
Aquí
tuvo Bernabé mala suerte ya que, como hubo cambio de primicieros los entrantes
no se querían hacer cargo de las deudas contraídas por los cesantes. Y como
aquí tampoco hubo sentencia, se ignora si consiguió cobrar los dineros
pendientes de su salario, que sería
probable que no, ya que en ese mismo año de 1672 vuelve a ocupar por tercera
vez la plaza que dejó vacante en Mendigorria.
No
obstante a todo esto, no parece que Bernabé anduviera económicamente mal, ya
que enseguida de instalarse de nuevo en Mendigorría (que como recordaremos era el
pueblo de su mujer), un tal Martín de Olaz le pone pleito reclamándole el pago
de su salario como criado, avisándonos de que Bernabé
disponía de servicio doméstico. Esta vez la cantidad reclamada eran veinticuatro ducados, a los que había que añadir el valor de seis
cargas de vino.
Lo
que parece evidente es que en aquella época, ni unos ni otros eran diligentes a la hora de liquidar las deudas.
Además
de contribuir con su salario al sostenimiento familiar, Bernabé y su familia disfrutaban
también del usufructo de los bienes que la esposa aportó al matrimonio, fruto
de su anterior unión, y así lo fueron haciendo durante los siguientes quince años tras su enlace. Esto no debía de parecerle bien a Josefa, la cuñada y hermana
del difunto marido, ya que en el año 1676 pone pleito al matrimonio Fortuño-y de Leóz y se presenta ante
los tribunales junto con su marido, Joaquín Martínez de Arizala, reclamándoles
los bienes que aquellos habían estado disfrutando, y que al parecer legalmente no les correspondían por haberse casado ella de nuevo (llama la atención
que esperaran quince años para reclamar). Además, los querellantes pedían la
cantidad de doscientos ducados como resarcimiento, y para hacer frente a las
cargas judiciales.
En
este caso parece claro que los querellados sí tuvieron que renunciar a los bienes
del difunto marido de la mujer de Bernabé.
En el año 1678, transcurridos apenas dos años
de este último pleito, la familia Fortuño se traslada a la localidad de Dicastillo
-situada en las faldas de Montejurra-, probablemente para hacerse cargo del
órgano de su iglesia, y seguramente ya en situación algo más delicada, a tenor
de tantas contrariedades. Pero tampoco se les van a acabar aquí los problemas ya que, estando en Dicastillo tiene que hacer frente, por enésima
vez, a un nuevo pleito que le presenta un tal Antonio Azcona, ex mayordomo de
la cofradía de Santiago de Mendigorria,
reclamándole cierta cantidad de dinero de dicha Cofradía, y que gestionaba Bernabé en su
momento.
Pleito
va, pleito viene, como la maldición del gitano: “pleitos tengas y los ganes”. Así
que Bernabé tuvo que emplearse en negocios de otra índole, que le reportaran beneficios adicionales a los de su profesión. Y así, hacia el año 1682 toma el
arriendo de la pesca del río por un período de diez años, que a su vez subarrienda
por otros cuatro a dos pescadores vecinos del barrio de la Magdalena de
Pamplona, llamados Martín de Orna y Juan de Labiano; y como no podía ser de
otro modo, estos también se retrasan en el pago algo más de lo debido, por lo que Bernabé,
tan acostumbrado como estaba a estas situaciones, pone pleito a estos
pescadores sobre pago de treinta y nueve ducados.
Una
vida la de este hombre a todas luces nada tranquila, que le llevó constantemente
de un juzgado a otro, y entre abogados y procuradores, por diversos
pueblos navarros en los que tuvo que dejar sin duda una huella intangible, a la vez valiosa: acompañar con el sonido de la música sacra en los oficios litúrgicos, unido
al ejercicio de la enseñanza a los niños.
Trescientos noventa y dos años nos separan desde el nacimiento de este organista y maestro
carcarés. Sirva esta aproximación a la vida de Bernabé Fortuño para conocer el modo en que se vivía en épocas pasadas, en las que uno se acogía con confianza a la ley a sabiendas de encontrar defensa clara en la justicia.
Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz
Fuentes:
Archivo parroquial de Cárcar.
-Catálogo Archivo de Navarra. Procesos: 146/202009; 135715; 311903; 228511; 135880; 135962.
-Catálogo Archivo Diocesano de Pamplona;
-familysearch.org;
Archivo parroquial de Cárcar.
-Catálogo Archivo de Navarra. Procesos: 146/202009; 135715; 311903; 228511; 135880; 135962.
-Catálogo Archivo Diocesano de Pamplona;
-familysearch.org;
-ZUDAIRE
HUARTE, Claudio. De Organistas y Organeros de Navarra en el Siglo XVII.