Legado de Cárcar
Este blog busca dar visibilidad a personajes de Cárcar, o relacionados con esta población navarra, que permanecen desconocidos u olvidados; así como a cosas que se refieran a ella.
lunes, 16 de marzo de 2026
JOAQUÍN BASTERO LERGA. profesor, funcionario y autor teatral
martes, 24 de febrero de 2026
Se llamaba Castora, pero nunca tuvo nombre; ella era “LA MUDA”
A veces recuerdas cosas, gentes del pasado que, aunque no conociste, siempre oíste hablar de ellas con cariño. Personas tan anónimas que se podría dudar incluso de si existieron en realidad. Pero no, su imagen plasmada en apenas una foto y unos recuerdos que se resisten a desaparecer han sido suficientes para poder conformar siquiera un boceto de la vida de "la Muda".
Castora Rubio González nació el 28 de marzo de 1874, en el seno de una familia marcada por la dureza de la vida y las pérdidas tempranas. Natural de Cárcar, era hija de Juan Rubio y de su primera esposa, Florencia González. De aquel matrimonio nacieron varios hijos: Ramón, que murió con apenas dos años; Roque; Bonifacio; Inocencia, que falleció al mes de vida; Hilario; y Castora, que vino al mundo con una discapacidad que condicionaría su existencia: era sordomuda. De ellos, solo Hilario y Castora salieron adelante.
La muerte prematura de la madre cambió el rumbo de la familia. Juan Rubio volvió a casarse en 1882 con Juliana Sádaba, con quien tuvo más hijos: Victoriana, que no sobrevivió; Ramona, nacida en 1885; los gemelos Paulino y Juan (Juanito murió trágicamente al ser atropellado por el carro donde traía pinturas desde Peralta para la iglesia de Cárcar); María, que falleció con cuatro años; e Isidro.
Con el paso del tiempo, la familia se fue dispersando. Hilario emigró a Argentina, estableciéndose en la Colonia Alvear, donde formó su propio hogar junto a Encarna Mateo, también natural de Cárcar, y Paulino e Isidro que se casaron y formaron su propia familia. Pero Castora permaneció en la casa familiar. Juliana, su madrastra, muere y también su padre en 1921, dejándola a cargo de Ramona.
Ramona se casó con Gregorio López y tuvo siete hijos: Ricardo, Segundo, Isidro, Lucia, Julia, Vidal y Carmelo. Ricardo y Lucía murieron siendo niños. Otra de las hijas, Julia, sufrió meningitis en la infancia, lo que le dejó una deficiencia visible que la acompañaría toda su vida. Y la tragedia volvió a golpear cuando Gregorio falleció con tan solo 46 años de una pulmonía, dejando a Ramona viuda con cinco hijos, el menor de apenas once meses.
Fue entonces cuando la figura de Castora adquirió una dimensión inmensa.
Junto a Segundo, el hijo mayor de Ramona, Castora asumió el peso de sacar adelante a la familia. Aquella mujer sordomuda, a quien todos llamaban simplemente “la muda”, y a la que muchos podrían haber considerado limitada por su deficiencia, demostró tener una fortaleza física y moral extraordinaria. Trabajaba las escasas tierras que poseían, realizaba las labores más duras del campo y recorría el pueblo subiendo cántaros de agua en un burro para venderlos y aportar un dinero extra a la economía familiar. Mientras tanto, Ramona cuidaba de la casa y de los hijos, especialmente de Julia, ya que su discapacidad exigía más dedicación.
Castora no hablaba ni oía, pero se hacía entender. Era despierta, intuitiva y profundamente comprometida con los suyos. Entre gestos, miradas y una complicidad forjada en años de convivencia, mantenía una comunicación fluida con su hermana y sus sobrinos; también con sus hermanos Paulino e Isidro que nunca se desvincularon. Ella no fue una carga para Ramona, sino un apoyo material y un ejemplo para los hijos de esta. Estos reconocieron siempre que fue Castora quien les enseñó a trabajar, a ser constantes, a no rendirse ante la adversidad.
Su vida estuvo marcada por el esfuerzo silencioso. No buscó reconocimiento, no protagonizó grandes gestas públicas, pero sostuvo un hogar cuando más se necesitaba. Su fortaleza no era estruendosa: era diaria, persistente, callada.
Murió a los 80 años como había vivido: trabajando. Falleció mientras limpiaba la pocilga del cerdo (aquel que serviría de alimento para el año tras su sacrificio) en una escena que resume su existencia entera: entrega, responsabilidad y dignidad hasta el último aliento.
La historia de Castora Rubio González apenas la recuerdan ya sus sobrinos nietos, gracias a que fue contada con emoción por quienes la conocieron, la respetaron y la quisieron: sus propios sobrinos. Es la historia de una mujer, que a pesar de sus limitaciones y de las muchas pérdidas que marcaron su entorno, supo sobreponerse a todo y convertirse en pilar de su familia.
Castora no pudo alzar la voz, pero dejó huella. Hay personas que no hacen ruido al pasar por la vida pero sostienen el mundo en silencio. Por eso, su trayectoria nos recuerda que la verdadera fuerza es la que se ejerce así, en silencio.
Su historia no aparece en libros ni en monumentos, pero su vida, como la de tantos otros, constituye el legado de una sociedad rural que se forjó a base de esfuerzo y de personas anónimas como Castora: “la Muda”.
jueves, 1 de enero de 2026
RESUMEN DEL AÑO 2025 EN EL BLOG
Febrero fue un mes especialmente dulce para el blog, ya que se cumplían cinco años desde su creación. Era momento de celebración. Los actos comenzaron con una entrevista, realizada a los pies de la imagen de la Virgen de Gracia y con el retablo central de la iglesia como telón de fondo. La entrevista corrió a cargo de Juan Ignacio Fernández, exquisito reportero local y atento cronista de cuanto acontece en el pueblo.
En marzo abordé la figura de Vicente Navarro Ruiz, maestro nacional, inspector de Educación, miembro del Consejo Provincial de Enseñanza y sindicalista. Le tocó vivir tiempos convulsos de guerra y exilio, que lo llevaron lejos de su tierra natal. Incluso fue confinado en campos de concentración en Francia, de los que logró huir. Finalmente emigró a Uruguay, donde vivió hasta su muerte. https://legadodecarcar.blogspot.com/2025/03/vicente-navarro-ruiz-educador-e.html
Abril permitió elaborar una breve historia sobre una auténtica joya local: la enigmática arqueta nupcial de la iglesia. Enigmática porque se desconoce quién la trajo a Cárcar y en qué momento y circunstancias. Datada entre los siglos XIV y XV, en la actualidad se encuentra eventualmente en Pamplona, formando parte de una exposición en el Archivo de Navarra con motivo de la conmemoración de los 600 años del rey Carlos III el Noble.
Mayo llegó con el artículo titulado ¡A la Virgen de Gracia!, en el que se explicaba en qué consistía la tradicional romería a la ermita en tiempos de nuestros padres. Para ello me apoyé en un texto escrito por don Juan Antonio Díaz de Rada, gran conocedor de las tradiciones del pueblo. Su testimonio resulta tan valioso como impagable, y su lectura es muy recomendable.
En junio el protagonista fue Celestino de Villalón, cantor con voz de tiple y organista, que llegó a Cárcar procedente de Bilbao. Casó con la hija del anterior organista y juntos marcharon a Bilbao, donde Celestino desarrolló su carrera como contralto y posteriormente tenor en la capilla de música de la iglesia de Santiago.
Julio estuvo dedicado al padre Eugenio Sádaba, misionero paúl en Puerto Rico. Fue párroco en Manatí y en San Juan de Puerto Rico, escritor y fundador de la revista Palabra y Vida. Acercó la evangelización a los fieles a través de los medios de comunicación y, en una labor incansable, fundó el Fondo del Pobre para ayudar a los más necesitados de Puerto Rico, Cuba, Haití y República Dominicana.
Tras el paréntesis estival, en septiembre abordé la figura del arquitecto y retablista Adrián Martínez de Puelles. Ya conocíamos la historia de su padre y de su hermano Tomás, pero faltaba un estudio más detallado sobre él. Vivió un tiempo en Lerín, donde trabajó en las obras de la iglesia; posteriormente se instaló en Laguardia. Se trasladó a Samaniego, donde talló la sillería del coro, y más tarde realizó la caja del órgano de la iglesia de Santa María de los Reyes de Laguardia y reformó la sillería del coro.
Octubre estuvo dedicado íntegramente al órgano de la iglesia, un magnífico instrumento construido en 1736 por el gran maestro organero lerinés Joseph de Mañeru. Una pieza única que, sin embargo, permanece obsoleta, ya que su maquinaria no funciona desde hace décadas. El artículo quiso ser un recordatorio del valor patrimonial del instrumento y una llamada a su restauración.
En noviembre, gracias a un documento que llegó a mis manos y que explicaba cómo se llevó a cabo la restauración de la imagen de la Virgen de Gracia, elaboré un artículo para dar a conocer aspectos curiosos del proceso, así como todo lo recopilado sobre la historia de esta talla tan querida y venerada por los carcareses.
Finalmente, diciembre estuvo dedicado a Andrés Mendoza, sociólogo, politólogo y experto en la problemática social y religiosa de los países latinoamericanos. Su figura nos mostró a un personaje humanitario, comprometido, apasionado por las causas justas y profundamente caritativo. Autor de numerosos informes fruto de un exhaustivo trabajo de campo, dejó una honda huella entre quienes tuvieron la fortuna de conocerlo y tratarlo.
lunes, 15 de diciembre de 2025
ANDRÉS MENDOZA SÁDABA, UNA VIDA DE ESTUDIO Y COMPROMISO SOCIAL
lunes, 17 de noviembre de 2025
LA RESTAURACIÓN DE LA VIRGEN DE GRACIA (Año 1947) Y APROXIMACIÓN A SU HISTORIA
Procesión con la Virgen de Gracia antes de su restauración en 1947. Foto: Luis Javier Fortún. Tomada del libro Cárcar, Historia, Vocabulario y Plantas escrito Por E. Mateo, L.J. Fortún, J. A. Díaz de Rada y C. Pardo. Pag. 193
Orígenes y estilo de la talla
La talla de la Virgen de Gracia de Cárcar es, por sus características y según los expertos, de estilo gótico medieval, más concretamente del denominado estilo vasco-navarro-riojano. Tallada en madera y policromada data de principios del siglo XIV; y así debió de ser ya que siendo Gracia o María Gracia un nombre que no se prodiga precisamente por la zona, arranca con fuerza por esas fechas en Cárcar siguiendo la tradición de elegir para las niñas el nombre de la advocación local.
Sosteniendo esta afirmación está el libro La Población de Navarra en el siglo XIV escrito por Juan Carrasco Pérez (1973), donde el nombre de Gracia para las chicas aparece en Cárcar con cierta frecuencia en los censos del año 1335 y cercanos.
La tradición y arranque de la devoción
Según la tradición la imagen se talló en el propio Cárcar y la quisieron comprar en la población de Los Arcos porque tenía fama de hacer milagros. Esta afirmación invita a pensar que no sería pues en ese momento una imagen recién tallada, sino que ya compartía devoción con la ya existente del Regadío. Aun así, no parece que pusieran objeción en venderla.
Siempre, según la tradición, se la montó en un animal de carga para llevarla a Los Arcos, pero llegados al punto donde hoy se encuentra la ermita no hubo modo humano de que el animal siguiera su camino, por lo que entendieron que la Virgen quería quedarse allí. Siguiendo esa línea se podría pensar que en ese lugar no había ermita anteriormente y que se construyó una por este motivo, pero este extremo no se sostiene ya que los documentos antiguos reflejan la existencia de una pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora del Regadío, situada en el término de la Plana de Santa María; es decir, allí mismo. Sea como fuere, el caso es que en un momento dado la talla de la Virgen de Gracia pasó a un primer plano (como titular y patrona del pueblo), quedando la del Regadío —un siglo más antigua— en un lugar más discreto.
Foto antigua de la ermita de cuando todavía estaba la casa del ermitaño. Facilitada por Aitor Ramírez
La ermita y su evolución
En el siglo XVII se llevó a cabo sobre esta una gran remodelación, levantándose un espacioso templo barroco con planta de cruz latina, nave única y amplio crucero. Un siglo después se completó la obra con un retablo mayor de gran tamaño y de estilo rococó donde se colocó sobre un bello camarín la imagen de la titular, es decir, Nuestra Señora de Gracia, patrona de Cárcar.
Este retablo lo construyeron los Martínez de Puelles, padre e hijo, ambos de nombre Tomás y retablistas locales. Dos tallas de San Joaquín y Santa Ana se colocaron a ambos lados de la Virgen. La Virgen del Regadío, por su parte, quedó colocada en el crucero del lado del Evangelio, manteniendo también sus devotos. Las obras del retablo finalizaron en el año 1757.
Devoción y culto a lo largo de los siglos
Pasaron los siglos y el santuario, que se sitúa entre la vega del río Ega y las tierras de secano, siguió siendo el centro de culto para los fieles marianos, refugio y amparo de sus hijos carcareses, que con creciente fervor se acercaban hasta su ermita a venerarla y presentar sus peticiones. Cada lunes después del domingo de Pentecostés se celebraba su fiesta anual con misa en la ermita y romería multitudinaria.
La fama de ser una Virgen milagrosa no dejó de extenderse, y notorias han sido las gracias, milagros y favores que se le vienen atribuyendo a lo largo de los siglos. Muchos recordamos todavía la cantidad de exvotos que colgaban de las paredes del presbiterio en agradecimiento por las curaciones concedidas.
Probablemente coincidiendo con la construcción en el siglo XVII de la nueva ermita, se decidió también vestir la imagen de la Virgen, siguiendo las modas barrocas del momento, cubriendo la talla por completo y dejando solo a la vista el rostro, tanto de Ella como del Niño.
La restauración de 1947
Y así se mantuvo hasta el año 1947 en que se decidió restaurarla, tal y como lo estaban haciendo en otras localidades vecinas. También la talla del Regadío, que es de suponer estaba igualmente vestida.
El impulsor de este proyecto fue el sacerdote don Mariano Elarre, que fue párroco de Cárcar entre los años 1941 y 1952. Entre las muchas obligaciones del párroco estaba la de velar por la ermita y gestionar su economía, dejando constancia de gastos e ingresos en un libro de cuentas.
A pesar de contar ese año con un remanente de solo veintinueve pesetas y cincuenta céntimos, no dudó don Mariano en embarcarse en tan excepcional empresa, la mayor intervención sobre la talla que se había hecho desde el siglo XVII.
El traslado y los trabajos
Según la propia crónica de don Mariano, el día 11 de febrero de 1947, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, se celebró una misa en su ermita, y ante las aclamaciones fervorosas del público congregado fue trasladada a Pamplona para su restauración (también la del Regadío).
Las tallas de la Virgen de Gracia y la del Regadío fueron entregadas por el párroco y el alcalde a la Institución Príncipe de Viana, que se hizo cargo de los trabajos bajo la dirección del Sr. Rubio (no se ofrecen más datos sobre este señor). Se aplicaron a las tallas retoques y una nueva policromía, técnica que consiste en colocar un fino lienzo encolado sobre la madera, aplicando después una capa de escayola y, finalmente, pintura al temple de huevo.
Mientras tanto, en Cárcar se organizaba una colecta extraordinaria, recaudando 34.135 pesetas destinadas a sufragar gastos.
La vuelta a Cárcar
Tres meses después, el 15 de mayo (San Isidro) volvía a Cárcar la talla restaurada de la Virgen de Gracia. Aquí le esperaba una emotiva bienvenida. La traían “en un camión adornado con calas y flores”, siendo portada por el Vicario General de la Diócesis y acompañada por otras autoridades. Feligresía y devotos salieron a la plaza de los Fueros a recibirla.
El resultado de la restauración gustó a todos. Es de destacar el parecido que mantiene con la Virgen del Olmo de Azagra, restaurada ésta en 1942 también en Pamplona (seguramente por el mismo restaurador), y sirviéndose de ella como modelo para la de Cárcar.
Asomado al balcón del Ayuntamiento, el joven abogado carcarés Jesús Fortún Ardáiz pronunció un discurso de bienvenida, seguido por una procesión por las calles del pueblo “estando todo el trayecto adornado de arcos, colgaduras, luces y flores”.
Tras la procesión, la Virgen fue conducida a la parroquia donde tuvo lugar el acto de consagración y posterior veneración por parte de sus devotos. A su término, y en la plaza de los Fueros, el grupo de danzas Oberena ofreció una serie de bailes típicos concluyendo con un lunch fraterno.
Gastos, mejoras y recuerdos
Para la ocasión se editaron quinientas novenas (375 pesetas), se hicieron cuadros, postales y medallas (2.971 pesetas). La restauración de la talla costó siete mil cien pesetas, más trescientas cincuenta por los pies de plata (la plata se aportó previamente, seguramente de donaciones).
El nuevo manto, confeccionado por una tal Faustina Apricio, costó mil cien pesetas, más mil doscientas siete, con diez céntimos, por los materiales empleados (tela de seda, forro, canutillos, lentejuelas y broche). Este manto fue considerado una reliquia para los devotos, que lo hemos besado con devoción durante generaciones.
Se colocó además mosaico nuevo en el suelo de la ermita (10.000 pesetas), se pintaron las paredes (pinturas traídas de Pinturas Hueto, de Calahorra), se compró una imagen de Cristo Crucificado (1.160 pesetas) y se imprimieron mil programas (150 pesetas). Se contrató una póliza de accidentes para los pintores y otra para cubrir el día de la fiesta; también un seguro contra incendios para la ermita. Todos los obreros y artesanos cobraron debidamente por su trabajo, incluido por supuesto el ermitaño.
La cuantía de gastos para la restauración de la Virgen del Regadío fue menor: dos mil setecientas pesetas, a las que se sumaron setenta y ocho pesetas con cincuenta céntimos por su transporte de vuelta, que seguramente fue posterior.
El total de gastos fue cuantioso, pero también fueron algo mayores los ingresos, quedando un remanente de seiscientas noventa y ocho pesetas a favor de la Virgen de Gracia.
Las celebraciones finales
Dos días después de la llegada de la Virgen se hicieron por barrios distintas novenas, predicadas por el P. Sanpedro, misionero claretiano, llegado desde Madrid. Las novenas acabaron la tarde del día 25 de mayo. Al día siguiente sería trasladada a su ermita. La crónica de don Mariano concluye así:
“El día veintiséis por la mañana hízose el traslado desde la iglesia parroquial hasta la ermita del Regadío. Se celebró misa de campaña por ser incapaz el recinto sagrado para todos los congregados. Ocupó la sagrada Cátedra el Dr. Espelosín, profesor del Seminario Conciliar de Pamplona, terminándose las festividades en honor de la Virgen de Gracia con una solemnísima Salve en la que tomaron parte valiosos elementos de la localidad y de otros pueblos”. (Mariano Elarre, párroco)
Robo de la imagen. 1982.
Valiosa crónica que ha permitido conocer fechas y detalles inéditos. La talla de Nuestra Señora de Gracia ha llegado hasta nuestros días tal y como quedó restaurada en ese año de 1947, aunque ya se le aprecian roces y desgaste. Además, en 1982 fue robada de su sede. En ese momento el pueblo entero se movilizó y lloró su pérdida. Fueron días de inquietud e incertidumbre. Incluso de dolor, como si nos hubieran arrancado algo muy personal. La devoción a la Virgen de Gracia que todo carcarés lleva en su interior se mostró en ese momento más patente, como empujada por los ancestros. Se contactó con las agencias de información y se hicieron reuniones buscando el mejor modo de proceder. Cárcar quedaba un poco huérfana a la espera de acontecimientos. Afortunadamente apareció días después. Los ladrones la habían escondido en un parque de Zaragoza, quizá con la intención de recogerla más tarde, o temerosos al ver la reacción que se estaba produciendo.
Desde el ayuntamiento de Zaragoza se trasladó la noticia al de Cárcar. En ese momento los quintos del pueblo se encontraban allí alistándose; al escuchar aquello, subieron rápidamente al campanario y comenzaron a tocar con fuerza e insistencia las campanas. La gente, alertada, salió a la calle sin saber qué pasaba. Enseguida se corrió la noticia, y como empujados por un resorte un importante número de devotos acudimos a la iglesia a dar gracias. Lágrimas de emoción y abrazos fue la reacción general. La Virgen había aparecido.
Ni que decir tiene la gran fiesta que se preparó para recibirla. Al acto acudió la práctica totalidad del pueblo. Como en 1947, volvía también ahora en un furgón (de Conservas San Miguel) custodiada por las autoridades y un buen número de devotos que se habían desplazado hasta Zaragoza para acompañarla felizmente de vuelta a casa.
Epílogo
Actualmente se sigue procesionando con la Virgen el día de su fiesta (ahora se celebra el día anterior a Pentecostés) desde la parroquia hasta la ermita -unos ocho kilómetros-, portada a relevos a hombros de los fieles, muchas de ellas mujeres. La devoción no ha mermado y es una herencia preciosa que pasa de padres a hijos.
Por eso, no es extraño que se compongan poemas y plegarias en su honor. Escuchar su himno sigue provocando emoción y más de una lágrima. Venerarla, besar su manto y visitarla en su ermita es algo que nace del corazón y solo lo saben los carcareses, sea cual sea su condición o pensamiento.
Bibliografía:
-Blog Legado de Cárcar. Arquitectos de Cárcar en el siglo XVIII. Martínez de Puelles. Charo López Oscoz. Junio 2020 https://legadodecarcar.blogspot.com/2020/06/arquitectos-de-carcar-en-el-siglo-xviii.html
-GARCÍA GAÍNZA M Concepción, HEREDIA MORENO M Carmen. Catálogo Monumental de Navarra II* Merindad de Estella. Institución Príncipe de Viana. 1982
-Libro de cuentas de Nuestra Señora la Virgen de Gracia (1894-1953)
-MATEO GAMBARTE E., FORTÚN PÉREZ DE CIRIZA L.J., DÍAZ DE RADA RUIZ J.A., PARDO GUILLÉN C. "Cárcar, Historia, Vocabulario y Plantas". (e.a.) 2002
-MATEO GAMBARTE Eduardo. Cárcar, Impresiones, Oficios, Anécdotas y Fotos. Editado por el Ayuntamiento de Cárcar. Año 2008.
-MORENO MARTÍNEZ Fco. Javier. Virgen del Olmo. Emperatriz y Señora. Cuadernos azagreses. Volumen 11. Editado por el Ayuntamiento de Azagra. 2006.
-Novena a Nuestra Señora la Virgen de Gracia venerada en Cárcar. Imprenta Tudelana. 1950.