Igual que en su día presenté aquí al organista y cantor bilbaíno Celestino Villalón, traigo hoy a Juan José Aristizábal. Porque si bien es verdad que hay personajes que dejan tras de sí una obra visible, hay otros cuya huella es mucho más difícil de encontrar. No tienen monumentos, apenas aparecen en los libros de historia y, con frecuencia, sus nombres solo sobreviven en viejos libros parroquiales, en cuentas de fábrica o en alguna relación de músicos. Sin embargo, también ellos forman parte de nuestra historia local.
Y este también es el caso de Juan José Aristizábal, un músico nacido en Cegama que, durante buena parte de la primera mitad del siglo XIX, desarrolló su profesión como organista en Navarra y estuvo durante años vinculado a Cárcar.
Además, las investigaciones genealógicas que he desarrollado permiten acercarnos, no solo a una cronología más concreta de su trayectoria, sino también al hombre que se esconde detrás de esa escueta referencia.
De Cegama a Navarra
Juan José Aristizábal habría nacido hacia 1802 en Cegama, localidad guipuzcoana de larga tradición musical. Era hijo de Isidro Antonio Aristizábal Tellería, natural de la misma localidad, y de Casilda Zudaire López de Baquedano, natural de San Martín de Amescoa.
Como tantos músicos de la época, su profesión le llevó a desplazarse fuera de su localidad natal en busca de una plaza donde ejercer. La música religiosa tenía entonces una importancia fundamental en la vida de las parroquias y los organistas constituían una figura de considerable relevancia dentro de ellas.
Según declaró el propio Aristizábal en los documentos relacionados con las oposiciones de Estella, llevaba ya nueve años ejerciendo como organista interino en la iglesia de San Juan Bautista. Esto situaría su llegada a Navarra en torno al año 1823, cuando tendría unos veintiún años.
Llegó soltero, ya que fue precisamente en Estella donde contrajo matrimonio, tres años más tarde, el 27 de febrero de 1826, con Fermina de Beunza y Zabal, natural de Estella. Allí nacieron sus tres primeros hijos: José, en 1827; José Guillermo, en 1829; y María Deogracias, en 1831.
Nueve años después de su llegada a Estella, en 1832, se presentó a las oposiciones para intentar conseguir en propiedad la plaza de organista de San Juan Bautista. Lo hizo junto con otros treinta y cuatro candidatos, aunque finalmente solo diecinueve concurrieron a las pruebas.
Incluso se tomó la licencia de recomendar a uno de los candidatos, el tafallés Ciriaco Gil Caballero, valorando sus cualidades. Aristizábal, por su parte, alegó que llevaba nueve años desempeñando interinamente el cargo y solicitó por ello ser confirmado en él sin necesidad de pasar por las oposiciones.
La respuesta fue que las oposiciones iban a celebrarse, aunque, mientras tanto, se le permitiría continuar desempeñando el puesto. Finalmente, no obtuvo la plaza, que recayó en un tal Luis Frayria, natural de Baños de Ebro, según consta en Órganos de Navarra, de Sagaseta y Taberna.
La llegada a Cárcar
Una vez que Frayria tomó posesión de la organistía de San Juan Bautista de Estella, Aristizábal tuvo que buscar un nuevo destino. Lo encontró en la parroquia de San Miguel de Cárcar.
Y es que Toribio, su cuarto hijo, fue bautizado en Cárcar el 21 de abril de 1835, por lo que se puede pensar que Aristizábal ya ejercía en esta localidad antes de esa fecha y que su llegada pudo producirse poco después de abandonar la plaza de Estella.
Por lo tanto, su relación con la parroquia carcaresa se prolongó durante varios años, aunque el registro de Abaunza consigne únicamente el año 1841.
Y no es este un dato menor, ya que significa que Aristizábal no fue simplemente un músico que pasó fugazmente por Cárcar, sino que vivió aquí durante años con su familia.
Un órgano de gran categoría
Tampoco había llegado este músico a cualquier parroquia y a pesar de su dilatada experiencia, debió necesitar el correspondiente contrato y la aprobación del cabildo.
Órgano de Cárcar en su estado actual. Foto MRL Oscoz
La iglesia de San Miguel de Cárcar tenía —y tiene, pues todavía se conserva— un magnífico órgano construido en 1736 por Joseph de Mañeru y Ximénez, célebre organero de la escuela de organería de Lerín. La inscripción que lleva el instrumento recuerda a su artífice:
«Joseph Mañeru y Ximénez me fecit en Lerín. Año de 1736».
El órgano, de época barroca y alojado en una caja rococó construida por el maestro local Joseph de Arbizu, constituye una pieza de gran interés dentro del patrimonio musical navarro, al que no deberíamos dejar de prestar atención.
Cuando Juan José Aristizábal se sentó ante su teclado, por tanto, lo hizo ante un instrumento que ya tenía casi un siglo de historia, concebido por el prestigioso organero lerinés para llenar de música las solemnes celebraciones de la comunidad parroquial.
En aquella época, la figura del organista era, además, mucho más amplia de lo que hoy podríamos imaginar. No se trataba únicamente de tocar el órgano. Estos músicos estaban vinculados a la vida musical de la parroquia, participaban en la formación del coro y tenían entre sus obligaciones la enseñanza musical de los niños y el mantenimiento del servicio litúrgico, como aparece recogido en numerosos contratos.
La vida de Juan José Aristizábal nos permite contemplar, además, una realidad frecuente entre los organistas de su época: el oficio condicionaba la vida familiar.
Como ya hemos visto en otros casos, la familia se desplazaba allí donde estaba la plaza o el puesto de trabajo del cabeza de familia. Por eso, el nacimiento de los hijos constituye, en este sentido, una especie de mapa involuntario de su trayectoria profesional que puede resultar de gran ayuda cuando falta documentación. Y es por eso que sabemos que Estella vio nacer a sus tres primeros hijos pero en Cárcar nació Toribio, el 16 de abril de1835.
Pronto, sin embargo, la vida familiar del músico dio un giro. Fermina falleció y Juan José quedó viudo, con cuatro hijos a su cargo. Como era habitual en la época, volvió a contraer matrimonio, esta vez con una joven de Lerín llamada María Francisca Gorricho Cemborain, hija de Ángel y Manuela, que se trasladó a vivir con él y los hijos de este a Cárcar.
De este segundo matrimonio nació en Cárcar, en enero de 1839, Manuela Aristizábal Gorricho.
Aún tendría con María Francisca un hijo más, pero este iría a nacer a Lerín, en agosto de 1841, que se llamaría Miguel Felipe.
El nacimiento del pequeño Miguel Felipe en Lerín resulta especialmente sugerente, ya que precisamente en ese año los expertos sitúan a Aristizábal como organista de Cárcar.
Apenas tenía el músico entonces treinta y nueve años y, en principio, toda una vida profesional por delante. Sin embargo, a partir de ese momento se pierde, por ahora, una pista documental suficientemente firme de su labor de organista.
¿También organista en Lerín?
El hecho de que el último de sus hijos fuera a nacer a Lerín puede resultar desconcertante, ya que 1841 no fue un año cualquiera. Y es que, precisamente ese año, el órgano de Cárcar fue sometido a la última de las dos reformas que sufrió a lo largo de su vida activa, y que corrió a cargo del famoso organero Pedro Roqués. La intervención consistió en incorporar un nuevo registro —la flauta alemana de dos hileras—, acondicionar el interior y poner a punto los secretos y la mecánica del teclado.

La intervención supondría necesariamente que el instrumento permaneciera algún tiempo en silencio. ¿Pudo aprovechar Aristizábal esta circunstancia para llevar a su esposa a Lerín a que diera a luz en su casa materna, mientras él permanecía en Cárcar pendiente de las obras que se estaban realizando en su instrumento de trabajo? No parece una hipótesis descabellada.
Pero también es plausible que Aristizábal se trasladara a Lerín, ya a mediados de aquel año de 1841, para continuar allí su carrera musical. Este punto toma fuerza en tanto en cuanto el último de sus hijos se casó y se afincó en Lerín junto con la familia que formó.
A pesar de que ambas son posibilidades sugerentes, por ahora, ninguna de las dos posibilidades puede afirmarse con seguridad.
Y es precisamente esta clase de incógnitas la que hace especialmente atractiva la investigación histórica. Sabemos de dónde venía, sabemos dónde ejerció, conocemos los nombres de sus dos esposas y sus hijos y podemos seguir, hasta cierto punto, sus desplazamientos familiares; pero todavía ignoramos dónde terminó sus días y cuál fue exactamente su último destino profesional.
Tampoco sabemos, de momento, si hizo arreglos o compuso obras propias, como cabría esperar de un músico con tantos años de oficio. Quizá documentos posteriores puedan algún día despejar estas incógnitas.
El relevo en Cárcar
Ya he destacado en este blog los nombres de otros organistas que trabajaron en Cárcar antes que Aristizábal: Bernabé Fortún, Manuel de Albéniz, Celestino de Villalón o Esteban de Aranaz.
Después de él la lista continuó con Miguel de Aranaz y Gregorio Ojer —que figura como organista de la parroquia desde 1898 hasta 1950— y que debió ser el último que tuvo el privilegio de tocar este importante órgano barroco.
Después de estos la música del órgano principal dejó de sonar en la parroquia. Alberto Lezáun, Abundio Cipriain y, actualmente, Sonia Mateo, continuaron, pero ya con el armonio, los primeros, y el teclado eléctrico esta última.
Todos ellos han contribuido, y lo siguen haciendo en el caso de Sonia, a dar realce y solemnidad a las celebraciones religiosas de la parroquia (sin dejar de mencionar las guitarras, que en no pocas ocasiones dignifican también la liturgia sagrada).
Con todo esto concluyo que Juan José Aristizábal no fue un caso aislado, sino un eslabón más de una larga cadena de organistas que durante siglos pusieron y siguen poniendo música a la vida religiosa de Cárcar.
Todavía quedan preguntas por resolver en la historia personal de este organista, pero nunca es tarde para devolverle, después de casi dos siglos, un pequeño espacio en este blog y en la memoria de Cárcar.
MR López Oscoz
Bibliografía y fuentes consultadas
Bibliografía
ABAUNZA MARTÍNEZ, Fernando. Diccionario de músicos vascos. Autoedición, 2017, 419 pp.
GOYA IRAOLA, Joaquín. Órganos, organeros y organistas. Pamplona: Diputación Foral de Navarra, Temas de Cultura Popular, n.º 61, 1969.
SAGASETA ARÍZTEGUI, Aurelio; TABERNA TOMPES, Luis. Órganos de Navarra. Pamplona: Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura, Institución Príncipe de Viana, 1985. pag. 128.
Fuentes y recursos digitales
LÓPEZ OSCOZ, María Rosario. «El órgano de la iglesia de Cárcar: un tesoro mudo». Legado de Cárcar, 28 de octubre de 2025.
ECHECHIPÍA PARÍS, José Luis. Órganos de Navarra. Sitio web dedicado al patrimonio organístico navarro.
Fuentes genealógicas
FamilySearch. Registros parroquiales y genealogía de Juan José Aristizábal y Zudaire, su primera esposa, Fermina de Beunza y Zabal, su segunda esposa, Francisca Gorricho Cemborain, y sus hijos. Consulta utilizada para reconstruir los desplazamientos familiares entre Cegama, Estella, Cárcar y Lerín.

