sábado, 16 de mayo de 2026

EL QUE DA, RECIBE

Imagen creada por la IA

Hubo un tiempo en el que Cárcar, este pequeño pueblo navarro, miraba al mundo con espíritu misionero. Desde aquí partieron muchos hombres y mujeres que movidos por la fe cruzaron continentes para anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Tan lejanas como puede ser Filipinas. Hasta allí se fue el gran teólogo dominico Francisco Marín-Sola, conocido como “el sabio Marín”, en 1897 convirtiéndose en una de las grandes figuras de la teología del siglo XX .

El P. Marín Sola

Siguiendo ese camino misionero llegaron también a Filipinas sus sobrinos, Francisco y Antonio Sádaba Marín (el primero dominico y Antonio agustino recoleto). Mientras tanto, otros muchos hijos de Cárcar lo fueron haciendo por distintos puntos del mapa mundial en distintas épocas.

Los hermanos Sádaba Marín

Hacer un inventario completo de todos ellos sería muy difícil de conseguir, pero, como muestra, pongo esta pequeña lista de misioneros que partieron un día de Cárcar con destinos tan diversos como lejanos:
    • Domingo Antomas, jesuita en Chile 
   • Los padres Mateo Mateo y Eugenio Sádaba, de los Sagrados Corazones, en Puerto Rico 
    • D. Crisóstomo Oses, sacerdote diocesano, en Argentina y Uruguay 
  • El P. Jesús Pardo Ojer, misionero agustino en Brasil, donde entregó su vida heroicamente 
    • El P. Leonardo Pellejero Marín, dominico en Japón 
    • El P. Javier Fortún, jesuita, en la India antes de su ingreso en Leyre como benedictino 
    • El P. Isidro Rubio, dominico en Venezuela 
  • La Hermana Carmen Lorente, que antes de ir a Roma pasó por las misiones de Venezuela y Colombia.
  • Las Hermanas Chalezquér Izal. que pasaron también algunas de ellas por América y África antes de recalar en Roma. 
  • O el P. Francisco Javier Sádaba Guillén, misionero claretiano en Perú. La lista, como digo, es mucho más extensa.

Una geografía espiritual que va de América a Asia y también a África, y que habla de un pequeño pueblo con un corazón grande.

Hoy, sin embargo, la historia ha dado la vuelta.

En un contexto muy distinto, marcado por la escasez de vocaciones en Europa, son ahora las Iglesias jóvenes las que apoyan para sostener la vida parroquial en muchos lugares. Y así, Cárcar —que un día fue tierra que enviaba misioneros— se ha convertido en tierra que los recibe.

El filipino, P. Kelp Beleña, actual vicario parroquial de Cárcar

De este modo, ha llegado desde Filipinas el P. Kelp Beleña Sumpo, nacido en Tacloban en 1989. Formado en el Seminario Misionero Redemptoris Mater de Pamplona, fue ordenado sacerdote el 23 de junio de 2024 en la propia Catedral Metropolitana. Apenas unos meses después, en septiembre, recibió su primera encomienda pastoral como vicario parroquial de Cárcar —y también de Azagra— junto al párroco César Rueda Merchán.

Su presencia no es solo una respuesta a una necesidad pastoral. Es, en cierto modo, un signo de los tiempos. Un reflejo de cómo la Iglesia, universal por naturaleza, se sostiene en una red invisible de entrega mutua y continua.

Porque en este caso, si antes Cárcar dio misioneros a Filipinas, hoy es Filipinas quien devuelve ese don a Cárcar. Como si se cumpliera, silenciosamente, aquella lógica profunda del Evangelio: "quien da, recibe".

Y así, entre la memoria de aquellos que partieron y la realidad de quienes hoy llegan, Cárcar sigue siendo —de una forma u otra— tierra de misión. 

Gracias P. Beleña por atender esa llamada.

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