Este blog busca dar visibilidad a personajes de Cárcar, o relacionados con esta población navarra, que permanecen desconocidos u olvidados; así como a cosas que se refieran a ella.
lunes, 15 de diciembre de 2025
ANDRÉS MENDOZA SÁDABA, UNA VIDA DE ESTUDIO Y COMPROMISO SOCIAL
lunes, 17 de noviembre de 2025
LA RESTAURACIÓN DE LA VIRGEN DE GRACIA (Año 1947) Y APROXIMACIÓN A SU HISTORIA
Procesión con la Virgen de Gracia antes de su restauración en 1947. Foto: Luis Javier Fortún. Tomada del libro Cárcar, Historia, Vocabulario y Plantas escrito Por E. Mateo, L.J. Fortún, J. A. Díaz de Rada y C. Pardo. Pag. 193
Orígenes y estilo de la talla
La talla de la Virgen de Gracia de Cárcar es, por sus características y según los expertos, de estilo gótico medieval, más concretamente del denominado estilo vasco-navarro-riojano. Tallada en madera y policromada data de principios del siglo XIV; y así debió de ser ya que siendo Gracia o María Gracia un nombre que no se prodiga precisamente por la zona, arranca con fuerza por esas fechas en Cárcar siguiendo la tradición de elegir para las niñas el nombre de la advocación local.
Sosteniendo esta afirmación está el libro La Población de Navarra en el siglo XIV escrito por Juan Carrasco Pérez (1973), donde el nombre de Gracia para las chicas aparece en Cárcar con cierta frecuencia en los censos del año 1335 y cercanos.
La tradición y arranque de la devoción
Según la tradición la imagen se talló en el propio Cárcar y la quisieron comprar en la población de Los Arcos porque tenía fama de hacer milagros. Esta afirmación invita a pensar que no sería pues en ese momento una imagen recién tallada, sino que ya compartía devoción con la ya existente del Regadío. Aun así, no parece que pusieran objeción en venderla.
Siempre, según la tradición, se la montó en un animal de carga para llevarla a Los Arcos, pero llegados al punto donde hoy se encuentra la ermita no hubo modo humano de que el animal siguiera su camino, por lo que entendieron que la Virgen quería quedarse allí. Siguiendo esa línea se podría pensar que en ese lugar no había ermita anteriormente y que se construyó una por este motivo, pero este extremo no se sostiene ya que los documentos antiguos reflejan la existencia de una pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora del Regadío, situada en el término de la Plana de Santa María; es decir, allí mismo. Sea como fuere, el caso es que en un momento dado la talla de la Virgen de Gracia pasó a un primer plano (como titular y patrona del pueblo), quedando la del Regadío —un siglo más antigua— en un lugar más discreto.
Foto antigua de la ermita de cuando todavía estaba la casa del ermitaño. Facilitada por Aitor Ramírez
La ermita y su evolución
En el siglo XVII se llevó a cabo sobre esta una gran remodelación, levantándose un espacioso templo barroco con planta de cruz latina, nave única y amplio crucero. Un siglo después se completó la obra con un retablo mayor de gran tamaño y de estilo rococó donde se colocó sobre un bello camarín la imagen de la titular, es decir, Nuestra Señora de Gracia, patrona de Cárcar.
Este retablo lo construyeron los Martínez de Puelles, padre e hijo, ambos de nombre Tomás y retablistas locales. Dos tallas de San Joaquín y Santa Ana se colocaron a ambos lados de la Virgen. La Virgen del Regadío, por su parte, quedó colocada en el crucero del lado del Evangelio, manteniendo también sus devotos. Las obras del retablo finalizaron en el año 1757.
Devoción y culto a lo largo de los siglos
Pasaron los siglos y el santuario, que se sitúa entre la vega del río Ega y las tierras de secano, siguió siendo el centro de culto para los fieles marianos, refugio y amparo de sus hijos carcareses, que con creciente fervor se acercaban hasta su ermita a venerarla y presentar sus peticiones. Cada lunes después del domingo de Pentecostés se celebraba su fiesta anual con misa en la ermita y romería multitudinaria.
La fama de ser una Virgen milagrosa no dejó de extenderse, y notorias han sido las gracias, milagros y favores que se le vienen atribuyendo a lo largo de los siglos. Muchos recordamos todavía la cantidad de exvotos que colgaban de las paredes del presbiterio en agradecimiento por las curaciones concedidas.
Probablemente coincidiendo con la construcción en el siglo XVII de la nueva ermita, se decidió también vestir la imagen de la Virgen, siguiendo las modas barrocas del momento, cubriendo la talla por completo y dejando solo a la vista el rostro, tanto de Ella como del Niño.
La restauración de 1947
Y así se mantuvo hasta el año 1947 en que se decidió restaurarla, tal y como lo estaban haciendo en otras localidades vecinas. También la talla del Regadío, que es de suponer estaba igualmente vestida.
El impulsor de este proyecto fue el sacerdote don Mariano Elarre, que fue párroco de Cárcar entre los años 1941 y 1952. Entre las muchas obligaciones del párroco estaba la de velar por la ermita y gestionar su economía, dejando constancia de gastos e ingresos en un libro de cuentas.
A pesar de contar ese año con un remanente de solo veintinueve pesetas y cincuenta céntimos, no dudó don Mariano en embarcarse en tan excepcional empresa, la mayor intervención sobre la talla que se había hecho desde el siglo XVII.
El traslado y los trabajos
Según la propia crónica de don Mariano, el día 11 de febrero de 1947, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, se celebró una misa en su ermita, y ante las aclamaciones fervorosas del público congregado fue trasladada a Pamplona para su restauración (también la del Regadío).
Las tallas de la Virgen de Gracia y la del Regadío fueron entregadas por el párroco y el alcalde a la Institución Príncipe de Viana, que se hizo cargo de los trabajos bajo la dirección del Sr. Rubio (no se ofrecen más datos sobre este señor). Se aplicaron a las tallas retoques y una nueva policromía, técnica que consiste en colocar un fino lienzo encolado sobre la madera, aplicando después una capa de escayola y, finalmente, pintura al temple de huevo.
Mientras tanto, en Cárcar se organizaba una colecta extraordinaria, recaudando 34.135 pesetas destinadas a sufragar gastos.
La vuelta a Cárcar
Tres meses después, el 15 de mayo (San Isidro) volvía a Cárcar la talla restaurada de la Virgen de Gracia. Aquí le esperaba una emotiva bienvenida. La traían “en un camión adornado con calas y flores”, siendo portada por el Vicario General de la Diócesis y acompañada por otras autoridades. Feligresía y devotos salieron a la plaza de los Fueros a recibirla.
El resultado de la restauración gustó a todos. Es de destacar el parecido que mantiene con la Virgen del Olmo de Azagra, restaurada ésta en 1942 también en Pamplona (seguramente por el mismo restaurador), y sirviéndose de ella como modelo para la de Cárcar.
Asomado al balcón del Ayuntamiento, el joven abogado carcarés Jesús Fortún Ardáiz pronunció un discurso de bienvenida, seguido por una procesión por las calles del pueblo “estando todo el trayecto adornado de arcos, colgaduras, luces y flores”.
Tras la procesión, la Virgen fue conducida a la parroquia donde tuvo lugar el acto de consagración y posterior veneración por parte de sus devotos. A su término, y en la plaza de los Fueros, el grupo de danzas Oberena ofreció una serie de bailes típicos concluyendo con un lunch fraterno.
Gastos, mejoras y recuerdos
Para la ocasión se editaron quinientas novenas (375 pesetas), se hicieron cuadros, postales y medallas (2.971 pesetas). La restauración de la talla costó siete mil cien pesetas, más trescientas cincuenta por los pies de plata (la plata se aportó previamente, seguramente de donaciones).
El nuevo manto, confeccionado por una tal Faustina Apricio, costó mil cien pesetas, más mil doscientas siete, con diez céntimos, por los materiales empleados (tela de seda, forro, canutillos, lentejuelas y broche). Este manto fue considerado una reliquia para los devotos, que lo hemos besado con devoción durante generaciones.
Se colocó además mosaico nuevo en el suelo de la ermita (10.000 pesetas), se pintaron las paredes (pinturas traídas de Pinturas Hueto, de Calahorra), se compró una imagen de Cristo Crucificado (1.160 pesetas) y se imprimieron mil programas (150 pesetas). Se contrató una póliza de accidentes para los pintores y otra para cubrir el día de la fiesta; también un seguro contra incendios para la ermita. Todos los obreros y artesanos cobraron debidamente por su trabajo, incluido por supuesto el ermitaño.
La cuantía de gastos para la restauración de la Virgen del Regadío fue menor: dos mil setecientas pesetas, a las que se sumaron setenta y ocho pesetas con cincuenta céntimos por su transporte de vuelta, que seguramente fue posterior.
El total de gastos fue cuantioso, pero también fueron algo mayores los ingresos, quedando un remanente de seiscientas noventa y ocho pesetas a favor de la Virgen de Gracia.
Las celebraciones finales
Dos días después de la llegada de la Virgen se hicieron por barrios distintas novenas, predicadas por el P. Sanpedro, misionero claretiano, llegado desde Madrid. Las novenas acabaron la tarde del día 25 de mayo. Al día siguiente sería trasladada a su ermita. La crónica de don Mariano concluye así:
“El día veintiséis por la mañana hízose el traslado desde la iglesia parroquial hasta la ermita del Regadío. Se celebró misa de campaña por ser incapaz el recinto sagrado para todos los congregados. Ocupó la sagrada Cátedra el Dr. Espelosín, profesor del Seminario Conciliar de Pamplona, terminándose las festividades en honor de la Virgen de Gracia con una solemnísima Salve en la que tomaron parte valiosos elementos de la localidad y de otros pueblos”. (Mariano Elarre, párroco)
Robo de la imagen. 1982.
Valiosa crónica que ha permitido conocer fechas y detalles inéditos. La talla de Nuestra Señora de Gracia ha llegado hasta nuestros días tal y como quedó restaurada en ese año de 1947, aunque ya se le aprecian roces y desgaste. Además, en 1982 fue robada de su sede. En ese momento el pueblo entero se movilizó y lloró su pérdida. Fueron días de inquietud e incertidumbre. Incluso de dolor, como si nos hubieran arrancado algo muy personal. La devoción a la Virgen de Gracia que todo carcarés lleva en su interior se mostró en ese momento más patente, como empujada por los ancestros. Se contactó con las agencias de información y se hicieron reuniones buscando el mejor modo de proceder. Cárcar quedaba un poco huérfana a la espera de acontecimientos. Afortunadamente apareció días después. Los ladrones la habían escondido en un parque de Zaragoza, quizá con la intención de recogerla más tarde, o temerosos al ver la reacción que se estaba produciendo.
Desde el ayuntamiento de Zaragoza se trasladó la noticia al de Cárcar. En ese momento los quintos del pueblo se encontraban allí alistándose; al escuchar aquello, subieron rápidamente al campanario y comenzaron a tocar con fuerza e insistencia las campanas. La gente, alertada, salió a la calle sin saber qué pasaba. Enseguida se corrió la noticia, y como empujados por un resorte un importante número de devotos acudimos a la iglesia a dar gracias. Lágrimas de emoción y abrazos fue la reacción general. La Virgen había aparecido.
Ni que decir tiene la gran fiesta que se preparó para recibirla. Al acto acudió la práctica totalidad del pueblo. Como en 1947, volvía también ahora en un furgón (de Conservas San Miguel) custodiada por las autoridades y un buen número de devotos que se habían desplazado hasta Zaragoza para acompañarla felizmente de vuelta a casa.
Epílogo
Actualmente se sigue procesionando con la Virgen el día de su fiesta (ahora se celebra el día anterior a Pentecostés) desde la parroquia hasta la ermita -unos ocho kilómetros-, portada a relevos a hombros de los fieles, muchas de ellas mujeres. La devoción no ha mermado y es una herencia preciosa que pasa de padres a hijos.
Por eso, no es extraño que se compongan poemas y plegarias en su honor. Escuchar su himno sigue provocando emoción y más de una lágrima. Venerarla, besar su manto y visitarla en su ermita es algo que nace del corazón y solo lo saben los carcareses, sea cual sea su condición o pensamiento.
Bibliografía:
-Blog Legado de Cárcar. Arquitectos de Cárcar en el siglo XVIII. Martínez de Puelles. Charo López Oscoz. Junio 2020 https://legadodecarcar.blogspot.com/2020/06/arquitectos-de-carcar-en-el-siglo-xviii.html
-GARCÍA GAÍNZA M Concepción, HEREDIA MORENO M Carmen. Catálogo Monumental de Navarra II* Merindad de Estella. Institución Príncipe de Viana. 1982
-Libro de cuentas de Nuestra Señora la Virgen de Gracia (1894-1953)
-MATEO GAMBARTE E., FORTÚN PÉREZ DE CIRIZA L.J., DÍAZ DE RADA RUIZ J.A., PARDO GUILLÉN C. "Cárcar, Historia, Vocabulario y Plantas". (e.a.) 2002
-MATEO GAMBARTE Eduardo. Cárcar, Impresiones, Oficios, Anécdotas y Fotos. Editado por el Ayuntamiento de Cárcar. Año 2008.
-MORENO MARTÍNEZ Fco. Javier. Virgen del Olmo. Emperatriz y Señora. Cuadernos azagreses. Volumen 11. Editado por el Ayuntamiento de Azagra. 2006.
-Novena a Nuestra Señora la Virgen de Gracia venerada en Cárcar. Imprenta Tudelana. 1950.
martes, 28 de octubre de 2025
EL ÓRGANO DE LA IGLESIA DE CÁRCAR: un tesoro mudo
Introducción
El presente artículo está pensado como recordatorio para mostrar una vez más la necesidad de recuperar este tesoro mudo, instrumento musical de gran valor que languidece en el desván del olvido desde hace muchas décadas, testigo pasmado del mayor esplendor patrimonial que ha tenido Cárcar a lo largo de los siglos y que sigue pidiendo a gritos su reparación y vuelta a la vida musical para la que fue creado.
Origen y valor artístico
El órgano de la iglesia parroquial de Cárcar es un instrumento salido de la prestigiosa escuela de organería de Lerín. Estudiado detenidamente en el año 1985 por Aurelio Sagaseta y Luis Taberna, y en 2018 por Rubén Pérez Iracheta y José Luís Echechipía, está catalogado en su conjunto como “de mucho interés”, aún considerando el lamentable estado en el que se encuentra. Este órgano, como todos los de sus características, es una pieza única, irrepetible, dotada del carisma que cada maestro organero lograba imprimirle y, por lo tanto, susceptible de cuidar y preservar convenientemente.
Antecedentes históricos
Antes del que vemos actualmente hubo otros órganos, ya que eran elemento imprescindible en los templos católicos para seguir la liturgia, especialmente en días de solemnidad. El inmediatamente anterior databa del año 1696, como así consta en los litigios que mantuvieron dos organeros lerineses: Félix de Yoldi y Joseph de Mañeru, tío y sobrino, respectivamente. Pero el tiempo pasaba y por diversos motivos los de Cárcar lo quisieron renovar.
La solicitud de 1735
De modo que corría el año 1735 cuando los cabildos eclesiástico y secular enviaron al obispado una solicitud con un memorial exponiendo las causas que impulsaba esa petición. Entre ellas se dice, que el existente llevaba más de treinta años sin apear ni afinar por lo que tenía acumulado mucho polvo y los registros iban muy lentos y, alguno incluso, estaba estropeado. A esto se unía que:
“se halla plantado en la Capilla por donde sube y baja el cabildo de la sacristía al coro y por el mismo paraje sube la gente al campanar a tañer las campanas a las procesiones, nublados y demás que ocurre (...) Y no solo embaraza dicho órgano para el paso de la gente, sino que al pasar se conmueve y se desafina aquel, y está expuesto a que la gente de él guste y descomponga flautas, como ha sucedido algunas veces”.
Pero eso no era todo, además pretendían cambiarlo de ubicación alegando estas causas:
“y así bien sucede que de donde el presente está dicho órgano, no se ve el altar de la imagen de Ntra. Sra. del Rosario donde todos los días de sábado se dice misa cantada y salve, y es preciso avisar siempre que ha de callar el órgano”.
En resumen, que todo eran inconvenientes, por lo que pretenden revertir esta situación adaptando una nueva capilla donde colocarlo, enfrente a donde hasta ahora se encontraba:
“donde no habrá paso a parte alguna, y se verá dicho altar de Nuestra Señora del Rosario y se evitarán todos los inconvenientes que van mencionados”.
Estudiado el caso en Pamplona, se concede la licencia con condición
“con tal que no saquen ni usen del dinero que se halla en el archivo”
sino que lo hagan con el dinero de que disponen
“hasta el importe de doscientos y doce pesos que supone podrán tener de gasto la efectuación de todas dichas fábricas, procurando hacerlas con la seguridad y menor coste que se pueda sobre que les grabamos sus conciencias”.
El documento está firmado por el licenciado Fermín de Lubian el 7 de noviembre de 1735.
La construcción del nuevo órgano (1736)
Así que, una vez obtenido el permiso se ponen manos a la obra. De la construcción del nuevo órgano se va a hacer cargo uno de los más famosos organeros del momento: Joseph de Mañeru y Ximénez, maestro lerinés, ya citado, que para el siguiente año lo tendrá listo, dejando constancia de ello en el secreto izquierdo donde aparece la siguiente leyenda:
“Joseph de Mañeru y Ximénez me fecit en Lerín Año 1736. Rueguen a Dios por él”.
Pero el caso es que el órgano se hace, pero a los de Cárcar no les debió de llegar el dinero para colocarlo en el lugar que pretendían, por lo que se colocó nuevamente donde había estado el anterior, y así se mantuvo hasta que tres décadas más tarde se removió de sitio aprovechando que se iban a llevar a cabo otras obras en la iglesia, como era una nueva sillería para el coro. De modo que, toda esa parte de atrás iba a sufrir un cambio notable en su fisonomía.
Reformas posteriores y nueva caja rococó
Del tallado de la sillería se van a hacer cargo dos prestigiosos tallistas: Julián Martínez, artista de Calahorra y Francisco de Bousou, natural de la población francesa de Meiac y residente también en Calahorra; y de la nueva capilla y caja para el órgano (donde se había de trasladar la maquinaria construida por Mañeru) correría a cargo de un maestro carpintero carcarés: Joseph de Arbizu y Brabo.
Mantiene Pérez Iracheta, que el delicado trabajo de adaptación del órgano a la nueva caja corrió a cargo de otro maestro organero lerinés, uno de los hermanos Tarazona López de Velasco, sin llegar a precisar si fue Lucas o Ramón.
Al parecer se rescataron algunas piezas del órgano anterior, como el Flautado de 13, que data de principios del siglo XVII. Sospecha Pérez Iracheta y Echechipía la posibilidad de que por la tipología, esta pieza pudiera pertenecer al organero italiano Guido Baldo Fulgencio, unido a que en una de sus partes se advierte la leyenda: “Ubaldo”.
También la Flauta alemana de dos hileras podría ser de un posterior arreglo que hizo Pedro Roqués en el año 1841. Cabe señalar, por los indicios, que el anterior instrumento había estado policromado, pero no va a ser así con el que se estaba construyendo; y no se hizo, seguramente, porque de nuevo se les iba del presupuesto.
Así que, esta nueva caja será de madera de pino sin policromar, sobre la que se advierte una ligera capa de cera que la protege y le aporta color y brillo. Como toda ella es de estilo rococó y muy similar a la sillería, bajaran los expertos que bien pudieron intervenir de algún modo los tallistas encargados de la sillería, ayudando o aconsejando al carpintero carcarés.
El caso es que dicha caja, según criterio de Sagaseta y Taberna, recuerda a algunas fachadas barrocas italianas. El conjunto consta de un teclado “de ventana” con una curiosa tapa.
A mano izquierda tiene registros, tales como: viola, violón, bajón, trompeta real, címbala, diez y novena, quincena, docena, octava y flautado de 13; a mano derecha: corneta (en ecos), lleno (de 4 h.), clarín de ecos, corneta, flauta alemana, clarín de batalla, clarinete, quincena, címbala, docena, violón, octava y flautado de 13.
Una soberbia lengüetería horizontal de fachada, con nada menos que cinco filas de tubos, completaba el conjunto. Cuando estos tubos desaparecieron se optó por tapar el hueco con una madera conteniendo la siguiente inscripción:
“Laudate Dominum in chordis, et organo” (Alabad al Señor con cuerdas y órgano).
Los tubos verticales de fachada se encuentran distribuidos en cinco campos sobre dos alturas. Tiene un cuadro de registros barroco con los nombres primitivos de estos, pero también se encuentran tapados con una madera.
El modo de accionar la maquinaria no ha cambiado desde que se creó en 1736; es decir, alimentada por un fuelle manual.
El conjunto del coro y los libros de música
El órgano y la sillería lucieron soberbios tras su inauguración en 1766; toda una agrupación de armoniosa belleza. Los tallistas calahorranos hicieron también un facistol sobre el que se habían de colocar los grandes libros de coro escritos en pergamino y que servían para visualizarlos holgadamente desde los asientos mientras los cantos.
Sagaseta y Taberna dejaron constancia en el libro Órganos de Navarra: “se conservan seis de aquellos librotes de música de los siglos XVII y XVIII y así se pueden ver a día de hoy.” Advierten que:
“en una contratapa aparecen hojas sueltas con música gregoriana medieval (una línea roja) y notas in campo aperto. La notación es aquitana”.
Todo ello añade valor al conjunto.
Uso, deterioro y valoración actual
Orgullosos quedaron los feligreses de como había quedado la zona del coro: sillería y órgano. A ello se sumó la gran puerta de cancela que se alza bajo el órgano, obra también del maestro Joseph de Arbizu y realizada para la ocasión.
Ya nada estorbaba al organista para seguir la misa cuando el celebrante oficiaba en la capilla del Rosario; nada perjudicaba ahora el paso de los transeúntes que accedían a la torre o al coro, como anteriormente ocurría. El órgano se encontraba ahora en lugar expresamente pensado para él y para que solo el organista lo manipulara, lo cual facilitaba su buen funcionamiento y conservación.
Muchos fueron los organistas que a lo largo de los siglos tañeron este instrumento, impregnando su melodioso y sublime sonido por cada uno de los rincones de esta iglesia. Todos ellos debían ser expertos y accedían previo examen, tras haber hecho estudios musicales, y eran además los encargados de educar al coro de voces que le acompañaba con sus cantos. Voces locales que se afanaron también en aportar dignidad a las celebraciones.
Las puertas por las que se accede a su interior se encuentran bastante bien conservadas, y el órgano, aunque sin la prestancia física que le aportaba la trompetería horizontal, no ha perdido su estructura barroca; aunque, desgraciadamente mudo, no sirve para aquello para lo que fue creado.
Catalogado como DETERIORADO por los expertos citados, todos ellos coinciden en calificarlo no obstante con una valoración global: DE MUCHO INTERÉS.
Sagaseta y Taberna hacen una reflexión final muy a tener en cuenta:
“Es un buen órgano, bastante bien conservado y se puede rehacer su maquinaria y estructura dentro de un presupuesto razonable. Merece la pena. Y añaden: ¡Lástima de la venta estúpida de su tubería exterior horizontal!”
Epílogo
Si físicamente se ha mantenido en pie durante casi trescientos años, ¿No seremos capaces de volverlo a dotar de sonido, y dar de nuevo vida a este valioso instrumento, devolviéndole la sonoridad de aquellas sublimes notas que durante tantos años disfrutaron nuestros antepasados?
MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ
AGRADECIMIENTO
Para realizar este artículo ha sido imprescindible consultar diversos documentos, además del libro Órganos de Navarra, de Aurelio Sagaseta y Luis Taberna, editado por el Gobierno de Navarra en el año 1985, además de la ficha técnica que realizaron Rubén Pérez Iracheta y José Luis Echechipía París en otoño de 2018, a raíz de la visita que realizaron con el objeto de estudiar este órgano concreto de Cárcar