viernes, 23 de junio de 2023

UN MAESTRO DE PUEBLO

 


Don Benito Pérez Apiñariz. Maestro nacional en Cárcar. Foto en detalle 

La figura del maestro de escuela de pueblo es casi una imagen icónica que marcó a las generaciones pasadas. Hoy en día son muchos los profesores que a lo largo de la etapa escolar se ven involucrados en la educación de los alumnos. Antes no era así. Dos o tres eran los maestros encargados de llevar todo el peso de la educación reglada del alumno hasta su conclusión, de tal modo que el nombre y el recuerdo de esos docentes quedaba impreso con fuerza en la memoria, ya fuera para bien o para mal, según había sido la experiencia vivida con ellos.

Don Benito Pérez y Antonio Hernández. Curso 1935-1936

Esta fotografía es de la preguerra. Corresponde al curso 1935-36 y no es una foto habitual. Sí lo era, sin embargo, que ante la llegada esporádica de un fotógrafo profesional el maestro se retratara con el grupo escolar que le había sido encomendado, pero aquí aparece acompañado de un único alumno. 

La fotografía está hecha en un aula de la escuela de Cárcar, ubicada entonces en el piso superior del Ayuntamiento, y el maestro es don Benito Pérez Apiñariz, natural de Etayo (Navarra) y nacido en 1886. Don Benito estudió Magisterio y Cárcar fue uno de sus destinos. Vivía en el número uno de la calle Jardín. "Ganas menos que un maestro de escuela", es una frase que se dice de modo recurrente y así era al parecer, a juzgar por las alpargatas que calza don Benito y que la mesa no consigue ocultar. Contrasta el sencillo y pobre calzado del maestro con el zapato lustrado y de lazos que porta el alumno, puesto seguramente de modo excepcional para la ocasión. El niño es Antonio Hernández Martínez y tenía en ese momento entre ocho o nueve años; sobre la ropa lleva una bata o "babi" que le protege de los roces del pupitre y del polvo de la tiza. Don Benito se la debió de quitar para la foto y luce una sencilla americana de doble botonadura, quizá de cuando se casó. Obediente, Antonio, apunta con decisión a un lugar en el globo terráqueo que el maestro le ha indicado señalar, mirando a cámara con cierta timidez. El maestro, en cambio, se muestra confiado y su expresión delata, además de su bonhomía, seguridad y confianza en el buen hacer del alumno. También cierto aprecio. Tras el educando cuelga el mapa de España de un atril del que el maestro se valía para enseñarles a ubicar los cabos de España, ríos y demás accidentes geográficos que todo buen alumno debía aprender.

No podían ni imaginar ambos el período turbulento y terrible que se avecinaba. La guerra civil estaba a punto de comenzar. A don Benito le supuso la pérdida de empleo y sueldo durante un año; a los dos, tiempos difíciles de olvidar. Posteriormente el maestro se incorporó de nuevo a la docencia hasta causar baja por jubilación en el año 1950.

Los maestros de pueblo de aquella época tenían que bregar con las circunstancias de sus alumnos. Unos niños que, a menudo, hacían novillos por ir al campo para apoyar en la economía familiar. Porque esos chicos tenían que elegir muchas veces entre ir a la escuela o echar una mano al padre; y eso era más vital que aprender a sumar; los chicos, claro, no podían rendir convenientemente en la escuela.

Bien lo reflejó mi buen amigo, don Félix Calvo Frías, natural de Gumiel (Burgos) y maestro nacional en Lerín en uno de sus "ripios":

-¿A qué has venido a la escuela?
¡Trabaja, Félix, trabaja!

-¿Cómo quiere que trabaje
si no puedo con el alma?
El cielo lleno de estrellas
antes de salir el alba
han contemplado mis ojos
a través de sus pestañas.

Yo porfiaba en abrirlas
y ellas en seguir cerradas
porque arriba los luceros,
cuando el sol aún no brillaba,
me alumbraban el camino
tempranito esta mañana.

Con la azada en una mano
la otra con la navaja
de trecho en trecho la cesta
sin mano para llevarla.
Se van cansando los brazos
y ella se hace más pesada.

Los dos ojos en la tierra
para auscultar sus entrañas
que el espárrago está oculto
y hay que adivinar su marca.

¿Y dice usted que trabaje?
¡si ya no me quedan ganas!
la cesta ha venido llena
y cuesta mucho colmarla.

Con el cielo despejado
el sol caía con calma
y pesaba como el plomo
al chocar sobre la espalda.
El sudor que en gruesas gotas
refresca el surco que empapa.

¡Ay! que duro es el trabajo
y que larga la mañana.
Es natural que en la escuela,
por la tarde entre galbana,
tomando el duro pupitre
por una mullida cama.

En vez de clase, la siesta,
me pide el cuerpo con ansia.

Es muy justo que descanse
quien se agotó esta mañana.
-Tienes toda la razón,
descansa, Félix, descansa.

Me consta que don Benito fue un buen maestro. O al menos ese es el recuerdo que mantuvo de él mi progenitor durante toda su vida, fruto de su experiencia como alumno. 

En Antonio Hernández están representados en esa fotografía todos los chicos de su generación que se vieron favorecidos por la figura y las enseñanzas de sus maestros, a pesar de métodos más o menos ortodoxos. 

Un recuerdo especial para todos aquellos "maestros de escuela" de vocación que tanto contribuyeron con su labor a que hoy seamos como somos.

María Rosario López Oscoz
Junio de 2023

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Agradezco a Inés Hernández su gentileza al cederme la fotografía para hacer este breve artículo.

miércoles, 24 de mayo de 2023

HERALDICA DE CÁRCAR Y EDIFICIOS HISTÓRICOS


Cárcar guarda también en su historia un pasado noble de hidalgos e infanzones que dejaron su huella en las fachadas de algunas de sus casas. Ese pedigrí se aprecia en buena parte de los edificios de la calle Mayor aunque se extiende también hacía otras calles del pueblo. Casas de rancio abolengo que lucían en sus fachadas flamantes escudos heráldicos que otorgaban a quienes los ostentaban algunos privilegios, exenciones y prebendas. Será el segundo tomo del Catálogo Monumental de Navarra, el libro Linajes de Navarra con Escudos de Armas, de Aurelio Erdozáin, algunas ejecutorias y otros diversos documentos, además de abundantes búsquedas en Internet, quienes me ayuden a completar esta lista, susceptible de mejoras o correcciones.

Escudo de Cárcar sobre la fachada de su Ayuntamiento

Al menos desde 1459 ya tenía Cárcar sello real y el escudo local pende en la fachada del ayuntamiento desde siglos. El más antiguo que se conserva es de estilo rococó en alabastro labrado y data del siglo XVIII. Tiene yelmo por timbre sobre mascarón inferior entre figuras arquitectónicas intercaladas a serpientes. En su campo lleva un castillo con bandera de cruz flanqueado por dos robles. El castillo que se representa se ubicó junto a la iglesia y pertenecía al conde de Lerín y bien pudo ser el que mandara construir en el siglo X el rey Sancho Garcés I. En tiempos, la villa de Cárcar perteneció, jurídica y administrativamente, al condado de Lerín.

A partir de este escudo repasaré otros escudos que pertenecieron a casas nobles y que se encuentran repartidos por distintas calles del pueblo.


CORROZA-SAN JUAN

Se encuentra situado hacia la mitad de la calle Mayor; esta casa armera ostenta sobre su fachada dos imponentes escudos heráldicos. La casa es un edificio de ladrillo de estilo barroco y los escudos, rococós, son de alabastro y corresponden a la segunda mitad del siglo XVIII; pertenecieron a los apellidos Corroza y San Juan. La casa era de la familia Corroza. 

El primer personaje de este apellido llegó a Cárcar procedente de Azagra y se llamaba Antón Corroza y Lacalle; vino a casarse con Isabel García y Arcaya, natural de Cárcar. Aquí se asentaron y con ellos sus descendientes. Un hijo de este matrimonio, llamado también Antón, se casó con Bernarda de Pagola y Chocarro; José Antonio Corroza y Pagola, primogénito este matrimonio, nace en 1631, fue escribano real y casó en primeras nupcias en 1656 con María Ruiz, y en segundas con Felipa López Bailo, ambas también de Cárcar. El heredero, hijo del primer matrimonio, fue José Corroza y Ruiz, nacido en 1661 que se casó con Jerónima de Pagola y Martínez. De este matrimonio nació en1685, Martín José Corroza y Pagola, que fue abogado de los Reales Tribunales de Navarra; casó en Puente la Reina en 1710 con Juana Bautista de Amézaga y Olloqui y se avecindaron en Cárcar. Uno de los hijos de este matrimonio será Francisco Javier Ignacio José Ramón de Corroza y Amézaga, que nace en Cárcar en 1721; licenciado y abogado de los Reales Consejos, se casará en Corella con María Francisca Javiera San Juan y Díez de Ulzurrun, hija de Joséph San Juan Echeverría y Fermina Díez de Ulzurrun y Bea. El matrimonio se veló en Cárcar en 1753. Javier fue alcalde de Cárcar y posteriormente alcalde mayor del estado y condado de Lerín. Será este personaje quien coloque en la casa de los Corroza de Cárcar sendos escudos correspondientes a su apellido y el de su mujer. Por tal motivo, el fiscal y la villa levanta pleito contra ellos. El litigio duró cuatro meses, desde el 18 de febrero de 1777 hasta el 17 de junio de ese mismo año, en que lo gana. En este pleito Francisco Javier Corroza demuestra que tiene derecho por descender y ser su apellido originario de la casa Corroza Lequerica en la anteiglesia de San Martín, situada en el barrio de Meacaur en Morga, Vizcaya, así como el de su mujer, San Juan, por pertenecer al señorío del mismo nombre que se encuentra en el lugar de Unzué. 

Escudo de armas de los Corroza en Cárcar. Calle Mayor


Piedra armera del apellido San Juan que acompaña en la fachada al de Corroza

Dice el tomo II del Catálogo Monumental de Navarra, en su pagina 405, sobre el escudo Corroza: “sobre un león, ostenta bordura de mascarones entre rocalla; campo de lobos pasantes sobre un árbol arrancado orlado por leones pasantes”. Y con respecto al de San Juan: “sobre águila bicéfala presenta querubín inferior entre cuernos de la abundancia y corona abierta con timbre con la leyenda: SAN/IOAN. En sus cuatro cuarteles alternando cuatro palos con un lebrel rampante sobre roca”.
El matrimonio Corroza-San Juan vivía en Cárcar, pero por su cargo de alcalde mayor del estado y condado de Lerín se trasladaron a la vecina Lerín hacia el año 1760.
En la actualidad el apellido Corroza se perdió y solo nos queda a algunos inserto en la genealogía de generaciones lejanas.

DÍAZ (Díez) DE RADA
 
Piedra armera de los Díaz de Rada en la Calle Mayor

El primero en poner sobre la fachada de su casa las armas de este apellido fue Francisco Xavier Díez de Rada Arbeloa, nacido en Cárcar en 1743, hijo de Joseph y Lucía. Se había casado también en Cárcar en 1765 con Michaela de Ursua y en segundas nupcias en 1791 con Martina Rodríguez y Santa María. Obtiene la ejecutoria de hidalguía que gana en juicio contradictorio junto con Francisco Antonio Díez de Rada (de Andosilla) y los hijos de este. El juicio se presenta en 1776 y se resuelve favorablemente en 1787 ante la Corte Real de Navarra reconociendo a los demandantes su derecho a lucir sus armas en el frontispicio de su casa, como lo había hecho anteriormente su quinto abuelo Pedro Diez, cuya ejecutoria había ganado en juicio contradictorio en 1527. El escudo de los Díez (Díaz) de Rada consta de cruz verde de Alcántara en campo dorado con una estrella sobre la mano derecha. 
Varios fueron los hijos de Francisco Xavier Díez de Rada Arbeloa que continuaron con el apellido, estos matrimoniaron de la siguiente manera: Martín José se casará con Juana Martínez; Francisco lo hará con Carmen Ursua; Ramon con Josefa Gurrea Yanguas; Gabriel con Angela Bermejo y María Antonia con Fermín Pagola.

Es un apellido que se ha propagado en Cárcar con profusión a través de distintas ramas. Actualmente continúa muy extendido.  
      
MARTÍNEZ 

Escudo de los Martínez. Travesía Calle Mayor con Calle Monte

Sobre los Martínez de Cárcar hay que destacar que en el año 1517 ganaron ejecutoria de hidalguía ante la Real Corte de Navarra los señores Martín, Gil, Jorge, Rodrigo, Diego y Hernando Martínez, todos ellos hermanos y naturales de Cárcar “en cuya iglesia tenían capilla con sus armas” y decían ser descendientes del palacio de los Martínez de Andosilla. En 1674, otro descendiente, en este caso Juan Martínez, escribano real, residente en Tudela reclama también derecho a usar escudo de armas por ser originario de la casa Martínez en Cárcar. Esta casa de Cárcar ocupa toda la travesía que une la calle Mayor con el Barrio Monte. Es un edificio barroco del siglo XVII en mampostería con verdugadas de ladrillo y ostenta sobre su fachada un escudo de alabastro del siglo XVIII con la leyenda “armas de los Martínez”. Está timbrado por yelmo sobre mascarón inferior entre sirenas; en campo de gules una cruz llana de oro cargada de cinco lobos andantes de sable. 
Muchos fueron los que llevaron este apellido en Cárcar desempeñando diferentes profesiones: notarios, abogados, abades, canónigos, etcétera, destacando especialmente Vicente Martínez Monreal, médico de las cámaras reales de Carlos IV y Fernando VII y pionero en propagar la vacuna contra la viruela en Navarra.

No hay quien lo porte ya en Cárcar como primer apellido.  
 
LÓPEZ BAILO

El de los López Bailo sobre la casa familiar de la Plaza Marín Sola (antes Plazuela)

Este es linaje aragonés de infanzonía que tuvo su solar en el lugar de Bailo, partido judicial de Jaca. Una rama pasó a Ejea de los Caballeros, creando una nueva casa solar. De esta rama pasó a Estella, Cárcar y Andosilla; Juan José López Bailo y Aguirre, natural de Andosilla se casa en Cárcar con María Igúzquiza. De este enlace nació José Ramón López Bailo Igúzquiza el día 13 de enero del año 1735; maestro cerero, casó con Clara Martínez de Ollo, natural de Estella, avecindándose en Cárcar. Consiguió sentencia favorable de hidalguía para él y sus hijos en 1788; estos hijos fueron José Antonio Esteban y Juan Antonio López Bailo y Martínez de Ollo. José Antonio, el primogénito, siguió habitando la casa, y después su hija Ambrosia, para con esta desaparecer el linaje.
Sus armas son un escudo rococó de la segunda mitad del siglo XVIII labrado en alabastro que presenta mascarón inferior, angelotes tenantes y un yelmo por timbre. Sobre campo de oro terciado en banda de gules travesante, dos lobos de sable. 
Ambrosia, la última López Bailo que habitó la casa acogió  mientras la Tercera Guerra Carlista a la hija menor del General Zumalacárregui (su primo político) y aquí falleció.

ONA 
En la calle Portal de Cárcar existe un edificio barroco (hoy muy retocado) del siglo XVII, en su día labrado en mampostería con verdugadas de ladrillo de tres cuerpos y un ático, y en su fachada un escudo con la leyenda: "armas de los Ona". Perteneció a Tiburcio de Ona y Gómez de Segura. Era natural de Oteo (Álava) y se casó en Cárcar con María Arbizu y Ruiz, hija de José de Arbizu y Ruiz, y María Josefa Ruíz Castillo. En el año 1803 Tiburcio consigue de la Real Corte de Navarra la ejecutoria de hidalguía que ganó en juicio contradictorio: “vecino de la villa de Cárcar en propia representación y en la de d. Gregorio, su hijo, y demás adheridos”, estando en causa las villas de Oteo, Cárcar y Mañeru. 

Escudo de los Ona situado en la Calle Portal

Es el escudo de los Ona un blasón de alabastro, fechado en 1803, entre leones tenantes y timbrado por un yelmo entre niños desnudos. Cortado con cruz entre llaves, de una parte, y caldero con la cifra 1341 de la otra. También de la parte de los Gómez de Segura era Tiburcio hidalgo. Su causa se había defendido en 1549. El matrimonio Ona-Arbizu tuvieron seis hijos, todos varones: Fausto Ramón Ignacio, José Ramón Tiburcio, Francisco Antonio Ramón, Ramón Julián, Francisco Antonio y Gregorio Andrés; este último será su heredero en Cárcar que junto a su primogénito, Fausto Ramón Ignacio, defendió también su derecho a colocar el escudo de los Ona en Mañeru por las mismas fechas que lo hizo para el de Cárcar. El más joven, Gregorio Andrés de Ona, residente también en Cárcar, se casó con Ignacia de Sola, pero se separaron; para el año 1831 ya le habían concedido el divorcio y en 1838 Gregorio se vuelve a casar, ahora con María Ruíz. Con ninguna de las dos esposas tuvo descendencia. Falleció en Oteo y su patrimonio pasó por herencia a su sobrino Manuel Ona Goicoechea. Este casó con Clara Arbeloa, natural de Mañeru y vivieron en la casa solar de los Ona de Cárcar al igual que después sus descendientes. Manuel fue notario en Cárcar. 
Descendiente directo de este linaje será Antonio Ona y Echave (Cárcar,1905-Lugo, 1987), obispo de Lugo.

Existen descendientes de este linaje que lo siguen portando todavía. También en Lerín a través de la línea sucesoria de Fausto Ona, primo carnal de Tiburcio. Uno de ellos es el escritor y arqueólogo José Luis Ona González.

ZÚÑIGA 

Piedra armera de los Zúñiga acompañada de un Corazón de Jesús en su estado actual, perdida ya la corona que portaba como timbre. Calle Ontanilla

Así lucía antes de perder la corona. Foto: Catálogo Monumental de Navarra

Los Zúñiga habían probado su nobleza en distintas ocasiones  y Miguel Ángel de Zúñiga y Martínez de Cárcar, vecino de Cárcar, hizo lo propio en el año 1799 colocando en el frontispicio de su casa el blasón correspondiente a su apellido. La consiguió para sí y sus hijos: Ángel Miguel Joaquín, José Joaquín, Juan Manuel, Ramón Luis Fausto y María Manuela de Zúñiga y Ruíz, vecinos todos ellos de Cárcar.
Miguel Ángel, el padre, era hijo de Diego y María Cecilia Martínez de Cárcar y se había casado en Cárcar el día 27 de marzo de 1776 con María Joaquina Ruíz y Teruel, hija de Martín Ruíz y Teruel y María Ángela Teruel y Sádaba. El solar primitivo de Zúñiga procedía de la villa navarra de Zúñiga, valle de la Solana, en la Merindad de Estella. Ya se cita en algunos documentos del año 1356. Este entronque procede al parecer de antiguos reyes de Pamplona, tales como Iñigo Jiménez Arista, García Iñiguez y Fortún García y ligado también al palacio de Cidamón en La Rioja y a sus propietarios los Manso de Zúñiga. 

La casa de los Zúñiga se encuentra situada en la calle Ontanilla y su piedra armera "presenta faunos portantes y corona abierta por timbre, y su campo orlado de cadenas está terciado en banda por una cinta plegada" (Catálogo Monumental de Navarra, tomo II)

El apellido está totalmente desaparecido en Cárcar desde hace décadas.

PAGOLA 

El apellido Pagola no tiene en Cárcar escudo heráldico que se conozca, pero uno de sus miembros lo pidió para sí y los suyos estando ya residiendo en Pamplona, apoyándose en un antepasado. Este antepasado era Íñigo de Pagola, que, avecindado en Andosilla, había obtenido sentencia de hidalguía en la Real Corte de Navarra el 29 de julio de 1569 y usó de ese linaje por ser originario del palacio de Beretereche en Mendieta, Vizcondado de Mauleón en Francia. 
Íñigo de Pagola casó en Andosilla con María del Valle. Un hijo de estos, Francisco de Pagola y del Valle, casó con Isabel de Lapedriza, vecinos también de Andosilla. El sucesor, Miguel de Pagola y Lapedriza, casó en Cárcar en 1634 con María Martínez, avecindándose ya en este población; uno de los hijos, Ignacio de Pagola y Martínez, casa en Cárcar con Josepha Miguel de Bolinaga en 1660. Tuvieron a Francisco de Pagola y Miguel que casó en Lodosa 1761 con Isabel de Alargunsoro y se instalaron en Cárcar. Uno de los hijos de este matrimonio será José Fernando de Pagola Alargunsoro que fue alcalde de la Real Corte de Navarra. Casó con Alberta de Garzarón y se avecindaron en Pamplona. Uno de los hijos de este matrimonio, José de Pagola y Garzarón, que fue Oidor de la Real Audiencia de Granada, en tiempos de Carlos III, reclamó su derecho de hidalguía por descender de aquel Iñigo de Pagola, su quinto abuelo.  
Trae en su escudo campo de sinople y en él una sierpe que sale de un pozo con dos alas abiertas y lengua de gules, con la cola enroscada y salpicada de plata y sable, que pendería sobre la fachada de su casa en Pamplona. El apellido Pagola siguió en Cárcar por otras ramas y continúa vigente a día de hoy.

ARAGÓN

Escudo de los Aragón que pasaron a Navarra. Foto tomada del libro Linajes de Navarra con Escudos de Armas, de Aurelio Erdozáin

 El apellido Aragón procede de un importante linaje de la Real Casa de Aragón. En Sádaba existía una casa solariega en la calle Mayor con el escudo de armas de los Aragón. Eran infanzones. Una rama de estos pasó a Navarra, y entre otras poblaciones se asentó en Cárcar. 
No puedo asegurar quien fue el primer individuo o familia con apellido Aragón que llegó a Cárcar pero ya en el año 1584 nacía en esta María de Aragón y Martínez, hija de Diego de Aragón y Albina Martínez. En 1612, María de Aragón casa también en Cárcar con Pedro de Aguirre. En 1622, Sebastián de Aragón, que sería otro hijo de Diego y Albina, se casa también en Cárcar con María de Sádaba y tuvieron en 1625 a Domingo de Aragón. A partir de ahí el apellido se extiende en el pueblo por generaciones entre los siglos XVII y XVIII hasta desaparecer en el XIX. Es más que probable que tuvieran escudo de armas en la casa paterna. Este sería un escudo partido y semicortado: 1º en campo de oro, cuatro cabezas de reyes, 2º en gules, dos caballeros armados, gravadas sus armas y 3º, en oro, cuatro palos de gules.
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Existían al menos dos casas armeras más que se derribaron en la década de los setenta del siglo pasado. Una de ellas era la casa que albergó al mítico Café Lorente; la otra, situada en la calle Monte, era la casa de Eulogio Pardo. Ambas lucían sendos escudos heráldicos que desaparecieron al ser los edificios demolidos para construir sobre ellos. Hay indicios de que las piedras armeras no se perdieron y estoy en la tarea de conseguir identificar cuales eran esos escudos y a que apellidos correspondían. Dado el caso, lo agregaré a este trabajo. Tú, que estás leyendo esto, si tienes fotos donde aparezcan o información sobre ello, apelo a tu colaboración.
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OTROS EDIFICIOS HISTÓRICOS

Existen también otras casas en Cárcar, que sin ostentar en su fachada un escudo heráldico denotan un pasado de abolengo. Buena parte de ellas se sitúan en la calle Mayor; son casas barrocas de mampostería con verdugadas de ladrillo que se elevan en dos o tres cuerpos. El Catálogo Monumental de Navarra cita algunas de ellas. 
Hacia la mitad de la calle Mayor destaca un edificio de ladrillo que data del siglo XVI (es el edificio civil más antiguo) y consta de dos cuerpos y un ático, articulado por una galería de pequeños arcos o arquillos. 

Esta sería la fachada más antigua de arquitectura civil de Cárcar. Calle Mayor

También la casa de los Pagola-Franco (hoy desaparecida), era una amplia casona del siglo XVII de aspecto noble con dos cuerpos y un ático; el segundo cuerpo presentaba cinco balcones en su fachada. En la trasera del edificio había un molturador de aceituna. 

Casa de los Pagola Franco antes de ser derribada y que bien pudo ser la casa madre de los Pagola arriba citados. Calle Mayor. Foto: Catálogo Monumental de Navarra

En la calle Marín Sola, antes Plazuela, además de la casona de los López Bailo, se encuentra un edificio de ladrillo del siglo XVII que consta de dos cuerpos y un ático con un gran alero de madera sobre ménsulas talladas. 

Edificio en la Plaza Marín Sola en su estado actual




 Ménsulas talladas en dicho edificio de la Plaza Marín Sola

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Hay otras casas antiguas de ladrillo merecedoras de mención. Unas se conservan todavía, otras desaparecieron, dos de ellas muy recientemente. Todas se hicieron con tanta solidez que han soportado con mucha dignidad el paso del tiempo.
 
Casa de los Ágreda. Edificio de la Calle Mayor del siglo XVIII, recientemente derribado y desaparecido


Estos tres edificios de la Calle Monte constituyeron en principio una misma vivienda. Disponía de capilla. Es muy probable que perteneciera a la familia Solabre

Uno de estos edificios luce en su fachada una enigmática cruz de madera

Al principio de la calle Monte hay una que, dicen, que para su construcción se empleó vino, en una cosecha en la que este se agrió y vieron así una forma de darle salida.
 
Trasera de la primera casa que linda con el ayuntamiento 

He mencionado solo algunas de ellas; hay unas cuantas mas. Todas ellas son casas que contribuyeron, junto con el resto de construcción mas humilde, a conformar la fisonomía del pueblo y que merecen especial atención y adecuada conservación. 

Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz

miércoles, 26 de abril de 2023

ANUARIO DE LOS AÑOS 1932 Y 1942 CORRESPONDIENTE A CÁRCAR

En la entrada anterior quedó reflejado el CENSO-GUÍA DEL AÑO 1924; en este serán los de los años 1932 y 1942. 

Grupo escolar del año 1933. Maestra, María Jesús Los Arcos. Foto: Miguel Javier Ágreda

AÑO 1932. En ese año tenía Cárcar 1950 habitantes. 

-De nuevo el alcalde era Julián Díaz de Rada que había sustituido al anterior, Demetrio Sádaba Calvo. El secretario del ayuntamiento era Máximo Aguirre; el juez municipal, Aniceto Rubio; el fiscal, Clemente Ruíz, y el secretario del juzgado Santos González Ruiz.

-El párroco se llamaba Teodoro Torrecilla y los coadjutores Paulino Ruíz y Antonio Sada.

-Los maestros eran Germán Echechipía Lizarrondo y Benito Pérez Apiñaniz; las maestras Edelmira Cabredo Bujanda y Rosa Taules Oses.

Grupo escolar de Cárcar. Año aproximado 1934-35. Foto: Mamen Urbiola. 3º desde la izquierda, 1ª fila sentados, Antonio Hernández; 10º Gregorio Urbiola; 12ª Vidal López Rubio. El 5º de la 2ª fila, Félix Ajona.

Grupo escolar del año 1934. Maestra: Edelmira Cabredo. Foto de la familia López-Chalezquer. Sentados a la izquierda en la tercera fila, 1º Alfredo López Chalezquer 2º Carmelo López Rubio. 3ª en la fila de abajo, Valen López Chalezquer. 1º de abajo a la izquierda, José Bravo Macua.  

-El médico, Alfredo Adrados Martín; el farmacéutico, Félix Díaz de Rada, y el veterinario, Moisés Goicoechea Goñi.

Puerta desde donde se accedía a la farmacia de Félix Díaz de Rada

-Claudio Pérez era, además de comadrón, barbero.

-El teléfono lo gestionaba Rufino Oses, que también era barbero.

-Había tres abacerías (tiendas que vendían al por menor aceite, vinagre, legumbres secas, bacalao, etc.); estaba la de Francisco Pardo, que también era carnicería, la de Crescencio Lezáun; este, a su vez era guarnicionero, y la de Ramón Lezáun; que añadía la venta de tejidos, verduras y frutas, ya que era comisionista de frutos

-También eran comisionistas de frutos, Esteban Carricas, Anastasio Insausti y Cecilio Macua.

- Los albañiles eran Javier Pavía y Felipe Redondo.

-María Franco López Gil (viuda de Tarsicio Pagola) tenía molino de aceite. 

-El Alpargatero era Pedro Marzo.

-Genaro Carricas tenía carnicería, que como he dicho también tenía Francisco Pardo.

-Carpinteros eran Julio y Carlos Taules, y Pedro Roldán era constructor de carros.

-El estanco lo regentaba Antonio Pagola.

-Había una fonda, la de Fructuoso Zalduendo.

-Tenían tienda de tejidos (además de la nombrada de Ramón Lezáun), Genaro Carricas y Esteban Carricas.

-Dos modistas, Juana Pellejero y María Resano.

-Y dos herreros, Aniceto Pérez y Jacinto Roldán.

-El zapatero era Eduardo Lorente.

-Cafés y Casinos: Eugenio Lorente, la Caja Rural, el Centro Obrero y el Salón Venecia

-Y finalmente estaba la Electra San Miguel, que generaba electricidad.

Todo esto recoge sobre Cárcar la Guía del Comercio, Fabricación, Industria, Agricultura, Profesiones y Autoridades de la Provincia de Navarra del año 1932. 

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Por su parte, el ANUARIO GENERAL DE ESPAÑA. Bailly-Baillière y Riera del año 1942, refleja estos apartados: 

Entrada a Cárcar por El Empalme, cuando todavía no se había urbanizado la zona

Villa con Ayuntamiento de 1950 habitantes de hecho, y 2.000 de derecho. A 35 Kilómetros de la cabeza del partido judicial; a 60,5 de la capital y 7 de Lodosa, cuya estación es la más próxima. Carreteras a Estella, Calahorra, Lodosa y Peralta. Fiestas el 14 de septiembre. Produce vino, frutas, trigo, legumbres, tomates, pimientos y remolacha; cría ganado lanar, cabrío y vacuno. Hay pesca en el río Ega.

-Alcalde, Balbino Resano; Secretario, Estanislao Oses; Juez municipal, Santos Sádaba; Fiscal, Atanasio Díaz; Secretario, Benito Pérez.

-El párroco se llamaba Mariano Elarre.

-Escuelas nacionales: profesoras, Edelmira Cabredo Bujanda, Rafaela Álvarez de Eulate y María Jesús Los Arcos Azcona; profesores, Benito Pérez Apiñaniz, Antonio Sola Camardiel y German Echechipía Lizarrondo; este último realizaba también informes comerciales.

-Eduardo Lorente era zapatero y cartero.

-Teléfonos, Rufino Oses, que además era practicante y barbero. 

-Claudio Pérez era también practicante y barbero.

-Abacerías: Esteban Carricas, Crescencio Lezáun, Ramón Lezáun, Viuda de Pedro Marzo y Francisco Pardo.

-Venta de abonos, Caja Rural Católica.

-Molino de aceite, Viuda de Tarsicio Pagola.

-Administrador de fincas, Santiago Hernández.

-Maestros albañiles, Hilario Redondo y Lorenzo Santos.

-Apicultor, Atanasio Guillén.

-El café lo regentaba la viuda de Eugenio Lorente; Nicolás Arróniz tenía taberna.

-Carbonerías: Francisco Chocarro y Francisco Montalvo.

-Carnicerías: Anastasio Insausti, Fructuoso Izal y Domingo Montalvo. 

-Esteban Carricas y Gregorio Carricas tenían tocinería.

-Carlos Taules era carpintero y Pedro Roldán constructor de carros.

-Comisionistas eran Adrián Mendoza y José Sola.

Fábrica de conservas Arambilet. Entregando espárragos. A la derecha de la foto: José Arambilet (el chato). Foto: Carcar, Historia, Vocabulario y Plantas. E. Mateo, L. J. Fortún, J.A. Díaz de Rada, C. Pardo. 2002

-Fábrica de conservas vegetales: José Arambilet, que era también hojalatero.

-Cordelería, Justo Gutiérrez



Últimas actuaciones sobre cordelería de la familia Gutiérrez (los Sogueros). En las fotos, Eulogio y Mercedes Gutiérrez y María Sanz. Cedidas por Jesús María Gutiérrez  

-Francisco Urmendia era corresponsal de periódicos.

-Además de abacería, Crescencio Lezáun vendía loza y llevaba el estanco y la guarnicionería.

-La farmacia, Víctor Díaz.

-Comisionista de frutos del país: Hilario Mateo.

-Ganaderos, Julián Díaz y Fructuoso Izal; Este último regentaba la posada junto con su mujer, Amparo Amatriain.

-La fábrica de gaseosas estaba a cargo de la Caja Rural.

-Granos (Comtes.), Adrián Mendoza y Esteban Carricas.

-El herrador era Fermín Redondo.

-El herrero, Aniceto López Carrascosa.

La herrería de Aniceto López, que con los años fue a más. Foto: Cárcar, Historia, Vocabulario y Plantas. E. Mateo, L. J. Fortún, J.A. Díaz de Rada, C. Pardo. 2002

-La lechería estaba en la cabrería municipal.

-Comercios de loza: además de la tienda de Crescencio Lezáun, las de la viuda de Pedro Marzo y la de Ramón Lezáun; este último tenía también tienda de tejidos y quincallería.

-El médico se llamaba Alfredo Adrados Martín.

-Había dos modistas, Resurrección Carricas y Elena Oses.

-El organista de la parroquia era Gregorio Ojer San Miguel.

-Tenían obrador de pan: Fructuoso Esteban, Constancio Pellejero y Francisco Ruíz.

-Como propietarios constaban: viuda de Félix Díaz, Julián Díaz y viuda de Luis Fortún.

-Hilario Mateo era comisionista y exportador de tomates.

-El veterinario, Moisés Goicoechea.

-Cosecheros de vinos: viuda de Félix Díaz, Julián Díaz, Tarsicio Pagola y Felipe Sádaba.

-Almacén de yesos Félix Calvo.

-Electricidad suministraba la Electra de Cárcar S.A. y Electra San Miguel de Cárcar.

-Había servicio de automóviles a Calahorra con correo diario a la mañana y a la tarde y costaba 1,25 pesetas. A Estella, también con correo diario a las 6,11´ horas, y costaba 4 pesetas. A Logroño cada día a las 7 de la mañana por 2,50 pesetas y a Pamplona también cada día a las 7, por 2,50 pesetas.

Vista de Cárcar. Foto: Agustín Garnica

En estos censos solo aparecen los nombres de las personas que prestaban servicio al pueblo por medio de un oficio en el llamado sector servicios; el resto, hasta completar los 1.950 individuos, lo componían las personas que se dedicaban a cultivar la tierra y a las que había que sumar, mujeres, ancianos y niños. Todos estos nombres están registrados en los documentos civiles y parroquiales y todos ellos colaboraron a conformar el pueblo de Cárcar, cual importantes eslabones que lo mantienen vivo generación tras generación. 

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Un apunte de agradecimiento a quienes me habéis facilitado las fotografías que ilustran el texto, que ayudan a conocer y recordar. 

Recopilación y adaptación al texto: María Rosario López Oscoz

 

martes, 7 de marzo de 2023

CÁRCAR EN 1924

Báscula de pesas de la época

Gracias a la "Guía de Aragón, Navarra, Soria y Logroño" del año 1924, publicación escrita por Román García Gárate, un maestro nacional de la localidad de Albalate del Arzobispo, (Teruel), voy a poder rescatar cuanto se recoge de Cárcar en ese año, cuanta era su población, de que servicios disponía y quienes los regentaban:

En 1924 Cárcar tenía 1.750 habitantes y para entonces ya había “autos” regulares para ir a Estella, Calahorra y Pamplona. Dice el autor que era un pueblo con “abundante regadío, grandes cosechas, dehesas de pasto y alamedas deliciosas; fuentes de aguas purgantes y un paraje, Villavieja, donde hay restos de cuevas y sepulcros de población desaparecida, cuyo nombre se desconoce”.

Como hijos notables solo recoge a Salvador Ordóñez “finado orador sagrado notabilísimo” y al P. Marín Sola, “catedrático de Teología por la Universidad de Friburgo, verdadera eminencia mundial”.

Asegura que en mayo tiene lugar una romería a la Virgen de Gracia, situada a cinco kilómetros y medio del casco urbano, y que “al finalizar, se hacen carreras a caballo por los mozos y sus novias”.

Reunión de parejas de novios dispuestas a iniciar la romería a la ermita de la Virgen de Gracia. Foto sacada del programa de fiestas del año 1989.

Ese año, el acalde del ayuntamiento era Julián Díaz de Rada, y Demetrio y Felipe Sádaba, Atanasio Díaz, Antonio Pagola, Regino Ágreda Pagola, Faustino Pérez, Francisco Roldán y Calixto Resano Sádaba los concejales. 

El párroco: Gracián Goicoechandía y los coadjutores, Julián Balza y Paulino Ruíz.

Campana mayor (la San Miguel) refundida siendo párroco don Gracián Goicoechandia.

Detalle del grabado donde aparece el nombre del párroco.

En cuanto a funcionarios locales, el secretario era León Villar, el juez Gregorio Ojer, el fiscal, el propio alcalde, y el secretario del juzgado, Santos González. 

Los maestros, Germán Echechipía Lizarrondo y Edelmira Cabredo Bujanda.

Había un médico, Domingo Santos Urrujulegui y dos practicantes Rufino Osés y Nazario Santos. La comadrona Filomena Goicoechea y el farmacéutico Félix Díaz de Rada

El cartero se llamaba Florencio Mendoza.

Había un solo comisionista y era Eladio Agreda.

Dos posadas ofrecían sus servicios: la de Pedro Amatriain y la de Gil Sádaba.

Se citan los nombres de algunos agricultores y propietarios locales: Felipe Sádaba, Eladio Agreda, Esteban Pardo, Demetrio Sádaba, Francisco Urmendia, Perfecto Bravo, Santos González, Gregorio Ojer, Atanasio  y José María Díaz, Venancio López, Pedro Marco y Laureano Ochoa Zuñiga

Los ganaderos eran Julián Díaz de Rada y Esteban Pardo que además vendían lanas y pieles. 

Cosecheros de vinos: Julián y Félix Díaz y Juan Ramos

El estanco lo regentaba Timotea Amatriain.

Dos establecimientos servían café, el de Pedro Amatriain y el de Eugenio Lorente.

Crescencio Lezáun vendía aceites y Pelegrín Carricas, carbón; el herrero era Francisco Espada, el sastre Rudersindo Gorricho y el zapatero Gregorio Lorente

Había dos carpinterías, la de Lorenzo Los Arcos y la de Carlos y Julio Taules. Y dos carnicerías, la de Juan Carricas y la de Francisco Pardo, este último tenía además tienda de ultramarinos.

Salvadora Ojer despachando en la tienda de ultramarinos. Foto: Cárcar, impresiones, oficios, anécdotas y fotos.Pag. 203. Eduardo Mateo. 2008

Juan Carricas también tenía tienda de tejidos, y se repartía la clientela con las de Francisco Roldán y Ramón Lezaun

Luego estaban los establecimientos de ultramarinos, como los de Jacinto Roldán, Esteban Carricas, Ramón Lezaun, la citada de Francisco Pardo, la de María Sadia (viuda de Eustaquio Lezáun) y la de Marino Ollobarren.
 
Envoltorio de turrón donde aparece la publicidad del establecimiento de María Sadia. Foto: Cárcar, historia, vocabulario y plantas. Pag. 19. Eduardo Mateo y otros. 2002.

También había círculos de recreo: el Centro Obrero, donde se despachaban vinos y licores, La Fraternidad y la Caja Rural Católica; esta administraba además una fábrica de gaseosas.

Dos empresas suministraban electricidad: la Electra de Cárcar y la de San Miguel.

Y aquí termina la lista, que aunque no parece ser exhaustiva, manifiesta sin embargo que se cubrían con creces los servicios básicos. No se da cuenta de la existencia de ninguna pescadería pero es que tardó algo en asentarse un establecimiento de este tipo; en aquella época la venta de pescado era ambulante, tanto del pescado que venía del mar como del que se extraía del río Ega y que  vendían, también de forma ambulante, las mujeres de los pescadores locales. 

Un plantel muy significativo de servicios que todavía vivió períodos aún más boyantes, para reducirse de forma drástica y llegar a la actualidad sin apenas cubrirse los mínimos a causa de diversos factores, cuyo análisis daría para una seria reflexión.

Recopilación y redacción: María Rosario López Oscoz

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Fuente: “Guía general de Aragón, Navarra, Soria y Logroño” escrita por Román García Gárate. Año 1924. Imprenta Editorial V. Campo. Huesca