miércoles, 12 de junio de 2024

FRANCISCO SÁDABA MARÍN (P. PACO). ENSANCHANDO FRONTERAS

Detalle del retrato que aparece más abajo, correspondiente a la foto cedida por la familia Irigoyen-Reyes 

La estela del famoso teólogo carcarés, Francisco Marín Sola, alcanzó a tres de sus sobrinos: el ya destacado Leonardo Pellejero Marín, y a los hermanos Francisco y Antonio Sádaba Marín, hijos de Casimira y Ricarda, respectivamente, hermanas ambas del sabio dominico. Del P. Leonardo ya he dado cumplida cuenta en capítulo anterior y ahora lo haré con su primo Francisco. Antonio, que fue agustino recoleto, ocupará también espacio propio en este blog.

Francisco, hijo de Leonardo Sádaba Lasarte y Ricarda Marín Sola, era el hijo mayor del matrimonio y nace en el domicilio familiar de la calle de Medios el día 6 de marzo del año 1911. Leonardo, su padre, era labrador y su madre, Ricarda, se dedicaba a las tareas del hogar. Después de Francisco nacerán: María Gracia, Elena, Jesús, María, María Carmen y Antonio Sádaba Marín.

Retrato del P. Paco junto a su hermano Antonio (agustino recoleto). Foto cedida por la familia Mendoza-Lizaldez 

 A Francisco se le conocía como Paco, y así se le llamó incluso durante su vida de religioso. Es muy probable que Francisco (en lo sucesivo Paco) y su primo Leonardo  se fueran juntos a estudiar con los dominicos, aconsejados quizá por el tío, y juntos ingresaron en el vallisoletano colegio de La Mejorada de Olmedo. Como Paco era tres años más joven que Leonardo en los primeros cursos de Humanidades irá siempre una asignatura más atrás, por lo que no coincidieron en las clases, aunque sí en los espacios comunes. Concluida esta parte de formación, mientras Leonardo se iba a Ocaña, Francisco lo hacía al colegio de Santo Tomás de Ávila donde cursará Filosofía y Lugares Teológicos. Aquí tomó el hábito el día 8 de septiembre del año 1926 y hace la profesión temporal o simple el 10 de septiembre del año siguiente, justo al día siguiente en que Leonardo había hecho también allí  la profesión simple, tomando ya ambos rumbos distintos. 

De Ávila pasó Paco a los Estados Unidos de América, (como lo había hecho anteriormente su tío el P. Marín) al centro de estudios que los dominicos de la Provincia del Rosario tiene en Rosaryville, en el estado de Luisiana, donde hizo los cuatro cursos de Teología; a su conclusión, hace la profesión solemne el día 7 de marzo del año 1932 y es ordenado sacerdote un 10 de agosto del año 1935.

Centro de estudios de los dominicos en Luisiana. Foto: Jorge López Teulón 

Ya sacerdote, su primer destino fueron las islas Filipinas. Una vez allí fue asignado al convento de Santo Domingo de Manila, donde, a lo largo de los cinco años siguientes fue cantor y director de la capilla de tiples. La voz del P. Sádaba era al parecer de mucha sonoridad y, con posterioridad, uno de sus alumnos llegó a  calificarla como “supersónica”. Pronto pasó como profesor al colegio San Juan de Letrán a la vez que recibía clases de Teología en la Universidad de Santo Tomás, donde se licenció. Tanto en Rosaryville, como en el colegio y la universidad de Manila la figura del P. Sádaba marcó su propia personalidad pero sería fácilmente reconocido como el sobrino del sabio y recordado profesor y teólogo Marín Sola, y ante su tumba rezaría en más de una ocasión mientras su estancia en Manila.

Universidad de Santo Tomás de Aquino en Manila. Foto: La Vieja España

Es muy grande la huella que desde los primeros años han ido dejando los dominicos en Filipinas y que empezó en 1587, año en el que se establecieron. Enseguida de llegar levantaron el convento de Santo Domingo, y en el año 1611 erigieron en Manila Intramuros la citada universidad de Santo Tomás, la más antigua de Asia y la universidad católica que más alumnos tiene actualmente a nivel mundial. En 1620 nació también a su amparo el prestigioso colegio de San Juan de Letrán, y en todos estos centros se movió con soltura el P. Paco Sádaba al igual que lo había hecho su tío. 
 
Se avecinaban ahora tiempos difíciles para Filipinas y el P. Sádaba vivió muy de cerca las consecuencias de la ocupación japonesa en las islas mientras la guerra que el ejército nipón mantenía con los Estados Unidos de América, iniciada en diciembre de 1941. 

El P. Paco era de espíritu activo y animaba a los estudiantes a practicar deportes. Entre los años 1941-46 fue moderador atlético de los equipos universitarios colegiados, del Colegio San Juan de Letrán, por lo que se encontraba a cargo de ellos cuando los japoneses invadieron Manila. El ejército nipón arrasó muchos edificios, también el beaterio de Santa Catalina de Siena regentado por las madres dominicas. “Cuando lo japoneses destruyeron este edificio el 28 de diciembre de 1942, la imagen fue evacuada bajo la dirección del P. Francisco Sadaba O.P. de Letrán. Las sirenas antiaéreas aterrorizaron a los portadores, que abandonaron la imagen en la calle mientras corrían a refugiarse en la casa religiosa jesuita de Intramuros. Finalmente, todos llegaron al campus de la Universidad de Santo Tomás": https://andalltheangelsandsaints.blogspot.com/2015/  Este testimonio publicado en el blog And all the angels & saints produce escalofríos y es fácil imaginar el temor y el peligro cierto de morir al que todos estuvieron expuestos.

Imagen de Santa Catalina de Siena procesionando en Manila. Foto: And all the angels & saints blogspot 

La imagen de Santa Catalina sigue procesionando a día de hoy en su día y en la fiesta de la Virgen de la Naval de Manila. A consecuencia del enfrentamiento bélico fueron muchos los daños colaterales que diezmaron a la población filipina hasta alcanzar cifras espeluznantes de muertos; más de cien mil civiles, en el mejor de los casos. 

Así quedó Manila tras el bombardeo americano y la destrucción y masacre japonesa sobre la población. Foto: ABC 

En los últimos coletazos de esta denominada Guerra del Pacífico, la ciudad de Manila fue bombardeada sin piedad y, como no podía ser de otro modo, también afectó a los centros de los dominicos; once bombas cayeron sobre el convento de Santo Domingo y nueve en el colegio de San Juan de Letrán, con sus correspondientes incendios. Afortunadamente no hubo víctimas allí al haber sido desalojados, pero los edificios quedaron muy afectados; tuvieron que buscar refugio en el norte de la isla de Luzón, en la casa de retiro que tenían en Baguío

Aquí el P. Paco ocupó el cargo de Síndico, es decir, la persona que representa a la institución ante la justicia y los jueces, tanto civiles como eclesiásticos, por lo que le tocó dar la cara en muchas ocasiones en aquellos difíciles y delicados momentos en los que la vida de cualquier persona carecía del menor valor. También de Baguío fueron expulsados, por lo que tuvieron que huir a Manaoag, en la provincia de Pangasinan, a unos doscientos kilómetros al norte de Manila. Al encontrarse tan alejados de la ciudad se salvaron de las matanzas indiscriminadas y salvajes que los japoneses, al verse vencidos por el ejército americano iniciaron una especie de “operación final” matando a miles de prisioneros y civiles, y también a un buen número de religiosos. 

Cuando en 1945 los americanos entraron en Manila liberando la ciudad, el P. Sádaba se agregó al ejército americano en calidad de capellán castrense, donde permaneció apenas un año, para finalmente embarcarse de nuevo hacia los Estados Unidos, al estado de Illinois, al convento que los dominicos de la Provincia de San Alberto Magno tienen en Oak Park, en el área metropolitana de Chicago; allí el P. Sádaba Marín, con mucho más sosiego, dio clases como profesor en el Fenwick High School, siendo además cantor en la parroquia. La pesadilla que había vivido en Manila tardaría mucho en desaparecer de su retina.

Retrato que le hicieron al P. Paco en el estudio fotográfico Karmen-Winger de Oak Park. Junio de 1946. Fotografía facilitada por la familia Irigoyen-Reyes 

A su llegada a los Estados Unidos quiso enviar a su familia una fotografía a modo de fe de vida para tranquilizarles. Se la hizo en el estudio fotográfico Karmen-Winger de Oak Park un 9 de junio del año 1946, como aparece datado en el propio retrato, escrito de su puño y letra. Tenía en ese momento treinta y cinco años. 

Detalle de la firma del P. Paco que escribió en el marco del retrato. Foto: Irigoyen-Reyes 

A los dos años de su llegada a Norteamérica cayó enfermo y sus superiores lo enviaron a España a recuperarse, de modo que en julio de 1948 arribó al convento del Rosario de la capital de España. En 1950, ya recuperado, le asignaron al colegio de la Mejorada de Olmedo, lugar donde el P. Paco se había formado en su primera etapa religiosa. Aquí ejerció como Profesor y Lector de Casos Morales durante seis años (1950-56).
 
Grupo escolar en La Mejorada. Año 1954. El P. Paco identificado con el número 8. Foto: Faustino Martínez 

En el año 1956 los dominicos van a erigir un nuevo colegio apostólico en la ciudad de Valladolid, al que bautizarán con el nombre de Arcas Reales; este colegio iba a albergar a casi seiscientos alumnos en sus aulas. El P. Sádaba será aquí administrador de la finca y será aquí también Síndico.

Colegio Apostólico Arcas Reales (Valladolid) Foto: arquitecturaviva.com 

Administrar Arcas Reales requería de mucha dedicación ya que su cometido abarcaba desde la parte administrativa hasta la intendencia y el lugar tenía muchas dependencias a las que atender:  “además de la iglesia y de los espacios propios del Colegio [aulas, laboratorios, sala de dibujo, salón de estudios, seminarios, despachos, cuartos para enseñanza de piano, recreos cubiertos, salón de actos como teatro y cine, pequeño museo misional, piscina con vestuarios propios, campos de deporte... etc.], tenía también un Internado para quinientos alumnos [cuatro grandes estancias de dormitorios, dos comedores de alumnos con los correspondientes espacios de servicios], y la Residencia de los PP. Profesores de la Orden de Predicadores [habitaciones, capilla, biblioteca y refectorio privados, una sala de descanso y un pequeño jardín con estanque]. Asimismo y como apoyo integral, portería general de entrada, garajes, enfermería, una gran cocina, despensa, depósito de agua, almacenes y un Pabellón Residencial para Monjas Dominicas encargadas de la intendencia de todo el Colegio. El terreno elegido y comprado para ello, cinco hectáreas, se concretaba en una extensión plana y despejada, casi al borde de la tierra de pinares, y junto a las Arcas Reales que Juan de Herrera había trazado a finales del siglo XVI para reconducir el manantial, que ya entonces allí brotaba, hasta el centro de la ciudad y abastecer de agua a los habitantes del Valladolid de la Corte". Espacio, Símbolo y Modernidad en la Iglesia de Los Padres Dominicos en Valladolid de Miguel Fisac Daniel Villalobos Alonso; Sara Pérez Barreiro. (Año 2014). 

El P. Sádaba en el círculo rojo, entre los profesores en el curso de alumnos 1957-58. Este sería su último curso. Foto rescatada de la página de Facebook de Antiguos Alumnos Dominicos de la Provincia del Rosario 

A la coordinación de este centro en sus primeros años de vida se dedicó el P. Sádaba en cuerpo y alma. El período vacacional lo aprovechaba para labores de intendencia. Dos años después de la apertura del colegio todavía necesitaban comprar más vajilla por lo que a finales de agosto del año 1958 sale el carcarés con una furgoneta en dirección a Bilbao acompañado por un cooperador, Fr. Francisco Ortega, que conducía el vehículo. A primera hora de la mañana del día 28 de agosto transitaban por la población cántabra de Sarón. Al parecer había poca visibilidad y el coche patinó, yendo a dar contra un castaño silvestre que se encontraba al lado de la carretera. El conductor del vehículo sufrió apenas algunos golpes pero el P. Sádaba quedó gravemente herido e inconsciente. Fue trasladado al Hospital santanderino de Valdecilla donde recibió atención médica de urgencia, pero no pudieron salvarle la vida. Los PP. Dominicos de Caldas de Besaya le dieron la Extremaunción muriendo poco después. Ocho Padres dominicos de Arcas Reales se trasladaron hasta el hospital en cuanto recibieron la llamada avisando del accidente, y junto con los de Caldas sacaron el cadáver del P. Sádaba del Hospital y lo trasladaron al cementerio del convento de las Caldas de Besaya para darle sepultura, ya que en Arcas Reales no tenían todavía cementerio propio. Esto ocurría el día 28 de agosto del año 1958.  Dos de aquellos P.P. dominicos que se habían desplazado desde Valladolid se quedaron en Caldas para celebrar el lunes, uno de septiembre, un funeral solemne por su eterno descanso. El convento-colegio de Arcas Reales vivió con tristeza su primer día de luto en la historia del centro.

Santuario de Caldas de Besaya (Cantabria) 

Recordado en los centros por los que pasó, dejó huella el P. Sádaba especialmente por su celo apostólico. Cuando tras su bagaje  por el mundo volvió España, regresaba en período vacacional a su Cárcar natal a visitar a su familia, y esas visitas dieron también sus frutos. En la escuela de su pueblo de Cárcar, y también en la de Lerín, logró el discernimiento vocacional de varios jóvenes. Unos perseveraron y otros no.
 
Grupo de profesores de Arcas Reales. Años 70. El P. Isidro Rubio (profesor entonces de literatura), en primera fila, segundo por la derecha. También había profesores seglares como su sobrino Anastasio, con jersey azul. Foto: Antiguos Alumnos Dominicos Provincia Santo Rosario.

De entre los que perseveraron destacar a Elías Arróniz Yoldi (Cárcar), en una primera tanda, y a Isidro Rubio Insausti (Cárcar) y Serafín Monasterio Iñigo (Lerín) en un segundo verano. En una tercera ocasión ingresaron en la Mejorada Jesús María Pitillas Bascarán y Marcos Ramón Ruíz Arbeloa, ambos de Lerín. Y es que en Lerín mantenía la familia Sádaba Marín una amistad fraterna con el matrimonio formado por José Reyes y María Zubiri, y en su visita a Lerín para ver a sus amistades, el P. Paco solía hacer examen a los chicos que prometían vocación para llevarlos con él al colegio de La Mejorada. Todos los chavales citados llegaron a ser destacados dominicos en docencia, misión y pastoral, siguiendo las huellas de Santo Domingo de Guzmán en la Orden de Predicadores. 

MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ

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Para hacer este trabajo he necesitado consultar las necrológicas recogidas por los Padres Dominicos Hilario Ocio y Eladio Neira. t. 2 p. 614 (A-1960). y en las crónicas del Convento de Arcas Reales de Valladolid de agosto de 1958 facilitadas ambas por el P. Ramón Rodríguez OP al que agradezco su colaboración.
Del mismo modo agradezco a las familias Mendoza-Lizaldez e Irigoyen-Reyes por facilitarme los retratos del P. Sádaba Marín.

miércoles, 10 de abril de 2024

DON JUAN CRISÓSTOMO OSES, UN CARCARÉS AL SERVICIO DE LA PASTORAL DE ARGENTINA Y URUGUAY

Don Juan Crisóstomo Oses

Los recuerdos de infancia me traen a la memoria a don Crisóstomo,  un sacerdote de figura menuda y frágil. Su físico no imponía, pero sí imprimía respeto y veneración. En su ancianidad, caminaba despacio apoyado en el bastón. Sobre su cabeza un sombrero de teja, al parecer capelo episcopal. Sus lentes delataban escasa agudeza visual, pero su bonhomía nos empujaba a los niños a acercarnos a saludarle, dada la dignidad que desprendía y obedientes a los usos del momento. -Buenos días, don Crisóstomo. Él, con una sonrisa bondadosa, respondía y agradecía siempre el gesto.  Apenas sabíamos sobre la vida de este anciano sacerdote. Un puñado de fotos y documentos varios, que amablemente me han sido facilitados, me van a ayudar a recomponer su trayectoria.

Juan Crisóstomo Oses Arráiz nació en Cárcar (Navarra) un 24 de noviembre del año 1886. Eran sus padres José María Oses Sádaba y Anselma Arráiz Mendoza; estos se habían casado en Cárcar el 12 de noviembre de 1877. Jose María era de profesión practicante y ejerció los primeros años en la población navarra de Nagore (valle de Arce). Aquí nacieron, Narciso, que no sobrevivió, Rufino, que casó con Isabel Sádaba y será también practicante en Cárcar, y, Emerita, que casó con Carlos Taules. De Nagore regresó José María con la familia a Cárcar para ser el practicante del pueblo. Finalmente nacieron aquí, Juan Crisóstomo y María de la Oliva. Esta última fue monja de clausura y muy buena haciendo labores de bordado. Bordó con esmero un precioso manto a la Virgen de Gracia, patrona de Cárcar. El manto, bordado en oro, es quizá el más antiguo que se conserva y una verdadera reliquia.

Manto de la Virgen de Gracia bordado por María de la Oliva Oses Arráiz

Los hermanos Emerita, Juan Crisóstomo, María de la Oliva y Rufino Oses Arráiz

Juan Crisóstomo tenía vocación religiosa y sus padres lo enviaron a estudiar al Seminario de Pamplona. Aquí hizo los cursos de Filosofía, pero para hacer la Teología se fue al Seminario Conciliar de Zaragoza, acogiéndose a una beca de las que había fundado su paisano y antiguo Rector del mismo: Juan Cruz Aranáz. Recibió Juan Crisóstomo el subdiaconado en la iglesia zaragozana de la Santísima Trinidad de manos del entonces arzobispo y futuro cardenal, Juan Soldevila y Romero (que murió asesinado por un activista anarquista). El diaconado sin embargo, lo recibió ya en Pamplona, y finalmente fue ordenado sacerdote en Pamplona el día 25 de marzo de 1910 por el obispo José López Mendoza y García. No cantará misa en su pueblo de Cárcar hasta el día 17 de diciembre de ese mismo año.

Monseñor López Mendoza le dio como primer destino la parroquia de Ibero, nombrándole cura ecónomo. En octubre de 1912 es destinado con el mismo cargo a la parroquia de Zabalza, en el valle de Echauri, y cinco meses más tarde, también como ecónomo, a la de Leache, acogidas las tres parroquias a la advocación de la Virgen de la Asunción.


Era don Juan Crisóstomo conocedor de la falta de clero que había en aquél momento en la República Argentina y pensó en ir allí. Por ello, en agosto de ese 1913 le envió una carta al obispo de Pamplona manifestándole sus inquietudes. La respuesta del prelado no pudo ser más satisfactoria: “no tengo inconveniente en otorgarle mi beneplácito, y más aún, pues si Vd. no tiene ya prometido algo en la Argentina, yo podría proporcionar colocación en el Obispado de Corrientes de nueva fundación". Y es que hacía poco que el Papa Pío X había constituido la diócesis de Corrientes, nombrando como primer obispo a Luis Ángel Niella. En esta nueva diócesis abundaban los pueblos pequeños, muchos de ellos de difícil acceso y alejados de las zonas de misión, y es por eso que el obispo, ante la falta de vocaciones, había hecho ese llamamiento a sacerdotes de países extranjeros para que le ayudaran en la pastoral, siendo muchos los que acudieron a esa llamada. 

DE CURA A LA  DIÓCESIS ARGENTINA DE CORRIENTES: Curuzú-Cuatiá, Corrientes, Empedrado, Monte Caseros, Itatí. 

Así que, don Juan Crisóstomo se embarcó en octubre de 1913 rumbo a la Argentina

Con el Obispo Niella y el clero de Corrientes. Don Crisóstomo marcado con una crucecita

El obispo de Corrientes le encomendó primeramente la parroquia de  Nuestra Señora del Pilar situada en la población de Curuzú-Cuatiá (este templo fue declarado en 2021 monumento histórico y cultural). A partir de este momento sus destinos por distintas parroquias correntinas no le darán tregua. En 1915 es nombrado teniente cura de la Catedral de Corrientes y confesor de la comunidad del asilo del Buen Pastor, de la propia ciudad. En marzo de 1916 era ya párroco de la iglesia de Nuestro Señor Hallado de Empedrado, de reciente construcción. 

Debido a las grandes distancias que los feligreses tenían que recorrer para acudir al precepto, el P. Oses recibe autorización del obispo para que, cuando sea necesario, pueda decir misa de campaña “en una pieza de alguna casa particular arreglada lo más decentemente posible, haciendo antes instrucción moral y doctrinal a los fieles”; también se le autoriza a confesar y bautizar en ese lugar improvisado siempre que fuere necesario. 

Con las damas de la Conferencia de S. Vicente de Paul 

Su siguiente destino será en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás, de nuevo otra vez en Corrientes. De aquí lo destina el obispo, en julio de ese año a Monte Caseros donde fue párroco durante un quinquenio.
 
Junto a una familia en Monte Caseros

Existe en la provincia de Corrientes un santuario de gran devoción dedicado a la advocación de la Virgen de Itatí. La imagen de esta Virgen data del siglo XVI, que es cuando los franciscanos la llevaron a ese lugar. Después de atravesar muchas peripecias a lo largo de la historia: robos, desapariciones y vuelta a aparecer, en el año 1900 recibe la coronación pontificia, quedando definitivamente entronizada en ese lugar. Los franciscanos fueron en aquella primera etapa los custodios del santuario, y, tras muchos avatares, en 1904 tomaron el relevo los benedictinos. Estos se harán cargo, no solo de la basílica, sino también de atender al resto de servicios: Seminario Menor, escuela parroquial, santería, revista Mensajero, la chacra, etcétera. Fue un 23 de abril de 1918 cuando solemnemente se nombró a esta Virgen de Itatí como patrona y protectora de la Provincia de Corrientes, siendo a un tiempo bendecido el nuevo Camarín que la acogía. Presidió tan solemne acto el obispo acompañado de importantes personalidades eclesiásticas y civiles, el propio presidente de la República, Hipólito Yrigoyen, entre ellos. Obispo y presidente firmaron el acta, a los que se unieron un sin fin de autoridades. Una de las primeras firmas fue la del P. Oses, lo que denota que ya destacaba entre el clero correntino. También asistieron muchas congregaciones y asociaciones religiosas, así como multitud de personas venidas de distintos puntos de la provincia y limítrofes, como Formosa, Territorio Nacional de Misiones o el Chaco. El imponente edificio que a día de hoy alberga a la Patrona de la Diócesis de Corrientes fue construido unos años posterior a estos hechos, convirtiéndose en uno de los santuarios más importantes de América. Más de dos millones y medio de visitas registra al año.

Santuario dedicado a Nuestra Señora de Itatí (Argentina)

Parece ser que no hubo entendimiento entre la diócesis y los benedictinos sobre a quien correspondía la gestión del santuario, y al no llegar a un acuerdo, los monjes decidieron abandonar el lugar. El hecho causó revuelo entre la feligresía por lo que el obispo mandó una circular al clero de Corrientes al objeto de informarles: “Los RR.PP. Benedictinos se retiran de Itatí por orden expresa de sus Superiores y por las causas que son del dominio público, ya manifestadas en su oportunidad...”

El primer día de diciembre del año 1921 era la fecha que habían dado los religiosos para su salida del santuario por lo que la dirección y custodia iba a pasar ahora a manos de algún sacerdote del clero diocesano. Elegir el candidato iba a ser fácil ya que se precisaba del concurso de un gran gestor que obrara con mano izquierda, dado que no se sabía como iba a reaccionar el pueblo de Itatí. El obispo Niella comenzó a tantear al P. Oses, que lo buscaba ya como candidato. Le escribió durante los meses anteriores con insistencia: "¿Qué dice usted? ¿está o no resuelto a marchar? (…) Si está arrepentido de haber dado su consentimiento avise por Dios con tiempo  y venga a hablar conmigo…”. Las cartas denotan la preocupación del obispo y la difícil decisión que el P. Oses tenía a tomar. 

Una vez aceptado el cargo recibe don Juan Crisóstomo carta del obispo dándole las oportunas indicaciones: “Entregue la parroquia (Monte Caseros) a Villanueva hasta que vaya el sucesor definitivo; escribo al P. (Esteban) Bajac para que a principios de noviembre se vaya usted a posesionarse del santuario de Itatí porque los benedictinos están apurados y quieren retirarse el primero de diciembre”. Finalmente Oses recibió oficialmente el nombramiento como cura y vicario del Curato de Itatí el día 21 de noviembre de 1921; lo hacía sustituyendo al P. Vicente Saubaber OSB, y se adelantaba a la fecha del primero de diciembre para evitar que el santuario quedara sin atención. La toma de posesión se produjo el día 25 de noviembre. Un mes más tarde, era también nombrado Párroco Consultor

Una de las notificaciones que recibió desde el obispado de Corrientes

No estuvo mucho tiempo don Juan Crisóstomo en Itatí; a finales de mayo del año siguiente (1922) enfermó por lo que pidió permiso para regresar a España, a su pueblo natal, a recuperarse por un período de seis meses. Le sustituye durante su ausencia otra vez el sacerdote Esteban Bajac que sería después párroco de esa de Itatí; este sacerdote destacaría como historiador, poeta y compositor y a él se debe el himno que se canta a la Virgen de Itatí. 

VUELVE A AMÉRICA, PERO PARA PASAR A URUGUAY, A LA POBLACIÓN DE ARTIGAS, EN LA DIÓCESIS DE SALTO

Ya restablecido vuelve el P. Oses a Argentina, pero se va a producir ahora un vuelco en su pastoral. Si antes había sido reclamado en la diócesis de Corrientes, será ahora la de Salto, en Uruguay, también de reciente creación, quien haga a los sacerdotes extranjeros la misma llamada. Por algún motivo que se me escapa el P. Oses deja de prestar servicio pastoral en Argentina y responder a esa llamada, para lo cual pide permiso al obispado de Pamplona con el fin de incorporarse a esa nueva diócesis, petición que se resuelve sin problemas. Así, en marzo de 1923, monseñor Tomás Gregorio Camacho, primer obispo de la diócesis de Salto, nombra a don Juan Crisóstomo Vicario de la parroquia de San Eugenio de Artigas. Artigas era por aquél entonces una población de unos quince mil habitantes; hoy en día superan los cuarenta mil. En un primer momento el P. Oses de coadjutor a Sabino Oroz, un paisano navarro que también acudió a la llamada del obispo Camacho. 

Catorce años permaneció Don Juan Crisóstomo en Artigas, tiempo durante el cual pudo llevar a cabo muchos proyectos. Lo primero fue rehabilitar la iglesia de San Eugenio, especialmente la cubierta, y lo mismo hizo con los locales parroquiales. Fundó un colegio para niños, y más tarde, en 1925, otro de niñas poniendo al frente de este a las Hermanas Terciarias Dominicas, de las que fue su confesor. En julio de 1927, y siendo párroco de Artigas, el P. Oses es nombrado Consultor Diocesano y Juez Sinodal, cargos que renovará en diferentes trienios. El sacerdote carcarés se volcó en cuerpo y alma con su feligresía de Artigas; promovió tandas de ejercicios espirituales y misiones que tuvieron una respuesta extraordinaria; fundó varios grupos parroquiales, como Acción Católica, Hijas de María, Apostolado de la Oración, Centro Dios y Patria, etcétera. En definitiva, que fue un sacerdote muy inquieto y gran activador de fe católica en esa ciudad.
 
Acompañando a un grupo de niños dispuestos para desfilar

Precepto pascual. Año 1929

No contento con esto, promovió la obra de mayor envergadura en Artigas: la construcción de un nuevo templo. Para tan gran proyecto contó con la colaboración y el apoyo de toda la ciudad. 

Acto de colocación de la piedra fundamental de la iglesia del Sagrado Corazón de Artigas

Se firmó el acta y se colocó la primera piedra el día 19 de agosto del año 1934: “La “piedra fundamental” que guarda este acta fue colocada en la parte superior del cimiento, junto al pilar del ábside (lado del Evangelio) y debajo de la viga de cemento armado. Firmaron dicha acta el obispo de Salto Camacho, el propio Oses y más de 2.000 firmas. Se bendijo y colocó la primera piedra fundamental del templo, siendo cura vicario el presbítero Juan Crisóstomo Oses en esta parroquia de San Eugenio. Se llevó el Santísimo desde la vieja iglesia hasta la nueva”. (publicado en el rotativo El Bien Público de Montevideo 23-10-1936)
 
Mientras la construcción de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Artigas

Las obras llevaron buen ritmo gracias a la pericia de todos los implicados. Ya para febrero de ese año el P. Oses había sido definitivamente incardinado en la Diócesis de Salto. El día 25 de octubre de ese año, 1936, habían finalizado las obras y el nuevo templo, que se dedicó al Sagrado Corazón de Jesús, era bendecido por los obispos Camacho y su auxiliar Alfredo Viola. El diario El Bien Público anunciaba dos días antes: “La población católica de Artigas, se apresta jubilosa a los actos inaugurales de su nuevo y magnífico templo”. El propio rotativo se felicitaba por el hecho: “ El Bien Público adhierese a las religiosas fiestas de los católicos de Artigas y se congratula por el éxito alcanzado -el nuevo templo-, gracias a los múltiples y tesoneros esfuerzos del celoso y distinguido sacerdote -y la cooperación de los feligreses-, Juan C. Oses, que hace honor al clero del país, y se destaca como estrella de primera magnitud dentro del sacerdocio de la Diócesis de Salto”. (viernes 23 de octubre de 1936).
Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Artigas, con los andamios dispuestos para construir la torre. Año 1937

Todo el proceso de las obras e inauguración se recogió en un álbum de fotos que don Juan Crisóstomo guardó con diligencia y cariño. En él se ven reflejados la laboriosidad y el interés de todo un pueblo por su templo y el júbilo de verlo terminado. 
 

Enseguida de culminadas las obras y abierto al culto el nuevo edificio, don Juan Crisóstomo tiene que dejar Artigas para pasar a residir a Salto, ya que iba a ser requerido para desempeñar cargos de más envergadura.  En el año 1937 el P. Alfredo Viola es nombrado obispo auxiliar de la diócesis; este sacerdote era hasta ese momento Fiscal Eclesiástico y Visitador Parroquial por lo que monseñor Camacho nombra al P. Oses para desempeñar esos cargos. Le encargará también la dirección de los retiros parroquiales de toda la Diócesis que ya venía él mismo promoviendo con éxito desde hacía tiempo, apoyado y animado por monseñor Camacho. También fueron de su responsabilidad las tandas de ejercicios espirituales para hombres.

Uno de tantos grupos parroquiales. Foto: Nacional. Salto

Multitudinarios eventos religiosos. En la foto desfila la parroquia de Artigas con sus 144 ejercitantes

Con el clero de la diócesis de Salto

En abril de 1939 don Juan Crisóstomo viaja con Monseñor Alfredo Viola, en calidad de su secretario y capellán, hasta la ciudad Italiana de Génova; antes de volver a Montevideo pasará unos meses con su familia en Cárcar. Mientras se encontraba en su pueblo natal, el Papa Pío XII le concedió la “Croce pro Ecclesia et Pontífice” una importante condecoración que se otorga a quienes han demostrado un largo y excepcional servicio a la Iglesia.
 
Detalle de la condecoración de la Croce Pro Ecclesia

A su regreso a Uruguay, vía Barcelona, que lo hará el 15 de noviembre a bordo del barco “Cabo San Antonio”, recibirá este honorífico reconocimiento de manos del obispo Viola.  Pronto será nombrado Viola ya obispo de Salto y tomará definitivamente las riendas de la diócesis, aunque ya lo venía haciendo debido a la larga enfermedad que aquejaba a Monseñor Camacho que muere en el año 1940. 

De nuevo en Uruguay se le empiezan a acumular a don Juan Crisóstomo los cargos y las obligaciones. El 24 de mayo del año 1942 el obispo le nombre cura párroco y rector de la Catedral de Salto, que estaba dedicada a S. Juan Bautista, y al año siguiente es designado para regir el Vicariato de la Diócesis de Salto. Y además de Vicario General de la Diócesis será nombrado Rector del Seminario Menor: “por las presentes venimos a nombrar y de hecho nombramos a Nuestro Vicario General, Mons. Juan C. Osés Rector del citado Seminario Menor “Mons. Camacho”, con todas las obligaciones y prerrogativas que le acuerdan los Sagrados Cánones…”. Este Seminario Menor, que había sido creado en el año 1938, había recibido el nombre del anterior obispo, el primero que había tenido la diócesis. La noticia del nombramiento como vicario general se publicó en la prensa salteña.

Recorte del periódico El Bien Público 

Fotos del período preparatorio de niños y jóvenes en el Seminario Menor de Salto

Un día cualquiera en el Seminario Menor de Salto

En el Seminario Menor de Salto. Sentados aparecen entre otros, de izquierda a derecha: al lado del obispo, don Marcelo Mendiharat (después obispor), Monseñor Viloa, don Crisóstomo (Vicario General y Rector del Seminario y tres más allá, don José María Cavallero, gran amigo de don Crisóstomo (y después también nombrado obispo). 
 
Don Crisóstomo en la foto de la cédula de identidad, hecha en Salto en mayo de 1945

En 1946 recayó también sobre don Juan Crisóstomo el cargo de Examinador Pro-sinodal y Juez Pro-sinodal por un período de diez años. En 1950 se llevó a cabo en Salto un sínodo diocesano por lo que en marzo de ese año recae también sobre él la Presidencia de la Comisión Pre-sinodal.

Con el clero y obispos como vicario de la diócesis de Salto. Abajo don Crisóstomo de pie a la derecha del obispo, Monseñor Camacho 

La capacidad visual de don Juan Crisóstomo, no obstante, mermaba poco a poco. lo que le dificultaba desarrollar su labor en toda su extensión. Esto le hacía sufrir y le obligó incluso a pedir permiso para sustituir la lectura del breviario por otras oraciones vocales por lo que iba ya meditando su retirada definitiva. 

Ya venía manifestando a su obispo estos extremos y en 1950 se plantea volver a España, aunque no de forma definitiva. En la diócesis le preparan un emotivo homenaje de despedida. Era un 15 de agosto, festividad de la Asunción y para el acto se prepararon tres abultados libros de firmas donde muchísimas personas plasmaron su rúbrica de adhesión y agradecimiento a su Vicario General. Los libros se llenaron a rebosar. Encabezaban esas rúbricas, obispos y hermanos presbíteros, a los que seguían multitud de agradecidos fieles católicos de la diócesis.

Uno de los libros de firmas del homenaje de despedida


Fiesta de despedida a don Crisóstomo, Vicario General de la Diócesis de Salto

Llegado a Cárcar, tampoco lo dejaron descansar del todo ya que el obispo de Pamplona lo nombró en agosto de 1951 confesor extraordinario general de las Religiosas Terciarias Franciscanas del colegio de Cárcar.  Tras un período de descanso, volvió a Uruguay donde el 14 de julio de 1952 es nombrado por el Papa Pío XII Prelado Doméstico de Su Santidad

Recorte del periódico El Bien Público del 4 de diciembre de1952

La prensa uruguaya se hizo de nuevo eco de la noticia en un detallado artículo que decía entre otras cosas: “A nadie causó extrañeza. Todos en un plebiscito sin previa propaganda, juzgaron que la honorífica recompensa cumplía una función de justicia”. Destaca también la noticia que recogen los rotativos de ámbito religioso: “Revista Diocesana solo pretende esto: consignar el regocijo y hacer llegar hasta Mons. Oses la cálida y sincera felicitación de todos sus diocesanos”. El rotativo recoge qué era y qué suponía tal nombramiento, “Prelado Doméstico:- Son de origen muy antiguo, constituyendo esta prelatura uno de los más grandes honores. No forman Colegio propio pero tienen el carácter de familiares del Papa, con todas sus prerrogativas. Se nombran a perpetuidad y tienen el tratamiento de Ilustrísimo y Reverendísimo Monseñor”. Destacaba también el periódico como deben vestir estos Prelados: “a) de Paseo o de Calle: zapatos de hebillas, medias moradas, sotana negra con vivos y botones carmesí, alza-cuello morado, faja de seda morada y sombrero negro con cinta y borlas moradas. b) de Coro o Ceremonia: medias moradas, sotana morada con filetes, botones, solapas y bocamangas de seda carmesí; alza-cuello y faja de color morado; y bonete negro con borla o pompón morado”. Y así era preceptivo que se revistiese desde ese momento.

En Cárcar, revestido para decir misa en la capilla de su casa

A un tiempo, era párroco en Artigas don Marcelo Mendiharat, (posteriormente será nombrado obispo de Salto) y con motivo de celebrarse una campaña de ejercicios espirituales en esa ciudad, el director de aquellos ejercicios felicitaba al párroco por el floreciente estado de la parroquia. El P. Mendiharat en su turno de palabra manifestó lo siguiente: “Nosotros no hacemos más que recoger el fruto maduro de la siembra pródiga y fecunda que ha sido vertida en este lugar…., y ese infatigable sembrador -a quien debemos tan ubérrima cosecha- el P. Director no lo conoce, pero muchos de los que estáis aquí presentes lo conocéis, y tenéis de él un recuerdo agradecido, cariñoso e imperecedero...A ese apóstol integérrimo, que fue vuestro pastor, maestro y amigo por varios años, le llamabais cariñosamente Padre Osés… ¡¡Hoy Monseñor Juan Crisóstomo Osés!!”. El confidente concluye: “Vítores y aplausos frenéticos ahogaron las últimas palabras del orador”. Y es que un tal Felipe, antiguo feligrés de Artigas, escribió años después una extensa carta a don Crisóstomo a Cárcar haciendo balance del apostolado que este había realizado en ese lugar como párroco. La carta, que no tiene desperdicio, la he recogido en un audio que incluyo en este trabajo.

Audio de la carta que le envió Felipe (Renart?), un antiguo feligrés de Artigas el día 25 de abril del año 1962

REGRESO DE DON CRISÓSTOMO A CÁRCAR

No siguió mucho tiempo más el P. Oses en Uruguay; su edad y su agudeza visual no daban para más, por lo que decidió retirarse definitivamente volviendo a su pueblo natal y a su casa paterna, a vivir con su hermano Rufino y sus sobrinas. A partir de ese momento vivirá un largo período de vida ascética, tranquila y sencilla. Tras obtener los consiguientes permisos eclesiásticos habilitó en su casa una capilla en la que celebrar misa. Siempre contaba con algún asistente que lo acompañaba. Don Moisés Goicoechea, el veterinario, era uno de sus más asiduos. 

Durante esta etapa final se acercaron a visitarlo a Cárcar abundantes personajes de la vida social y religiosa uruguaya. Los obispos Viola y Mendiharat lo hicieron en repetidas ocasiones. Marcelo Mendiharat, lo hizo mientras se encontraba exiliado por la dictadura del presidente uruguayo Bordaberry.

Recibiendo su casa la visita de Monseñor Marcelo Mendiharat, mientras este se encontraba en el exilio

También se sentía arropado por los sacerdotes locales: don Ángel Garrido, don Carmelo Martinena, don Teodoro Velasco, etcétera. Solo en ocasiones especiales (Semana Santa y Navidad) subía monseñor Oses a la parroquia a concelebrar con el resto de sacerdotes. Y ahí lo veíamos los feligreses revestido con los ropajes propios de su dignidad eclesiástica. A los niños, que no entendíamos de esas cosas, nos sorprendía verle con colores litúrgicos distintos al resto de curas, y que solo veíamos en la tele cuando retransmitían desde el Vaticano. Alguna señora apuntaba por lo bajo: es que es Prelado Doméstico del Papa. Eso aumentaba en nosotros el misterio, por lo que imprimía en él, para nuestra mente infantil, como un halo especial que lo envolvía de misticismo.

Ya retirado y residiendo en su pueblo de Cárcar

Apoyado en el bastón, ataviado con su preceptiva sotana y su sombrero de teja, o capelo romano, daba a menudo cortos paseos por la zona de su casa. Caminaba despacio y con precaución. Era parco en palabras pero extremadamente correcto. Superó con creces los noventa años, hasta que un día, tras una caída inesperada, se rompió el hombro, lo que le precipitó la muerte. Ocurrió en plenas navidades, un día 27 de diciembre del año 1977. Tenía ya noventa y un años. 

Un funeral sencillo en la iglesia de su pueblo, alejado de toda ostentación, culminaba la vida de este sacerdote que entregó su vida al servicio de Dios, dedicando los tres primeros años de su pastoral sirviendo en Navarra, diez a la Diócesis de Corrientes y treinta y uno a la uruguaya de Salto, pasando los últimos veintitrés años, desde su jubilación y hasta su muerte, en un retiro silencioso y tranquilo en su casa natal de Cárcar. Tras el funeral, su cuerpo fue depositado en el cementerio local, en el panteón familiar, a escasos metros de la capilla destinada a los sacerdotes. Allí descansan desde entonces los restos de Monseñor Juan Crisóstomo Oses, Prelado Doméstico del Papa.



Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz
Abril de 2024
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Para realizar este trabajo de investigación he precisado hacer muchas consultas en internet, revisar recortes de periódicos antiguos, biografías de obispos, y ubicaciones geográficas, entre otras, pero lo esencial lo he conseguido gracias al estudio y clasificación de la documentación que me ha facilitado la familia Sádaba, procedente de su archivo familiar, a quienes agradezco desde aquí la confianza depositada en mi. 

lunes, 11 de marzo de 2024

LEONARDO PELLEJERO MARÍN. MISIONERO EN JAPÓN

Misionero evangelizando
 
A mediados del siglo XVI la religión católica llega a Japón a través de Filipinas por medio de los jesuitas y con el navarro San Francisco Javier a la cabeza, aumentando día a día el número de cristianos. Ya en 1587 las autoridades japonesas prohibieron la entrada a los misioneros extranjeros, pero para entonces se habían convertido al cristianismo más de doscientos mil japoneses. A pesar de ser perseguidos, y en muchos casos torturados y martirizados, los misioneros siguieron evangelizando en esas tierras. En vista de que el número de jesuitas mermaba a consecuencia de esas persecuciones, otras congregaciones  acudieron en su refuerzo, incorporándose enseguida también los misioneros dominicos.

En 1614 quedó totalmente prohibido en todo Japón el cristianismo y los últimos misioneros detenidos y torturados lo fueron en 1643. Para entonces, y solo de la Orden Dominicana, ya habían muerto martirizados en Onura y Nagasaki, entre los años 1592 y 1634, quince frailes españoles y veinticinco hombres y mujeres japoneses de la Orden Dominicana. Estos mártires, junto con los del resto de órdenes religiosas que también sufrieron martirio, fueron beatificados el día 7 de julio del año 1867. Algunos de ellos han llegado a los altares. El Papa S. Juan Pablo II los declaró santos el día 18 de octubre de 1987. 

Misioneros mártires en Japón.

A todo aquel período misionero, en el que cientos de religiosos y miles de cristianos japoneses fueron perseguidos y asesinados a causa de la fe, pereciendo muchos de ellos de forma  espantosa y cruel, se le denominó “el siglo cristiano del Japón” por lo que durante casi una centuria la evangelización cristiana dejó su semilla en la nación nipona y dio sus frutos. Y no será hasta el año 1873, y gracias a las presiones de Occidente, que se despenalice la práctica del cristianismo en Japón. 

Cuando llegaron de nuevo los misioneros y abrieron la primera iglesia católica, de forma sorpresiva “acudieron unos japoneses cristianos escondidos que habían mantenido la fe en secreto durante dos siglos y medio, sin sacerdotes, sin Eucaristía, sin confesarse y sin Biblias”. En grupos dispersos, eran unos cincuenta mil cristianos los que habían conservado de algún modo la fe cristiana. Tres fueron al parecer las motivaciones que los mantuvo perseverantes y que transmitiendo a sus descendientes: "una catequesis sobre la confesión, una oración memorizada de contrición y arrepentimiento (que recitaban en casa cada vez que se veían forzados a participar en actos paganos o de apostasía), y una profecía del año 1660 llamada "del catequista Sebastián", que avisaba que en 7 generaciones llegarían barcos con confesores, "y os podréis confesar incluso cada semana". (Religión en Libertad. 18-10-2017). 

El caso es que un poso cristiano había perdurado en el corazón de estos japoneses a pesar de prohibiciones y persecución y sobre la sangre de los mártires. En 1904 llegarán a Japón de nuevo los misioneros dominicos de la Provincia del Rosario que retomaban las tareas misionales. Erigieron una Prefectura Apostólica en la isla de Shikoku, siendo este el primer foco de evangelización católica de la orden dominicana de esta segunda parte.
 
Isla de Shikoku. Foto National Geographic

Treinta y dos años después de esa fecha ya tendremos a un dominico carcarés misionando en la nación del sol naciente; su nombre: Leonardo Pellejero Marín.

La madre de Leonardo, Casimira, era una de las hermanas de Francisco Marín Sola, (clikar sobre el nombre) el más grande sabio y teólogo dominico carcarés, ya estudiado en este blog. Leonardo nació en la tarde del día 11 de mayo de 1908 en la misma casa en que lo hizo su tío Francisco, ya que los padres de Leonardo se instalaron en la casa familiar materna, ubicada en la Plazuela. Veinte años después, esa plaza será dedicada precisamente al sabio dominico.

Casa donde nacieron tanto Leonardo Pellejero como su tío Francisco Marín Sola (el trozo de fachada que da a la plaza solo corresponde a la zona encalada). 
 
El padre de Leonardo, Francisco Pellejero Rubio, era natural de Lodosa y se había casado en Cárcar con Casimira. A la mañana siguiente de venir Leonardo al mundo su padre lo inscribe en el juzgado. Era Juez municipal, Ulpiano Fortún, y secretario, Antero Ona. Recibió el nombre por su tío y padrino, Leonardo Sádaba Lasarte, casado con Ricarda, hermana de Casimira. Hermanos de Leonardo fueron, Nicasio, Rufina, Felipe (apodado Cañamón) y Raimundo Pellejero Marín. De ellos sólo él sintió vocación religiosa, influido sin duda por la trayectoria de su tío Francisco. Así que pronto lo enviarán a cursar Humanidades a La Mejorada, un colegio que tenía la Orden de Predicadores en la población vallisoletana de Olmedo.

Año 1924. Es muy posible que uno de estos alumnos sea Leonardo. Foto Javier Yugero. Antiguosalumnosdar.com

Un 8 de septiembre del año 1925, ya con 17 años, toma Leonardo el hábito  en el convento de Santo Tomás de Ávila donde hará también los cursos de Filosofía. Al año siguiente tendrá lugar su profesión simple. 
Pronto lo trasladan al convento de Santo Domingo de Ocaña donde realizará el curso de Lugares Teológicos y en ese mismo lugar emitirá los votos solemnes un 9 de septiembre del año siguiente (1929). 
Una vez hechos los votos lo enviarán a los Estados Unidos, a la universidad de Rosaryville, en el estado de Luisiana, para hacer los cuatro cursos de Teología; esta era la misma universidad donde años atrás había ejercido de profesor su tío Francisco. Leonardo fue ordenado finalmente sacerdote en la catedral de San Luis de Nueva Orleans, uno de los principales templos que la Iglesia Católica tiene en los Estados Unidos. Fue un 8 de junio del año 1933.
 
Catedral de San Luis en Nueva Orleans. Foto Wikipedia

El P. Leonardo tenía una voz potente y bien timbrada por lo que en este convento de Luisiana y en algunos otros por los que pasó fue cantor de coro. 

Terminada su carrera eclesiástica y examinado también como confesor, se encontraba ya preparado para asumir la misión que los superiores tuvieran a bien encomendarle. Como al parecer demostraba vocación misionera lo enviaron a la ciudad China de Hong Kong. Para allá se embarcó el fraile carcarés en el mes de septiembre del año 1934, apenas un año después de haber sido ordenado sacerdote. Antes de llegar a su destino hizo el barco escala en el puerto japonés de Kobe, en la bahía de Osaka; aquí recibió un telegrama del Provincial en el que se le comunicaba que su destino no iba a ser China sino Japón, por lo que tomó rumbo ahora a las misiones que los dominicos habían abierto en la isla japonesa de Shikoku. La Misión atendía a zonas rurales pobres y alejadas.

Isla de Shikoku. Foto Mundo Japón

A la llegada del P. Leonardo apenas habían pasado treinta años desde la reapertura misional dominicana en Japón y todo estaba aún asentándose. Desde el Vicariato de Shikoku se optó por evangelizar en parroquias y educar a la juventud formando comunidades cristianas, y así se fundaron escuelas y residencias infantiles, comunidades parroquiales y el más tarde prestigioso Colegio Aiko. El Provincial Buenaventura García de Paredes había dado independencia a los frailes para que pudieran impulsar el movimiento misionero, y así lo hizo también el P. Pellejero. Sus primeros tres años de misión los pasó  en la parroquia de Matsuyama (1935-38) tras los cuales se trasladó a Niihama a donde llegó apenas un año después de haber sido esta fundada y donde ejerció durante cuatro años (1938-42). 

Colegio Aiko en Matsuyama. Foto: arquitectura y empresa.es

Vista aérea del Colegio Aiko en Matsuyama. Foto: arquitecturayempresa.es

Dos años estuvo en Kochi (1942-45) donde se encontraba el Vicariato Provincial San José. En Yawatahama misionó entre los años 1945 y 1948, y los cinco años siguientes atendió la parroquia en Uwajima (1948-53) y cinco años más los pasó en Matsuyama. Mientras su estancia en este lugar se fundó en 1956 el convento de San José, que fue el primero en erigirse como casa religiosa, destinada a albergar a los frailes que trabajaban en el colegio Aiko. En este colegio Aiko, el P. Pellejero fue profesor de religión y ética hasta el año 1958. Llegó a tener un conocimiento de la lengua japonesa envidiable, al punto de ser considerado como uno de los europeos que mejor dominaba ese idioma, un verdadero perito del idioma japonés. Y también escribía perfectamente los difíciles caracteres de la escritura nipona. Era en sus modos humilde y bondadoso, algo que le caracterizaba.

Los tres años siguientes los pasó el P. Pellejero en el convento de Itami en Osaka donde ejerció como capellán del noviciado de las religiosas dominicas. De ahí pasó a las parroquias de Imabari y Uwajima, atendiendo también las escuelas infantiles hasta el año 1963, año en que cayó enfermo. 

Tras veintinueve años de misión en Japón, los mejores de la vida, el P. Leonardo regresa a España al convento de La Mejorada de Olmedo, lugar donde se había iniciado en la vida religiosa. Aquí se consiguió recuperar de su enfermedad y durante los siete años siguientes atendió como director espiritual a los aspirantes a hermanos cooperadores, terminando de desgastar su vida en servicio por los demás.

Real Monasterio Santo Tomás de Ávila. Foto: monasteriosantotomas.com

La enfermedad lo fue minando poco a poco. La diabetes le dejó casi ciego, lo que le obligó a pasar sus últimos años en la enfermería del convento de Santo Tomás de Ávila. Era confesor del obispo de Ávila que lo eligió por su sencillez, espiritualidad y conocimiento del alma humana. Era habitual escucharle cantar, especialmente cantaba jotas navarras que le gustaban mucho, y hasta por afuera del convento se le oía su potente voz. También los frailes se deleitaban con sus cantos y les gustaba que les contara cosas de su pueblo de Cárcar y de su querido y añorado Japón. 

En la enfermería de ese de Ávila falleció un 31 de marzo del año 1977 a los 69 años de edad. El desgaste misional suele hacer estragos y es habitual que estos frailes no se distingan precisamente por su longevidad. Y esto también le ocurrió al Padre Leonardo Pellejero. El funeral lo presidió el propio obispo de Ávila.

Guardaba su hermano Felipe un retrato suyo y lo exhibía con orgullo siempre que se lo pedía algún fraile dominico que visitaba la casa natal del P. Leonardo. 

En el eco de los montes de Japón resonarán todavía los ecos y la huella dejada por el P. Leonardo Pellejero, al igual que durante siglos se viene escuchando la de su paisano San Francisco Javier y la de tantos otros misioneros que entregaron lo mejor de su vida para extender el mensaje de Jesucristo por el mundo. Que sus vidas no queden en el olvido.

María Rosario López Oscoz
marzo de 2024

Agradezco al P. Ramón Rodríguez, prior del convento de los dominicos de Arcas Reales de Valladolid, por haberme facilitado datos sobre el P. Pellejero para hacer este trabajo.
No he conseguido sin embargo ninguna fotografía del dominico, pero no me rindo, de momento.