Recreación de la imagen hecha por IA
Entre los hijos de Cárcar que abrazaron la vida religiosa, pocos reflejarán las tensiones de su tiempo con tanta claridad como fray Francisco Garso Sádaba.
Convento de San Francisco. Viana. Imagen: Amigos del convento de San Francisco de Viana
Tras su formación, desarrolló una carrera destacada dentro de la orden llegando a ser Guardián del convento franciscano de Viana —cargo equivalente al de prior o abad— y ejerció también como Secretario de su provincia, al menos desde 1806. Su presencia aparece documentada en visitas oficiales a conventos como el de San Esteban de los Olmos (Burgos) en 1807 y 1808, en calidad de Secretario de los Visitadores provinciales.
Sin embargo la trayectoria de fray Francisco Garso no puede entenderse sin el contexto en que le tocó vivir. La invasión napoleónica y la instauración del gobierno de José I Bonaparte supusieron para España una profunda transformación política y religiosa, que afectó, no solo a la paz y a la economía, sino también a la fe y las conciencias. Tanto, que alcanzó incluso a las órdenes religiosas, que fueron suprimidas, sus bienes confiscados y los conventos cerrados a fin de obtener dinero y control. Así, muchos frailes se vieron obligados a secularizarse y otros optaron por la resistencia, o incluso el exilio.
El P. Garso, sin embargo, parece que tomó un camino diferente; diversos testimonios lo sitúan entre el reducidísimo grupo de religiosos, que no solo aceptaron el nuevo régimen, sino que simpatizaron con él. Ya en marzo de 1809 viajó a Madrid representando a su convento, para prestar juramento de fidelidad a José I. Sin embargo, no tuvo más remedio que abandonar la orden franciscana, al igual que el resto de religiosos, al ser exclaustrados por este nuevo régimen, pasando a ser sacerdote secular.
Pero él, por las circunstancias que se siguieron, fue además considerado un “afrancesado”, término que designaba a quienes dieron su apoyo a las reformas introducidas por el gobierno josefino; y en su caso, no parece tratarse de una adaptación forzada a las circunstancias, sino de una cierta afinidad ideológica.
Uno de los episodios más controvertidos de su vida, y que dio pie a esto, tuvo lugar en el convento de Viana. Según recoge el historiador Ignacio Miguéliz, ante la llegada de las tropas francesas, en los conventos trataron de ocultaron la plata y otros objetos de valor ya que los "intrusos" se dedicaron a rapiñarlos, con mandato o sin él.
El sacristán del convento de Viana hizo lo propio y fue detenido por los franceses, este, antes de ser llevado prisionero a Francia habría comunicado al P. Garso (recordad que era el Guardián del convento) el lugar donde había escondido las cosas de valor. Posteriormente, sería el propio Garso quien habría revelado ese escondite a las autoridades francesas. En el proceso judicial que se siguió más tarde, fue esa una carga determinante para alegar que existían “fundados motivos” para sospechar su adhesión a la causa revolucionaria francesa.
Además, su entorno de conocidos tampoco fue ajeno a estas influencias ya que a Garso se le relaciona con figuras como Juan Ángel Latreita, casado con la carcaresa Manuela Mata (la hija del maestro dorador, ya visto en este blog), comerciante en inicio, y alto funcionario navarro después al servicio de la administración josefina, encargado de la gestión de bienes nacionalizados. O con el también carcarés Cristóbal Martínez Monreal, implicado en procesos de desamortización, como igualmente se ha visto aquí en reciente artículo. Asimismo mantuvo vínculos con personajes destacados del nuevo régimen, como Miguel José de Azanza (virrey de Nuevo Méjico y duque de Santa Fe) o Juan Antonio Llorente, uno de los principales ideólogos del reformismo eclesiástico bajo el corto reinado del Bonaparte, con quien se carteaba.
Mientras el tiempo que duró el reinado de José I esta situación le reportó a Garso algunas prebendas: obtuvo un beneficio presbiteral en su pueblo de Cárcar, un economato en Nájera y un canonicato en la catedral de Tudela; según documento custodiado en el archivo de la Catedral de Tudela, este último nombramiento se formalizó en Madrid en el año 1812, desde el Ministerio de Negocios Eclesiásticos del gobierno josefino, donde aparece firmado por el ya citado Duque de Santa Fe.
Al parecer todos estos puestos no se creaban para ser ocupados o gestionados, sino para aprovechar las prebendas que les reportaban ya que, tras la exclaustración, los frailes habían quedado desprotegidos; y a pesar de que se les prometió una pensión económica, ésta no terminaba de llegar. Garso encontró de este modo acomodo y una salida que le permitiera sobrevivir, aún a costa de lo que ello significaba.
A pesar de que no he encontrado mucha documentación personal sobre él en esas fechas, en 1811 aparece litigando en Pamplona con un francés; el motivo: que le había vendido una caballería y no le había salido buena.
Pero su situación, más o menos holgada, acabó en el año 1814 con la caída del régimen francés.
Restaurado el rey Fernando VII en el trono español se iniciaron procesos contra quienes habían colaborado con el gobierno intruso, y Garso fue encausado en el tribunal eclesiástico precisamente por adhesión al régimen napoleónico. Asustado, huyó a Francia en diciembre de ese 1814, quebrantando así las condiciones de su libertad provisional.
Lista de los huídos a Francia en esa época. Fuente: PARES. Código ES 41091.AGI/18/diversos, 59,N.21
No obstante, dos años más tarde regresó a España refugiándose en el convento franciscano de Santa Gadea en Burgos, pero en enero de 1818 se le volvió a abrir causa penal desde el Obispado de Pamplona. Y como era de esperar, su huida iba a suponer un agravante de la causa. Esto decía el fiscal: “por delitos de infidencia o adhesión al gobierno intruso durante el tiempo que dominó la España se le formó causa criminal en este Tribunal y quedó pendiente por su fuga al Reyno de Francia, verificada con quebrantamiento de los límites de la libertad que se le concedió vajo de fianzas tan solamente para esta ciudad y sus arrabales y aumentando con tal atentado un nuevo delito que acumulara los demás. El 19 o 20 de diciembre de 1814 se ausentó de Pamplona y se fue a Bayona, de ésta a Dax, después a Gers y otros pueblos del Reyno de Francia donde permaneció hasta el 4 de octubre de 1816, en que regresó a España entrando por Irún a Tolosa y se dirigió al Convento de Recoletos de Santa Gadea de esta provincia de Burgos donde ha existido hasta que con orden superior se presentó en este Convento [San Francisco de Pamplona] donde permanece, añadiendo que la causa de su fuga fue la de verse procesado y temor de sus resultados y por otra parte la vergüenza que padecía viéndose con el vestido de seglar a presencia de sus hermanos religiosos”.
Por este párrafo conocemos también que para el juicio se le trasladó al restituido convento de franciscanos de Pamplona, que para entonces ya estaba funcionando de nuevo.
Durante el proceso, el P. Garso mostró arrepentimiento y trató de justificar su conducta, afirmando que él no celebraba las victorias francesas sino que se limitaba a comentarlas, y que nunca habló contra los españoles. Sin embargo, los testimonios apuntaban en otra dirección, señalando incluso su gusto por leer las “gazetas” del gobierno francés y su aparente simpatía por sus reformas.
La sentencia, que se produjo el 17 de abril del año 1818, no fue del todo severa al mostrar el enjuiciado arrepentimiento: “Fallamos ... en atención al sincero arrepentimiento y sumisión que manifiesta el expresado Fr. Francisco Garso de todos sus extravíos ... de su errada adhesión al gobierno intruso durante su dominación condenamos al mismo ... a que en el término de diez días siguientes a la notificación, ... se dirija vía recta al de Recoletos, sito en la Villa de Santa Gadea en la Provincia de Burgos, a donde se refugió a la vuelta de Francia y permanezca recluso dentro de los claustros de el, por término de un año entero, vajo las ordenes de su Prelado, haciendo en el mismo exercicios espirituales por espacio de diez días, quedando después de cumplido el referido año de reclusión en su libertad y destino a disposición de sus Prelados regulares ... con tal que sea fuera de este Reyno; y le inhabilitamos para el uso de las licencias de confesar y predicar durante su vida y solamente usará de las de celebrar [misa] después de hechos los indicados exercicios .…”.
Es decir, que se le condenaba a un año de reclusión en el convento de Santa Gadea donde tendría que hacer diez día de ejercicios espirituales, inhabilitación de por vida para predicar y confesar, permitiéndosele únicamente celebrar misa, y una vez cumplida la condena ponerse en manos de sus superiores que le darían destino, siempre fuera de Navarra.
Asegura San Martín Casí, que de cuatro mil clérigos que había en aquel tiempo en Navarra solo a trece se les procesó y de ellos apenas tres fueron sentenciados (dos condenados y uno amonestado). Si tenemos en cuenta que uno de esos dos condenados fue Francisco Garso, se puede entender la pesadumbre que le supuso la sentencia. Tal es así que, según el mismo autor, morirá al año siguiente (1819), a la edad de sesenta y un años.
San Martín Casi concluye en su estudio, que tras haber analizado buena parte de los procesos, no se podría concluir que hubiera un clero afrancesado en Navarra, sino "una ínfima minoría de clérigos colaboracionistas e infidentes", entre los que se encontraba precisamente el carcarés.
La historia de Francisco Garso refleja, no solo la vida de un simple religioso que se adaptó a las tensiones de la época sino la de un hombre que, por convicción o por cálculo, tomó partido en uno de los momentos más complejos de la historia de España, quedando su existencia conectada con los grandes conflictos de su tiempo, y dejando tras de sí una biografía marcada por difíciles decisiones que trajeron consecuencias y una memoria que aún hoy invita a la reflexión.
María Rosario López Oscoz
Agradezco la colaboración de Héctor Arratíbel y Agustín Garnica, que consultaron en mi lugar en los archivos ciertos datos para el caso.
Bibliografía:
-MIQUÉLIZ VALCARLOS Ignacio. Pérdida de las alhajas de plata en la iglesia navarra (ADP, caja 2.073, doc. n.º 12.
-MIRANDA RUBIO Francisco. El clero de la diócesis de Pamplona entre la revolución liberal y la reacción absolutista (1820-1830). 1966. Pagina 293
-ORMAECHEA Ignacio O.F.M. Un Plantel de Seráfica Santidad en las afueras de Burgos - San Esteban
de los Olmos (1458-1836). pg. 583.
-SAN MARTÍN CASI Roberto. El Clero Afrancesado en Navarra (1809-18 14) a través de los procesos del Archivo....
-Gazeta de Madrid del sábado 22 de febrero de 1812. Núm. 53. pág.. 209
https://www.navarra.es/home_es/Temas/Turismo+ocio+y+cultura/Archivos/Programas/Archivo+Abierto/Documentos/FRANCISCO-GARSO-contra-JUAN-BAUTISTA-CARTIER_j2pBVuLlYeQx1EAxRR8wow
Muy bien, Aparte de conocer a este clérigo, creo que os sirve para conocer por dentro la historia. Gracias Charo. MJ
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