martes, 16 de marzo de 2021

AMBROSIO DE URRA, GOBERNADOR Y MILITAR DE ALTO RANGO EN LA CONQUISTA DE CHILE


Ambrosio de Urra en la Guerra del Arauco. Foto: imagen creada por IA

Para abordar la historia de Ambrosio de Urra y Beaumont hay que remontarse cuatrocientos años atrás a la época virreinal en Chile. Era Ambrosio natural de Cárcar y un personaje totalmente desconocido para sus paisanos, que llevó una vida muy destacada y azarosa.

¿SOLDADO EN LA GUERRA DE FLANDES?
Nace Ambrosio en Cárcar (ca.1600), hijo de Martín de Urra y Martina de Beaumont; fue el segundo de los hermanos, y como era bastante habitual en aquella época por ser hermano "segundón", eligió la carrera de las armas. De su padre se sabe que pleiteó en el año 1626 (junto al alcalde de Cárcar, Roque Calvo, y otros), por unas tierras en Lerín. Ambrosio se preparó para las armas haciendo méritos en la Guerra de Flandes; tal es así,  que tempranamente alcanzó el grado de capitán de caballería.
 
Se sabe que hacia el año 1630 se encontraba en las Indias y es totalmente plausible que se hubiera embarcado acompañando al recién nombrado gobernador de Chile, Francisco Laso de la Vega, que llegó a Concepción el  día 22 de diciembre del año 1629. Chile pertenecía en aquel momento al virreinato del Perú, por lo que los gobernadores tenían que rendir cuentas al virrey de aquellas tierras, y en última instancia, al rey de España.

 Foto: Chile para niños

GUERRA DEL ARAUCO
Para los años 1635-36 Ambrosio era capitán de caballería en la zona del Arauco chileno. Hay que situarlo, pues, vinculado estrechamente a las continuas refriegas que mantenían los españoles con las tribus nativas al objeto de controlar aquella zona conquistada en 1540 por Pedro de Valdivia. Los enfrentamientos con tribus indígenas: mapuches, cuncos, yanaconas, chilotes, huilliches, etcétera, eran constantes. Unas más y otras menos, pero casi todas estas tribus se habían resistido con violencia, no solo a los españoles, sino también anteriormente a los incas. Y eso que cada nuevo gobernador español que llegaba al lugar intentaba acuerdos de pacificación y frontera con los nativos, tratando de delimitar las zonas en los que cada uno se había de situar, intentando de este modo alejar hostilidades; no obstante, a la menor, los aborígenes rompían esos acuerdos y atacaban y saqueaban la zona, con más o menos suerte dependiendo de la resistencia que ofrecían en ese momento las defensas españolas. 

Esto hacia que a los estancieros (dueños de propiedades) les fuera muy complicado prosperar. Estos estancieros se habían asentado con la intención de hacer fortuna explotando la tierra, bien para el ganado o para cultivo. Esta inestabilidad hacía mantener a la población en vilo ya que constantemente veían arruinadas sus cosechas a manos de estos guerreros, cuando no su propia vida. A este continúo estado de guerra (donde no faltaron tampoco verdaderas batallas campales) se le llamó la Guerra del Arauco, que se inició en el momento de la conquista y se alargó hasta bien entrado el siglo XIX.

Guerra de Arauco. Foto: Wikipedia
  
Esa inestabilidad y las continuas incursiones y luchas colaboró a que los soldados españoles tuvieran ocasión de mostrar su arrojo y bizarría.

ESCALADA DE AMBROSIO A LOS MÁS ALTOS PUESTOS MILITARES
Todo esto colaboró a que el ascenso de Ambrosio de Urra en la carrera militar fuera vertiginoso.  Su bravura y dotes de mando lo elevaron a  los más altos puestos militares; los escalafones a los que un soldado aspiraba en aquel momento eran: Sargento Mayor, Maestre de Campo General del Reino y Gobernador; Ambrosio pasó por todos ellos.

En 1644 el carcarés es nombrado Gobernador del archipiélago de Chiloé. Este archipiélago estaba compuesto por la isla Grande de Chiloé (la segunda más grande de Sudamérica después de Tierra de Fuego) y un montón de pequeños islotes, descubiertos en el año 1520 por Fernando de Magallanes. Pero la verdadera ocupación vendrá de la mano de Martín Ruíz de Gamboa en 1567. Por su similitud con el paisaje gallego español a este enclave se la llamó "Nueva Galicia". Ruíz de Gamboa fundó en la isla Grande de Chiloé la ciudad de Santiago de Castro que la hará su capital, y no será hasta 1826 cuando el archipiélago se anexione definitivamente a la república chilena.

Santiago de Castro. Chiloé. Foto: Memoria chilena
 
La sede de la gobernación se encontraba pues en Santiago de Castro, por lo que Ambrosio gobernaba desde ese lugar. Habían pasado menos de ochenta años desde la conquista y la vida allí distaba mucho de ser idílica a causa de los roces con las tribus mapuches. Algunos cronistas españoles (recogido en un trabajo publicado por Trivero) muestran una imagen bastante subjetiva al referirse a la tribu chilota: 
"enemigos nuestros capitales[…], exceden a los del Perú en ser más animosos, más soberbios, más fornidos, de mayores cuerpos y más belicosos, y son mucho más bárbaros y temerarios, porque no creo se ha hallado alguna nación que no adorase alguna cosa y tuviese por dios; estos ni a Sol, ni a Luna, ni estrellas, ni otra alguna cosa. […] Grandes holgazanes, las mujeres trabajaban en todo lo necesario; fuera desto, sin ley ni rey; el más valiente entre ellos es el más temido; castigo no hay para ningún género de vicio; tienen muchos absurdísimos".
 
Sin embargo, los jesuitas asentados allá opinaban lo contrario: 
"Son ellos de natural tan humilde, afable y apacible que obligan mucho a quien los mira con ojos de Cristianidad, de amarlos y quererlos y para el evangelio son los más aptos y proporcionados de cuantos he oído decir hasta el día de hoy. Tienen juntamente el entendimiento claro y perspicaz asentado y de suyo son muy inclinados a la piedad y religión".
 
Y los indígenas, a su vez tampoco eran muy magnánimos a la hora de describir a los españoles. Pero lo cierto es que, ni el gobierno de Chile, ni el Virrey en Perú tenían mucha consideración para con las islas; ni tampoco “(para los castellanos asentados en el archipiélago) y no sólo no hacían nada para favorecer su desarrollo económico, sino, al contrario, lo estorbaban e impedían el nacimiento de cualquiera actividad productiva”… “De este modo Chiloé se convirtió en una "colonia de la colonia" y las autoridades, tanto chilenas cuanto peruanas, mantuvieron la ocupación del archipiélago solamente por razones estratégicas, prescindiendo de cualquier empeño para favorecer a éste "último rincón" del territorio americano y a sus pobladores”

Conquista de Chiloé. Foto: Wikipedia

Esa desatención hacia el archipiélago, unido al lugar estratégico que ocupaba, hizo que  otros países lo ambicionaran. Apenas un año antes de ser nombrado Ambrosio gobernador, habían llegado los holandeses a estas las islas, con una escuadrilla de cinco barcos capitaneados por el mítico corsario Hendrick Brouwer. La orden que llevaba era crear en Chiloé un asentamiento holandés luterano para apoyar la guerra en el Pacífico contra la España católica; pero como principalmente les movía la ambición, a Brouwer le costó mucho encontrar algunos apoyos indígenas; estos, al darse cuenta de que lo que en realidad buscaban era el oro y las riquezas, desistieron de prestarle ayuda. 

Es difícil saber cómo fue el modo de hacer de Urra como gobernador pero debió de estar lleno de sobresaltos. Su mandato duró tres años y a su conclusión fue reclamado para servir en la zona central chilena. Para entonces, un nuevo gobernador había llegado a Chile: Francisco López de Zúñiga (1639-46) que promovió un gran intento de paz con los nativos, en el llamado Parlamento de Quillín, aunque a corto plazo no obtuvo el resultado deseado.
 
Francisco López de Zúñiga y Meneses. Foto: Wikipedia

AMBROSIO, SARGENTO MAYOR
En 1646 acaba el mandato de López de Zúñiga y le sucede Martín de Mújica y Buitrón. Al ver Mújica  el estado en que se encontraba el territorio quedó decepcionado y emitió un informe al rey en el que entre otras cosas decía:

“Este reino, en toda su población no tiene seiscientos vecinos de familia y casa; y el todo de él es sumamente pobre, y el más descansado libra todos sus alimentos en unas tierras, un poco de ganado y algunos indios de encomienda con que las beneficia, de que se compone una estancia. Son más en número los pobres, y especialmente mujeres que desnudas y descalzas por su persona asisten en el campo, por no tener comodidad ni que vestirse en el lugar”.
 
Martín de Mújica y Buitron. Foto: Wikipedia

Convoca pues Mújica una nueva asamblea militar (un segundo Parlamento de Quillín) con los caciques nativos, para ver el modo de enfocar esta dichosa Guerra del Arauco, que tantos años llevaba sin resolverse. Para esta misión contó también con Ambrosio de Urra

Cuentan las crónicas que en el lugar se congregaron treinta y nueve caciques araucanos y treinta y seis capitanes españoles de los de mayor fama. Como maestre de campo iba en cabeza Juan Fernández Rebolledo al mando de cuatro mil hombres; Ambrosio de Urra llegaba como sargento mayor. Pero el resultado tampoco fue el esperado ya que Mújica descubrió que los mapuches preparaban un complot para matarlo; en represalia mandó ejecutar a varios caciques, lo que supuso el fracaso de la misión. 


La imperial Señora de las Nieves. Grabado de 1646.

Al año siguiente  (1648) nombra  Mújica a Ambrosio de Urra (que para entonces ya tenía el grado de general) cabo gobernador del Fuerte Nuestra Señora de las Nieves, ubicado en Boroa, además de responsable de las fronteras de Toltén y Villarrica, enviándolo con instrucciones mucho más humanitarias que las llevadas a cabo hasta ese momento. El fuerte de las Nieves suponía para los españoles un lugar estratégico, tanto político como militar. Además, constituía un puente de comunicación entre las ciudades de Concepción y Valdivia. A día de hoy, y por su significado, este emblemático fuerte está declarado Monumento Histórico.

Al desasosiego de los habitantes de la zona, por los ataques mapuches, se unían también los fenómenos naturales que periódicamente devastaban el lugar: terremotos, tsunamis, brotes continuos de viruela...; todo esto contribuían aún más si cabe a la despoblación.

En marzo de ese año el gobernador Mújica envía a de Urra   con instrucciones para socorrer a la ciudad de Concepción, en un nuevo intento de defenderla del terror mapuche. En abril del año siguiente (1649) Mújica sufrirá un envenenamiento: tras probar una ensalada cayó fulminado echando espuma por la boca falleciendo pocos días después. De forma interina será sustituido por Alonso de Figueroa y Córdoba, hasta ese momento Maestre de Campo General del Reino. Su mandato duró apenas trece meses en los que no  cesaron los ataques de indígenas, que arreciaron al notaban debilidad en el gobierno. 

Francisco Acuña y Cabrera. Foto: Icarito

UN GOBERNADOR CALZONAZOS Y MANIPULABLE
Será en mayo de 1650 cuando llegue a Concepción un nuevo gobernador, Francisco Antonio de Acuña y Cabrera y Bayona. Este llegaba acompañado de su mujer y los hermanos de esta: los Salazar
. Acuña era un hombre exageradamente  condicionado por su esposa y se dejaba hacer por ella. Pero no solo por ella, también por sus cuñados a los que promocionó de forma escandalosa. Esta promoción provocó la desconfianza de los colonos que los consideraban unos arrogantes aventureros que habían venido a hacer fortuna al amparo del poder. Los ánimos se alteraron aún más cuando el gobernador le quitó el cargo de maestre de campo al ya citado Juan Fernández Rebolledo y se lo vendió por tres mil pesos al carcarés de Urra. Este hecho sorprendió mucho porque esto de vender un cargo nunca se había hecho allí antes. Legalmente, sin embargo, el cargo era suyo.
 
Solo le duró a Ambrosio el cargo de maestre de campo tres meses, ya que el gobernador le quitó ese título de forma despótica para dárselo a su cuñado, Juan Salazar. Este hecho desató las iras de la población. Así lo explica Guillermo Cox y Méndez en "Historia de Concepción": Juan Salazar, que era “nuevo en el país, venía a postergar a muchos militares con largos años de fatigosos e importantes servicios, y nombró sargento mayor y tercer jefe del ejército a José Salazar, colocando así a toda su parentela en situación de medrar explotando a todos los que estaban bajo sus órdenes”

Como era de esperar, los Salazar no hicieron buen uso de los cargos que el gobernador les había regalado y eso trajo consecuencias muy negativas. Las incursiones y ataques de los indios -que advirtieron de nuevo inestabilidad en el gobierno- arreciaron, matando y saqueando todo a su paso.

Guerra de Arauco. Foto: Icarito

Los estancieros no podían trabajar las tierras en paz y esta situación creó un  caldo de cultivo que anunciaba lo que estaba por venir. En febrero del año 1655, y por enésima vez, los indios mapuches que controlaban la zona al sur del Bío-Bío se sublevaron y atacaron por sorpresa a la población de Tomeco (en la región del Maule). Aquí saquearon, como solían, casas y ganados, matando y destrozando todo lo que encontraban a su paso. Se dice que, en esta población, rara fue la familia que no fue saqueada, hecha prisionera o aniquilada. Los araucanos se llevaron consigo unos trescientos prisioneros.
 
MOTÍN CONTRA EL GOBERNADOR: ¡VIVA EL REY MUERA EL MAL GOBIERNO!
El descontento general de los colonos y de la gente principal iba a colmar el vaso. Todos con razón apuntaban como causante al nefasto Acuña, por su ineptitud y sus crímenes. Continúa diciendo Cox y Méndez: “Acuña había encontrado el país pacífico y floreciente, el ejército numeroso y acreditado por sus victorias, los indios temerosos y sumisos, los españoles contentos y entregados a las fecundas labores de la paz. Cuatro años de mal gobierno y la codicia y maldad de un solo hombre habían bastado para trastornar por entero la faz de las cosas”

El descontento provocó que, tanto el cabildo como los vecinos más principales se reunieran en Concepción con la intención de deponer al gobernador. En la calle se formó un motín al grito de “viva el rey, muera el mal gobierno". 

Dice Guillermo Cox: "no habían tenido parte alguna ni el veedor, de la Fuente Villalobos, ni Fernández Rebolledo, ni Ambrosio de Urra, ni otros militares distinguidos que, como estos, eran decididos adversarios de Acuña y su política"

Pero los amotinados se erigieron en jueces y buscaron de entre esta terna a uno que les gobernara, dadas las capacidades de mando de cualquiera de los tres. Se decantaron por Francisco de la Fuente Villalobos, que era el de mayor edad "octogenario militar de grandes méritos". Los cabecillas fueron a buscarlo a casa "y le exigieron que se hiciera cargo del gobierno del Reino". Este se resistió en un principio, pero al final cedió ante la turba.
 
AMBROSIO, MAESTRE DE CAMPO GENERAL DEL REINO
Pero resulta que Fernández Rebolledo, que había sido nombrado para dirigir el gobierno de Armas días antes, creía que el puesto de Gobernador iba a ser para él, y  al enterarse de que no iba a ser así, tiró el bastón desairado. Villalobos, tras aceptar el cargo como nuevo gobernador de los amotinados, hizo los primeros nombramientos, empezando por Ambrosio de Urra que lo nombró Maestre de Campo y a Jerónimo de Molina como Sargento Mayor. El nombramiento de Ambrosio como Maestre de Campo disgustó mucho a Fernández Rebolledo, que también se creía con más derecho. Tampoco a un tal José Cerdán, que había sido hasta el momento Sargento Mayor, le gustó que se le relegara del mando. Dicen que Fernández Rebolledo llegó a dar delante del nuevo gobernador tan irrespetuosas muestras de disgusto, que éste se vio obligado a encerrarlo junto a Cerdán en una embarcación que se encontraba anclada en Talcahuano. Reflexiona Cox y Méndez: "Parece que entre Fernández Rebolledo y Urra existía una especie de rivalidad que hizo aún más doloroso el desaire que aquél había recibido”

Acuña, temeroso del furor de la turba, buscó refugio en el convento de los jesuitas y después huyó a Valparaíso. Por su parte, Ambrosio, advirtió enseguida que estos movimientos para la designación del gobierno de Chile eran arbitrarios, y que iban a traer consecuencias. Estas no tardaron en llegar; el nuevo gobierno de 
De la Fuente Villalobos duró lo que tardó en enterarse el rey; Felipe IV no dio su aprobación y los cabecillas fueron apresados por orden de la Real Audiencia, no así Ambrosio. 

Regresa Acuña y Cabrera y toma de nuevo el mando, volviendo a echar mano de Ambrosio. Gustavo Opazo Maturana deja constancia de esto en su trabajo "Historia de Talca": Acuña llegaba acompañado de sus partidarios, entre ellos venía don Ambrosio de Urra, que había ocupado altos puestos militares. Esos conocimientos militares eran de suma importancia para la defensa del Maule, donde se necesitaba un funcionario que no sólo cargase con las responsabilidades del momento, sino que organizase la defensa de esa frontera, limpiándola de las bandas de indios que en sus continuas excursiones iban poco a poco aniquilando la vida de esa comarca”

CORREGIDOR DE MAULE
Así que, en recompensa por su lealtad y mediante Real Decreto, nombra al carcarés Corregidor de la región del Maule. Esto ocurría un16 de agosto del año 1655; el mandato de corregidor se prolongó por un período de dos años. Este cargo tenía carácter militar, jurídico y político, ya que los corregidores eran los encargados de la administración del lugar; en ellos convergían los tres poderes por lo que era imprescindible que estos funcionarios tuvieran, no solo cierta cultura, sino también dotes de mando y al menos nociones de derecho; es evidente que en Ambrosio se cumplían todos esos requisitos; primaban en este momento sus dotes militares, pero sus años al frente de la milicia y el gobierno en Chiloé le avalaban. Desde su puesto como corregidor Ambrosio se preocupó de la defensa del Maule y de la suerte de los emigrados.

A pesar de haberse abortado toda aquella rebelión, el virrey de Perú mandó llamar a Acuña para someterle a juicio; seguramente al famoso juicio de residencia al que todos los mandatarios se tenían que someter al dejar el puesto; este se negó a comparecer por lo que fue destituido, procediéndose a nombrar  un nuevo gobernador: Pedro Pórter Casanate que llegó en mayo de 1656 y se apresuró a forzar la salida de Chile del gobernador Acuña.
 
Batalla campal de la Guerra de Arauco. Grabado Alonso de Ovalle. Wikipedia

Pórter Casanate retomó las operaciones militares para la pacificación del reino. Reducidos en parte los indígenas,  más allá de las aguas del Biobío, y acompañado por seiscientos soldados, marchó hasta Santiago entrando primero en el corregimiento del Maule. El Maule estaba gobernado como sabemos por Ambrosio de Urra que se encontraba en un momento desolador: “Aquí se detuvo un corto tiempo dando las órdenes necesarias para el buen Gobierno. Dispuso se poblasen de ganado caballar las tierras de las Cañas, situadas en la ribera del Maule, y las de Unihue, donde construyó un fuerte”, y con sus soldados siguió camino a Santiago.

Ataque mapuche. Foto: Guioteca

Durante los años siguientes la dominación efectiva de los españoles se circunscribió a las riberas del Maule y las inmediaciones de Concepción. “Todo el resto del país estaba constantemente amagado por las excursiones que continuamente hacían los indígenas a maloquear las estancias”. El 15 de marzo de 1657 guerreros de las tribus pehuenches y puelches entraron de nuevo en los valles del Maule y “maloquearon” muchas estancias matando y haciendo prisioneros, aunque algunos lograron huir: “Éstos llegaron con la noticia al asiento de Talca, donde se encontraba el corregidor Urra. Viendo éste la poca gente con que contaba, resolvió no seguir al enemigo. Tal calamidad hizo que se enviaran cien hombres para reforzar las guarniciones de los fuertes de la región”(Historia de Talca. G.O.M.). Es pues de imaginar la frustración e impotencia del momento.
 
Terremoto y maremoto en Chile. Foto: dinamismo.bloguer

Para colmo de males el día 15 de marzo de 1657, con la ciudad de Concepción sitiada por los mapuches,  se produjo un fuerte terremoto; la intensidad fue tal que afectó desde Santiago hasta el sur del Arauco. El epicentro se registró en la citada Concepción que resultó devastada totalmente (como diez años antes había ocurrido en  Santiago). En mayo de ese mismo año tuvo lugar una nueva invasión en el Maule con idénticas consecuencias: más muertos y prisioneros, y así, con mejor o peor suerte  siguió prolongándose esa guerra del Arauco por otros cien años mas.

ÚLTIMOS AÑOS DE AMBROSIO DE URRA
Ambrosio cesará como corregidor en el año 1657 y morirá cuatro años después en Santiago de Chile. Un año más tarde, su esposa hará testamento en esa ciudad; y es que Ambrosio se había casado en Santiago con una joven llamada Josefa de Cea y Jofré de Loayza, hija del capitán, maestre de campo y hacendado Fernando de Cea Ortiz de Tena, y tataranieta a su vez de Juan Jufré de Loayza Montesa, conquistador de Chile junto a Pedro de Valdivia.
 
Juan Jufré de Loayza Montesa, tatarabuelo de la mujer de Ambrosio de Urra. Foto: Wiki-ninfo

Así, los lazos de esa primera conquista de Chile se estrechaban en torno a de Urra. Del matrimonio entre Ambrosio y Josefa nacieron al menos cuatro hijos: Ambrosio, Teresa, Martín, y Antonio de Urra y Cea. Este último, que había nacido en Concepción, se alistó en el ejército y alcanzó el grado de capitán. Una parte del testamento de Josefa se puede ver en este enlace:
https://www.misapellidos.com/significado-de-Urra-32033.html que dice: “En el nombre de Dios, amén. Sepan todos cuantos esta carta viesen, como yo, Doña Josefa de Cea, viuda del Maestre de Campo General Ambrosio de Urra, morador de Santiago y natural del Reyno de España (…) solicita finalmente ser enterrada en el Convento de Santo Domingo (…) dejando por albaceas y curadores de sus hijos a Diego Garay y Juan Muñoz”

Una pena no haber podido conseguir el testamento completo que daría detalles del patrimonio acumulado por el matrimonio y mostraría pormenores que habrían enriquecido este trabajo. Aún así, me doy por muy satisfecha con lo conseguido, ya que, desde el absoluto desconocimiento de la existencia de este personaje al comenzar esta investigación, he podido completar su trayectoria vital que incrementa el acervo inmaterial y patrimonial de su pueblo de Cárcar. Todo lo visto sobre él da cuenta de los padecimientos que atravesaron, tanto los conquistadores, como los conquistados; todos ellos fueron personajes de su tiempo a las órdenes de un mandato superior. 

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Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz
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Páginas consultadas:
-Historia de la Civilización de Araucania. Memorias Científicas y Literarias.
-http://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0007600.pdf
-http://dbe.rah.es/biografias/23433/antonio-de-acuna-cabrera-y-bayona
-http://dbe.rah.es/biografias/11765/francisco-laso-de-la-vega
-http://dbe.rah.es/biografias/23431/francisco-lopez-de-zuniga
-http://dbe.rah.es/biografias/14247/pedro-porter-y-casanate
-https://www.enfantsmarot.com/familles-familias/troncoso-aedo/genealogia/
-https://www.monografias.com/trabajos26/quinchao/quinchao2.shtml
-http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/historia-de-talca--0/html/ff91b0ee-82b1-11df-acc7-002185ce6064_11.html
http://economia.navarra.es/home_es/Temas/Turismo+ocio+y+cultura/Archivos/Programas/Archivo+Abierto/Documentos/ROQUE-CALVO-Y-OTROS-contra-PEDRO-DE-TERUEL-Y-OTROS_qy5naoCqMnIBTZhFUys52A
-https://www.misapellidos.com/significado-de-Urra-32033.html
-http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/historia-de-concepcion--0/html/ff75c834-82b1-11df-acc7-002185ce6064_23.html
-https://www.chilecollector.com/archwebart/gobernadores02.html
http://www.cervantesvirtual.com/s3/BVMC_OBRAS/ff7/5c8/348/2b1/11d/fac/c70/021/85c/e60/64/mimes/ff75c834-82b1-11df-acc7-002185ce6064_23.html
-https://www.genealog.cl/Chile/J/Jofre/

miércoles, 17 de febrero de 2021

ANASTASIO MATEO (PADRE MATEO) FRAILE Y PINTOR CARCARÉS

Aunque la línea de este blog es la de resaltar y descubrir personajes de Cárcar ya fallecidos, en este caso y por su singularidad, haré una excepción. Hoy traigo aquí a un fraile carcarés, próximo a cumplir los cien años de edad que ha destacado, no solo por su labor vocacional cristiana a través de la comunicación, sino también por sus dotes como pintor. Me mueve además, que siendo un personaje muy popular y conocido allá en Puerto Rico, es sin embargo  prácticamente desconocido en su tierra natal. Sirva pues este breve trabajo como pequeño homenaje en la esperanza incluso de que pueda llegar hasta el biografiado algún tipo de eco de este sencillo trabajo hecho con cariño desde su terruño.

Autorretrato del P. Mateo Mateo. Foto tomada a María Orantes, publicada el 31-5-2015 en Facebook

PADRE MATEO MATEO

ANASTASIO MATEO HERNÁNDEZ (padre Mateo) nació en Cárcar (Navarra) el día 13 de agosto del año 1923. Sus padres fueron Hilario Mateo Gómez y Felipa Hernández García; sus abuelos paternos Pancracio y Anastasia, y los maternos, Pedro y Leocadia

Sentada, Felipa (la madre), y en sus brazos Anastasio (el padre Mateo). En la parte de atrás y de izquierda a derecha: Julián, Hilaria, Pancracio, Ángel, Dorotea e Hilario (el padre). Adelante: Angelines, Victorina y Jesús. Archivo Ramos-Mateo

Hilario, el padre, como la mayoría de los carcareses de la época, se dedicaba a las tareas agrícolas, y su matrimonio con Felipa dio como fruto nada menos que diez hijos: Pancracio, Ángel, Hilaria, Julián, Dorotea, Victorina, Ángeles, Jesús, Anastasio y, por último, Hilario, que murió de niño. 

Anastasio Mateo con su hermano Ángel. Archivo Ramos-Mateo

De todos ellos solo Anastasio manifestó vocación religiosa, y muy jovencito, con unos diez años,  ingresa en la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

A punto de ingresar en el convento. Archivo Ramos-Mateo

Con dieciocho años hizo su profesión religiosa; era el año 1941, y el día 6 de enero del 1946 se ordena sacerdote en la Catedral de Calahorra (La Rioja). Tuvo que esperar más de un año antes de celebrar en Cárcar su cantamisas y lo hizo con toda solemnidad un 7 de abril del año 1947. Ya desde el comenzó de su ministerio pastoral adoptará el nombre de Padre Mateo Mateo

Posando en la fachada del ayuntamiento de Cárcar después del cantamisa. De izquierda a derecha y de atrás a adelante: Jesús, Angelines, Victorina y Ángel. Pancracio, Felipa, el padre Mateo, Hilario y Julián. Archivo Ramos-Mateo 

Su primer ministerio pastoral lo ejerció en Madrid y se prolongó hasta el año 1961 y lo compaginaba predicando por diversas ciudades españolas. En la capital de España ejercía además la cura de almas; allí dirigió espiritualmente a muchas personas, entre ellas al cantante Julio Iglesias con quien mantuvo muy buena amistad, no solo con él sino también con los padres de este. Fue el P. Mateo quien bautizó a Isabel, la primera hija que Julio tuvo con Isabel Preysler y administró también la comunión a uno de sus hijos.

Bautizo de Isabel Iglesias Preysler. Foto: Aragón Exprés, diario de la tarde. 6-10-1971. Pag. 5

Con treinta y ocho años es  destinado a Torrelavega y de allí a misionar a Buenos Aires. En el año 1972 lo envían a Puerto Rico, supuestamente por un período de tres meses, pero su estancia se alargaría hasta el día de hoy. 

Y ahí sigue felizmente en Puerto Rico a punto de cumplir ya los noventa y ocho años de edad.

El padre Mateo en una fotografía reciente. A. Ramos-Mateo

Desde que llegó a la isla portorriqueña ha trabajado en el Colegio de los Sagrados Corazones de la ciudad de Guaynabo y en la parroquia del mismo nombre, y su vida ha transcurrido en una continua trasmisión vocacional por medio de la pastoral de  la comunicación. Fue durante muchos años columnista del periódico Nuevo Día donde escribía artículos sobre temas pro-vida, y especialmente referidos a la problemática del aborto; mantuvo también durante un tiempo un programa matinal de radio en directo que se emitía los domingos a través de la emisora NOTI UNO, y ha estado hasta hace poco celebrando una misa semanal televisada. En el Canal 13 ha sido el conductor de un programa titulado: Semillas de alegría

Pero el P. Mateo compaginaba su vocación religiosa con una afición: le gustaba pintar. Ya desde su juventud pintaba cuadros en su tiempo libre, especialmente oleos y acuarelas, siendo el paisaje y el retrato sus mejores exponentes.

Retrato de Hilario Mateo pintado por su hijo, el P. Mateo Mateo. Archivo Ramos-Mateo

Y lo cierto es que pinta muy bien. Esta habilidad no es fruto de la casualidad sino de una  vasta formación que empezó adquiriendo en sus tiempos de seminarista en el Museo de Bellas Artes de Madrid, y en El Escorial, bajo la atenta mirada de sus maestros Casimiro González y Emilio Sala, que le animaron en un aprendizaje paralelo, haciendo principalmente copias a las obras maestras del propio Museo de Bellas Artes de Madrid, así como en las del Museo Del Prado, llegándosen a convertir en sus puntos de referencia estéticos. 
En esa época mantuvo amistad con conocidos y destacados pintores, grandes retratistas y paisajistas, como Enrique Segura (Sevilla1906-Madrid1994), Daniel Vázquez Díaz (Nerva1882-Madrid1969)  y el que fuera director de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, Julio Moisés (Tortosa 1888-Torrelavega 1968), entre otros.

De aquella época datan los retratos que el padre Mateo hizo a diversos familiares y conocidos, hechos todos ellos con trazo seguro  y delicado, y en algunos casos de gran formato.

Retrato de Felipa Hernández pintado por su hijo, el P. Mateo. Archivo Ramos-Mateo

Años más tarde centrará su mirada en el tema paisajístico. Desde entonces ha pintado infinidad de cuadros con esa temática. 

El padre Mateo en una de sus exposiciones de pintura

Esta disciplina la ha llevado al plano religioso manifiestando que: “la pintura es un diálogo con Dios”

Serán más de doscientas las obras que el padre Mateo Mateo ha pintado a lo largo de su vida. Las primeras -en su mayoría retratos- se conservan en el entorno familiar y privado,  pero su recorrido va más allá. A lo largo de esta investigación he descubierto que en la iglesia de San Juan de Coín, en Málaga, existen dos grandes cuadros pintados al óleo por este fraile carcarés, que penden de las paredes laterales de su presbiterio. 

Actualmente sus cuadros se siguen exponiendo con éxito por diferentes salas de arte y el dinero que se recauda lo destina a obras sociales y de promoción de la pastoral vocacional. Su visión de la pintura es muy acorde con su vocación, y asegura que “las acuarelas son la forma más parecida al proceso de la creación de Dios”

Padre Mateo conversando sobre sus cuadros

Por resaltar algunas de las exposiciones en las que el padre Mateo Mateo ha participado, citar la celebrada en el 2008 en la Galería Viota de Puerto Rico; en el Museo de Bellas Artes de su ciudad de Guaynabo en 2014 o la exposición celebrada entre los días 16 de marzo y 8 de abril del año 2018 en el Museo de Castejón, de su tierra Navarra. 

En Guaynabo, ciudad con cerca de cien mil habitantes, el padre Mateo Mateo es un personaje muy querido y admirado, especialmente en su parroquia de los Sagrados Corazones; en su línea de gran comunicador, el año 1999 se reveló además como escritor y pedagogo, editando el libro Desde la conciencia al corazón. Esta obra se presenta en dos tomos.

En una celebración el P. Mateo es aplaudido con motivo de homenaje

El padre Mateo conserva todavía esa frescura en el lenguaje que lo ha caracterizado, y sigue retrasmitiendo por las redes sociales reflexiones y eucaristías que son seguidas por numerosos fieles. 

Para preservar su obra, en agosto del año 2019 se creó una fundación, la llamada: Fundación Amigos Padre Mateo Mateo; María Orantes es su presidenta.

María Orantes (presidenta de la fundación) posando junto a un autorretrato del P. Mateo Mateo

El alcalde de Guaynabo felicitando a Mateo por el éxito de su exposición

El próximo mes de agosto este fraile carcarés cumplirá los noventa y ocho años. El cariño y la entrega que ha volcado en sus feligreses guaynabeños hace que cada años esa fecha se convierta en una fiesta para la comunidad. 

En julio de 2019 se celebró el 50 aniversario de la fundación de la parroquia de los Sagrados Corazones en Guaynabo, y en ese acto el padre Mateo Mateo pronunció unas palabras de acción de gracias donde se volcó con sus feligreses manifestando sus sentimientos hacia ellos; con su clásico gesto humilde y bondadoso, les decía con voz entrecortada por la emoción: “Les amo de corazón y con integridad absoluta”. “Amen a todos, porque vivir es amar y amar es vivir”

En estos meses de pandemia permanece en notable recogimiento y apenas se le ve a través de las redes sociales, seguramente a la espera de que esto escampe. 

En el cincuenta aniversario de la parroquia de los Sagrados Corazones en 2019

A pesar de la distancia que le separa de su tierra, y los años transcurridos desde que marchó de ella, el padre Mateo ha seguido manteniendo vínculo de afecto y comunicación con su familia de Cárcar. Fueron muchas las veces que vino a pasar unos días de veraneo con sus hermanos y sobrinos.

 Fuera de su entorno familiar, apenas es conocido. Sirva pues este pequeño trabajo para paliar esa carencia que se completará el día que se puedan dar  las condiciones idóneas para hacer la prometida exposición de su obra en su pueblo natal de Cárcar.

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Es un trabajo realizado por María Rosario López Oscoz
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Agradezco la información y las fotografías facilitadas por las hermanas Marisol y Concepción Ramos Mateo.
-familysearch.org
-http://www.arteinformado.com/.../el-padre-mateo-un-pintor...-https://www.elnuevodia.com/.../enviotaelpadremateo-367593/-https://www.facebook.com/parroquiasagradoscorazonesguaynabo/videos/426794594843197-http://www.sscc.es/pdf/exposicion%20mateo.pdf

miércoles, 3 de febrero de 2021

ANDRES DE MATA, MAESTRO DORADOR Y ABUELO DEL GENERAL ZUMALACÁRREGUI (y IV) SERAFIN DE MATA Y ONECA

 

Serafín de Mata y Oneca, nieto de Ildefonso Mata. Foto: Diccionario biográfico de los diputados forales de navarra (1848-1931)

A pesar de haber dejado a Ildefonso para el final de esta serie dedicada al dorador Andrés de Mata y sus descendientes, casi sin duda será él el primogénito; como no he podido encontrar datos ni de su partida de nacimiento, ni de bautismo, lo situaré naciendo en Cárcar alrededor de los años 1750-52. Al igual que los anteriores, tanto Ildefonso como sus descendientes tuvieron gran relevancia en el ámbito público, destacando en diversas disciplinas especialmente jurídicas y políticas. 

ILDEFONSO DE MATA Y OTEIZA, hijo de Andrés y Joaquina, estudió leyes en la Universidad de Huesca, se licenció en dicha universidad el día 28 de noviembre del año 1783. Fue abogado de los Reales Tribunales del Reino de Navarra en el Antiguo Régimen, y ejerció también como depositario interventor.  Al igual que su hermana Melchora, se casó en Cárcar alrededor del año 1778 y lo hizo con Gerónima Chocarro Quintana, hija de José Chocarro y García y Gerónima Quintana y de Sadaba, todos ellos también naturales de Cárcar. 

Los hijos de Ildefonso y Gerónima nacieron todos en esta población ribera, por lo que buena parte de la vida de esta familia la pasaron en Cárcar; estos fueron: Bernabé Feliciano (1780), Antonia Crescencia (1784), Pedro Nolasco Valerio (1787), Claudio Conrado (1790), María Isidora (1793), María Joaquina (1795) y Juan Cruz Mata y Chocarro (1796). Poco después de nacer Juan Cruz la familia Mata-Chocarro se traslada a vivir a Pamplona, seguramente por promoción laboral del padre. Isidora, una de las hijas del matrimonio, se casará en Cárcar con José Hernández Lasarte y se establecerán allí tanto ellos como sus descendientes. Por su parte, Conrado y Juan Cruz, serán escribanos reales, el equivalente a notarios

 De entre toda esta familia Mata que ha ido apareciendo, será Ildefonso quien se encargue, hasta el final de sus días, de pagar religiosamente al ecónomo de la parroquia de Cárcar los aniversarios por la muerte de su padre, Andrés de Mata. Probablemente porque él era el primogénito varón, como ya he dicho. Ildefonso por su parte muere en el año 1808.

De entre todos los hijos seguiré únicamente la línea de Juan Cruz.

JUAN CRUZ MATA Y CHOCARRO será el último de los hijos de Ildefonso y Gerónima y nace como sus hermanos en Cárcar el día 23 de noviembre del año 1796. Juan Cruz se formó y trabajó en Pamplona en diversas secretarías, tanto en la Curia como en los Tribunales Reales, así como “con el doctor don Ángel Sagaseta de Ilurdoz, nuestro síndico consultor”, que, como ya he dicho anteriormente, era el marido de su prima Joaquina.  Avalado con ese currículo se presenta al examen para obtener el título de Escribano Real (notario), cosa que consigue. Celebradas Cortes Generales el día 23 de marzo de 1829 fue aprobado su nombramiento y publicado en Real Decreto. Juan Cruz tenía en ese momento treinta y tres años. Tres años antes se había casado en esa ciudad de Pamplona, un 31 de julio del año 1826, con Bonifacia Oneca Alonso, hija de Manuel, natural de Pitillas, y Francisca, de Pamplona. La ceremonia se celebró en la iglesia de san Juan. Pronto empezaron a llegar los hijos: María Manuela Matea (1827) y Juana Feliciana (1830) son bautizadas en la iglesia de San Nicolás, sin embargo Benita Josefa Feliciana (1833) lo hará en la iglesia de San Juan. Al año siguiente de nacer esta niña, Juan Cruz es separado de su puesto de oficial segundo de la Diputación acusado de connivencia con el carlismo (no es de extrañar este punto ya que toda la familia en mayor o menor medida resultaron serlo). Tampoco hay que olvidar que Juan Cruz, además de primo político de Sagaseta de Iluzdoz, era también primo carnal de la mujer de Zumalacárregui, por lo que a todos les alcanzó algún grado de connivencia en las conspiraciones y contubernios políticos que se llevaron a cabo bajo esa bandera.

Firma de Juan Cruz de Mata

Al perder Juan Cruz su puesto de trabajo vuelve a su pueblo de Cárcar, y se hace cargo de su notaría entre los años que van desde 1835 a 1844 asumiendo también la secretaría del juzgado. En 1837 nace en Cárcar el cuarto de sus hijos, Veremundo y dos años más tarde Serafín Feliciano, aunque este no nacerá en Cárcar, como sería lógico pensar, sino en Pamplona, y es bautizado en la iglesia de San Juan de la capital navarra. A Bonifacia le debió sobrevenir el parto de forma inesperada mientras se encontraba esporádicamente allí, o bien porque expresamente se trasladó a Pamplona para dar a luz.

Los años siguientes la familia seguirán viviendo en Cárcar hasta que en el año 1845, seis años después de nacer Serafín, deja Juan Cruz la notaría de Cárcar, (que será ocupada por Manuel Ona y Goicoechea) y se traslada a Lerín para hacerse cargo de la notaría de esta población vecina, seguramente acompañado también de su mujer e hijos.  No sé cuánto tiempo estuvo en esta notaría ya que para el año 1856 consta ejerciendo en Peralta, ocupando la plaza que dejaba su hermano Conrado; plaza en la que había estado ejerciendo durante treinta y cinco años: desde el período que va entre el año 1819 hasta 1856. 

Firma de Manuel Ona, que siguió a Juan Cruz en la notaría de Cárcar

 En un momento dado, cuando el momento político pintaba mejor, Juan Cruz vuelve a Pamplona y retoma la plaza que dejó en el año 1834, y que ocupará hasta 1869, año en que definitivamente cesa por jubilación. En ese momento tenía ya 73 años de edad.

De los hijos de Juan Cruz Mata y Bonifacia Oneca solo Veremundo elegirá la carrera eclesiástica; por su parte María Manuela se casará en Pamplona en 1855 con Antonio Sainz Oroz, y en 1852 lo hará Juana  con Joaquín Mir Aguilar. Uno de los hijos de este matrimonio será Octaviano Mir y Mata, perito mercantil y periodista de gran recorrido;  Octaviano fue redactor en Madrid de El Correo Español, director de los periódicos La Atalaya, El Observador y El Castellano en las ciudades de Santander, Cádiz y Burgos, respectivamente; director en Bilbao del periódico nacionalista El Correo Vasco. Y colaborador del rotativo bilbaíno El Vizcaíno; en Pamplona fue también  redactor de El Eco de Navarra. Octaviano era un periodista catalogado como brillante y muy fecundo, además de ser hombre de profundas convicciones cristianas. Se casó en Pamplona con Victoriana García Lacarra y una de sus hijas, Juana Mir García, fue también escritora y periodista, además de pacifista y, como mujer, una de las pioneras en su profesión. Murió fusilada en el año 1937 en el cementerio de Derio, a manos del ejército nacional, perseguida por el perfil de sus crónicas en el periódico en el que trabajaba; se le consideró “peligrosa socialmente”. El padre, Octaviano Mir y Mata, falleció por su parte en el año 1921 después de haber estado escribiendo crónicas después varios años en el rotativo El Pueblo Vasco.

Y ya solo me quedaría abordar la figura de Serafín, el pequeño de los hijos de Juan Cruz y Bonifacia. 

Serafin Mata Oneca. 

SERAFÍN DE MATA Y ONECA, hijo de Juan Cruz y Bonifacia, nace como he dicho en Pamplona el día 12 de octubre del año 1839, cuando su padre estaba ejerciendo de notario en Cárcar. Intentar conocer el motivo por el que Serafín nació en Pamplona en lugar de en Cárcar, como sería de esperar, sobrepasa esta investigación; pero lo que está claro es que al menos los primeros seis años de su vida los pasó en el pueblo carcarés.  

Serafín estudió Derecho en la Universidad de Salamanca, y a los veinticinco años ingresó en el Colegio de Abogados de Pamplona. Allá por la década de 1880 llegó a ser Decano de dicho Colegio. Desde muy joven se destacó desempeñando diversos y relevantes cargos. De ideario carlista, presidió la asociación Juventud Carlista, así como la de la Cruz Roja. Además, le gustaba escribir; ya de estudiante en Salamanca, un 28 de septiembre del año 1863 estrenó “con aplauso” en esa ciudad la comedia titulada La Caza del Pollo, que fue interpretada por Miguel Díaz, Carmen Mazo, Cristóbal Boggiero y Francisca Dot. Obra que fue impresa al año siguiente en Madrid en la imprenta de Cristóbal González. La comedia la redactó en verso y en un solo acto. Escribió también otras dos obras más, en este caso dramáticas: “La conquista de Tudela” (abril 1867) y “Arrepentimiento”, pero ninguna de las dos vio la luz; la primera permanece inédita y se encuentra custodiada en la Biblioteca Nacional y la segunda fue censurada junto con otras seis obras de otros diversos autores.

Portada de la comedia escrita por Serafín. Foto: Amazon.es

Entre otras muchas cosas, Serafín fue también abogado para los negocios de la defensoría de los pobres y, en el ejercicio de su profesión estuvo vinculado en la capital navarra a diversas sociedades bancarias y de seguros. Fue también secretario de la Junta de Gobierno del Crédito Navarro.

Era un católico ferviente y eso le llevó a colaborar en El Semanario Católico Vasco-Navarro que dirigía Vicente Manterola; presidió la Asociación de Católicos de Navarra. Impulsó y promovió la unión de las distintas Hermandades de la Pasión que existían en Pamplona en una sola; fue nombrado primer Prior de la Hermandad resultante, que es la que continúa vigente en la actualidad; fue el encargado además de redactar las bases fundacionales y las constituciones de dicha Hermandad. También participó en la refundación del Ateneo Orfeón Pamplonés, siendo erigido como primer director literario del mismo.

Directivos del Orfeón Pamplonés. Serafín aparece en el centro sentado. Foto: https://www.orfeonpamplones.com/es/orfeon/historia
 

En el año 1871 fue elegido Concejal del Ayuntamiento de Pamplona; en ese momento ya se estaba preparando el ambiente para una tercera guerra carlista por lo que él ya participaba en actividades conspirativas. Mientras la guerra, fue secretario de la Junta de Guerra en el bando carlista y al acabar la contienda (1876) se tuvo que exiliar, al parecer al sur de Francia. A su regreso ingresó en la Asociación Euskara de la que fue vicepresidente y posteriormente, presidente

En 1887 fue elegido de nuevo concejal del Ayuntamiento de Pamplona y en el ejercicio de su cargo presentó un proyecto de reformas que cambiarían radicalmente el aspecto y la fisonomía de la ciudad, algunas de estas reformas fueron: la instalación de la luz eléctrica y la construcción de la zona del Primer Ensanche así como el Palacio de Justicia.

Antiguo Palacio de Justicia de Pamplona

En el año 1889 fue nombrado primer Síndico del Ayuntamiento de la capital. En 1896 fue candidato electo del partido carlista a la Diputación y, durante un tiempo, fue el Vicepresidente de dicha Diputación, cargo que le dio no pocos quebraderos de cabeza. Serafín muere el día 14 de febrero del año 1903 a la edad de sesenta y cuatro años

Aunque solo sea brevemente quiero dar también algunos apuntes sobre la familia de Serafín. Este se había casado en Tudela el día 16 de julio del año 1867 con Manuela Lizaso y Larumbe. Ella era hija del terrateniente y ganadero de bravo Francisco Lizaso Irurtia y de Gertrudis Larumbe Urbasos. Manuela sería con el tiempo (ya viuda) la propietaria heredera de dicha ganadería “Lizaso”. Esta era una de las cuatro ganaderías  que existían de reses de “casta navarra” y había sido creada a finales del siglo XVIII por Juan Antonio Lizaso Muru (Ibero, 1773), abuelo de Manuela. Antes de pasar a manos de Manuela estuvo gestionada por su hermano José Lizaso, y por un hijo de esta (Francisco). Al morir José, queda Manuela como heredera y vende la divisa a Julio Lafitte lo que significó la desaparición del encaste.  Se dice que los toros de Lizaso eran “navarros por excelencia, de poca alzada, pero bien armados, nobles y  codiciosos para el engaño”. (Los Toros de Navarra, pag. 399).

Foto http://lancerosvillaviciosa.blogspot.com/2020/12/

El nuevo matrimonio Mata Lizaso se instalaron en el primer piso del número siete de la calle Dormitalería de Pamplona y allí nacieron sus hijos: Bonifacia Julita (1868), Joaquín Augusto Juan de la Cruz José Nemesio (1870), que será abogado, Francisco de Sales Joaquín Gregorio (1872) que “representó la ganadería de su tío José Lizaso, cuando éste murió en 1903 y fue nombrado secretario del ayuntamiento de Pamplona en noviembre de 1918”; Francisco se casará con Concepción Fernández Irigaray; Laureano Miguel, que será también abogado como el anterior; María Dolores, que se casará en 1902 con el capitán Manuel Alonso Mediavilla, y por último Tomás Mata Lizaso (1876), que será Concejal del Ayuntamiento de Pamplona entre los años 1916 y 1923 por el partido carlista, y posteriormente Alcalde de dicho consistorio en los años 1922-1923, mientras reinaba Alfonso XII, y después desde 1934 a 1940, período que ocupó la Segunda República y la Guerra Civil. En los años siguientes permanece en el Consejo Foral Administrativo de Navarra. Tomás muere en Pamplona en el año 1948.

Tomás Mata Lizaso, hijo de Serafín y Alcalde de Pamplona. Foto: Ayuntamiento de Pamplona

Serafín de Mata, que como la mayoría de los personajes que han desfilado por este trabajo fue un carlista convencido, sentía gran admiración por su tío Tomás de Zumalacárregui, al que no pudo conocer ya que para cuando Serafín nació, Tomás y había muerto. Al tener Serafín noticias del fallecimiento en Cárcar de su prima Micaela (hija de Zumalacárregui), se apresuró a poner en conocimiento de Alejo Aranaz, párroco de Cárcar y albacea testamentario de Micaela, su deseo de poseer algún objeto personal del tío Tomás. El sacerdote entonces mandó una carta a Eusebio Zubizarreta,  heredero de los bienes de Micaela, y que se encontraba a la sazón trabajando en Cuba, los deseos de Serafín, sugiriéndole que considerara la mitad de la cadena de oro del reloj del militar (ya que se encontraba dividida en dos partes) como una prenda interesante para satisfacer a Serafín. Como no hay rastro de la contestación a esta carta no puedo aventurar nada, pero viendo la buena disposición que mostró Zubizarreta en todo momento, estoy segura que accedió a la petición. De ser así, a buen seguro que Serafín la guardó como oro en paño, y, a día de hoy, seguramente la posea como reliquia algunos de sus descendientes.

Lo que sí ha quedado claro es que esta familia Mata tuvo mucho que ver en el desarrollo de la historia de la Navarra de su tiempo.

Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz

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-Archivo civil de Cárcar.
-Archivo Museo Zumalakárregui.
-Archivo parroquial de Cárcar.
-Familysearch.org
-ARANDA RUÍZ, Alejandro. Una procesión para un nuevo contexto: El desfile del Santo Entierro de Pamplona en las postrimerías del siglo XIX. Texto integrado en el Compendio histórico-artístico sobre Semana Santa. Ritos, tradiciones y devociones. Págs.. 14-15.
-CASTRO-TERREÑO, Duque de. Cuaderno de leyes y agravios reparados a suplicación de los tres estados. 23-3-1829. Pag. 148-149.
-GARCÍA-SANZ MARCOTEGUI, Ángel. Diccionario biográfico de los diputados forales de navarra (1848-1931). Págs.. 437-441. 
-IDOATE EZQUIETA, Carlos; SEGURA MONEO, Julio. Inventario del Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Navarra. Gobierno de Navarra. Departamento de Educación y Cultura. Año 1985.
-LAHOZ FINESTRES, José María. Graduados navarros y vascos en las facultades de leyes y cánones de la universidad de Huesca.1998.
-https://catalog.hathitrust.org/Record/102398368
-http://lancerosvillaviciosa.blogspot.com/2020/12/
-Revista La Avalancha, años 11 y 27, números. 248 y 639.
-Los toros de Navarra. Culturanavarra.es



lunes, 11 de enero de 2021

ANDRES DE MATA, MAESTRO DORADOR Y ABUELO DEL GENERAL ZUMALACÁRREGUI (III)


Zumalacárregui. Grabado Adolphe Bayot. 1836. Museo Zumalacárregui

Vista en el capítulo anterior a María Manuela, la primera de los descendientes de Andrés de Mata y Joaquina Oteiza, continúo en este segundo destacando al resto de hijos: Francisco María, María Melchora Teresa, María Josefa, María Isabel, e Ildefonso de Mata y Oteiza, aunque, para no alargar demasiado este capítulo, dejaré para un tercero a Ildefonso, el único de los vástagos que siguió el apellido Mata. Y será por fin en este capítulo donde pueda colocar a Tomás de Zumalacárregui en el lugar que le corresponde acompañando la línea genealógica de su mujer.

 

FRANCISCO MARÍA DE MATA Y OTEIZA, hijo de Andrés y Joaquina, es el segundo en nacer y lo hace en Puente la Reina el día 1 de octubre del año 1758 mientras su padre trabajaba probablemente dorando en el convento de las Comendadoras;  no he encontrado más documentación sobre él y es muy probable que Francisco María falleciera de niño.


MARÍA MELCHORA TERESA DE MATA Y OTEIZA, nace en tercer lugar y lo hace en Cárcar el día 12 de septiembre del año 1760; se casa en esta localidad con un joven del pueblo llamado José Antonio López Bailo y Martínez de Ollo. Los padres del novio eran José López Bailo e Igúzquiza, -un hidalgo de Cárcar que había obtenido la ejecutoria en el año 1788-, y Clara Martínez de Ollo y Azanza, natural de Peralta. A la muerte de estos, José Antonio hereda la casa paterna, sita en el número 11 de la antigua Plazuela (hoy plaza Marín Sola). De su fachada pendía -y ahí sigue- el escudo de armas de los López Bailo desde que el padre lo colgara al demostrar su hidalguía. Este apellido desciende del lugar de Bailo en Jaca.  José Antonio era maestro cerero, por lo que en la casona habría sin duda también algunas dependencias dedicadas a la fabricación y venta de velas y otros derivados de la cera de abejas. 

Escudo de armas de los López Bailo situado en la Plaza Marín Sola de Cárcar

José Antonio y Melchora tuvieron al menos seis hijos: Pedro José, María Manuela, Pio Domingo, María Isabel, José Leandro y María Ambrosia López Bailo y de Mata; María Isabel se casará ya con cierta edad (36 años) con Martín de Agreda y Arellano, cuando este tenía ya cuarenta y un años 

Por su parte María Ambrosia, la hija pequeña de José Antonio y Melchora, nace en Cárcar el día 7 de diciembre del año 1798 y ya con cierta edad heredó la casa paterna de la Plazuela donde habitaba con sus padres; y en un matrimonio, seguramente arreglado, se casó con un prestamista natural de Marcilla llamado Francisco Jáuregui Olivetti, catorce años más joven que ella, y, claro, no tuvieron hijos. Francisco era hijo de Domingo Luis Jáuregui Indabe, un conocido militar y político liberal, además de hombre de negocios. Ambrosia y Francisco vivían pues en esta gran casa de la Plazuela atendidos siempre por varios criados. Acogidos a su hospitalidad acudían con frecuencia familiares y amigos lo que les hacía al matrimonio la vida más llevadera, y al contrario de lo que se podría pensar, visto el recorrido de su familia directa, que eran todos liberales, Francisco era sin embargo de ideario carlista, y a su casa acudían y daba hospitalidad con frecuencia a personas de esta ideología, como ya hemos visto, por ejemplo, con el caso de Salvador Ordoñez. En el año 1872 Ambrosia fallece atendida por su sobrina Vicenta Micaela, la pequeña de las hijas del general Zumalacárregui, ya que en ese momento se encontraba hospedada en su casa. Pancracia, la madre de Micaela, y Ambrosia eran primas carnales.

Y esto era así porque Micaela se encontraba en Cárcar acogida y protegida por sus tíos mientras estaba teniendo lugar por estas tierras navarras la tercera guerra carlista. En el año 1885 muere también Francisco a consecuencia del cólera morbo asiático, en el tercer y último brote de los que se registraron en Navarra durante el siglo XIX. A la muerte de Jáuregui las posesiones de Cárcar (casa, fincas y dinero) no pasaron a manos de los López Bailo como sería de esperar (aunque probablemente para entonces no quedara ya ningún familiar), sino a las del hermano de Francisco: Valentín María Jáuregui y Olivetti. Valentín fue cofundador del Crédito Navarro y presidente de su junta de gobierno, además de Jefe Superior de Administración Civil y alcalde de Pamplona entre los años 1863 y 1867. 

Valentín María Jáuregui. Ayuntamiento de Pamplona

A la muerte de Valentín, los bienes de Cárcar pasaron a su hijo: Luis María Jáuregui Aristeguieta que era, claro está, sobrino de nuestro Francisco. Luis María,  por su matrimonio con una nieta de la reina María Cristina de Borbón dos Sicilias, esposa de Fernando VII, fue Caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén y marqués de Villamarcilla, título que le otorgó la propia reina, como ya apunté junto al resto de detalles referentes a  esta familia en el libro: “López, retazos de la historia de Lerín y Cárcar a través de un apellido”.

María Cristina de Borbón dos Sicilias. Foto: Wikipedia.org

MARÍA JOSEFA DE MATA Y OTEIZA, ocupará el cuarto lugar  entre los hijos de Andrés y Joaquina. Nace el día 1 de abril del año 1763 y lo hará en un lugar tan alejado de Cárcar como lo es Vera de Bidasoa ya que el padre andaba en ese momento por la zona norte de Navarra dorando retablos. Yo para María Josefa manejaría dos hipótesis, que o bien murió de niña como su hermano Francisco, o que fue quizá la hija soltera que quedó en la casa al cuidado de sus padres y no dejó por eso rastro documental.


MARÍA ISABEL DE MATA Y OTEIZA, quinta hija de Andrés y Joaquina, nace como su hermano Francisco María en Puente la Reina el día 12 de enero del año 1766 mientras el tiempo en que su padre andaba realizando alguna contrata en esta población y,  como su padre también trabajó en distintas iglesias de Pamplona, tanto ella como su hermana Manuela aprovecharon para conocer a los que serían sus respectivos esposos. De este modo Isabel se casará en Pamplona el día 1 de enero del año 1795, y lo hará con un joven llamado Francisco Javier de Ollo y de Erro. Francisco Javier sería posteriormente notario y Procurador del Colegio de Abogados de Pamplona y del Tribunal Eclesiástico de la misma ciudad. 

Isabel y Francisco Javier tuvieron varios hijos: Dámasa Joaquina (1896), María Pancracia (1798), Antero José María (1800), María Ángela Ildefonsa Timotea (1801), Joaquín Mateo Mauricio (1803) y Cirilo Joaquín (1805) de Ollo y de Mata. De ellos, dos fueron sacerdotes, Joaquín y Cirilo, y los dos se vieron de algún modo involucrados en política y ligados al general Tomás de Zumalacárregui, ya que eran cuñados por el matrimonio de este con su hermana Pancracia. Cirilo acompañó en todo momento a Tomás como capellán del ejército mientras la primera guerra carlista y Joaquín hizo lo propio con Pancracia y sus sobrinas sobre todo en los momentos delicados por los que estas tuvieron que atravesar.

Tomás de Zumalacárregui. Grabado de José Vallejo. 1844. Museo Zumalacárregui

Joaquín se mantuvo siempre cercano a su hermana y cuñado; hubo un tiempo en el que incluso habitaron en el mismo edificio,  aunque en pisos diferentes. Cuando Tomás toma el mando del ejército carlista sus adversarios detuvieron en represalia a Pancracia; en ese momento, Joaquín se apresura a trasladar a su casa y poner a buen recaudo los enseres de estos ya que se había ordenado confiscar todos los bienes del militar. Posteriormente Joaquín fue obligado a entregarlos a las autoridades, aunque parece ser que alguno de los baúles se salvó del expolio.

Joaquín de Ollo acompañó también a su hermana Pancracia al exilio cuando esta se tuvo que refugiar en Francia haciéndose cargo allí de la educación de sus sobrinas;. Fue también este sacerdote canónigo de la catedral de Vitoria y en abril del año 1839 (muerto ya su carismático cuñado), dirigió una alocución en contestación a la proclama que en febrero de ese año había hecho el General Maroto. El P. Joaquín de Ollo  tituló dicha alocución: “El grito de fidelidad contra la perfidia” e iba dirigida “a los leales voluntarios vasco-navarros y de los demás que sostienen con las armas la causa legítima del señor don Carlos V de Borbón”; y que  “les dirige un antiguo compañero de sus trabajos y de sus glorias, que desea sincera y ardientemente la conclusión de la guerra civil, la felicidad de su Patria y la conservación de los Fueros y privilegios que solo bajo el Gobierno de sus legítimos señores pueden asegurar las heroicas Provincias Vascongadas”Joaquín muere en el 30 de agosto del año 1871 en Vitoria bajo los cuidados de su sobrina Vicenta Micaela,  la hija pequeña del general carlista, en justa reciprocidad a los cuidados por este recibidos.

Cirilo de Ollo y de Mata, el otro hijo clérigo de Isabel y Francisco Javier y que se impuso el nombre eclesiástico de Fray Cirilo de Pamplona, acompañó a Zumalacárregui durante el tiempo que duró esa primera guerra carlista y hasta la muerte de su cuñado. En los Episodios Nacionales, escrito por Benito Pérez Galdós, fray Cirilo entra en escena al caer herido Zumalacárregui  acompañándole mientras es  conducido por los granaderos para recibir atenciones médicas, que, por otro lado, aceleraron su final. Fray Cirilo no solo lo acompañó sino que lo sostuvo espiritualmente en sus últimos momentos. Y será también este el encargado de recoger las pertenencias de Tomás y ponerlas a buen recaudo. Una vez terminada la guerra, fray Cirilo se fue a las américas de misiones.


Continuamente está apareciendo aquí nombrado el general Zumalacárregui, pero no será hasta este momento cuando lo pueda colocar en el plano familiar que le corresponde y el motivo por el cual quedó vinculado a la familia MataTomás de Zumalacárregui Imaz nace en el pueblo guipuzcoano de Ormáiztegui  y al quedar huérfano de padre, a los dieciséis años su madre lo envía a Pamplona a trabajar de pasante a la casa de un notario y procurador de la Curia llamado Francisco Javier de Ollo y de Erro, que, como se está viendo, era el esposo de Isabel de Mata, la hija de Andrés el dorador de retablos de CárcarTomás no encontró en esa casa y en ese oficio su profesión definitiva, pero sí el amor, pues se enamoró de Pancracia, una de las hijas del procurador; la ocupación napoleónica y la Guerra de la Independencia hará que Tomás abandone el interés por la escribanía y se enrole en el ejército para expulsar al ejército francés luchando en los sitios de Zaragoza y Tudela.

Zumalacárregui aclamado en Echarri Aranaz. Grabado José Ballejo. 1844. Museo Zumalacárregui

 No será hasta el año 1820 cuando el militar se case con Pancracia;  además, ni siquiera pudo acudir a su propia boda y se tuvo que casar por poderes. Dos días más tarde será ratificado y bendecido el matrimonio. Actuó por poderes el tío de la novia, Juan Ángel Latreita representando al novio, como ya destaqué en el capítulo anterior.

El nuevo matrimonio se instaló en el tercer piso del número 13 de la calle Navarrería, aunque por cuestiones laborales tuvieron que residir también en diversos puntos de la geografía nacional.  Tomás y Pancracia tuvieron varios hijos aunque, de ellos, solo sobrevivieron tres: Ignacia que nació en Villarraya, provincia de Soria, Josefa que ve la luz en Valencia, y Vicenta Micaela, que lo hizo en la calle del Carmen de Pamplona, esta un 19 de abril del año 1833. Seis meses más tarde de nacer Micaela, Zumalacárregui toma el mando del ejército carlista desencadenándose la Primera Guerra Carlista. Parece ser que en aquel momento Tomás no tenía intención de seguir en la milicia, ya que, acabada la guerra contra los franceses, deseaba retirarse y vivir una vida hogareña y tranquila junto a su mujer y sus hijas; pero los acontecimientos, y probablemente también la presión que ejercieron algunos parientes como Sagaseta de Ilurdoz, le disuadieron de lo contrario. Las penalidades que esa decisión supuso para su mujer y sus niñas marcó para siempre sus vidas, a pesar de ser Pancracia una mujer resoluta y de mucho brío, al punto de ser llamada entre los que la conocían como “La Generala”, apoyando en todo momento las decisiones de su marido; dicen que de haber podido, ella misma se habría enrolado en el ejército siguiendo a Tomás.

Como el resto de la vida de esta familia ya lo he reflejado en buena medida en el artículo dedicado a Vicenta Micaela remitiré al interesado a este para no repetirme.

Apuntar finalmente que la familia Zumalacárregui y de Ollo mantuvieron una estrecha relación con sus parientes de Cárcar, y siempre que les era posible acudían de visita al pueblo de su mujer. 

El hecho de que el carismático general estuviera tan estrechamente vinculado a Cárcar deja en incognito si pudo jugar algún papel especial en el pueblo el impacto de la guerra.  

           Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz