viernes, 13 de agosto de 2021

FRAY VEREMUNDO SÁDABA, abad en Frómista

Foto: Cope.es

En lo referente a abades, no dio Cárcar solamente los dos de Leyre; hubo más; al menos uno más: fray Veremundo Sádaba.

Iglesia de San Miguel Arcángel. Cárcar

Veremundo Sádaba nace en Cárcar hacia el año 1720. Ingresa en el convento benedictino de San Benito el Real de Valladolid, cuna de la observancia benedictina española y casa principal de la Congregación de San Benito de Valladolid, una de las más influyentes instituciones monásticas de la España moderna. Toma el hábito el día 4 de junio del año 1740, siendo en ese momento abad del monasterio fray Luis Blanco, a quien sustituyó en 1741 fray Andrés de Chávarri, navarro de Los Arcos.

Lo cierto es que los datos sobre Veremundo son muy escasos. Con la desastrosa desamortización de Mendizábal del año 1835, los monjes benedictinos abandonaron el monasterio y con ellos se dispersaron también los archivos documentales que guardaban memoria de siglos de vida monástica. En la actualidad este monasterio vallisoletano se encuentra habitado por los padres carmelitas. Recientemente me puse en contacto con su archivero con la intención de recabar datos, pero me confirmó lo que ya me temía: que no se conserva allí nada de la época benedictina. Lástima; ahí estaría sin duda la ficha de ingreso de fray Veremundo y, en ella, su filiación familiar y la fecha exacta de su nacimiento.

Monasterio e iglesia de san Benito el Real de Valladolid. Foto viajarconelarte.blogspot 

Será, sin embargo, el Abadologio del Monasterio de Nuestra Señora de la Misericordia de la localidad palentina de Frómista (obra del historiador benedictino Ernest Zaragoza Pascual) quien me facilite los escasos datos que se conservan sobre este monje carcarés. Pocos, ciertamente, pero suficientes al menos para saber de su existencia y del rumbo que tomó su vida dentro de la orden.

Frómista se encuentra en la Tierra de Campos palentina, dentro de la histórica ruta jacobea. Su monasterio benedictino de Nuestra Señora de la Misericordia se fundó en el año 1436, aunque no recibió el título de abadía hasta 1538, dependiendo siempre del monasterio de San Benito el Real de Valladolid, del que era casa filial. Como tantos otros monasterios de la congregación, formaba parte de una amplia red monástica que articulaba la vida benedictina en la Corona de Castilla.

Frómista (Palencia). Foto: El Norte de Castilla

En un momento dado fray Veremundo Sádaba se traslada a esta abadía de Frómista. Allí es elegido abad del monasterio para el cuatrienio comprendido entre 1781 y 1785 y, posteriormente, una segunda vez entre los años 1793 y 1800. En ese mismo año de 1800 fallece, siendo enterrado en el propio monasterio que había gobernado.

Mucha y muy rica debió de ser la vida de este monje, pero los datos no dan para más. Treinta y cinco años después de su muerte, al igual que ocurriera en San Benito de Valladolid y en tantos otros monasterios de España, se decretó para esta abadía de Nuestra Señora de la Misericordia de Frómista la exclaustración de los monjes y la desamortización del monasterio. A día de hoy no quedan restos materiales del mismo: nada, ni siquiera un grabado. Tan solo los escasos documentos que se han podido recuperar y que así lo verifican.

¿Cómo fue la vida de Veremundo antes de ser nombrado abad? ¿Cómo transcurrieron los años de su mandato? ¿Realizó mejoras en la abadía, como era habitual en los prelados monásticos de la época? Nada de eso se podrá saber, seguramente; nada más aparece de momento documentado acerca de él.

Que no se pierda, sin embargo, lo poco que hay. Por mi parte, aquí lo dejo consignado.

María Rosario López Oscoz

Agosto de 2021

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Fuentes:

-ZARAGOZA Y PASCUAL Ernest. Abadalogio del Monasterio de Nuestra Señora de la Misericordia de Frómista (1437-1835). Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses. 2000. pag. 156.
-ZARAGOZA Y PASCUAL Ernest. Abadologio de San Benito el Real de Valladolid. 2003. Pag.251
-http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/autoridad/19428

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sábado, 24 de julio de 2021

COFRADÍA DE SANTIAGO EN CÁRCAR. Los Santiagueros



Imagen de Santiago en Cárcar, listo para salir en procesión. Abajo las roscas, panes y queso listos para bendecir y repartir entre los cofrades. Foto: Marisa Roldán

Cada 24 de julio, víspera de la festividad de Santiago Apóstol, es fiesta desde siempre en Cárcar. Ya desde antiguo se le tenía en el pueblo gran devoción a este santo que según la tradición llegó hasta los confines de la tierra en España (Finisterre), difundiendo la fe cristiana.

Imagen vista desde otro punto. Foto: Eva Pérez

Que desde el día anterior a la fiesta hubiera en Cárcar tanta celebración generó en pueblos vecinos algún chascarrillo y un estribillo corría de modo chusco al acercarse la fecha:

San Santiago, el patrón de España,
redentor de Funes, abogado de Cárcar,
y los carcarujos, como son tan "fatos",
celebran la fiesta sin llegar el santo.

Y es que en Cárcar ser "santiaguero" era motivo de orgullo. En este pueblo hay una cofradía dedicada a Santiago con una antigüedad que se remonta al año 1730. Desde entonces, los santiagueros carcareses se han encargado de transmitir la devoción al apóstol de generación en generación y han sido cientos los que a través de los siglos han pertenecido a ella. Vivió la cofradía un período de bonanza en sus inicios, al que siguió otro de tibieza para resurgir con nuevos bríos a partir del año 1761.

Para pertenecer a ella era condición indispensable haber peregrinado a la tumba del apóstol en Compostela; es decir, haber hecho el Camino de Santiago. Este requisito no era en aquel entonces muy asequible por lo que en 1770 y ante el inusitado interés de los carcareses por pertenecer a la cofradía, se pensó en eliminar esta traba. La junta envió al obispado una petición solicitando que se modificara este punto y fue aprobado, aunque con la condición de que sí debía haberlo hecho algún familiar. Además, en ese año se permitió también el acceso a las mujeres. 


Retablo del apóstol Santiago en la iglesia de Cárcar.

Muchos fueron a partir de ese momento los hombres y las mujeres que pidieron ingresar en la asociación. Al año de aprobarse esta norma el número de cofrades ascendía a trescientos noventa y nueve, un tercio de la población aproximadamente.

A principios del siglo XX todavía se podía ver en los legados testamentarios una cláusula en la que se dejaba a los hijos cierta cantidad de dinero “para que visiten el Santo Sepulcro de Santiago, en Galicia”. Y así lo hizo, por ejemplo, mi bisabuelo Juan Rubio Ruíz para con sus hijos varones. En la casa familiar se guardó con celo la esclavina, el bordón y la concha que acreditaba que Juan había hecho en su día el Camino de Santiago. 

En el rito de iniciación se imponía a los neófitos en la iglesia de Cárcar una esclavina sobre los hombros que lucirían ya cada año en su festividad y que los distinguía como santiagueros.

Dos "santiagueros" corriendo la rosca. Años 70. Foto: Julián Mendoza. Tomada del libro: Cárcar Historia, Vocabulario y Plantas. E. Mateo, L.J. Fortún, J.A. Díaz y C. Pardo

A día de hoy la tradición sigue viva y la Cofradía de Santiago celebra desde la víspera, como es de ley, la festividad del apóstol. La tarde del 24 de julio todos acuden a la iglesia. Se cantan las vísperas y a continuación se degusta en el exterior una merienda de hermandad a base de ensalada, pan y queso, previamente bendecido por el párroco. Tras este paso se procede a “correr la rosca”,  que consiste en que dos cofrades se disputen a la carrera la tradicional rosca de Santiago, un bizcocho envuelto en baño blanco y adornado con anises y diversos dulces. Un tercero exhibe a lo lejos el trofeo a la espera de la llegada del vencedor. Éste recibe el premio que en buena hermandad reparte a partes iguales con su contrincante.

Roscas de tradición carcaresa. Foto: Charo López

Los niños acuden ilusionados para recibir la bendición, portando en el pecho las roscas que previamente han preparado con esmero sus madres y abuelas. Y no son pocos los que sin haber cumplido ese requisito previo, le han dado ya un buen bocado al dulce.

Tradición santiaguera festiva que con tesón  la continúan manteniendo viva un nutrido grupo de carcareses. Ojalá no se pierda.


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María Rosario López Oscoz

24 de julio de 2021

Mis bisabuelos por parte paterna y materna, mi abuela, mi padre…, todos ellos fueron “santiagueros”. A ellos dedico este artículo, y a cuantos han sido y son cofrades de Santiago: “Santiagueros” de Cárcar.

Fuente:

LÓPEZ OSCOZ, Mª Rosario. López, Retazos de la Historia de Lerín y Cárcar a través de un apellido. (e.a.). Año 2017.

 

miércoles, 23 de junio de 2021

MALAQUÍAS Y BALTASAR MARTÍNEZ, ABADES DE LEYRE


Monjes llegando a Leyre. Imagen creada por IA

Dos fueron al menos los monjes de Cárcar que ocuparon la silla abacial en la abadía de Leyre (Navarra): fray Malaquías y fray Baltasar Martínez. Ambos pertenecían a la influyente familia Martínez de Cárcar que habitaron la gran casona situada en la calle Mayor y que se extiende por la travesía hasta el otro lado de la manzana. 

Fachada de la antigua casa Martínez, situada en la travesía de la calle Mayor. Las ventanas inferiores corresponden a la capilla particular que se utilizó también después mientras la casa sirvió de convento de monjas. 

Escudo de armas de los Martínez en la fachada de su casa de Cárcar.

Malaquías nace en Cárcar alrededor del año 1705 y es bautizado en su parroquia de San Miguel. Para el año 1722 toma el hábito en la Abadía de San Salvador de Leyre, que en aquel momento perteneciente a la orden del cister, fundada por Bernardo de Claraval y concebida según la regla de San Benito. Como era preceptivo, Malaquías había previamente donado cuatrocientos ducados a la Abadía, “para que con sus réditos se mantuviese encendida una lámpara delante de la imagen de Nuestra Señora”, según se lee en el Abaciologio Moderno de Leire (1501-1836), escrito en 1984 por José Goñi Gaztambide. Profesa Malaquías en 1726 y posteriormente es ordenado sacerdote con licencia para confesar y predicar. 
Asegura Tomás Moral O.S.B., que los monjes cistercienses no tuvieron demasiado notoriedad entre las órdenes religiosas; dice que: “haciendo honor a su nombre de monjes y cistercienses, apenas tenían proyección cultural, política o espiritual”.

Actual portada del monasterio de Leyre. Foto: José Luis Echechipía

No obstante, dentro del cenobio tenían sus encomiendas, y en ellas se destacó fray Malaquías en sus primeros años de monje. Él era el cillerero o procurador, es decir, el encargado de la intendencia. Tenía bajo su potestad a un grupo de monjes en los que apoyarse, siendo por tanto un cometido de responsabilidad; entre sus competencias estaba el abastecimiento de víveres, dirigir el servicio durante la comida, ocuparse de los huéspedes y encargarse de la supervisión de las obras que se pudieran llevar a cabo dentro del monasterio. 

Interior de la abadía de Leyre. Foto: Esther Cruz

El cargo de abad se renovaba cada cuatro años y para proceder a su elección se convocaba a Capítulo General. Aquí se conformaba una lista con los nombres de los tres candidatos a elegir. Esta terna se presentaba al Consejo del Reino de Navarra y de aquí pasaba al rey, que era quien tenía la potestad en última instancia de asignarlos, como Patrono que era del cenobio. Todos los candidatos debían ser  hijos profesos del propio monasterio “por ser mejores conocedores de sus  necesidades”, siendo el primero de la lista quien más posibilidades tenía de salir elegido. 
El rey también tenía potestad para nombrar a los abades de los otros monasterios cistercienses navarros: La Oliva, Iranzu, Marcilla y Fitero.
  
En el año 1744 tocaba elegir el abad de Leyre y el primero en la terna iba a ser fray Malaquías Martínez, sustituyendo a su  paisano Baltasar Martínez de Cárcar; en general estos actos eran rutinarios y no suponían mayor sobresalto, pero esta vez no iba a ser así, ya que de la propia abadía iba a salir una carta dirigida al rey y  firmada por una decena de monjes, “que dijeron ser las dos cuartas partes del Capítulo”, en la que malmetían sin tapujos, tratando de interferir en la elección de fray Malaquías, alegando entre otras cosas que este monje tenía "defecto de profesión, aspereza de genio e incontinencia". Este libelo llegó a manos del virrey, y de ahí al Consejo. 

Dicha carta, “cuyo estilo, impiedad y tiempo la persuaden calumniosa”, según apunta el Abaciologio citado, parece que no gustó mucho al Consejo, respondiendo con unas consideraciones aplastantes en favor de Malaquías :“porque después de 22 años continuos de hábito religioso y asistencia continua a los actos de comunidad, coro, altar, refectorio y sala capitular, a tolerancia e interesencia de tantos, y todos monjes, que ahora, sin citación ni previa relación o queja en su congregación ni en su capítulo monástico, ni ante el diocesano, ni ante el metropolitano, ni ante el papa, lo acusen (…) es evidencia canonizada de calumnia y emulación, y argumento legal de la importancia de este monje y de la facción de sus acusadores”. Y añade: “Este religioso es sacerdote notorio, con licencias para confesar y predicar, sin otro título que el de su cogulla (ser monje)”. 

De la obra de Goñi Gaztambide. 

A pesar del rapapolvo a los firmantes del panfleto, el 10 de septiembre de ese mismo año, el Consejo Real, con la asistencia del virrey (Conde de Maceda) recomienda al rey que mande al Definitorio formar otra terna para Leyre. Felipe V  sin embargo no acepta la recomendación y el 2 de octubre de ese mismo año otorga la mitra abacial de Leyre fray Malaquías Martínez para ese cuatrienio.

Si el contenido de la misiva llegó a oídos de fray Malaquías la situación que se creó en la comunidad, a posteriori, tuvo que ser algo tensa, y solo la pudo rebajar el ascetismo propio de su estado y los votos de obediencia debida al abad. Además, nada sabemos al respecto.

El cargo de abad iba ligado en ocasiones a otro de carácter más temporal en la Diputación del Reino de Navarra, conformada por los tres brazos seculares: eclesiástico, militar y el de universidades o civil. Para representar al brazo eclesiástico se designaba, normalmente, o bien al abad de alguno de los monasterios navarros, o al propio obispo, o también en algunos casos a otro clérigo importante. En abril de ese año de 1744 el cargo de Diputado del Reino en su brazo eclesiástico iba a recaer en el abad de Leyre, a la sazón el otro carcarés citado, Baltasar Martínez, paisano y seguramente pariente de Malaquías, que se encontraba ya próximo a concluir su mandato, y que traspasó a Malaquías cuando este le sucedió como abad
 
Cuando llevaba dos años fray Malaquías  como abad de Leyre y Diputado del Reino, fallece en 1746 el rey Felipe V. Le sucede en el trono su hijo Fernando VI que eligió la ciudad de Pamplona para ser proclamado rey, en reconocimiento a Navarra por haber apoyado a la casa de Borbón en el cambio de dinastía.
 
Por tan fausto motivo, y para mayor realce, la Diputación de Navarra encargó al jesuita José Francisco de Isla que escribiera una crónica que narrara los fastos y celebraciones que se iban a realizar. Y así lo hizo. Tituló el escrito: Triunfo del Amor y la Lealtad, Día Grande de Navarra en la festiva, pronta, gloriosa aclamación del serenísimo catholico rey don Fernando II de Navarra y VI de Castilla.
 
Contraportada del libro de Francisco de Isla. Foto: SpheraMundi

La obra no iba a resultar lo que se pretendía. En la Gran Enciclopedia Navarra aparece una crítica donde se dice que el texto del jesuita “no tiene gracia y abunda en torpezas gramaticales y estilísticas, pero demuestra conocer las interioridades de Diputación, en concreto las de la sesión de diciembre de 1746, y alaba al abad de Leire, Malaquías Martínez, y al diputado Ezpeleta, que criticaron y se opusieron a la gratificación acordada. El abad tenía motivo de resquemor, y Ezpeleta, los diputados y aun los navarros en general, también podían aducir sus motivos, porque para el jesuita “no eran hombres de escuela, pero sí escuela de hombres”, en otras palabras brutos, pero honrados”

Sorprende que ni siquiera el Padre Isla estuviera presente en los actos de proclamación, como tampoco lo estuvo el virrey, ya que ambos se encontraban en ese momento en Arguedas: el virrey rumbo a Madrid, donde acababa de ser promocionado, y el jesuita que había ido a despedirlo. Así que, como ni el rey estuvo presente en su propia proclamación, ni tampoco lo estuvo el virrey, y ni siquiera el fraile cronista que debía relatar los hechos, la crónica iba a quedar deslavazaba, escribiéndola a su gusto, entreteniéndose en caricaturizar a los señores diputados.
 
Francisco de Isla. Foto: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Y así cuenta el P. Isla como vivió la Diputación el momento de conocer la noticia y su modo personal de verlo: “Con efecto, el mismo día en que recibió la diputación la carta de su majestad, disparó volantes a los lugares donde tienen su residencia ordinaria los miembros ausentes de este ilustrísimo gremio…". Tras larga introducción, apostilla: “Vuelvo a decir otra vez, y lo diré otras dos mil, que en los caballeros que componen la diputación del reino de Navarra, la nobleza es lo de menos; porque lo menos que son es lo que fueron sus abuelos, y lo más es lo que son ellos mismos. Escógelos todo el Reino junto en cortes, para fiarles las llaves de sus leyes, y para encargarles la custodia de sus fueros; que después de lo que adoran dentro de la custodia y lo demás que hay sagrado, es lo que mas veneran los navarros”.

Cripta del Monasterio de Leyre. Foto: Esther Cruz

Seguidamente, rompe y rasga citando a los diputados, empezando por fray Malaquías: “Y para que el cotejo no se haga a tientas, venga a noticia de todos que los diputados presentes del ilustrísimo Reino se nombran como se llaman. Y son: por el brazo eclesiástico el señor don Fray Malaquías Martínez, abad cisterciense del real monasterio de Leire: no dije bien real, quise decir celestial, empireal y angelical, aunque en este sentido también es real el monasterio de Leire; porque real y verdaderamente es esto, y mucho más, si es que puede ser más que esto. Sabemos por las historias, que sin salir, o a lo menos sin alejarse mucho de aquel monasterio, aprehendió un monje cómo se pasaba el tiempo en el cielo sin sentir; y que esto se lo enseñó un pajarito, a quien estuvo oyendo cantar el santo religioso con la boca abierta no más que trescientos años, que no se le hicieron tres minutos. Y esto, aunque es historia, no es cuento; que allí se está enterito y verdadero el mismo monje para defender cuerpo a cuerpo esta verdad. Hora bien: si los pajaritos que revolotean alrededor del monasterio son tan celestiales, los que andan dentro de sus claustros, ¿qué pájaros serán? ¿Y qué será el padre Abad? Será, tengan ustedes paciencia, que ya lo voy a decir:
Si su casa es Flos Sanctorum
allá desde luengos días,
el padre Don Malaquías
será el Abbas Abbatorum.
Per saecula saeculorum
dure su nombre también,
y viva, pues vive en
donde, sin miedo a vestigios,
se viven siglos de siglos.
Respondan todos: Amen".

Y seguía de esta guisa con el resto, echando pullas a diestro y siniestro, yendo de menos a más. 

Viendo el trato que le da a fray Malaquías cabe la posibilidad de que el P. Isla hubiera tenido conocimiento de la conspiración de aquellos frailes disolutos para que no saliera elegido abad, al decir eso de: “¿Qué pájaros serán?”. 

La cosa es que este libro sobre los fastos de la proclamación del rey no pasó desapercibido. Antonio Balsón, en su tesis sobre el Padre Isla, dice: El éxito del Día grande fue tal que Pamplona regocijó en la obra durante semanas antes de percibir la ironía tejida en el texto. Sintiéndose insultado, el pueblo pasó de la aclamación a la animadversión, hasta el punto que Isla hubo de huir: “fue tal el escándalo formado alrededor de la publicación del Día grande de Navarra, que se juzgó corría peligro la integridad física del P. Isla y a principios de 1747 su Provincial le insta a que abandone Navarra”.  

Y avalando lo referido al monje carcarés, añade: “el Diputado eclesiástico, Fray Malaquías Martínez, abad cisterciense del monasterio de Leyre a quien Isla describe con un breve poema, quizás por tratarse de un compañero religioso, es el diputado que menos pullas se lleva, quedando prácticamente ileso de la crítica isleña”.

Imagen de San Virila en Leyre. Foto: románicoaragonés.com

Tras este trepidante episodio poco más he podido averiguar sobre fray Malaquías Martínez, tan solo que el 15 de noviembre del año 1745 recibió la visita canónica del vicario general de su Congregación, fray Joaquín Salvador, abad de Fitero, y que al término de su mandato, el 25 de noviembre del año 1748, fue sustituido por el abad anterior, el ya citado Baltasar Martínez de Cárcar. Al igual que Baltasar, también fray Malaquías fue propuesto en 1772 para un nuevo cuatrienio, ocupando en este caso el segundo lugar en la terna, saliendo elegido, como era de esperar, el primero de la lista, fray Antonio Pérez.

Interior de la cripta. Monasterio de Leyre. Foto: Esther Cruz

BALTASAR MARTÍNEZ, ABAD DE LEYRE
Este personaje es casi con seguridad Baltasar Martínez y de Robles, hijo de Manuel y María, nacido en Cárcar el día 15 de enero de 1701. El mismo abadologio del que tomo referencia, dirá de él que fue designado abad de Leyre el día 14 septiembre 1740.  Durante la visita canónica que mientras su mandato realizó el vicario general y abad del monasterio de Valldigna, Luis Sanchís, apunta el abadalogio que: “mandó que se nombrase en Leire lector de Moral, a pesar de que le habían informado que esto no estaba en práctica, y que el abad proseguía la fábrica de los cuartos viejos”. Lo que da cuenta también es que en ese momento la abadía estaba en obras. También que en el año 1742 el abad carcarés permitió que en el coro se pudiera consumir “con mucho disimulo” tabaco, refiriéndose probablemente al rapé. A Baltasar le siguió, como he dicho, fray Malaquías y al cumplir su cuatrienio fue elegido de nuevo fray Baltasar abad por segunda vez.

Goñi Gaztambide dice, que: “si, como parece indicar su apellido, era natural de Cárcar (Navarra), el monasterio de Leire estuvo gobernado durante doce años seguidos por monjes de Cárcar”. Un dato digno de reseñar. 

Los archivos del monasterio de Leyre sufrieron la demoledora desamortización, al igual que ocurriera con muchos de los monasterios de España, por lo que encontrar más datos resulta complicado. De modo que, sin poder añadir más y emulando al jesuita Francisco de Isla, sirva este artículo como contribución para que a pesar de los siglos transcurridos perduren los nombres de los Abbas Abbatorum, fray Malaquías y fray Baltasar Martínez de Cárcar, per saecula saeculorum. Amén. 

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Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz
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Fray Francisco Javier Fortún Ardáiz

Quiero dedicar este artículo al monje benedictino carcarés Fray Francisco Javier Fortún Ardaiz, que habita desde hace más de cinco décadas en la  Abadía de San Salvador de Leyre, consagrando su vida a la oración y a la contemplación. Que suenen los ecos de las pisadas de estos carcareses por los pasillos de la secular abadía por siempre y que sus frutos perduren en el tiempo. 
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Bibliografía y fuentes:

-http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=11897. Voz Isla de la Torre y Rojo, José Francisco.
-http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=8175.Voz Diputado del Reino
-familysearch.org
-FELIPE MONLAU, Pedro. Obras escogidas del Padre José Francisco de Isla, con una noticia de su vida y escritos. Imprenta de la Publicidad. Madrid. 1850.
-GOÑI GAZTAMBIDE, José. Abaciologio moderno de Leire (1501-1836). Studia monástica, nº 26,2,1984. Págs. 795-96.

lunes, 31 de mayo de 2021

IGNACIO MARTÍNEZ. Boticario.

 

Antigua botica de monasterio. Foto: La Voz de Asturias

Ignacio Martínez era natural de CÁRCAR. El documento de donde he extraído este dato no facilita el segundo apellido del personaje, que ayudaría a concretar la búsqueda, pero por las fechas se trataría de Manuel Ignacio Martínez Guillén, nacido en Cárcar  el día 7 de junio del año 1789, hijo de Juan Josef Martínez Sadaba y Josefa Guillén Martínez. Y sería uno de tantos poseedores del apellido Martínez, de Cárcar, que sembraron España de personajes ilustres. Ignacio, regentó la botica del monasterio cisterciense de La Oliva y fue contratado en el año 1830 sustituyendo al anterior boticario, Segundo Santesteban, que había estado de boticario o apotecario apenas cinco meses y medio. El carcarés era ahora contratado por un sueldo anual de 480 reales, a razón de 40 reales al mes. Esta farmacia del monasterio era de reciente constitución ya que justo el año anterior (1829) había sido sustituida por la vieja botica ya que esta había quedado obsoleta. 

Ignacio la regentó durante cuatro años, ya que en el año 1834 le sobrevino la muerte a causa del cólera morbo asiático. Este epidemia fue la primera que llegó a  España en el siglo XIX procedente de la península del Indostán, a bordo sin duda de algún barco; posteriormente se extendió gracias al trasiego y movimiento de tropas en la Primera Guerra Carlista. En el mes de septiembre se presentó en el monasterio de la Oliva contagiándose un anciano monje que falleció. Probablemente al entrar Ignacio en contacto con el monje, para administrarle medicamentos, se contagió y justo al mes siguiente el boticario carcarés fallecía también.
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 María Rosario López Oscoz
mayo de 2021

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Fuentes:

-GARDE GARDE, Juan Manuel. La botica del monasterio cisterciense de Santa María de La Oliva (Navarra). Separata. Revista Príncipe de Viana N.º 276. Año 2020. Pag. 16 (177).

-ORTA RUBIO, Esteban. El cólera. La epidemia de 1834 en la Ribera de Navarra. Plaza Nueva. 25 de marzo de 2020

-Familysearch.org

lunes, 24 de mayo de 2021

EL ORGANISTA Y COMPOSITOR, ESTEBAN ARANAZ Y DE IBARRA


Foto recursostic.educación.es


Cuando se accede al interior de la iglesia de Cárcar, justo encima de la puerta de cancela se puede contemplar el antiguo órgano ibérico construido en el siglo XVIII por el lerinés Joseph de Mañeru. Hace muchos años que este órgano no suena, pero a lo largo de los siglos fueron abundantes los organistas que sentaron plaza y pasaron por esta iglesia armonizando y realzando las funciones litúrgicas gracias a las notas salidas de tan prodigioso instrumento. Eran organistas de carrera y accedían al puesto por medio de contratas después de someterse a un duro y disputado examen previo. Mientras duraban los contratos los organistas se trasladaban al lugar junto con sus familias para llegar en algunos casos a asentarse definitivamente en el pueblo, prolongando allí el apellido durante generaciones. Ya he destacado en otro post a Bernabé Fortuño, otro organista en este caso autóctono; ahora me centraré en Esteban Aranaz. Confío en poder con el tiempo ampliar esta lista.

 

Coro musical. Foto asociación litúrgica magnificat


Esteban Joaquín Aranaz y de Ibarra (abuelo que era de Juan Cruz Aranaz, estudiado en la anterior entrada al blog) nace en Arguedas (Navarra) el 11 de septiembre del año 1770;  era hijo de Pedro e Isabel. A los once años comenzó su educación musical en la Escuela de infantes de la Catedral de Pamplona donde formó parte del coro catedralicio entre los años 1781 y 1786, año en que cesó al mudarle la voz. Esta escuela de infantes se creó en el siglo XIII y era una de las más antiguas de España. Siguió Esteban la carrera musical y en el año 1789 ganó por oposición la plaza de organista en la iglesia de Santa María de Sesma, sucediendo en el puesto a Miguel Antonio de Piérola, según asegura en un estudio Fernando Abaunza. Allí conoce a una joven sesmera llamada Esperanza Escalzo Guerrero con la que se casa el 11 de abril del año 1792, año en se presenta también para intentar conseguir la vacante que se produce en la organistía de San Pedro de Viana. Por eso, tras promulgarse el edicto en distintas ciudades de Navarra y otras provincias se presentó de aspirante junto con  Cristóbal Prior, Antonio Uztáriz, Fernando Sarasa, Pedro Vidondo, Miguel Eguren y Vicente Pérez de Artagoitia. El examinador fue Manuel Antonio de Iribarren,  maestro organista de la iglesia de Santiago de Puente la Reina, y aunque concluyó el experto que el mejor en el apartado de composición había sido Aranaz, en lo referente al manejo, estilo y acompañamiento había sido superado por Artagoitia, por lo que le dieron la plaza a este. El dato lo recoge Juan Cruz Labeaga Mendiola en la página 36 de su estudio La Música en la Parroquia de San Pedro de Viana. Asegura Labeaga Mendiola que dicho examen duró desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde.

 

Ilustración de la época.  Bach tocando el órgano. Foto historia de la música. wordpress

Al no conseguir la plaza en Viana continuó Aranaz de organista en Sesma donde nacieron sus tres primeros hijos. Más tarde se traslada con su familia a Arguedas, su pueblo natal, donde se hace cargo del órgano de su iglesia. En Arguedas nacen y son bautizados otros tres hijos más; uno de estos será Miguel Aranaz, el padre de Juan Cruz.

Para el año 1805 se encuentra Esteban ya de organista en la San Miguel de Cárcar, y el 21 de diciembre de 1805 nace aquí el último de sus hijos, de nombre Juan Thomas. Y en Cárcar será donde se asiente definitivamente con su familia. 
En el año 1824 seguía todavía constando como organista y despertando la vocación especialmente de su hijo Miguel que seguiría su pasos.  Esteban no se limitó solamente a tocar el órgano ya que también compuso algunas obras como el Kirie de la Misa a cuatro violines, que recoge Fernando Abaunza Martínez y que se guarda en archivos, al parecer todo un dosier. 

Kyrie a 4 violines compuesto por Esteban Aranaz. Foto: Fernando Abaunza


Desconozco hasta donde pudo llegar el espíritu creador de Aranaz, pero seguramente hubo muchas mas composiciones  que salieron de su mano e ingenio y que se posarían en su día en el atril del órgano dándoles vida, para quedar finalmente olvidadas entre legajos y papeles, viniendo posteriormente a desaparecer de la parroquia, ya que por mucho que he buscado no he encontrado ninguna. 

 

Detalle del órgano de la iglesia San Miguel de Cárcar. 


En esa época, entre las funciones que desarrollaba un organistas estaba también la de educar en doctrina a los niños, además de la enseñanza y formación de un coro que le acompañara en los oficios litúrgicos. Tuvo que ser un deleite escuchar  esas misas armonizadas por Aranaz y cantadas por el coro. En un pequeño ejercicio de introspección, cuando me encuentro en este hermoso templo me gusta imaginar como sería el sonido y los ecos de los acordes que envolvieron al recinto sacro vibrando por cada uno de sus rincones.

Justo encima del secreto del órgano de esta iglesia de Cárcar se puede leer el siguiente texto escrito en latín: Laudáte Dominum in Chordis et Organo, que viene a significar: alabado sea el Señor con cuerdas y flautas. Dulce y elevado sonido que enmudeció tiempo atrás y que tanto está costando recuperar.

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María Rosario López Oscoz.
 Lerín, Mayo de 2021

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Fuentes y bibliografía:

-familysearch.org

-ABAUNZA MARTÍNEZ, Fernando. Diccionario de Músicos Vascos. Año 2017. pag. 36
-GEMBERO USTÁRROZ, María. Diccionario de la Música Española e Hispanoamericano. Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 1999. T.1, p. 548.
-LABEAGA MENDIOLA, Juan Cruz. La Música en la Parroquia de San Pedro de Viana.
-LÓPEZ OSCOZ, María Rosario. López, Retazos de la Historia de Lerín y Cárcar a través de un apellido. (e.a.). Año 2017



sábado, 17 de abril de 2021

JUAN CRUZ ARANAZ, BENEFACTOR DE CÁRCAR

Juan Cruz Aranaz. Foto en detalle extraída del nº 77 de la Revista Ilustrada La Atalaya.

Si se accede al pueblo de Cárcar por el lado del barrio de Vista Alegre se llega al centro urbano atravesando  toda la calle Portal (nombre dado sin duda porque al comienzo de esa calle debió de estar la antigua puerta de la muralla por la que se accedía a la población). Pero aunque ese es el nombre que habitualmente se utiliza, no es sin embargo el oficial ya que el correcto sería: calle de D. Juan Cruz Aranaz, como así lo muestra la placa que en 1928 se colocó sobre la fachada de la casa anterior al clausurado Café Lorente. En dicha placa, y no sin cierta dificultad a causa del deterioro, se puede leer el siguiente texto:

CALLE DE D. JUAN CRUZ ARANAZ
HIJO ESCLARECIDO Y BIENHECHOR DE ESTA VILLA
(Q.E.P.D.)
FEBRERO 19 Y ABRIL 22 DEL AÑO 1928

Placa indicativa 

No creo que haya muchas personas que nombren a esta  calle así, ni probablemente tampoco quien sepa dar demasiados datos sobre tan “esclarecido” personaje. Entonces, ¿Quién fue este señor que mereció tales elogios, al punto de que Cárcar le dedicara una calle? Para responder a esta pregunta y saldar de algún modo como carcaresa la deuda contraía con él, me dispongo a realizar un ejercicio de investigación y recomponer los hitos más importantes de su vida, que, con ser muchos, no lo fueron tanto como los beneficios que aporto a su pueblo con su legado como benefactor.

Nace Juan Cruz en Cárcar (Navarra) el día 3 de mayo del año 1847. Fueron sus padres, Miguel Aranaz Escalzo y María Eusebia Díaz Hernández. Sus abuelos paternos: Esteban Aranaz y Esperanza Escalzo, y los maternos Juan Francisco Díaz Mateo y Maria Fermina Luisa Rufina Hernández Alzueta. El abuelo Esteban era músico y compositor, además de ser el organista de la iglesia de Cárcar, después de haberlo sido anteriormente de las parroquias de Sesma y Arguedas,  siendo este último su pueblo natal. Los hijos de Esteban y Eusebia fueron bautizados en estas tres parroquias, según donde se encontraba la familia asentada al abrigo del trabajo del padre. Miguel, el padre de Juan Cruz, había nacido en Arguedas en el año 1803 y todo apunta a que fue también organista de profesión como su progenitor. De modo que ejercería primero en San Adrián -antes de recabar en Cárcar donde se estableció definitivamente- ya que buena parte de sus hijos nacieron en aquel pueblo navarro. A saber: Fermina Águeda, María Victoria, Alejo Faustino, Ciriaco, Manuel María y Telesfora. Hacia el año 1840 la familia se traslada a vivir a Cárcar para tomar probablemente Miguel el relevo de su padre en la parroquial de Cárcar y aquí nacerán el resto de sus hijos, hasta completar la decena: Felipa, Venancia, Juan Cruz  y Matías Aranaz y Díaz.

Órgano de la Iglesia San Miguel Arcángel de Cárcar.

 De los hijos varones del matrimonio dos de ellos hicieron carrera eclesiástica: Alejo y Juan Cruz. Alejo será durante muchos años el párroco de Cárcar y su figura quedó especialmente vinculada a la historia de Micaela Zumalacárregui, al ser nombrado por ésta su albacea testamentario y su director espiritual mientras el tiempo que la joven se encontraba en Cárcar, como ya quedó reflejado  en la entrada a este blog que dediqué a esta hija del general carlista.  Por su parte Juan Cruz  llegará todavía más lejos. Inicia la carrera eclesiástica en el Seminario Conciliar de Pamplona donde pronto se le descubren grandes dotes para el estudio, lo que hizo que se trasladara a la Universidad Pontificia de Salamanca para ampliar su formación. En Salamanca se licencia, y posteriormente se gradúa como Doctor en Sagrada Teología, obteniendo en ambos casos las calificaciones nemine discrepante. Vuelve al Seminario de Pamplona donde se hace cargo de la Cátedra de Latinidad, y más tarde es nombrado Catedrático de Lógica y Metafísica en dicho Seminario. En esos años tendrá Juan Cruz ocasión de desplazarse a su pueblo de Cárcar en los períodos vacacionales.  Durante este tiempo llegó a entablar amistad, al igual que su hermano y  resto de la familia, con la hija  Zumalacárregui, ya que ella también venía en ocasiones de visita a Cárcar, tanto acompañada de su madre, como después ella sola al quedar huérfana. Se hospedaban en la casa de la tía Ambrosia y su marido Francisco Jáuregui.  Pancracia y su hija Micaela llegaron a intimar mucho  con la familia Aranaz. Al morir la madre, Micaela seguiría esa amistad que duró hasta su muerte, ocurrida precisamente  encontrándose en Cárcar, como ya dejé dicho en el citado artículo. Cuando Micaela quedó huérfana, fue Juan Cruz quien le asesoró y le ayudó a poner en orden todos los papeles, hasta el punto de que la joven se refería a él como “mi secretario” y “mi amiguito”. A la muerte de Micaela, también ayudó Juan Cruz su hermano Alejo a cumplir las últimas voluntades de la finada.


Seminario Metropolitano de Zaragoza. Foto: zaragoza.arquitectura.sigloXX


CANÓNIGO Y RECTOR DEL SEMINARIO
En el año 1879 Juan Cruz oposita el cargo de Canónigo Magistral de Lérida; aspirando al puesto se presentaron otros diez candidatos más, casi todos personajes de gran peso, entre los que se encontraban seis rectores de distintos seminarios diocesanos y hasta el mismo vicesecretario del obispo de Lérida; será sin embargo Juan Cruz quien consiga la plaza. La ocupó durante un período de siete años, hasta que en el año 1886 es nombrado, también por oposición, Canónigo Lectoral de la Santa Iglesia Metropolitana de Zaragoza. A su llegada a la capital maña ejerció enseguida como profesor de Teología en el Seminario Metropolitano San Valero y San Braulio y pronto será nombrado Rector del mismo. 

Rosario de Cristal. Portando el farol que representa la Basílica del Pilar. Foto: Agustín Garnica

COFRADÍA DEL ROSARIO DE CRISTAL

El día 26 de diciembre del año 1888 quedó constituida en Zaragoza la Real Cofradía del Rosario de la Aurora de la Santa Angélica Capilla de la Virgen del Pilar, también llamado Rosario de Cristal; su primer presidente y fundador fue el cardenal arzobispo de Zaragoza don José María Prá y Duarte, que nombró como a vicepresidente  a Juan Cruz. Actualmente esta Cofradía tiene su sede en la iglesia del Sagrado Corazón que se encuentra ubicada en la plaza de S. Pedro Nolasco de la capital maña. Desde ese año, todos los días  13 de octubre (siguiente a la festividad del Pilar) tiene lugar por las calles de Zaragoza una singular procesión en la que desfilan vistosos monumentos de cristal llevados en carrozas y acompañados por la Escolanía de Infantes del Pilar. A este evento también se le llama la Procesión de los Faroles, pues en lugar de velas, hachas y estandarartes procesionan valiosos faroles, auténticas  vidrieras iluminadas, según proyecto concebido por el entonces arquitecto del consistorio, Ricardo Magdalena.

Procesión del Rosario de Cristal. Farol representando la Hispanidad. Foto: Agustín Garnica


PRO-CANCILLER DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE ZARAGOZA
En el año 1897 se creará la Universidad Pontificia de Zaragoza y el Papa León XIII nombra a Juan Cruz Pro-Canciller y Prefecto de Estudios de este centro.

Además de estos altos cargos  y ateniéndome a la información que facilita la Revista La Atalaya, ese mismo año de 1897 Juan Cruz es nombrado Capellán de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, y fue Director-Consiliario de otras diversas asociaciones que la citada revista no especifica.

Palacio de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza. Foto: zaragozago.com

 INFLUENCIA DOCENTE. MIGUEL ASÍN PALACIOS
En su etapa como educador, este profesor y clérigo carcarés influyó notablemente en muchos de sus alumnos, de entre los que habría que destacar al estudioso y prolífico escritor zaragozano Miguel Asín Palacios, experto arabista e islamólogo. Al parecer las clases que Aranaz impartía en el Seminario Conciliar influyeron en este hombre hasta el punto de  decantarse y encarrilar sus estudios hacia la teología escolástica islámica. Diversos estudiosos sobre la vida y obra de Asín Palacios así lo aseguran, y especialmente James Monroe: “las clases de teología dogmática de Juan Cruz Aranáz ayudaron a Asín para orientarse a trabajar sobre temas de la filosofía musulmana medieval y teología escolástica islámica. Cuando Asín Palacios fue elegido profesor regente de Latinidad y Humanidades en el Seminario zaragozano fue el propio Aranaz quien le escribió una carta informándole que había sido seleccionado para el puesto.

Miguel Asín Palacios. sites.google.com

 
ARANAZ, ORADOR SAGRADO Y ESCRITOR
Juan Cruz sobresalió también  como gran orador sagrado; tiene en su haber publicados notables sermones y discursos, de entre los que destaca el Panegírico dedicado a  San Jorge Mártir, patrón de Aragón, y cuyo texto publicó la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza el día 24 de abril del año 1887, de la que era por cierto su capellán.
 
Portada del panegírico dedicado a San Jorge

En la página 19 de este panegírico, Aranaz se expresaba así disertando sobre San Jorge: “Allí en oriente junto a tu patria, una región entera te recordará por siempre llevando tu nombre; aquí en occidente, lejos de tu patria, una región noble y heroica te invocará con dulces lágrimas aclamándote su Patrono; y aquí y allí, en oriente y occidente, las milicias cristianas te aclamarán su honor y su guía”. San Jorge fue un santo al que se acogieron a lo largo de la historia multitud de nobles, infanzones, caballeros y en general todas las personas que habitaban el antiguo Reino de Aragón, como asegura Armando Serrano Martínez  en el libro
“La Cofradía de Infanzones de S. Jorge de Acañiz (1420-1521)”. Aranaz publicó también otro panegírico dedicado a San Francisco Javier y sendos discursos que leyó en diferentes Congresos Católicos de Madrid y Zaragoza.




Juan Cruz Aranaz. Foto al completo que recoge el nº 77 de la Revista Ilustrada La Avalancha.

PORTE MODESTO Y AFABLE TRATO
En su número 77, la propia Revista Ilustrada La Avalancha dice de Aranaz que, además del alcance de su vasta formación y elocuencia ello “no era óbice para ser de porte modesto y afable trato, hecho que le hizo ganarse grandes simpatías entre los que le trataron”.

 Publicó diferentes sermones y artículos, como el sermón que proclamó con motivo del Jubileo Sacerdotal del Papa León XIII, o el discurso acerca de Santo Tomás de Aquino, pronunciado en el Círculo de San Luis Gonzaga, y otros discursos sobre la enseñanza respecto de la Soberanía Pontificia, leídos en los Congresos Católicos de Madrid y Zaragoza, entre otros. Otros artículos publicados en prensa los firmaba ocultando su nombre con las iniciales L.E. También ocupó espacios en los periódicos de la época a través de diversas notas de prensa donde figuraban los lugares a donde era requerido para predicar y realizar diversas funciones propias de su estado. A finales del año 1898 pasó por alguna importante crisis de salud y El Eco de Navarra, en su edición del día 25 de enero del siguiente año lo reflejó así en su segunda página: “está fuera de peligro el M.I. señor D. Juan Cruz Aranaz, canónigo Lectoral del Cabildo metropolitano de Zaragoza y Rector del Seminario pontificio de S. Valero y S. Braulio”. El 22 de marzo de ese mismo año, ese mismo periódico ya había registrado su fallecimiento. Tenía 52 años. Sus últimas voluntades fueron las de una persona conocedora del valor y  la importancia de la formación y la trasmisión de la cultura, y sabedor de los pocos medios que muchas familias tenían para dar estudios a sus hijos, no dudó en ofrecer su patrimonio para destinarlo a esa finalidad. En ese momento se acordó de su pueblo, con el que probablemente siempre estuvo en contacto y mandó que con su patrimonio se crearan dos becas de estudio “para estudiantes navarros, preferentemente de Cárcar”.

Un puñado de jóvenes carcareses las pudieron disfrutar. Uno de ellos llegó a ser obispo de Lugo, don Antonio Ona de Echave, y don Crisóstomo Oses, prelado doméstico del Papa en Uruguay. También hubo otros chicos de Cárcar que aprovecharon estas becas y, aunque no llegaron a eclesiásticos, recibieron sin embargo en el Seminario zaragozano una buena formación que les permitió desarrollar otras profesiones de éxito. 

D. Antonio Ona de Echave, obispo de Lugo

El pueblo de Cárcar, consciente de la deuda contraída con Aranaz, le dedicó en el año 1928 la calle a la que me he referido al principio de este artículo.

Que se sume pues también esta semblanza a su memoria, a la que se podría añadir la recuperación y conservación de esa placa que pende sobre la fachada de la calle que lleva su nombre. De este modo, si algún visitante pregunta por la historia y las bondades del personaje sepamos contestar orgullosos que fue un hombre notable y generoso, que se desvivió por la formación de los jóvenes y especialmente para aprovechamiento de los jóvenes de su pueblo.

Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz

Fuentes:

-AHMED ALY Eneas Aly. “Fundamentos teóricos del proyecto intelectual de Asín Palacios y consecuencias en sus estudios acerca de Ibn Hazm de Córdoba”, PAG. 35. TESIS DOCTORAL. MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, FACULTAD DE FILOLOGÍA. Año 2018.
-Diario de Huesca - 05/03/1883-Página 7 
Díaz de Rada Ruiz, Juan Antonio; MATEO GAMBARTE, Eduardo. Breve historia cotidiana del siglo XX de Cárcar. Pag. 146. Cárcar Historia, Vocabulario y Plantas. 2002.
-El eco de navarra 25 de enero 1999
-La Avalancha, Revisa Ilustrada. Año IV. Número 77
-SERRANO MARTÍNEZ Armando. La Cofradía de Infanzones de San Jorge de Alcañiz (1420-1521). Pag. 762.
-Familysearch.org