viernes, 5 de julio de 2024

ANTONIO SÁDABA MARÍN, MISIONERO AGUSTINO RECOLETO


Antonio Sádaba Marín O.A.R. Foto: familia Mendoza-Lizaldez

La semilla que sembró el sabio Marín Sola entre algunos de sus familiares dio mucho fruto. Siguiendo su estela quedaba todavía un tercer sobrino por entrar en religión: Antonio Sádaba Marín, hermano del P. Paco, pero este no ya como dominico sino agustino recoleto.

Antonio nace en Cárcar el día 13 de junio del año 1925. Hijo de Leonardo Sádaba Lasarte y Ricarda Marín Sola, era el más joven de los hijos y nace en el domicilio familiar de la calle de Medios. Su padre era labrador y su madre ama de casa. Sus hermanos mayores: Francisco O.P., María Gracia, Elena, Jesús, María y María Carmen Sádaba Marín. Antonio era trece años menor que su hermano dominico, por lo que para cuando nació Antonio, Paco ya estaba estudiando en los dominicos de Valladolid, a punto de tomar el hábito.

Ingresa Antonio en el convento de la Orden de los Agustinos Recoletos de Monteagudo donde inició sus estudios. Con 18 años, hace el día 9 de octubre de 1943 los votos simples, y se ordena sacerdote en Marcilla el 24 de julio de 1949. Era en Marcilla donde estaba desde el año 1865 el Colegio Máximo de Teología para la Provincia de san Nicolás de Tolentino.

El P. Antonio Sádaba en sus primeros años de fraile. Foto familia Irigoyen-Reyes

De Marcilla pasó al Colegio Seminario San José de Lodosa, fundado en el año 1925, donde fue formador de aspirantes al sacerdocio. 

Colegio Seminario San José de Lodosa (desaparecido). Foto: Facebook antiguos alumnos 

Tras unos años en Lodosa lo destinan ya fuera de Navarra y, como ya parecía ser costumbre en la familia, marcha de misionero a Filipinas, a la isla de Palawan. En esta isla había estado también muchos años antes, en el año 1872, el P. Ezequiel Moreno, después canonizado y declarado santo patrón de los enfermos de cáncer. 

No he encontrado datos de cual fue la función que desarrolló el P. Antonio en Palawan, pero su necrológica advierte de que fue un misionero “muy activo y emprendedor, realizando una labor extraordinaria en aquellos lugares en que le ha tocado actuar” por lo que hay que dar por hecho que su paso por aquí también dio sus frutos; estando en este sitio tan alejado le sorprendió la noticia del fallecimiento de su hermano Francisco (P. Paco), muerto  en accidente de tráfico en Sarón (Cantabria) cuando iba a comprar menaje para el convento dominico de Arcas Reales, del cual era administrador, por lo que Antonio sufrió este hecho en la distancia y, tristemente, no pudo acudir a sus funerales.  

Los hermanos Francisco y Antonio Sádaba Marín. Foto: familia Mendoza-Lizaldez

En el año 1961, cuando tenía ya 36 años, se le asignó al P. Antonio otra nueva misión. Ahora debía salir de Filipinas y embarcarse rumbo a la capital mejicana, al  Hospital General de la ciudad de Méjico. El hospital estaba a la afueras y se había construido allí para una mejor recuperación de los pacientes. Del año 1906 databa la iglesia, próxima al hospital y que se había dedicado a la Virgen de Guadalupe. Como el templo, que era de reducidas dimensiones, estaba tan próximo al Hospital General, se le acabó llamando Nuestra Señora de Guadalupe de los Hospitales y siempre había habido algún sacerdote atendiendo a los enfermos del centro hospitalario. 

Antigua iglesia de hospitales de la ciudad de Méjico, de estilo neogótico 

En tiempos de la guerra cristera la pequeña iglesia se clausuró y se convirtió en propiedad privada empleándose para almacén de semillas, lo que hizo que sufriera su cimentación. Como los enfermos, en su mayoría católicos, reclamaban la presencia de sacerdotes que los atendiera espiritualmente, se pensó en abrir de nuevo la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe de Hospitales, erigiéndose como parroquia en el año 1947. Pero ahora el arzobispo tenía que buscar quienes se hicieran cargo de la atención espiritual del complejo, por lo que pensó para este cometido en los agustinos recoletos . Así que, como relatan las crónicas:  “El día 2 de octubre de 1961 tomó posesión de la parroquia el Párroco y prior Fr. Antonio Sádaba, que junto con Fr. Eugenio Garayoa, Fr. Jesús Lizarbe y Fr. Aurelio Lerena iniciaron esta gran labor”

El arzobispo y cardenal Miguel Darío Miranda dirá en la entrega de la parroquia a estos agustinos: “Conozco bien el espíritu y la preciosa labor que los padres Agustinos Recoletos de la Provincia de San Nicolás de Tolentino vienen desarrollando desde hace muchos años, con gran sacrificio y desinterés económico, sin más anhelo que el bien de las almas, en distintos rumbos pobres de la Ciudad. Aprecio en lo que vale la ayuda moral que estos Padres vienen prestando en la arquidiócesis. Es por ello, por lo que deseamos ardientemente encomendarles el cuidado de esta Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de los Hospitales, con la seguridad de que el sacrificio, el celo, y el eficaz y fecundo apostolado que la parroquia exige, han de estar siempre garantizados con el lema “Ciencia y Caridad” de estos dignos hijos de San Agustín”

Bendición de la primera piedra para la construcción de la nueva iglesia. Bendice el arzobispo, monseñor Miguel Darío Miranda. El P. Sádaba a la izquierda de la foto. Foto:https://agustinosrecoletos.org/2010/12/1-50-anos-de-atencion-en-los-hospitales/

Dos años más tarde se hizo una ampliación de los hospitales, inaugurada por el Presidente de Méjico Adolfo López Mateos, con el consiguiente aumento de camas hospitalarias, por lo que el arzobispo pensó entonces en construir un nuevo templo acorde a tanta demanda. 

Vista aérea del complejo hospitalario CARDI de la ciudad de Méjico. Foto: https://agustinosrecoletos.org/2010/12/1-50-anos-de-atencion-en-los-hospitales/

Hoy en día reúne la atención hospitalaria de esta zona lo que se denomina CARDI (Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral) y abarca al Hospital General de México, el Hospital Infantil de México Federico Gómez y el Centro Médico Nacional Siglo XXI. Estos centros atienden al año actualmente a unos 50.000 pacientes, con 850.000 consultas externas, y se registran alrededor de 2.500 defunciones.
 
Fray Antonio revestido, bendiciendo alguna otra obra de los hospitales. Año 1963. Foto: https://agustinosrecoletos.org/2010/12/1-50-anos-de-atencion-en-los-hospitales/

El P. Sádaba iba a gestionar ahora una obra de envergadura por lo que necesitaban financiación. Así que se las ingenió haciendo hasta incluso rifas. Las obras duraron poco más de un año y para el día 26 de junio del año 1964 la nueva iglesia fue ya bendecida, y es la que se conserva a día de hoy. Pocos días después fue resaltado el hecho en un programa especial de televisión, tanto de la belleza del nuevo templo como la labor que realizaban los agustinos recoletos.

Aquí en la caseta donde se hacía la rifa para recaudar fondos para la construcción de la nueva iglesia. Foto: https://agustinosrecoletos.org/2010/12/1-50-anos-de-atencion-en-los-hospitales/

Altar y presbiterio de la actual iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe de Hospitales. Ciudad de Méjico

Después de ejercer en Méjico DF su ministerio durante nueve años, el P. Antonio Sádaba regresa en 1970 a su tierra. Ya en España le nombran Consejero y Vicario Provincial, a la vez que Director del Boletín interno de noticias AL HABLA-OAR
 
Apenas cuatro años disfrutó de su estancia en España, y de sus nuevas asignaciones, ya que el día 22 de abril del año 1974 va a fallecer en Pamplona, inesperadamente, a consecuencia de una angina de pecho Tenía en ese momento 49 años de edad. Se cumplía de nuevo la teoría de que la vida del misionero deteriora tanto físicamente que pocos llegan a viejos.
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Durante el transcurso de esos últimos años volvió en más de una ocasión a su Cárcar natal a ver a su familia y amistades, y contaría a más de uno sus andanzas por esos mundos en los que ejerció su misión. También es posible que haya todavía quien lo recuerde. De ser así, sería ilustrativo que dejara aquí su testimonio en forma de comentario. 

MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ

Fuentes: 
-Necrológica firmada en Madrid el 25 de abril de 1974 por fray Javier Pipaón Monreal, Prior Provincial en aquel momento, y que me ha facilitado el P. Pablo Panedas O.A.R., al que agradezco desde aquí su colaboración.
-https://agustinosrecoletos.org/2010/12/1-50-anos-de-atencion-en-los-hospitales/
-CARDI Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral, A.C. Hospital General de México, Hospital Infantil de México Federico Gómez y el Centro Médico Nacional Siglo XXI. cardi.org 
-familysearch.org
-Y agradezco de nuevo a las familias Irigoyen-Reyes y Mendoza-Lizaldez por facilitarme las fotografías de los hermanos Francisco y Antonio Sádaba Marín, que me han servido para ilustrar ambos artículos.

miércoles, 12 de junio de 2024

FRANCISCO SÁDABA MARÍN (P. PACO). ENSANCHANDO FRONTERAS

Detalle del retrato que aparece más abajo, correspondiente a la foto cedida por la familia Irigoyen-Reyes 

La estela del famoso teólogo carcarés, Francisco Marín Sola, alcanzó a tres de sus sobrinos: el ya destacado Leonardo Pellejero Marín, y a los hermanos Francisco y Antonio Sádaba Marín, hijos de Casimira y Ricarda, respectivamente, hermanas ambas del sabio dominico. Del P. Leonardo ya he dado cumplida cuenta en capítulo anterior y ahora lo haré con su primo Francisco. Antonio, que fue agustino recoleto, ocupará también espacio propio en este blog.

Francisco, hijo de Leonardo Sádaba Lasarte y Ricarda Marín Sola, era el hijo mayor del matrimonio y nace en el domicilio familiar de la calle de Medios el día 6 de marzo del año 1911. Leonardo, su padre, era labrador y su madre, Ricarda, se dedicaba a las tareas del hogar. Después de Francisco nacerán: María Gracia, Elena, Jesús, María, María Carmen y Antonio Sádaba Marín.

Retrato del P. Paco junto a su hermano Antonio (agustino recoleto). Foto cedida por la familia Mendoza-Lizaldez 

 A Francisco se le conocía como Paco, y así se le llamó incluso durante su vida de religioso. Es muy probable que Francisco (en lo sucesivo Paco) y su primo Leonardo  se fueran juntos a estudiar con los dominicos, aconsejados quizá por el tío, y juntos ingresaron en el vallisoletano colegio de La Mejorada de Olmedo. Como Paco era tres años más joven que Leonardo en los primeros cursos de Humanidades irá siempre una asignatura más atrás, por lo que no coincidieron en las clases, aunque sí en los espacios comunes. Concluida esta parte de formación, mientras Leonardo se iba a Ocaña, Francisco lo hacía al colegio de Santo Tomás de Ávila donde cursará Filosofía y Lugares Teológicos. Aquí tomó el hábito el día 8 de septiembre del año 1926 y hace la profesión temporal o simple el 10 de septiembre del año siguiente, justo al día siguiente en que Leonardo había hecho también allí  la profesión simple, tomando ya ambos rumbos distintos. 

De Ávila pasó Paco a los Estados Unidos de América, (como lo había hecho anteriormente su tío el P. Marín) al centro de estudios que los dominicos de la Provincia del Rosario tiene en Rosaryville, en el estado de Luisiana, donde hizo los cuatro cursos de Teología; a su conclusión, hace la profesión solemne el día 7 de marzo del año 1932 y es ordenado sacerdote un 10 de agosto del año 1935.

Centro de estudios de los dominicos en Luisiana. Foto: Jorge López Teulón 

Ya sacerdote, su primer destino fueron las islas Filipinas. Una vez allí fue asignado al convento de Santo Domingo de Manila, donde, a lo largo de los cinco años siguientes fue cantor y director de la capilla de tiples. La voz del P. Sádaba era al parecer de mucha sonoridad y, con posterioridad, uno de sus alumnos llegó a  calificarla como “supersónica”. Pronto pasó como profesor al colegio San Juan de Letrán a la vez que recibía clases de Teología en la Universidad de Santo Tomás, donde se licenció. Tanto en Rosaryville, como en el colegio y la universidad de Manila la figura del P. Sádaba marcó su propia personalidad pero sería fácilmente reconocido como el sobrino del sabio y recordado profesor y teólogo Marín Sola, y ante su tumba rezaría en más de una ocasión mientras su estancia en Manila.

Universidad de Santo Tomás de Aquino en Manila. Foto: La Vieja España

Es muy grande la huella que desde los primeros años han ido dejando los dominicos en Filipinas y que empezó en 1587, año en el que se establecieron. Enseguida de llegar levantaron el convento de Santo Domingo, y en el año 1611 erigieron en Manila Intramuros la citada universidad de Santo Tomás, la más antigua de Asia y la universidad católica que más alumnos tiene actualmente a nivel mundial. En 1620 nació también a su amparo el prestigioso colegio de San Juan de Letrán, y en todos estos centros se movió con soltura el P. Paco Sádaba al igual que lo había hecho su tío. 
 
Se avecinaban ahora tiempos difíciles para Filipinas y el P. Sádaba vivió muy de cerca las consecuencias de la ocupación japonesa en las islas mientras la guerra que el ejército nipón mantenía con los Estados Unidos de América, iniciada en diciembre de 1941. 

El P. Paco era de espíritu activo y animaba a los estudiantes a practicar deportes. Entre los años 1941-46 fue moderador atlético de los equipos universitarios colegiados, del Colegio San Juan de Letrán, por lo que se encontraba a cargo de ellos cuando los japoneses invadieron Manila. El ejército nipón arrasó muchos edificios, también el beaterio de Santa Catalina de Siena regentado por las madres dominicas. “Cuando lo japoneses destruyeron este edificio el 28 de diciembre de 1942, la imagen fue evacuada bajo la dirección del P. Francisco Sadaba O.P. de Letrán. Las sirenas antiaéreas aterrorizaron a los portadores, que abandonaron la imagen en la calle mientras corrían a refugiarse en la casa religiosa jesuita de Intramuros. Finalmente, todos llegaron al campus de la Universidad de Santo Tomás": https://andalltheangelsandsaints.blogspot.com/2015/  Este testimonio publicado en el blog And all the angels & saints produce escalofríos y es fácil imaginar el temor y el peligro cierto de morir al que todos estuvieron expuestos.

Imagen de Santa Catalina de Siena procesionando en Manila. Foto: And all the angels & saints blogspot 

La imagen de Santa Catalina sigue procesionando a día de hoy en su día y en la fiesta de la Virgen de la Naval de Manila. A consecuencia del enfrentamiento bélico fueron muchos los daños colaterales que diezmaron a la población filipina hasta alcanzar cifras espeluznantes de muertos; más de cien mil civiles, en el mejor de los casos. 

Así quedó Manila tras el bombardeo americano y la destrucción y masacre japonesa sobre la población. Foto: ABC 

En los últimos coletazos de esta denominada Guerra del Pacífico, la ciudad de Manila fue bombardeada sin piedad y, como no podía ser de otro modo, también afectó a los centros de los dominicos; once bombas cayeron sobre el convento de Santo Domingo y nueve en el colegio de San Juan de Letrán, con sus correspondientes incendios. Afortunadamente no hubo víctimas allí al haber sido desalojados, pero los edificios quedaron muy afectados; tuvieron que buscar refugio en el norte de la isla de Luzón, en la casa de retiro que tenían en Baguío

Aquí el P. Paco ocupó el cargo de Síndico, es decir, la persona que representa a la institución ante la justicia y los jueces, tanto civiles como eclesiásticos, por lo que le tocó dar la cara en muchas ocasiones en aquellos difíciles y delicados momentos en los que la vida de cualquier persona carecía del menor valor. También de Baguío fueron expulsados, por lo que tuvieron que huir a Manaoag, en la provincia de Pangasinan, a unos doscientos kilómetros al norte de Manila. Al encontrarse tan alejados de la ciudad se salvaron de las matanzas indiscriminadas y salvajes que los japoneses, al verse vencidos por el ejército americano iniciaron una especie de “operación final” matando a miles de prisioneros y civiles, y también a un buen número de religiosos. 

Cuando en 1945 los americanos entraron en Manila liberando la ciudad, el P. Sádaba se agregó al ejército americano en calidad de capellán castrense, donde permaneció apenas un año, para finalmente embarcarse de nuevo hacia los Estados Unidos, al estado de Illinois, al convento que los dominicos de la Provincia de San Alberto Magno tienen en Oak Park, en el área metropolitana de Chicago; allí el P. Sádaba Marín, con mucho más sosiego, dio clases como profesor en el Fenwick High School, siendo además cantor en la parroquia. La pesadilla que había vivido en Manila tardaría mucho en desaparecer de su retina.

Retrato que le hicieron al P. Paco en el estudio fotográfico Karmen-Winger de Oak Park. Junio de 1946. Fotografía facilitada por la familia Irigoyen-Reyes 

A su llegada a los Estados Unidos quiso enviar a su familia una fotografía a modo de fe de vida para tranquilizarles. Se la hizo en el estudio fotográfico Karmen-Winger de Oak Park un 9 de junio del año 1946, como aparece datado en el propio retrato, escrito de su puño y letra. Tenía en ese momento treinta y cinco años. 

Detalle de la firma del P. Paco que escribió en el marco del retrato. Foto: Irigoyen-Reyes 

A los dos años de su llegada a Norteamérica cayó enfermo y sus superiores lo enviaron a España a recuperarse, de modo que en julio de 1948 arribó al convento del Rosario de la capital de España. En 1950, ya recuperado, le asignaron al colegio de la Mejorada de Olmedo, lugar donde el P. Paco se había formado en su primera etapa religiosa. Aquí ejerció como Profesor y Lector de Casos Morales durante seis años (1950-56).
 
Grupo escolar en La Mejorada. Año 1954. El P. Paco identificado con el número 8. Foto: Faustino Martínez 

En el año 1956 los dominicos van a erigir un nuevo colegio apostólico en la ciudad de Valladolid, al que bautizarán con el nombre de Arcas Reales; este colegio iba a albergar a casi seiscientos alumnos en sus aulas. El P. Sádaba será aquí administrador de la finca y será aquí también Síndico.

Colegio Apostólico Arcas Reales (Valladolid) Foto: arquitecturaviva.com 

Administrar Arcas Reales requería de mucha dedicación ya que su cometido abarcaba desde la parte administrativa hasta la intendencia y el lugar tenía muchas dependencias a las que atender:  “además de la iglesia y de los espacios propios del Colegio [aulas, laboratorios, sala de dibujo, salón de estudios, seminarios, despachos, cuartos para enseñanza de piano, recreos cubiertos, salón de actos como teatro y cine, pequeño museo misional, piscina con vestuarios propios, campos de deporte... etc.], tenía también un Internado para quinientos alumnos [cuatro grandes estancias de dormitorios, dos comedores de alumnos con los correspondientes espacios de servicios], y la Residencia de los PP. Profesores de la Orden de Predicadores [habitaciones, capilla, biblioteca y refectorio privados, una sala de descanso y un pequeño jardín con estanque]. Asimismo y como apoyo integral, portería general de entrada, garajes, enfermería, una gran cocina, despensa, depósito de agua, almacenes y un Pabellón Residencial para Monjas Dominicas encargadas de la intendencia de todo el Colegio. El terreno elegido y comprado para ello, cinco hectáreas, se concretaba en una extensión plana y despejada, casi al borde de la tierra de pinares, y junto a las Arcas Reales que Juan de Herrera había trazado a finales del siglo XVI para reconducir el manantial, que ya entonces allí brotaba, hasta el centro de la ciudad y abastecer de agua a los habitantes del Valladolid de la Corte". Espacio, Símbolo y Modernidad en la Iglesia de Los Padres Dominicos en Valladolid de Miguel Fisac Daniel Villalobos Alonso; Sara Pérez Barreiro. (Año 2014). 

El P. Sádaba en el círculo rojo, entre los profesores en el curso de alumnos 1957-58. Este sería su último curso. Foto rescatada de la página de Facebook de Antiguos Alumnos Dominicos de la Provincia del Rosario 

A la coordinación de este centro en sus primeros años de vida se dedicó el P. Sádaba en cuerpo y alma. El período vacacional lo aprovechaba para labores de intendencia. Dos años después de la apertura del colegio todavía necesitaban comprar más vajilla por lo que a finales de agosto del año 1958 sale el carcarés con una furgoneta en dirección a Bilbao acompañado por un cooperador, Fr. Francisco Ortega, que conducía el vehículo. A primera hora de la mañana del día 28 de agosto transitaban por la población cántabra de Sarón. Al parecer había poca visibilidad y el coche patinó, yendo a dar contra un castaño silvestre que se encontraba al lado de la carretera. El conductor del vehículo sufrió apenas algunos golpes pero el P. Sádaba quedó gravemente herido e inconsciente. Fue trasladado al Hospital santanderino de Valdecilla donde recibió atención médica de urgencia, pero no pudieron salvarle la vida. Los PP. Dominicos de Caldas de Besaya le dieron la Extremaunción muriendo poco después. Ocho Padres dominicos de Arcas Reales se trasladaron hasta el hospital en cuanto recibieron la llamada avisando del accidente, y junto con los de Caldas sacaron el cadáver del P. Sádaba del Hospital y lo trasladaron al cementerio del convento de las Caldas de Besaya para darle sepultura, ya que en Arcas Reales no tenían todavía cementerio propio. Esto ocurría el día 28 de agosto del año 1958.  Dos de aquellos P.P. dominicos que se habían desplazado desde Valladolid se quedaron en Caldas para celebrar el lunes, uno de septiembre, un funeral solemne por su eterno descanso. El convento-colegio de Arcas Reales vivió con tristeza su primer día de luto en la historia del centro.

Santuario de Caldas de Besaya (Cantabria) 

Recordado en los centros por los que pasó, dejó huella el P. Sádaba especialmente por su celo apostólico. Cuando tras su bagaje  por el mundo volvió España, regresaba en período vacacional a su Cárcar natal a visitar a su familia, y esas visitas dieron también sus frutos. En la escuela de su pueblo de Cárcar, y también en la de Lerín, logró el discernimiento vocacional de varios jóvenes. Unos perseveraron y otros no.
 
Grupo de profesores de Arcas Reales. Años 70. El P. Isidro Rubio (profesor entonces de literatura), en primera fila, segundo por la derecha. También había profesores seglares como su sobrino Anastasio, con jersey azul. Foto: Antiguos Alumnos Dominicos Provincia Santo Rosario.

De entre los que perseveraron destacar a Elías Arróniz Yoldi (Cárcar), en una primera tanda, y a Isidro Rubio Insausti (Cárcar) y Serafín Monasterio Iñigo (Lerín) en un segundo verano. En una tercera ocasión ingresaron en la Mejorada Jesús María Pitillas Bascarán y Marcos Ramón Ruíz Arbeloa, ambos de Lerín. Y es que en Lerín mantenía la familia Sádaba Marín una amistad fraterna con el matrimonio formado por José Reyes y María Zubiri, y en su visita a Lerín para ver a sus amistades, el P. Paco solía hacer examen a los chicos que prometían vocación para llevarlos con él al colegio de La Mejorada. Todos los chavales citados llegaron a ser destacados dominicos en docencia, misión y pastoral, siguiendo las huellas de Santo Domingo de Guzmán en la Orden de Predicadores. 

MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ

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Para hacer este trabajo he necesitado consultar las necrológicas recogidas por los Padres Dominicos Hilario Ocio y Eladio Neira. t. 2 p. 614 (A-1960). y en las crónicas del Convento de Arcas Reales de Valladolid de agosto de 1958 facilitadas ambas por el P. Ramón Rodríguez OP al que agradezco su colaboración.
Del mismo modo agradezco a las familias Mendoza-Lizaldez e Irigoyen-Reyes por facilitarme los retratos del P. Sádaba Marín.

miércoles, 10 de abril de 2024

DON JUAN CRISÓSTOMO OSES, UN CARCARÉS AL SERVICIO DE LA PASTORAL DE ARGENTINA Y URUGUAY

Don Juan Crisóstomo Oses

Los recuerdos de infancia me traen a la memoria a don Crisóstomo,  un sacerdote de figura menuda y frágil. Su físico no imponía, pero sí imprimía respeto y veneración. En su ancianidad, caminaba despacio apoyado en el bastón. Sobre su cabeza un sombrero de teja, al parecer capelo episcopal. Sus lentes delataban escasa agudeza visual, pero su bonhomía nos empujaba a los niños a acercarnos a saludarle, dada la dignidad que desprendía y obedientes a los usos del momento. -Buenos días, don Crisóstomo. Él, con una sonrisa bondadosa, respondía y agradecía siempre el gesto.  Apenas sabíamos sobre la vida de este anciano sacerdote. Un puñado de fotos y documentos varios, que amablemente me han sido facilitados, me van a ayudar a recomponer su trayectoria.

Juan Crisóstomo Oses Arráiz nació en Cárcar (Navarra) un 24 de noviembre del año 1886. Eran sus padres José María Oses Sádaba y Anselma Arráiz Mendoza; estos se habían casado en Cárcar el 12 de noviembre de 1877. Jose María era de profesión practicante y ejerció los primeros años en la población navarra de Nagore (valle de Arce). Aquí nacieron, Narciso, que no sobrevivió, Rufino, que casó con Isabel Sádaba y será también practicante en Cárcar, y, Emerita, que casó con Carlos Taules. De Nagore regresó José María con la familia a Cárcar para ser el practicante del pueblo. Finalmente nacieron aquí, Juan Crisóstomo y María de la Oliva. Esta última fue monja de clausura y muy buena haciendo labores de bordado. Bordó con esmero un precioso manto a la Virgen de Gracia, patrona de Cárcar. El manto, bordado en oro, es quizá el más antiguo que se conserva y una verdadera reliquia.

Manto de la Virgen de Gracia bordado por María de la Oliva Oses Arráiz

Los hermanos Emerita, Juan Crisóstomo, María de la Oliva y Rufino Oses Arráiz

Juan Crisóstomo tenía vocación religiosa y sus padres lo enviaron a estudiar al Seminario de Pamplona. Aquí hizo los cursos de Filosofía, pero para hacer la Teología se fue al Seminario Conciliar de Zaragoza, acogiéndose a una beca de las que había fundado su paisano y antiguo Rector del mismo: Juan Cruz Aranáz. Recibió Juan Crisóstomo el subdiaconado en la iglesia zaragozana de la Santísima Trinidad de manos del entonces arzobispo y futuro cardenal, Juan Soldevila y Romero (que murió asesinado por un activista anarquista). El diaconado sin embargo, lo recibió ya en Pamplona, y finalmente fue ordenado sacerdote en Pamplona el día 25 de marzo de 1910 por el obispo José López Mendoza y García. No cantará misa en su pueblo de Cárcar hasta el día 17 de diciembre de ese mismo año.

Monseñor López Mendoza le dio como primer destino la parroquia de Ibero, nombrándole cura ecónomo. En octubre de 1912 es destinado con el mismo cargo a la parroquia de Zabalza, en el valle de Echauri, y cinco meses más tarde, también como ecónomo, a la de Leache, acogidas las tres parroquias a la advocación de la Virgen de la Asunción.


Era don Juan Crisóstomo conocedor de la falta de clero que había en aquél momento en la República Argentina y pensó en ir allí. Por ello, en agosto de ese 1913 le envió una carta al obispo de Pamplona manifestándole sus inquietudes. La respuesta del prelado no pudo ser más satisfactoria: “no tengo inconveniente en otorgarle mi beneplácito, y más aún, pues si Vd. no tiene ya prometido algo en la Argentina, yo podría proporcionar colocación en el Obispado de Corrientes de nueva fundación". Y es que hacía poco que el Papa Pío X había constituido la diócesis de Corrientes, nombrando como primer obispo a Luis Ángel Niella. En esta nueva diócesis abundaban los pueblos pequeños, muchos de ellos de difícil acceso y alejados de las zonas de misión, y es por eso que el obispo, ante la falta de vocaciones, había hecho ese llamamiento a sacerdotes de países extranjeros para que le ayudaran en la pastoral, siendo muchos los que acudieron a esa llamada. 

DE CURA A LA  DIÓCESIS ARGENTINA DE CORRIENTES: Curuzú-Cuatiá, Corrientes, Empedrado, Monte Caseros, Itatí. 

Así que, don Juan Crisóstomo se embarcó en octubre de 1913 rumbo a la Argentina

Con el Obispo Niella y el clero de Corrientes. Don Crisóstomo marcado con una crucecita

El obispo de Corrientes le encomendó primeramente la parroquia de  Nuestra Señora del Pilar situada en la población de Curuzú-Cuatiá (este templo fue declarado en 2021 monumento histórico y cultural). A partir de este momento sus destinos por distintas parroquias correntinas no le darán tregua. En 1915 es nombrado teniente cura de la Catedral de Corrientes y confesor de la comunidad del asilo del Buen Pastor, de la propia ciudad. En marzo de 1916 era ya párroco de la iglesia de Nuestro Señor Hallado de Empedrado, de reciente construcción. 

Debido a las grandes distancias que los feligreses tenían que recorrer para acudir al precepto, el P. Oses recibe autorización del obispo para que, cuando sea necesario, pueda decir misa de campaña “en una pieza de alguna casa particular arreglada lo más decentemente posible, haciendo antes instrucción moral y doctrinal a los fieles”; también se le autoriza a confesar y bautizar en ese lugar improvisado siempre que fuere necesario. 

Con las damas de la Conferencia de S. Vicente de Paul 

Su siguiente destino será en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás, de nuevo otra vez en Corrientes. De aquí lo destina el obispo, en julio de ese año a Monte Caseros donde fue párroco durante un quinquenio.
 
Junto a una familia en Monte Caseros

Existe en la provincia de Corrientes un santuario de gran devoción dedicado a la advocación de la Virgen de Itatí. La imagen de esta Virgen data del siglo XVI, que es cuando los franciscanos la llevaron a ese lugar. Después de atravesar muchas peripecias a lo largo de la historia: robos, desapariciones y vuelta a aparecer, en el año 1900 recibe la coronación pontificia, quedando definitivamente entronizada en ese lugar. Los franciscanos fueron en aquella primera etapa los custodios del santuario, y, tras muchos avatares, en 1904 tomaron el relevo los benedictinos. Estos se harán cargo, no solo de la basílica, sino también de atender al resto de servicios: Seminario Menor, escuela parroquial, santería, revista Mensajero, la chacra, etcétera. Fue un 23 de abril de 1918 cuando solemnemente se nombró a esta Virgen de Itatí como patrona y protectora de la Provincia de Corrientes, siendo a un tiempo bendecido el nuevo Camarín que la acogía. Presidió tan solemne acto el obispo acompañado de importantes personalidades eclesiásticas y civiles, el propio presidente de la República, Hipólito Yrigoyen, entre ellos. Obispo y presidente firmaron el acta, a los que se unieron un sin fin de autoridades. Una de las primeras firmas fue la del P. Oses, lo que denota que ya destacaba entre el clero correntino. También asistieron muchas congregaciones y asociaciones religiosas, así como multitud de personas venidas de distintos puntos de la provincia y limítrofes, como Formosa, Territorio Nacional de Misiones o el Chaco. El imponente edificio que a día de hoy alberga a la Patrona de la Diócesis de Corrientes fue construido unos años posterior a estos hechos, convirtiéndose en uno de los santuarios más importantes de América. Más de dos millones y medio de visitas registra al año.

Santuario dedicado a Nuestra Señora de Itatí (Argentina)

Parece ser que no hubo entendimiento entre la diócesis y los benedictinos sobre a quien correspondía la gestión del santuario, y al no llegar a un acuerdo, los monjes decidieron abandonar el lugar. El hecho causó revuelo entre la feligresía por lo que el obispo mandó una circular al clero de Corrientes al objeto de informarles: “Los RR.PP. Benedictinos se retiran de Itatí por orden expresa de sus Superiores y por las causas que son del dominio público, ya manifestadas en su oportunidad...”

El primer día de diciembre del año 1921 era la fecha que habían dado los religiosos para su salida del santuario por lo que la dirección y custodia iba a pasar ahora a manos de algún sacerdote del clero diocesano. Elegir el candidato iba a ser fácil ya que se precisaba del concurso de un gran gestor que obrara con mano izquierda, dado que no se sabía como iba a reaccionar el pueblo de Itatí. El obispo Niella comenzó a tantear al P. Oses, que lo buscaba ya como candidato. Le escribió durante los meses anteriores con insistencia: "¿Qué dice usted? ¿está o no resuelto a marchar? (…) Si está arrepentido de haber dado su consentimiento avise por Dios con tiempo  y venga a hablar conmigo…”. Las cartas denotan la preocupación del obispo y la difícil decisión que el P. Oses tenía a tomar. 

Una vez aceptado el cargo recibe don Juan Crisóstomo carta del obispo dándole las oportunas indicaciones: “Entregue la parroquia (Monte Caseros) a Villanueva hasta que vaya el sucesor definitivo; escribo al P. (Esteban) Bajac para que a principios de noviembre se vaya usted a posesionarse del santuario de Itatí porque los benedictinos están apurados y quieren retirarse el primero de diciembre”. Finalmente Oses recibió oficialmente el nombramiento como cura y vicario del Curato de Itatí el día 21 de noviembre de 1921; lo hacía sustituyendo al P. Vicente Saubaber OSB, y se adelantaba a la fecha del primero de diciembre para evitar que el santuario quedara sin atención. La toma de posesión se produjo el día 25 de noviembre. Un mes más tarde, era también nombrado Párroco Consultor

Una de las notificaciones que recibió desde el obispado de Corrientes

No estuvo mucho tiempo don Juan Crisóstomo en Itatí; a finales de mayo del año siguiente (1922) enfermó por lo que pidió permiso para regresar a España, a su pueblo natal, a recuperarse por un período de seis meses. Le sustituye durante su ausencia otra vez el sacerdote Esteban Bajac que sería después párroco de esa de Itatí; este sacerdote destacaría como historiador, poeta y compositor y a él se debe el himno que se canta a la Virgen de Itatí. 

VUELVE A AMÉRICA, PERO PARA PASAR A URUGUAY, A LA POBLACIÓN DE ARTIGAS, EN LA DIÓCESIS DE SALTO

Ya restablecido vuelve el P. Oses a Argentina, pero se va a producir ahora un vuelco en su pastoral. Si antes había sido reclamado en la diócesis de Corrientes, será ahora la de Salto, en Uruguay, también de reciente creación, quien haga a los sacerdotes extranjeros la misma llamada. Por algún motivo que se me escapa el P. Oses deja de prestar servicio pastoral en Argentina y responder a esa llamada, para lo cual pide permiso al obispado de Pamplona con el fin de incorporarse a esa nueva diócesis, petición que se resuelve sin problemas. Así, en marzo de 1923, monseñor Tomás Gregorio Camacho, primer obispo de la diócesis de Salto, nombra a don Juan Crisóstomo Vicario de la parroquia de San Eugenio de Artigas. Artigas era por aquél entonces una población de unos quince mil habitantes; hoy en día superan los cuarenta mil. En un primer momento el P. Oses de coadjutor a Sabino Oroz, un paisano navarro que también acudió a la llamada del obispo Camacho. 

Catorce años permaneció Don Juan Crisóstomo en Artigas, tiempo durante el cual pudo llevar a cabo muchos proyectos. Lo primero fue rehabilitar la iglesia de San Eugenio, especialmente la cubierta, y lo mismo hizo con los locales parroquiales. Fundó un colegio para niños, y más tarde, en 1925, otro de niñas poniendo al frente de este a las Hermanas Terciarias Dominicas, de las que fue su confesor. En julio de 1927, y siendo párroco de Artigas, el P. Oses es nombrado Consultor Diocesano y Juez Sinodal, cargos que renovará en diferentes trienios. El sacerdote carcarés se volcó en cuerpo y alma con su feligresía de Artigas; promovió tandas de ejercicios espirituales y misiones que tuvieron una respuesta extraordinaria; fundó varios grupos parroquiales, como Acción Católica, Hijas de María, Apostolado de la Oración, Centro Dios y Patria, etcétera. En definitiva, que fue un sacerdote muy inquieto y gran activador de fe católica en esa ciudad.
 
Acompañando a un grupo de niños dispuestos para desfilar

Precepto pascual. Año 1929

No contento con esto, promovió la obra de mayor envergadura en Artigas: la construcción de un nuevo templo. Para tan gran proyecto contó con la colaboración y el apoyo de toda la ciudad. 

Acto de colocación de la piedra fundamental de la iglesia del Sagrado Corazón de Artigas

Se firmó el acta y se colocó la primera piedra el día 19 de agosto del año 1934: “La “piedra fundamental” que guarda este acta fue colocada en la parte superior del cimiento, junto al pilar del ábside (lado del Evangelio) y debajo de la viga de cemento armado. Firmaron dicha acta el obispo de Salto Camacho, el propio Oses y más de 2.000 firmas. Se bendijo y colocó la primera piedra fundamental del templo, siendo cura vicario el presbítero Juan Crisóstomo Oses en esta parroquia de San Eugenio. Se llevó el Santísimo desde la vieja iglesia hasta la nueva”. (publicado en el rotativo El Bien Público de Montevideo 23-10-1936)
 
Mientras la construcción de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Artigas

Las obras llevaron buen ritmo gracias a la pericia de todos los implicados. Ya para febrero de ese año el P. Oses había sido definitivamente incardinado en la Diócesis de Salto. El día 25 de octubre de ese año, 1936, habían finalizado las obras y el nuevo templo, que se dedicó al Sagrado Corazón de Jesús, era bendecido por los obispos Camacho y su auxiliar Alfredo Viola. El diario El Bien Público anunciaba dos días antes: “La población católica de Artigas, se apresta jubilosa a los actos inaugurales de su nuevo y magnífico templo”. El propio rotativo se felicitaba por el hecho: “ El Bien Público adhierese a las religiosas fiestas de los católicos de Artigas y se congratula por el éxito alcanzado -el nuevo templo-, gracias a los múltiples y tesoneros esfuerzos del celoso y distinguido sacerdote -y la cooperación de los feligreses-, Juan C. Oses, que hace honor al clero del país, y se destaca como estrella de primera magnitud dentro del sacerdocio de la Diócesis de Salto”. (viernes 23 de octubre de 1936).
Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Artigas, con los andamios dispuestos para construir la torre. Año 1937

Todo el proceso de las obras e inauguración se recogió en un álbum de fotos que don Juan Crisóstomo guardó con diligencia y cariño. En él se ven reflejados la laboriosidad y el interés de todo un pueblo por su templo y el júbilo de verlo terminado. 
 

Enseguida de culminadas las obras y abierto al culto el nuevo edificio, don Juan Crisóstomo tiene que dejar Artigas para pasar a residir a Salto, ya que iba a ser requerido para desempeñar cargos de más envergadura.  En el año 1937 el P. Alfredo Viola es nombrado obispo auxiliar de la diócesis; este sacerdote era hasta ese momento Fiscal Eclesiástico y Visitador Parroquial por lo que monseñor Camacho nombra al P. Oses para desempeñar esos cargos. Le encargará también la dirección de los retiros parroquiales de toda la Diócesis que ya venía él mismo promoviendo con éxito desde hacía tiempo, apoyado y animado por monseñor Camacho. También fueron de su responsabilidad las tandas de ejercicios espirituales para hombres.

Uno de tantos grupos parroquiales. Foto: Nacional. Salto

Multitudinarios eventos religiosos. En la foto desfila la parroquia de Artigas con sus 144 ejercitantes

Con el clero de la diócesis de Salto

En abril de 1939 don Juan Crisóstomo viaja con Monseñor Alfredo Viola, en calidad de su secretario y capellán, hasta la ciudad Italiana de Génova; antes de volver a Montevideo pasará unos meses con su familia en Cárcar. Mientras se encontraba en su pueblo natal, el Papa Pío XII le concedió la “Croce pro Ecclesia et Pontífice” una importante condecoración que se otorga a quienes han demostrado un largo y excepcional servicio a la Iglesia.
 
Detalle de la condecoración de la Croce Pro Ecclesia

A su regreso a Uruguay, vía Barcelona, que lo hará el 15 de noviembre a bordo del barco “Cabo San Antonio”, recibirá este honorífico reconocimiento de manos del obispo Viola.  Pronto será nombrado Viola ya obispo de Salto y tomará definitivamente las riendas de la diócesis, aunque ya lo venía haciendo debido a la larga enfermedad que aquejaba a Monseñor Camacho que muere en el año 1940. 

De nuevo en Uruguay se le empiezan a acumular a don Juan Crisóstomo los cargos y las obligaciones. El 24 de mayo del año 1942 el obispo le nombre cura párroco y rector de la Catedral de Salto, que estaba dedicada a S. Juan Bautista, y al año siguiente es designado para regir el Vicariato de la Diócesis de Salto. Y además de Vicario General de la Diócesis será nombrado Rector del Seminario Menor: “por las presentes venimos a nombrar y de hecho nombramos a Nuestro Vicario General, Mons. Juan C. Osés Rector del citado Seminario Menor “Mons. Camacho”, con todas las obligaciones y prerrogativas que le acuerdan los Sagrados Cánones…”. Este Seminario Menor, que había sido creado en el año 1938, había recibido el nombre del anterior obispo, el primero que había tenido la diócesis. La noticia del nombramiento como vicario general se publicó en la prensa salteña.

Recorte del periódico El Bien Público 

Fotos del período preparatorio de niños y jóvenes en el Seminario Menor de Salto

Un día cualquiera en el Seminario Menor de Salto

En el Seminario Menor de Salto. Sentados aparecen entre otros, de izquierda a derecha: al lado del obispo, don Marcelo Mendiharat (después obispor), Monseñor Viloa, don Crisóstomo (Vicario General y Rector del Seminario y tres más allá, don José María Cavallero, gran amigo de don Crisóstomo (y después también nombrado obispo). 
 
Don Crisóstomo en la foto de la cédula de identidad, hecha en Salto en mayo de 1945

En 1946 recayó también sobre don Juan Crisóstomo el cargo de Examinador Pro-sinodal y Juez Pro-sinodal por un período de diez años. En 1950 se llevó a cabo en Salto un sínodo diocesano por lo que en marzo de ese año recae también sobre él la Presidencia de la Comisión Pre-sinodal.

Con el clero y obispos como vicario de la diócesis de Salto. Abajo don Crisóstomo de pie a la derecha del obispo, Monseñor Camacho 

La capacidad visual de don Juan Crisóstomo, no obstante, mermaba poco a poco. lo que le dificultaba desarrollar su labor en toda su extensión. Esto le hacía sufrir y le obligó incluso a pedir permiso para sustituir la lectura del breviario por otras oraciones vocales por lo que iba ya meditando su retirada definitiva. 

Ya venía manifestando a su obispo estos extremos y en 1950 se plantea volver a España, aunque no de forma definitiva. En la diócesis le preparan un emotivo homenaje de despedida. Era un 15 de agosto, festividad de la Asunción y para el acto se prepararon tres abultados libros de firmas donde muchísimas personas plasmaron su rúbrica de adhesión y agradecimiento a su Vicario General. Los libros se llenaron a rebosar. Encabezaban esas rúbricas, obispos y hermanos presbíteros, a los que seguían multitud de agradecidos fieles católicos de la diócesis.

Uno de los libros de firmas del homenaje de despedida


Fiesta de despedida a don Crisóstomo, Vicario General de la Diócesis de Salto

Llegado a Cárcar, tampoco lo dejaron descansar del todo ya que el obispo de Pamplona lo nombró en agosto de 1951 confesor extraordinario general de las Religiosas Terciarias Franciscanas del colegio de Cárcar.  Tras un período de descanso, volvió a Uruguay donde el 14 de julio de 1952 es nombrado por el Papa Pío XII Prelado Doméstico de Su Santidad

Recorte del periódico El Bien Público del 4 de diciembre de1952

La prensa uruguaya se hizo de nuevo eco de la noticia en un detallado artículo que decía entre otras cosas: “A nadie causó extrañeza. Todos en un plebiscito sin previa propaganda, juzgaron que la honorífica recompensa cumplía una función de justicia”. Destaca también la noticia que recogen los rotativos de ámbito religioso: “Revista Diocesana solo pretende esto: consignar el regocijo y hacer llegar hasta Mons. Oses la cálida y sincera felicitación de todos sus diocesanos”. El rotativo recoge qué era y qué suponía tal nombramiento, “Prelado Doméstico:- Son de origen muy antiguo, constituyendo esta prelatura uno de los más grandes honores. No forman Colegio propio pero tienen el carácter de familiares del Papa, con todas sus prerrogativas. Se nombran a perpetuidad y tienen el tratamiento de Ilustrísimo y Reverendísimo Monseñor”. Destacaba también el periódico como deben vestir estos Prelados: “a) de Paseo o de Calle: zapatos de hebillas, medias moradas, sotana negra con vivos y botones carmesí, alza-cuello morado, faja de seda morada y sombrero negro con cinta y borlas moradas. b) de Coro o Ceremonia: medias moradas, sotana morada con filetes, botones, solapas y bocamangas de seda carmesí; alza-cuello y faja de color morado; y bonete negro con borla o pompón morado”. Y así era preceptivo que se revistiese desde ese momento.

En Cárcar, revestido para decir misa en la capilla de su casa

A un tiempo, era párroco en Artigas don Marcelo Mendiharat, (posteriormente será nombrado obispo de Salto) y con motivo de celebrarse una campaña de ejercicios espirituales en esa ciudad, el director de aquellos ejercicios felicitaba al párroco por el floreciente estado de la parroquia. El P. Mendiharat en su turno de palabra manifestó lo siguiente: “Nosotros no hacemos más que recoger el fruto maduro de la siembra pródiga y fecunda que ha sido vertida en este lugar…., y ese infatigable sembrador -a quien debemos tan ubérrima cosecha- el P. Director no lo conoce, pero muchos de los que estáis aquí presentes lo conocéis, y tenéis de él un recuerdo agradecido, cariñoso e imperecedero...A ese apóstol integérrimo, que fue vuestro pastor, maestro y amigo por varios años, le llamabais cariñosamente Padre Osés… ¡¡Hoy Monseñor Juan Crisóstomo Osés!!”. El confidente concluye: “Vítores y aplausos frenéticos ahogaron las últimas palabras del orador”. Y es que un tal Felipe, antiguo feligrés de Artigas, escribió años después una extensa carta a don Crisóstomo a Cárcar haciendo balance del apostolado que este había realizado en ese lugar como párroco. La carta, que no tiene desperdicio, la he recogido en un audio que incluyo en este trabajo.

Audio de la carta que le envió Felipe (Renart?), un antiguo feligrés de Artigas el día 25 de abril del año 1962

REGRESO DE DON CRISÓSTOMO A CÁRCAR

No siguió mucho tiempo más el P. Oses en Uruguay; su edad y su agudeza visual no daban para más, por lo que decidió retirarse definitivamente volviendo a su pueblo natal y a su casa paterna, a vivir con su hermano Rufino y sus sobrinas. A partir de ese momento vivirá un largo período de vida ascética, tranquila y sencilla. Tras obtener los consiguientes permisos eclesiásticos habilitó en su casa una capilla en la que celebrar misa. Siempre contaba con algún asistente que lo acompañaba. Don Moisés Goicoechea, el veterinario, era uno de sus más asiduos. 

Durante esta etapa final se acercaron a visitarlo a Cárcar abundantes personajes de la vida social y religiosa uruguaya. Los obispos Viola y Mendiharat lo hicieron en repetidas ocasiones. Marcelo Mendiharat, lo hizo mientras se encontraba exiliado por la dictadura del presidente uruguayo Bordaberry.

Recibiendo su casa la visita de Monseñor Marcelo Mendiharat, mientras este se encontraba en el exilio

También se sentía arropado por los sacerdotes locales: don Ángel Garrido, don Carmelo Martinena, don Teodoro Velasco, etcétera. Solo en ocasiones especiales (Semana Santa y Navidad) subía monseñor Oses a la parroquia a concelebrar con el resto de sacerdotes. Y ahí lo veíamos los feligreses revestido con los ropajes propios de su dignidad eclesiástica. A los niños, que no entendíamos de esas cosas, nos sorprendía verle con colores litúrgicos distintos al resto de curas, y que solo veíamos en la tele cuando retransmitían desde el Vaticano. Alguna señora apuntaba por lo bajo: es que es Prelado Doméstico del Papa. Eso aumentaba en nosotros el misterio, por lo que imprimía en él, para nuestra mente infantil, como un halo especial que lo envolvía de misticismo.

Ya retirado y residiendo en su pueblo de Cárcar

Apoyado en el bastón, ataviado con su preceptiva sotana y su sombrero de teja, o capelo romano, daba a menudo cortos paseos por la zona de su casa. Caminaba despacio y con precaución. Era parco en palabras pero extremadamente correcto. Superó con creces los noventa años, hasta que un día, tras una caída inesperada, se rompió el hombro, lo que le precipitó la muerte. Ocurrió en plenas navidades, un día 27 de diciembre del año 1977. Tenía ya noventa y un años. 

Un funeral sencillo en la iglesia de su pueblo, alejado de toda ostentación, culminaba la vida de este sacerdote que entregó su vida al servicio de Dios, dedicando los tres primeros años de su pastoral sirviendo en Navarra, diez a la Diócesis de Corrientes y treinta y uno a la uruguaya de Salto, pasando los últimos veintitrés años, desde su jubilación y hasta su muerte, en un retiro silencioso y tranquilo en su casa natal de Cárcar. Tras el funeral, su cuerpo fue depositado en el cementerio local, en el panteón familiar, a escasos metros de la capilla destinada a los sacerdotes. Allí descansan desde entonces los restos de Monseñor Juan Crisóstomo Oses, Prelado Doméstico del Papa.



Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz
Abril de 2024
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Para realizar este trabajo de investigación he precisado hacer muchas consultas en internet, revisar recortes de periódicos antiguos, biografías de obispos, y ubicaciones geográficas, entre otras, pero lo esencial lo he conseguido gracias al estudio y clasificación de la documentación que me ha facilitado la familia Sádaba, procedente de su archivo familiar, a quienes agradezco desde aquí la confianza depositada en mi.