martes, 14 de septiembre de 2021

LA MUJER DEL CORREGIDOR

 

Recreación de Mateo y Juana María Martínez Pagola hecha por IA

Los personajes que conforman este artículo lo componen un matrimonio que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX.  Él era de Viana y ella de Cárcar. A pesar de que la relevancia la tuvo el marido, de algún modo, ella, en su calidad de esposa de quien era, también cobró protagonismo, ya que tuvo que mostrarse y dejarse ver en muchas ocasiones por cuestiones de protocolo, acompañando a su marido por los distintos lugares de España donde éste trabajó,  y exponer su palmito luciendo mantilla y peineta en no pocas ocasiones:  en recepciones, fiestas y acontecimientos religiosos. En la dilatada vida de este matrimonio vieron pasar por sus ojos el reinado de los reyes Carlos III, Carlos IV, Fernando VII y José I Bonaparte, y a más de uno de estos lo llegaron a tener a tiro de reverencia.

La que he denominado "mujer del corregidor" era Juana María Martínez y Pagola, una carcaresa que había nacido en esta localidad el día 18 de mayo del año 1747. Era hija de Josef Martínez y Melchora Pagola y formaban parte de una conocida familia local de hidalgos. Juana María sería miembro del linaje de los Martínez de Cárcar, que con tanta profusión vienen apareciendo en este blog, dada la estela que dejaron; por la parte del apellido Pagola eran de larga trayectoria de licenciados y letrados. 

Juana María se casa en su pueblo de Cárcar, en julio del año 1774, con un joven natural de Viana (abogado del Consejo Real) llamado, Mateo de Lezaeta y Zúñiga, que había sido bautizado en la iglesia de Santa María de Viana el 23 de septiembre de 1740 a los tres días de nacer; este jurista era hijo de Martín de Lezaeta y Marticorena y Ana María de Zúñiga, ambos naturales también de Viana. Martín, el padre, era síndico del convento de San Francisco de dicha ciudad de Viana.

Enseguida de casarse, Mateo y Juana María se trasladan a vivir a Viana, donde se velan en su iglesia de Santa María de la Asunción el día 19 de ese mismo mes. En Viana nacerán sus dos primeros hijos, Joaquín Manuel Víctor (Viana, 12-4-1775) y Eleuteria Sotera Martina (Viana, 18-4-1776). Joaquín seguirá la estela de su padre ya que en 1820 era doctor en Derecho Civil, vecino y propietario en Zamora; y, además, juez decano de la Junta Criminal (Los Españoles y José I. La Imagen de un Rey /A.J. Piquieres Diez. 2015). 

Los otros hijos que nacieron después serán de más difícil localización. Uno de ellos, llamado Mateo, como su padre, fue médico cirujano en Segovia: "El día 30 de abril de 1801, el cirujano Mateo de Lezaeta tuvo que asistir a Francisca Pérez, vecina de San Millán, casada que se hallaba herida en la cabeza con gran efusión de sangre..." (El Adelantado.com. Segovia, los malos tratos y la violencia sobre las personas).
 

Alcaldes y corregidores en el siglo XVIII. Foto: protocoloconcorse.es

No permanecerá la familia Lezaeta-Martínez mucho tiempo en Viana ya que Mateo emprenderá enseguida una carrera meteórica por distintos puntos de España: en el año 1786 será elegido alcalde de la localidad de Frenegal  de la Sierra, provincia de Badajoz. En 1790 alcalde mayor de Yecla, Murcia. En  1793 consta como “Alcalde Mayor de Su Majestad y Corregimiento interino de la ciudad de Valladolid”, y cuatro años más tarde es nombrado por méritos Corregidor de Segovia. Al año siguiente (1798), se le ve como Regidor perpetuo de la ciudad de Ávila,  continuando al mismo tiempo como “Corregidor y Capitán a Guerra de S. M. de la ciudad de Segovia y su tierra”.
 
esotrahistoria8blogspot

La figura del corregidor era la de un funcionario real que atendía a varios emplazamientos y constituía el nexo entre el poder territorial y el rey. Sería como un comisario real itinerante que gestionaba todo lo relacionado con la economía y administración de los municipios y validando como juez las decisiones que se tomaban. Además de presidir los ayuntamientos y administrar justicia, entre sus funciones estaba también la de promover y ejecutaba obras públicas, mantener el orden y la salubridad del lugar, garantizar el abasto, establecer el justi-precio, verificando pesas y medidas, evitar el contrabando y guardar en todo el pundonor en el comercio y en toda clase de estamentos locales. Un puesto pues de mucha responsabilidad pero, sobre todo, de mucha autoridad. Era un cargo que debía asistir al rey en tiempo de paz pero también en épocas de guerra.  
 
Uno de tantos documentos donde aparece Mateo Lezaeta. Omnia.ie

Mateo de Lezaeta, en su calidad de corregidor, era también en Segovia Subdelegado de la Comisión de Pósitos. Al año siguiente consta además como Oidor Honorario de la Real Chancilleria de Valladolid, aunque será en Segovia donde permanezca más tiempo, ya que todavía se encuentra registrado en la “Guía de forasteros en Madrid” como corregidor en el año 1801 y seguirá en ese cargo también durante los años de la francesada. El nombre de Mateo de Lezaeta aparece escrito en abundantes documentos ya que por su cargo se vio envuelto en litigios de todo tipo. Por su condición de abogado los pleitos se le acumulaban ya desde sus primeros años de matrimonio, ligado también a personas de su familia de sangre y también a la de su mujer. En el año 1776 se querella desde Viana con sus cuñados de Cárcar Fermín Pagola y María Melchora Martínez:
 "Mateo de Lezaeta y Zuñiga, abogado del Consejo Real, y Juana Maria Martinez, su mujer, vecinos de Viana, contra Fermin Pagola, abogado de las Audiencias Reales, y Maria Melchora Martinez, su mujer, vecinos de Carcar, sobre apelacion de sentencia arbitraria relativa a particion de los bienes y herencia de Pablo Martinez, presbítero, y Jose Martinez, hermanos, vecinos de Carcar”. (AGN)

En el año 1798, Lezaeta, en su calidad de corregidor, propone al Consejo de Castilla la construcción de un Coliseo (teatro). La petición estaba ampliamente fundamentada y aprobada por el Ayuntamiento, pero los altos estamentos no concedieron el permiso. 

En el año 1800, continúa haciendo trámites: "Diligencias practicadas por don Mateo de Lezaeta y Zúñiga, del Consejo de Su Majestad, oidor honorario de la Real Audiencia y Chancillería de la ciudad de Valladolid, Corregidor de la ciudad de Segovia y su partido, para averiguar las causas de la rotura de un andamio colocado en la casa que habita don Andrés de Bartolomé, del comercio, situada en la calle Real de dicha ciudad y de la que resultó gravemente herido José Pérez, soltero, oficial albañil, orador a la parroquia de San Esteban. Rotura que tuvo lugar entre 9 y 10 de la mañana del 15-7-1800"

Siendo Lezaeta todavía corregidor de la ciudad de Segovia, Agustín Ricote, que era a su vez regidor en dicha ciudad,  dirige en 1803 una carta al rey Carlos IV explicándole la problemática que estaba afectando al Acueducto y la conveniencia de demoler  las casas que se habían hecho en su día contiguas a este. Es muy claro Ricote en la exposición:  “que mirando su patriotismo tan cercano á la ruina del acueducto  de esta ciudad monumento cuya antigüedad v magnificencia lleva el nombre de Segovia por Europa toda, viendo que la utilidad de su subsistencia puede verse frustrada, propuso en uno de los ayuntamientos celebrados el mes ultimo pasado, que debían tasarse todas las casas que la ignorancia y el mal gusto pegó reformadamente á los altos y gruesos machones que sostienen las hermosas arcadas de este edificio”. Continúa más adelante: Ha logrado pues el suplicante, no sin ímprobo trabajo, ver concluida la tasación de todas las casas, pero teme que si su proyecto no va apoyado por la respetable autoridad de V. M., no cesarán á cada paso aquella dificultades que nunca dejan de oponer á las buenas ideas la envidia y la emulación de los que no fueron inventores del plan para entorpecer los benéficos fines de un ingenio activo y amante de su patria”. 

Para llevar a cabo la encomienda propone que sea el propio corregidor, a la sazón Mateo de Lezaeta, quien lo lleve a cabo por haberse visto involucrado en ello en anteriores ocasiones: “Vuestro corregidor actual d. Mateo de Lezaeta y Zuñiga, infatigable por el bien público, a quien debe Segovia su actual orden y policía, preservó en el año 1799 de la ruina la mejor parte del acueducto con sus providencias contra un vecino que incauta y maliciosamente deshizo las últimas piedras del cimiento de los dos machones que sostiene las dos más altas arcadas de él”.

Estado del Acueducto a principios del siglo XIX. Grabado de Francois Ligier. Segovia y Matemáticas

Las pautas de actuación que propone Ricote son claras: comprar todas las casas: “Tomadas pues todas las casas que afean y perjudican el acueducto será fácil demolerlas, pagando antes a sus dueños el justo valor de ellas”.  Una tasación previa de los edificios (cuarenta y uno, entre casas y corrales) alcanzaba la cifra de 199.522 reales de vellón, y propone que en su lugar se construyan en zona cercana otras casas similares que no afecten al acueducto y por fin se pueda abrir una calle nueva “y bajo los auspicios de este ilustrado y benéfico gobierno de S.M. se deje ver a los ojos del extranjero observador este hermoso monumento de la antigüedad libre de los borrones con que el mal gusto pudo oscurecerle y para que con seguridad se perpetúe la felicidad del pueblo, por ser este acueducto el canal por donde recibe su aguas esta ciudad”. Por ello: “Suplica a V. M. se digne adoptar el medio más a propósito de los propuestos, encargando esta importante comisión al referido D. Mateo Lezaeta y Zúñiga; y para asegurar el éxito, expedir su real decreto mandando permanezca en este corregimiento dando parte a V. M. de cuanto fuera ejecutando. Segovia y Octubre 15 de 1803= ALRP. De V.M.=Agustín Ricote”.

Sin embargo, la obra que proponía Ricote no se pudo hacer en el tiempo previsto, ya que, según asegura Andrés Gómez de Somorrostro, “El señor corregidor de que trata esta representación cesó en sus funciones y S.M. no tomó resolución hasta el año 1806 en que despejó el acueducto de tales estorbos”. Por tanto, a pesar de ser propuesto, por muy poco no fue Mateo de Lezaeta quien llevó a cabo tan importante obra. Fue la demora del rey quien lo estorbó.

Gracias a Mateo de Lezaeta y a otros personajes como él, el Acueducto de Segovia y otros monumentos antiguos se han conservado a lo largo de los siglos para poder seguir admirándolos en nuestros días.

En el año 1809 (en plena Guerra de la Independencia) Mateo de Lezaeta era todavía Regidor perpetuo de Ávila. A partir de ese año ya no he vuelto a encontrar nada más de él. En ese momento tenía Mateo ya sesenta y nueve años.
 
Es bastante probable que Mateo y Juana María se hicieran con la herencia de la familia de esta, ya que eran ellos los que se encargaban de pagar cada año religiosamente las misas de aniversario que se decían en la parroquia de Cárcar, en sufragio por los padres de esta.
 
Una vida nada sencilla la de los Lezaeta-Martínez. Serían de ver las cartas que Juana María enviaba a Cárcar contando a sus allegados los trasiegos de su interesante vida. Lástima que no se conserve esa correspondencia.
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Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz
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Fuentes:
-Archivos PARES.
-CZEGUIHN Ignacio, PÉREZ JUAN José Antonio (coordinadores). Reflexiones sobre la Justicia en Europa hacia la mitad del Siglo XIX. Alicante. 2010. Pag. 45.
-https:/es.wikipedia.org/wiki/Corregidor

-GOMÉZ DE SOMORROSTRO, Andrés. El acueducto y otras antigüedades de Segovia. 1820. Pag. 226-27 
 https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=1450
-Guía de forasteros en Madrid
- https://www.eladelantado.com/segovia/el-devenir-en-el-tiempo-del-teatro-en-segovia/
https://www.eladelantado.com/segovia/los-malos-tratos-y-la-violencia-sobre-las-personas/
-Libro de aniversarios parroquia de Cárcar
-Libros sacramentales de la ciudad de Viana
-Mercurio Histórico y Político.
- MOSÁCULA MARÍA Francisco Javier.
-navarra.es
-PIQUIERES DIEZ A.J. Los Españoles y José I. La Imagen de un Rey. Año 2015.


viernes, 13 de agosto de 2021

FRAY VEREMUNDO SÁDABA, abad en Frómista

Foto: Cope.es

En lo referente a abades, no dio Cárcar solamente los dos de Leyre; hubo más; al menos uno más: fray Veremundo Sádaba.

Iglesia de San Miguel Arcángel. Cárcar

Veremundo Sádaba nace en Cárcar hacia el año 1720. Ingresa en el convento benedictino de San Benito el Real de Valladolid, cuna de la observancia benedictina española y casa principal de la Congregación de San Benito de Valladolid, una de las más influyentes instituciones monásticas de la España moderna. Toma el hábito el día 4 de junio del año 1740, siendo en ese momento abad del monasterio fray Luis Blanco, a quien sustituyó en 1741 fray Andrés de Chávarri, navarro de Los Arcos.

Lo cierto es que los datos sobre Veremundo son muy escasos. Con la desastrosa desamortización de Mendizábal del año 1835, los monjes benedictinos abandonaron el monasterio y con ellos se dispersaron también los archivos documentales que guardaban memoria de siglos de vida monástica. En la actualidad este monasterio vallisoletano se encuentra habitado por los padres carmelitas. Recientemente me puse en contacto con su archivero con la intención de recabar datos, pero me confirmó lo que ya me temía: que no se conserva allí nada de la época benedictina. Lástima; ahí estaría sin duda la ficha de ingreso de fray Veremundo y, en ella, su filiación familiar y la fecha exacta de su nacimiento.

Monasterio e iglesia de san Benito el Real de Valladolid. Foto viajarconelarte.blogspot 

Será, sin embargo, el Abadologio del Monasterio de Nuestra Señora de la Misericordia de la localidad palentina de Frómista (obra del historiador benedictino Ernest Zaragoza Pascual) quien me facilite los escasos datos que se conservan sobre este monje carcarés. Pocos, ciertamente, pero suficientes al menos para saber de su existencia y del rumbo que tomó su vida dentro de la orden.

Frómista se encuentra en la Tierra de Campos palentina, dentro de la histórica ruta jacobea. Su monasterio benedictino de Nuestra Señora de la Misericordia se fundó en el año 1436, aunque no recibió el título de abadía hasta 1538, dependiendo siempre del monasterio de San Benito el Real de Valladolid, del que era casa filial. Como tantos otros monasterios de la congregación, formaba parte de una amplia red monástica que articulaba la vida benedictina en la Corona de Castilla.

Frómista (Palencia). Foto: El Norte de Castilla

En un momento dado fray Veremundo Sádaba se traslada a esta abadía de Frómista. Allí es elegido abad del monasterio para el cuatrienio comprendido entre 1781 y 1785 y, posteriormente, una segunda vez entre los años 1793 y 1800. En ese mismo año de 1800 fallece, siendo enterrado en el propio monasterio que había gobernado.

Mucha y muy rica debió de ser la vida de este monje, pero los datos no dan para más. Treinta y cinco años después de su muerte, al igual que ocurriera en San Benito de Valladolid y en tantos otros monasterios de España, se decretó para esta abadía de Nuestra Señora de la Misericordia de Frómista la exclaustración de los monjes y la desamortización del monasterio. A día de hoy no quedan restos materiales del mismo: nada, ni siquiera un grabado. Tan solo los escasos documentos que se han podido recuperar y que así lo verifican.

¿Cómo fue la vida de Veremundo antes de ser nombrado abad? ¿Cómo transcurrieron los años de su mandato? ¿Realizó mejoras en la abadía, como era habitual en los prelados monásticos de la época? Nada de eso se podrá saber, seguramente; nada más aparece de momento documentado acerca de él.

Que no se pierda, sin embargo, lo poco que hay. Por mi parte, aquí lo dejo consignado.

María Rosario López Oscoz

Agosto de 2021

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Fuentes:

-ZARAGOZA Y PASCUAL Ernest. Abadalogio del Monasterio de Nuestra Señora de la Misericordia de Frómista (1437-1835). Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses. 2000. pag. 156.
-ZARAGOZA Y PASCUAL Ernest. Abadologio de San Benito el Real de Valladolid. 2003. Pag.251
-http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/autoridad/19428

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sábado, 24 de julio de 2021

COFRADÍA DE SANTIAGO EN CÁRCAR. Los Santiagueros



Imagen de Santiago en Cárcar, listo para salir en procesión. Abajo las roscas, panes y queso listos para bendecir y repartir entre los cofrades. Foto: Marisa Roldán

Cada 24 de julio, víspera de la festividad de Santiago Apóstol, es fiesta desde siempre en Cárcar. Ya desde antiguo se le tenía en el pueblo gran devoción a este santo que según la tradición llegó hasta los confines de la tierra en España (Finisterre), difundiendo la fe cristiana.

Imagen vista desde otro punto. Foto: Eva Pérez

Que desde el día anterior a la fiesta hubiera en Cárcar tanta celebración generó en pueblos vecinos algún chascarrillo y un estribillo corría de modo chusco al acercarse la fecha:

San Santiago, el patrón de España,
redentor de Funes, abogado de Cárcar,
y los carcarujos, como son tan "fatos",
celebran la fiesta sin llegar el santo.

Y es que en Cárcar ser "santiaguero" era motivo de orgullo. En este pueblo hay una cofradía dedicada a Santiago con una antigüedad que se remonta al año 1730. Desde entonces, los santiagueros carcareses se han encargado de transmitir la devoción al apóstol de generación en generación y han sido cientos los que a través de los siglos han pertenecido a ella. Vivió la cofradía un período de bonanza en sus inicios, al que siguió otro de tibieza para resurgir con nuevos bríos a partir del año 1761.

Para pertenecer a ella era condición indispensable haber peregrinado a la tumba del apóstol en Compostela; es decir, haber hecho el Camino de Santiago. Este requisito no era en aquel entonces muy asequible por lo que en 1770 y ante el inusitado interés de los carcareses por pertenecer a la cofradía, se pensó en eliminar esta traba. La junta envió al obispado una petición solicitando que se modificara este punto y fue aprobado, aunque con la condición de que sí debía haberlo hecho algún familiar. Además, en ese año se permitió también el acceso a las mujeres. 


Retablo del apóstol Santiago en la iglesia de Cárcar.

Muchos fueron a partir de ese momento los hombres y las mujeres que pidieron ingresar en la asociación. Al año de aprobarse esta norma el número de cofrades ascendía a trescientos noventa y nueve, un tercio de la población aproximadamente.

A principios del siglo XX todavía se podía ver en los legados testamentarios una cláusula en la que se dejaba a los hijos cierta cantidad de dinero “para que visiten el Santo Sepulcro de Santiago, en Galicia”. Y así lo hizo, por ejemplo, mi bisabuelo Juan Rubio Ruíz para con sus hijos varones. En la casa familiar se guardó con celo la esclavina, el bordón y la concha que acreditaba que Juan había hecho en su día el Camino de Santiago. 

En el rito de iniciación se imponía a los neófitos en la iglesia de Cárcar una esclavina sobre los hombros que lucirían ya cada año en su festividad y que los distinguía como santiagueros.

Dos "santiagueros" corriendo la rosca. Años 70. Foto: Julián Mendoza. Tomada del libro: Cárcar Historia, Vocabulario y Plantas. E. Mateo, L.J. Fortún, J.A. Díaz y C. Pardo

A día de hoy la tradición sigue viva y la Cofradía de Santiago celebra desde la víspera, como es de ley, la festividad del apóstol. La tarde del 24 de julio todos acuden a la iglesia. Se cantan las vísperas y a continuación se degusta en el exterior una merienda de hermandad a base de ensalada, pan y queso, previamente bendecido por el párroco. Tras este paso se procede a “correr la rosca”,  que consiste en que dos cofrades se disputen a la carrera la tradicional rosca de Santiago, un bizcocho envuelto en baño blanco y adornado con anises y diversos dulces. Un tercero exhibe a lo lejos el trofeo a la espera de la llegada del vencedor. Éste recibe el premio que en buena hermandad reparte a partes iguales con su contrincante.

Roscas de tradición carcaresa. Foto: Charo López

Los niños acuden ilusionados para recibir la bendición, portando en el pecho las roscas que previamente han preparado con esmero sus madres y abuelas. Y no son pocos los que sin haber cumplido ese requisito previo, le han dado ya un buen bocado al dulce.

Tradición santiaguera festiva que con tesón  la continúan manteniendo viva un nutrido grupo de carcareses. Ojalá no se pierda.


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María Rosario López Oscoz

24 de julio de 2021

Mis bisabuelos por parte paterna y materna, mi abuela, mi padre…, todos ellos fueron “santiagueros”. A ellos dedico este artículo, y a cuantos han sido y son cofrades de Santiago: “Santiagueros” de Cárcar.

Fuente:

LÓPEZ OSCOZ, Mª Rosario. López, Retazos de la Historia de Lerín y Cárcar a través de un apellido. (e.a.). Año 2017.

 

miércoles, 23 de junio de 2021

MALAQUÍAS Y BALTASAR MARTÍNEZ, ABADES DE LEYRE


Monjes llegando a Leyre. Imagen creada por IA

Dos fueron al menos los monjes de Cárcar que ocuparon la silla abacial en la abadía de Leyre (Navarra): fray Malaquías y fray Baltasar Martínez. Ambos pertenecían a la influyente familia Martínez de Cárcar que habitaron la gran casona situada en la calle Mayor y que se extiende por la travesía hasta el otro lado de la manzana. 

Fachada de la antigua casa Martínez, situada en la travesía de la calle Mayor. Las ventanas inferiores corresponden a la capilla particular que se utilizó también después mientras la casa sirvió de convento de monjas. 

Escudo de armas de los Martínez en la fachada de su casa de Cárcar.

Malaquías nace en Cárcar alrededor del año 1705 y es bautizado en su parroquia de San Miguel. Para el año 1722 toma el hábito en la Abadía de San Salvador de Leyre, que en aquel momento perteneciente a la orden del cister, fundada por Bernardo de Claraval y concebida según la regla de San Benito. Como era preceptivo, Malaquías había previamente donado cuatrocientos ducados a la Abadía, “para que con sus réditos se mantuviese encendida una lámpara delante de la imagen de Nuestra Señora”, según se lee en el Abaciologio Moderno de Leire (1501-1836), escrito en 1984 por José Goñi Gaztambide. Profesa Malaquías en 1726 y posteriormente es ordenado sacerdote con licencia para confesar y predicar. 
Asegura Tomás Moral O.S.B., que los monjes cistercienses no tuvieron demasiado notoriedad entre las órdenes religiosas; dice que: “haciendo honor a su nombre de monjes y cistercienses, apenas tenían proyección cultural, política o espiritual”.

Actual portada del monasterio de Leyre. Foto: José Luis Echechipía

No obstante, dentro del cenobio tenían sus encomiendas, y en ellas se destacó fray Malaquías en sus primeros años de monje. Él era el cillerero o procurador, es decir, el encargado de la intendencia. Tenía bajo su potestad a un grupo de monjes en los que apoyarse, siendo por tanto un cometido de responsabilidad; entre sus competencias estaba el abastecimiento de víveres, dirigir el servicio durante la comida, ocuparse de los huéspedes y encargarse de la supervisión de las obras que se pudieran llevar a cabo dentro del monasterio. 

Interior de la abadía de Leyre. Foto: Esther Cruz

El cargo de abad se renovaba cada cuatro años y para proceder a su elección se convocaba a Capítulo General. Aquí se conformaba una lista con los nombres de los tres candidatos a elegir. Esta terna se presentaba al Consejo del Reino de Navarra y de aquí pasaba al rey, que era quien tenía la potestad en última instancia de asignarlos, como Patrono que era del cenobio. Todos los candidatos debían ser  hijos profesos del propio monasterio “por ser mejores conocedores de sus  necesidades”, siendo el primero de la lista quien más posibilidades tenía de salir elegido. 
El rey también tenía potestad para nombrar a los abades de los otros monasterios cistercienses navarros: La Oliva, Iranzu, Marcilla y Fitero.
  
En el año 1744 tocaba elegir el abad de Leyre y el primero en la terna iba a ser fray Malaquías Martínez, sustituyendo a su  paisano Baltasar Martínez de Cárcar; en general estos actos eran rutinarios y no suponían mayor sobresalto, pero esta vez no iba a ser así, ya que de la propia abadía iba a salir una carta dirigida al rey y  firmada por una decena de monjes, “que dijeron ser las dos cuartas partes del Capítulo”, en la que malmetían sin tapujos, tratando de interferir en la elección de fray Malaquías, alegando entre otras cosas que este monje tenía "defecto de profesión, aspereza de genio e incontinencia". Este libelo llegó a manos del virrey, y de ahí al Consejo. 

Dicha carta, “cuyo estilo, impiedad y tiempo la persuaden calumniosa”, según apunta el Abaciologio citado, parece que no gustó mucho al Consejo, respondiendo con unas consideraciones aplastantes en favor de Malaquías :“porque después de 22 años continuos de hábito religioso y asistencia continua a los actos de comunidad, coro, altar, refectorio y sala capitular, a tolerancia e interesencia de tantos, y todos monjes, que ahora, sin citación ni previa relación o queja en su congregación ni en su capítulo monástico, ni ante el diocesano, ni ante el metropolitano, ni ante el papa, lo acusen (…) es evidencia canonizada de calumnia y emulación, y argumento legal de la importancia de este monje y de la facción de sus acusadores”. Y añade: “Este religioso es sacerdote notorio, con licencias para confesar y predicar, sin otro título que el de su cogulla (ser monje)”. 

De la obra de Goñi Gaztambide. 

A pesar del rapapolvo a los firmantes del panfleto, el 10 de septiembre de ese mismo año, el Consejo Real, con la asistencia del virrey (Conde de Maceda) recomienda al rey que mande al Definitorio formar otra terna para Leyre. Felipe V  sin embargo no acepta la recomendación y el 2 de octubre de ese mismo año otorga la mitra abacial de Leyre fray Malaquías Martínez para ese cuatrienio.

Si el contenido de la misiva llegó a oídos de fray Malaquías la situación que se creó en la comunidad, a posteriori, tuvo que ser algo tensa, y solo la pudo rebajar el ascetismo propio de su estado y los votos de obediencia debida al abad. Además, nada sabemos al respecto.

El cargo de abad iba ligado en ocasiones a otro de carácter más temporal en la Diputación del Reino de Navarra, conformada por los tres brazos seculares: eclesiástico, militar y el de universidades o civil. Para representar al brazo eclesiástico se designaba, normalmente, o bien al abad de alguno de los monasterios navarros, o al propio obispo, o también en algunos casos a otro clérigo importante. En abril de ese año de 1744 el cargo de Diputado del Reino en su brazo eclesiástico iba a recaer en el abad de Leyre, a la sazón el otro carcarés citado, Baltasar Martínez, paisano y seguramente pariente de Malaquías, que se encontraba ya próximo a concluir su mandato, y que traspasó a Malaquías cuando este le sucedió como abad
 
Cuando llevaba dos años fray Malaquías  como abad de Leyre y Diputado del Reino, fallece en 1746 el rey Felipe V. Le sucede en el trono su hijo Fernando VI que eligió la ciudad de Pamplona para ser proclamado rey, en reconocimiento a Navarra por haber apoyado a la casa de Borbón en el cambio de dinastía.
 
Por tan fausto motivo, y para mayor realce, la Diputación de Navarra encargó al jesuita José Francisco de Isla que escribiera una crónica que narrara los fastos y celebraciones que se iban a realizar. Y así lo hizo. Tituló el escrito: Triunfo del Amor y la Lealtad, Día Grande de Navarra en la festiva, pronta, gloriosa aclamación del serenísimo catholico rey don Fernando II de Navarra y VI de Castilla.
 
Contraportada del libro de Francisco de Isla. Foto: SpheraMundi

La obra no iba a resultar lo que se pretendía. En la Gran Enciclopedia Navarra aparece una crítica donde se dice que el texto del jesuita “no tiene gracia y abunda en torpezas gramaticales y estilísticas, pero demuestra conocer las interioridades de Diputación, en concreto las de la sesión de diciembre de 1746, y alaba al abad de Leire, Malaquías Martínez, y al diputado Ezpeleta, que criticaron y se opusieron a la gratificación acordada. El abad tenía motivo de resquemor, y Ezpeleta, los diputados y aun los navarros en general, también podían aducir sus motivos, porque para el jesuita “no eran hombres de escuela, pero sí escuela de hombres”, en otras palabras brutos, pero honrados”

Sorprende que ni siquiera el Padre Isla estuviera presente en los actos de proclamación, como tampoco lo estuvo el virrey, ya que ambos se encontraban en ese momento en Arguedas: el virrey rumbo a Madrid, donde acababa de ser promocionado, y el jesuita que había ido a despedirlo. Así que, como ni el rey estuvo presente en su propia proclamación, ni tampoco lo estuvo el virrey, y ni siquiera el fraile cronista que debía relatar los hechos, la crónica iba a quedar deslavazaba, escribiéndola a su gusto, entreteniéndose en caricaturizar a los señores diputados.
 
Francisco de Isla. Foto: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Y así cuenta el P. Isla como vivió la Diputación el momento de conocer la noticia y su modo personal de verlo: “Con efecto, el mismo día en que recibió la diputación la carta de su majestad, disparó volantes a los lugares donde tienen su residencia ordinaria los miembros ausentes de este ilustrísimo gremio…". Tras larga introducción, apostilla: “Vuelvo a decir otra vez, y lo diré otras dos mil, que en los caballeros que componen la diputación del reino de Navarra, la nobleza es lo de menos; porque lo menos que son es lo que fueron sus abuelos, y lo más es lo que son ellos mismos. Escógelos todo el Reino junto en cortes, para fiarles las llaves de sus leyes, y para encargarles la custodia de sus fueros; que después de lo que adoran dentro de la custodia y lo demás que hay sagrado, es lo que mas veneran los navarros”.

Cripta del Monasterio de Leyre. Foto: Esther Cruz

Seguidamente, rompe y rasga citando a los diputados, empezando por fray Malaquías: “Y para que el cotejo no se haga a tientas, venga a noticia de todos que los diputados presentes del ilustrísimo Reino se nombran como se llaman. Y son: por el brazo eclesiástico el señor don Fray Malaquías Martínez, abad cisterciense del real monasterio de Leire: no dije bien real, quise decir celestial, empireal y angelical, aunque en este sentido también es real el monasterio de Leire; porque real y verdaderamente es esto, y mucho más, si es que puede ser más que esto. Sabemos por las historias, que sin salir, o a lo menos sin alejarse mucho de aquel monasterio, aprehendió un monje cómo se pasaba el tiempo en el cielo sin sentir; y que esto se lo enseñó un pajarito, a quien estuvo oyendo cantar el santo religioso con la boca abierta no más que trescientos años, que no se le hicieron tres minutos. Y esto, aunque es historia, no es cuento; que allí se está enterito y verdadero el mismo monje para defender cuerpo a cuerpo esta verdad. Hora bien: si los pajaritos que revolotean alrededor del monasterio son tan celestiales, los que andan dentro de sus claustros, ¿qué pájaros serán? ¿Y qué será el padre Abad? Será, tengan ustedes paciencia, que ya lo voy a decir:
Si su casa es Flos Sanctorum
allá desde luengos días,
el padre Don Malaquías
será el Abbas Abbatorum.
Per saecula saeculorum
dure su nombre también,
y viva, pues vive en
donde, sin miedo a vestigios,
se viven siglos de siglos.
Respondan todos: Amen".

Y seguía de esta guisa con el resto, echando pullas a diestro y siniestro, yendo de menos a más. 

Viendo el trato que le da a fray Malaquías cabe la posibilidad de que el P. Isla hubiera tenido conocimiento de la conspiración de aquellos frailes disolutos para que no saliera elegido abad, al decir eso de: “¿Qué pájaros serán?”. 

La cosa es que este libro sobre los fastos de la proclamación del rey no pasó desapercibido. Antonio Balsón, en su tesis sobre el Padre Isla, dice: El éxito del Día grande fue tal que Pamplona regocijó en la obra durante semanas antes de percibir la ironía tejida en el texto. Sintiéndose insultado, el pueblo pasó de la aclamación a la animadversión, hasta el punto que Isla hubo de huir: “fue tal el escándalo formado alrededor de la publicación del Día grande de Navarra, que se juzgó corría peligro la integridad física del P. Isla y a principios de 1747 su Provincial le insta a que abandone Navarra”.  

Y avalando lo referido al monje carcarés, añade: “el Diputado eclesiástico, Fray Malaquías Martínez, abad cisterciense del monasterio de Leyre a quien Isla describe con un breve poema, quizás por tratarse de un compañero religioso, es el diputado que menos pullas se lleva, quedando prácticamente ileso de la crítica isleña”.

Imagen de San Virila en Leyre. Foto: románicoaragonés.com

Tras este trepidante episodio poco más he podido averiguar sobre fray Malaquías Martínez, tan solo que el 15 de noviembre del año 1745 recibió la visita canónica del vicario general de su Congregación, fray Joaquín Salvador, abad de Fitero, y que al término de su mandato, el 25 de noviembre del año 1748, fue sustituido por el abad anterior, el ya citado Baltasar Martínez de Cárcar. Al igual que Baltasar, también fray Malaquías fue propuesto en 1772 para un nuevo cuatrienio, ocupando en este caso el segundo lugar en la terna, saliendo elegido, como era de esperar, el primero de la lista, fray Antonio Pérez.

Interior de la cripta. Monasterio de Leyre. Foto: Esther Cruz

BALTASAR MARTÍNEZ, ABAD DE LEYRE
Este personaje es casi con seguridad Baltasar Martínez y de Robles, hijo de Manuel y María, nacido en Cárcar el día 15 de enero de 1701. El mismo abadologio del que tomo referencia, dirá de él que fue designado abad de Leyre el día 14 septiembre 1740.  Durante la visita canónica que mientras su mandato realizó el vicario general y abad del monasterio de Valldigna, Luis Sanchís, apunta el abadalogio que: “mandó que se nombrase en Leire lector de Moral, a pesar de que le habían informado que esto no estaba en práctica, y que el abad proseguía la fábrica de los cuartos viejos”. Lo que da cuenta también es que en ese momento la abadía estaba en obras. También que en el año 1742 el abad carcarés permitió que en el coro se pudiera consumir “con mucho disimulo” tabaco, refiriéndose probablemente al rapé. A Baltasar le siguió, como he dicho, fray Malaquías y al cumplir su cuatrienio fue elegido de nuevo fray Baltasar abad por segunda vez.

Goñi Gaztambide dice, que: “si, como parece indicar su apellido, era natural de Cárcar (Navarra), el monasterio de Leire estuvo gobernado durante doce años seguidos por monjes de Cárcar”. Un dato digno de reseñar. 

Los archivos del monasterio de Leyre sufrieron la demoledora desamortización, al igual que ocurriera con muchos de los monasterios de España, por lo que encontrar más datos resulta complicado. De modo que, sin poder añadir más y emulando al jesuita Francisco de Isla, sirva este artículo como contribución para que a pesar de los siglos transcurridos perduren los nombres de los Abbas Abbatorum, fray Malaquías y fray Baltasar Martínez de Cárcar, per saecula saeculorum. Amén. 

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Investigación y redacción: María Rosario López Oscoz
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Fray Francisco Javier Fortún Ardáiz

Quiero dedicar este artículo al monje benedictino carcarés Fray Francisco Javier Fortún Ardaiz, que habita desde hace más de cinco décadas en la  Abadía de San Salvador de Leyre, consagrando su vida a la oración y a la contemplación. Que suenen los ecos de las pisadas de estos carcareses por los pasillos de la secular abadía por siempre y que sus frutos perduren en el tiempo. 
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Bibliografía y fuentes:

-http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=11897. Voz Isla de la Torre y Rojo, José Francisco.
-http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=8175.Voz Diputado del Reino
-familysearch.org
-FELIPE MONLAU, Pedro. Obras escogidas del Padre José Francisco de Isla, con una noticia de su vida y escritos. Imprenta de la Publicidad. Madrid. 1850.
-GOÑI GAZTAMBIDE, José. Abaciologio moderno de Leire (1501-1836). Studia monástica, nº 26,2,1984. Págs. 795-96.

lunes, 31 de mayo de 2021

IGNACIO MARTÍNEZ. Boticario.

 

Antigua botica de monasterio. Foto: La Voz de Asturias

Ignacio Martínez era natural de CÁRCAR. El documento de donde he extraído este dato no facilita el segundo apellido del personaje, que ayudaría a concretar la búsqueda, pero por las fechas se trataría de Manuel Ignacio Martínez Guillén, nacido en Cárcar  el día 7 de junio del año 1789, hijo de Juan Josef Martínez Sadaba y Josefa Guillén Martínez. Y sería uno de tantos poseedores del apellido Martínez, de Cárcar, que sembraron España de personajes ilustres. Ignacio, regentó la botica del monasterio cisterciense de La Oliva y fue contratado en el año 1830 sustituyendo al anterior boticario, Segundo Santesteban, que había estado de boticario o apotecario apenas cinco meses y medio. El carcarés era ahora contratado por un sueldo anual de 480 reales, a razón de 40 reales al mes. Esta farmacia del monasterio era de reciente constitución ya que justo el año anterior (1829) había sido sustituida por la vieja botica ya que esta había quedado obsoleta. 

Ignacio la regentó durante cuatro años, ya que en el año 1834 le sobrevino la muerte a causa del cólera morbo asiático. Este epidemia fue la primera que llegó a  España en el siglo XIX procedente de la península del Indostán, a bordo sin duda de algún barco; posteriormente se extendió gracias al trasiego y movimiento de tropas en la Primera Guerra Carlista. En el mes de septiembre se presentó en el monasterio de la Oliva contagiándose un anciano monje que falleció. Probablemente al entrar Ignacio en contacto con el monje, para administrarle medicamentos, se contagió y justo al mes siguiente el boticario carcarés fallecía también.
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 María Rosario López Oscoz
mayo de 2021

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Fuentes:

-GARDE GARDE, Juan Manuel. La botica del monasterio cisterciense de Santa María de La Oliva (Navarra). Separata. Revista Príncipe de Viana N.º 276. Año 2020. Pag. 16 (177).

-ORTA RUBIO, Esteban. El cólera. La epidemia de 1834 en la Ribera de Navarra. Plaza Nueva. 25 de marzo de 2020

-Familysearch.org

lunes, 24 de mayo de 2021

EL ORGANISTA Y COMPOSITOR, ESTEBAN ARANAZ Y DE IBARRA


Foto recursostic.educación.es


Cuando se accede al interior de la iglesia de Cárcar, justo encima de la puerta de cancela se puede contemplar el antiguo órgano ibérico construido en el siglo XVIII por el lerinés Joseph de Mañeru. Hace muchos años que este órgano no suena, pero a lo largo de los siglos fueron abundantes los organistas que sentaron plaza y pasaron por esta iglesia armonizando y realzando las funciones litúrgicas gracias a las notas salidas de tan prodigioso instrumento. Eran organistas de carrera y accedían al puesto por medio de contratas después de someterse a un duro y disputado examen previo. Mientras duraban los contratos los organistas se trasladaban al lugar junto con sus familias para llegar en algunos casos a asentarse definitivamente en el pueblo, prolongando allí el apellido durante generaciones. Ya he destacado en otro post a Bernabé Fortuño, otro organista en este caso autóctono; ahora me centraré en Esteban Aranaz. Confío en poder con el tiempo ampliar esta lista.

 

Coro musical. Foto asociación litúrgica magnificat


Esteban Joaquín Aranaz y de Ibarra (abuelo que era de Juan Cruz Aranaz, estudiado en la anterior entrada al blog) nace en Arguedas (Navarra) el 11 de septiembre del año 1770;  era hijo de Pedro e Isabel. A los once años comenzó su educación musical en la Escuela de infantes de la Catedral de Pamplona donde formó parte del coro catedralicio entre los años 1781 y 1786, año en que cesó al mudarle la voz. Esta escuela de infantes se creó en el siglo XIII y era una de las más antiguas de España. Siguió Esteban la carrera musical y en el año 1789 ganó por oposición la plaza de organista en la iglesia de Santa María de Sesma, sucediendo en el puesto a Miguel Antonio de Piérola, según asegura en un estudio Fernando Abaunza. Allí conoce a una joven sesmera llamada Esperanza Escalzo Guerrero con la que se casa el 11 de abril del año 1792, año en se presenta también para intentar conseguir la vacante que se produce en la organistía de San Pedro de Viana. Por eso, tras promulgarse el edicto en distintas ciudades de Navarra y otras provincias se presentó de aspirante junto con  Cristóbal Prior, Antonio Uztáriz, Fernando Sarasa, Pedro Vidondo, Miguel Eguren y Vicente Pérez de Artagoitia. El examinador fue Manuel Antonio de Iribarren,  maestro organista de la iglesia de Santiago de Puente la Reina, y aunque concluyó el experto que el mejor en el apartado de composición había sido Aranaz, en lo referente al manejo, estilo y acompañamiento había sido superado por Artagoitia, por lo que le dieron la plaza a este. El dato lo recoge Juan Cruz Labeaga Mendiola en la página 36 de su estudio La Música en la Parroquia de San Pedro de Viana. Asegura Labeaga Mendiola que dicho examen duró desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde.

 

Ilustración de la época.  Bach tocando el órgano. Foto historia de la música. wordpress

Al no conseguir la plaza en Viana continuó Aranaz de organista en Sesma donde nacieron sus tres primeros hijos. Más tarde se traslada con su familia a Arguedas, su pueblo natal, donde se hace cargo del órgano de su iglesia. En Arguedas nacen y son bautizados otros tres hijos más; uno de estos será Miguel Aranaz, el padre de Juan Cruz.

Para el año 1805 se encuentra Esteban ya de organista en la San Miguel de Cárcar, y el 21 de diciembre de 1805 nace aquí el último de sus hijos, de nombre Juan Thomas. Y en Cárcar será donde se asiente definitivamente con su familia. 
En el año 1824 seguía todavía constando como organista y despertando la vocación especialmente de su hijo Miguel que seguiría su pasos.  Esteban no se limitó solamente a tocar el órgano ya que también compuso algunas obras como el Kirie de la Misa a cuatro violines, que recoge Fernando Abaunza Martínez y que se guarda en archivos, al parecer todo un dosier. 

Kyrie a 4 violines compuesto por Esteban Aranaz. Foto: Fernando Abaunza


Desconozco hasta donde pudo llegar el espíritu creador de Aranaz, pero seguramente hubo muchas mas composiciones  que salieron de su mano e ingenio y que se posarían en su día en el atril del órgano dándoles vida, para quedar finalmente olvidadas entre legajos y papeles, viniendo posteriormente a desaparecer de la parroquia, ya que por mucho que he buscado no he encontrado ninguna. 

 

Detalle del órgano de la iglesia San Miguel de Cárcar. 


En esa época, entre las funciones que desarrollaba un organistas estaba también la de educar en doctrina a los niños, además de la enseñanza y formación de un coro que le acompañara en los oficios litúrgicos. Tuvo que ser un deleite escuchar  esas misas armonizadas por Aranaz y cantadas por el coro. En un pequeño ejercicio de introspección, cuando me encuentro en este hermoso templo me gusta imaginar como sería el sonido y los ecos de los acordes que envolvieron al recinto sacro vibrando por cada uno de sus rincones.

Justo encima del secreto del órgano de esta iglesia de Cárcar se puede leer el siguiente texto escrito en latín: Laudáte Dominum in Chordis et Organo, que viene a significar: alabado sea el Señor con cuerdas y flautas. Dulce y elevado sonido que enmudeció tiempo atrás y que tanto está costando recuperar.

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María Rosario López Oscoz.
 Lerín, Mayo de 2021

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Fuentes y bibliografía:

-familysearch.org

-ABAUNZA MARTÍNEZ, Fernando. Diccionario de Músicos Vascos. Año 2017. pag. 36
-GEMBERO USTÁRROZ, María. Diccionario de la Música Española e Hispanoamericano. Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 1999. T.1, p. 548.
-LABEAGA MENDIOLA, Juan Cruz. La Música en la Parroquia de San Pedro de Viana.
-LÓPEZ OSCOZ, María Rosario. López, Retazos de la Historia de Lerín y Cárcar a través de un apellido. (e.a.). Año 2017