lunes, 26 de agosto de 2024

CANTO DE RECONOCIMIENTO

Aspecto que tenía la Casa Consistorial de Cárcar en ese año de 1928. Desde entonces la fachada ha sido rehabilitada dos veces


Este es el canto que compuso en verso Eulogio Martínez, hijo de Cárcar y párroco de Andosilla, y que leyó el día 22 de abril del año 1928 con ocasión del homenaje que el Ayuntamiento de Cárcar (siendo alcalde Veremundo Ágreda) hizo a cuatro de sus hijos ilustres, dedicándoles también sendas calles. Ellos eran, como ya sabemos: Salvador Ordoñez, Juan Cruz Aranáz, Francisco Marín Sola y Madre Isidora del Corazón de María. (Pinchar en cada uno de estos nombres para verlos por separado)

Las vidas de los personajes que se citan en el poema están ya recogidas en el blog; sin embargo, los testimonios que rodearon al acto de aquel homenaje, recogen aspectos y alusiones al pueblo de Cárcar dignos de ser conocidos y debidamente recogidos.


Grabación actual de audio mía y texto completo del discurso que pronunció en verso el sacerdote carcarés Eulogio Martínez.

CANTO
Paisanos muy apreciados,
Muy Ilustre Ayuntamiento:
Al dirigirme a vosotros
en tan sublimes momentos,
son tantas mis emociones,
es tanto lo que yo siento,
que dudo que mis palabras
puedan ser un fiel reflejo
de las ideas que ahora
rebullen de mi cerebro.

Y ¿por qué yo habré elegido
mejor que la prosa el verso,
si esta nueva ligadura
ata fuerte el pensamiento?
Os lo diré con franqueza:
sin ser poeta, yo quiero
en el divino lenguaje
saludar así a mi pueblo,
porque es digno del bel canto
y son sobrados sus méritos.

díganlo, ni no. los hijos
que resurgen de su seno;
algunos muy singulares,
todos honrados y buenos;
y si la gloria del padre
está, según el proverbio,
en el hijo distinguido,
hoy aparece cubierto
con rico manto de armiño
mi queridísimo pueblo,
al rendir este homenaje
de simpatía y afecto
a cuatro hijos muy ilustres
 que son valores excelsos.

Hurra pues, a nuestro Cárcar
que se mece en alto cerro
estribo del Montejurrra,
vigía juncal y experto,
que en el confín de Navarra
y en la vanguardia con celo
defiendes la patria chica
y la guardas con denuedo.
Cuando el sol sale, te mima
como a los niños de pecho;
y cuando llega a su ocaso,
al darte el último beso,
tu eres su fondo sublime
en el panorama bello
que cristaliza en las nubes
fulgurando rayos célicos.

Para mí, eres una reina
la maga de mis ensueños;
y tu vega fertilísima, 
y el codiciado viñedo
dan el color purpurino
y el tono a tu manto regio.
Inspirándote en los Santos
que elegiste con acierto
por patronos y abogados,
con caudillos tan expertos
como Miguel y Santiago
y la Cruz santa en el pecho,
y la Virgen de la Gracia
que en la avanzada su asiento
tiene en preciosa Basílica,
y adonde van nuestros rezos,
y donde Ella nos consuela,
y nos da el abrazo tierno
de Madre cariñosísima...

Inspirándote en todo eso,
y además en tu hidalguía,
sé que has recorrido presto
el camino de la gloria
 y las sendas del progreso.
Hasta tu altísima torre
que remata el monumento
de la iglesia parroquial, 
que reta al rayo y al trueno,
significa tu grandeza,
porque está tocando el cielo.
No es extraño que de tí
salgan hijos como estos,
y que si ahora son cuatro
sean luego cuatrocientos,
y que recíproco sea
el cariño y el afecto,
tú... dedicándoles calles,
gratitud y honra, ellos.
           _______

Y ¿quién fue D. Salvador?
Una lumbrera en el Cielo.
de la Iglesia nuestra Madre
un orador de altos vuelos,
Magistral de Santander
y en consecuencia, por eso
llevó consigo a Castilla
la hidalguía de su pueblo.
           ______
Y sigue a este D. Juan Cruz,
de quien perduran los ecos
como Magistral en Lérida
y Lectoral de La Seo
de Zaragoza, que aún
le recuerda con respeto.
Su Seminario le debe
el esplendor y apogeo
al que llegó, porque fue
su Rector y Padre bueno.

Fueron sus prendas bellísimas
y sus prédicas portento
de erudición y de ciencia,
de majestad y de celo.
La Parca lo arrebató
cuando acrecía su ingenio
aún joven, porque si no,
en virtud de su talento,
en jerarquía eclesiástica
hubiera ocupado, creo,
las primeras dignidades,
el Pontificado en premio.

Él como ninguno amó
a sus paisanos y pueblo;
y en prenda de su cariño,
dando a todos el ejemplo,
vinculó en Cárcar dos becas;
como si dijera, quiero
que jamás aquí se acaben
los sacerdotes, los clérigos.
Se merece, pues, la calle
cual ninguno, sí por cierto;
y este homenaje tardío
sirva de estímulo nuevo
que D. Juan Cruz Aranaz
perdurará en el recuerdo.
               _____
Y voy al Padre Marín,
a quien el Ayuntamiento
interpretando el sentir
de todos, con buen acuerdo,
le entrega hoy el Diploma
de Hijo muy predilecto,
dando además a una plaza
su nombre, para el recuerdo.
Y ¿cómo me pongo a hablar
del gigante en el ingenio,
del entendimiento cumbre,
del sabio que al mundo entero
causara la admiración?
Que perdone, si me atrevo
a decir algo en su honor;
por lo demás, bien comprendo
que a un gigante, otro gigante
puede medir, no un pigmeo.

En Manila y en Friburgo,
aquí y en el extranjero,
en la prensa y en el libro,
y en la cátedra por cierto
se ha revelado como es
sutilísimo maestro.
A la ciencia más difícil
ha dedicado su esfuerzo,
y en la ciencia teológica
sé que ocupa el primer puesto
dando así honor a su Orden
de teólogos venero,
desde que Santo Tomás
apellidado el Angélico,
le pusiera con su Summa
el más sólido cimiento.

Su nombre, a fe hace pendant
con el de sus compañeros
de Orden, Cano, Victoria,
Carranza, los Sotos, Lemos,
Álvarez, Medina y Bañez
del siglo decimosexto,
que junto a los Jesuitas
Torres, Salmerón, Oviedo,
Molina, Suárez y Vázquez
tanta gloria a España dieron,
llamándose el siglo de oro
por lo abundante en talentos:
y que ahora Marín Sola
resucita esos trofeos,
siendo el eslabón que une
aquel siglo con el nuestro.

Para acabar, alguien dijo
que si Tomás el Angélico
resurgiera hoy a la vida
y viviera nuestros tiempos,
otra Summa escribiría
para dar fin a los retos
que una seudociencia lanza
al dogma y a los misterios;
pues bien, el Padre Marín,
queriendo llenar el hueco,
ha dado a la estampa un libro,
señalando con el dedo
la manera de triunfar
de los sofistas y necios;
y la "Evolución del Dogma"
es leído con anhelo
significando además
la fuerza de su intelecto.
          __________
Veis que ya sólo me resta
enaltecer cuanto debo
a una religiosa santa;
y... con pena lo confieso:
la Musas me han retirado
su concurso por completo.
Si miro a Sor Isidora,
tan elevada la encuentro,
tan galana y refulgente,
que ofuscado yo me quedo,
lo mismo que si mirara
al sol en un día espléndido.

Esta mujer es la fuerte,
la que duda el Evangelio
encontrarla por doquiera,
y en el mundo mucho menos.
La carta donde San Pablo
describe el amor, yo creo
se la aprendió de memoria
y en su vida fue su espejo.
Charitas non aemulatur:
su emulación, por lo bueno;
non inflatur: fue humilde,
pero sin rebajamiento;
non quaerit quae sua sunt:
para ella, el sufrimiento;
charitas non agir perperam:
nada mal hizo, su celo
en cumplir con su deber,
difícil por lo complejo,
y a las pobres Asiladas,
faltas de amor verdadero,
hacerlas mujeres dignas
y ganarlas para el Cielo.

Y como la Caridad
era su sino, en su seno
brotaban los doce frutos
que de niños nos sabemos,
transformando así a la Madre
en ángel o poco menos,
Como mujer, como Madre
y religiosa modelo,
a todos pueden servir
sus admirables ejemplos.
Y tan relevante vida
llena de años y de méritos,
siguióle una muerte dulce,
la muerte del justo, en premio.
Las Oblatas aún la lloran,
para su hijo no hay consuelo.
           ________
Voy a concluir, señores,
con un insinuante ruego:
en olor de santidad
la Madre Isidora ha muerto;
y esa lápida nos dice
que en la piedad la imitemos,
para gozar algún día
de ese caro y rico Cielo.

EULOGIO MARTÍNEZ párroco de Andosilla
22 de abril del año 1928



jueves, 8 de agosto de 2024

CORRER LA ROSCA, de Juan Antonio Díaz de Rada Ruíz

Este que traigo es un  artículo de don Juan Antonio Díaz de Rada que constituye todo un documento a conservar. Ya había hecho yo referencia en este blog a los santiagueros (pinchar) de Cárcar y a la historia de la tradición secular que se vive en el pueblo la víspera de la festividad de Santiago Apóstol, pero ahora va a ser expuesta según la vio don Juan Antonio décadas atrás. El texto es un valioso documento que no está datado pero que fue escrito hace ya unos cuantos años. 

A día de hoy ya no son cuarenta los cofrades que él contabilizó; el número ha bajado sensiblemente en parecido porcentaje a la demografía que registra Cárcar en la actualidad, unida a los usos y costumbres actuales bastante alejados del tema religioso, ni aunque éste venga impregnado de raigambre y solera. No obstante, afortunadamente la tradición no se ha roto, y el grupo cofrade que la compone sigue celebrando con entusiasmo las vísperas y la fiesta santiaguera. 

Este año se han incorporado tres nuevos miembros al grupo: Milagros Sádaba Bravo, Alejandro Sádaba Pardo y Laura Rujula Catalán. Felicidades a los tres y a todos los que año tras año vienen manteniendo viva la fiesta. Que la savia joven no deje pues perder esta entrañable fiesta secular, genuinamente carcaresa, que como ya dije en el anterior artículo, en 2030 cumplirá trescientos años de vida. 

Grupo de santiagueros que celebraron las vísperas el 24 de julio de este año 2024. Foto: Inma Payo 

CORRER LA ROSCA

JUAN ANTONIO DÍAZ DE RADA RUÍZ

“Y los carcarujos, como son tan fatos,
celebran la fiesta sin llegar el santo”

Así cantan el estribillo final de entrada a la jota algunos de nuestros pueblos limítrofes, haciendo con ello referencia a la animada fiesta que Carcar celebra el víspera de Santiago en los aledaños de la iglesia parroquial. Protagonistas: los Hermanos Cofrades del Santo y, en torno a ellos, sus esposas, hijos y multitud de amigos.

Pero vamos a la fiesta. Y para ir a la fiesta, si eres cofrade, tienes que ir con hambre de queso y sed de vino, además, y aunque te suene a broma, con espíritu de competición deportiva por lo que pueda pasar. Si eres niña o niño, has de llevar una hermosa rosca colgada al cuello, adornada con clara de huevo y confituras de las más variadas rarezas, dispuesto a defenderla contra cualquier ataque a que puedan someterla por sorpresa los más bravos mozalbetes.
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Llaman las campanas a vísperas del Santo y los más inquietos van llegando, rosca en pecho, como sello inconfundible de la extraña fiesta, cuyas vísperas sí que dicen menos al alma que la rosca al cuerpo…

Los “fosales” se animan de curiosos. Se entreabre sin cesar la puerta de la iglesia con el consabido chirriar del gusanillo, dejando escapar entrecortados salmódicos que entre cura y Hermanos Cofrades van canturreando, mientras su pensamiento está más en las “santiagueras” que en el santo.

Llegan ellas, repletas de roscas, en mano y cestas. Un olor apetitoso, tierno y azucarado, a la vez que un no menos enjundioso olor a pan tierno y queso de oveja, auténtico, se expande por el atrio. Van colocando con esmero sus viandas en mesas y poyos. 

Al fin los Hermanos Cofrades, seguidos del cura, entran en la fiesta.

Los curiosos se arremolinan. Un pequeño llora con amargura de ver despedazado su emblema santiaguero, que no pudiendo defenderse del “remolino” de gentes, ve con rabia un ridículo rabín de lazo colgando del cuello y la rosca hecha trizas a sus pies. Entre lloros y risas bendice el cura. Pocos se han enterado. Es igual. La desorganizada asamblea se da por satisfecha.

Ahora comienza la hora de los cofrades. Cada cual recibe el queso y su panecillo. Las jarras de vino, guardadas de generación en generación, corren de mano en mano y unos y otros van poniendo sobre la mesa la guindilla, el tomate, ajo o cebolla, aun con olor a tierra fresca. Nada estorba el apetito; y en menos que se cantan unas vísperas se ha dado batida al menú santiaguero.

Este año son unos cuarenta cofrades. Bien avenidos. Predominio de mayores pero también existe la salsa joven que busca con entusiasmo el reverdecer de la fiesta.

Unos y otros, animados con los últimos envites de las jarras, salen decididos a “correr la rosca”. Hasta donde sea. Uno de los cofrades emprende la marcha, rosca en mano, a situarla más o menos a la distancia olímpica de cien metros. Otros dos, que esperan impacientes la carrera, salen disparados a la señal, y… ¡Ya! La rosca en mano del más veloz, o, a veces, con un inmejorable sentido de hermandad, en el más anciano. A la postre, y siempre, ambos la comparten como buenos cofrades. Y así otra… y la siguiente… y más… hasta que se agotan corredores o roscas. No faltan las bromas y, a veces, el que mantiene la rosca emprende a su vez carrera cuando los competidores están a punto de alcanzarla, sometiéndoles a un nuevo esfuerzo para el que no habían hecho cálculos.
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La tarde ha caído y la fiesta ha terminado. Todavía se respira el tierno olorcillo en el ambiente.
 
Esta fiesta secular no se va a perder. Hay savia joven que le da vida. Mañana celebramos el Santo que, cuajado de frutos y satisfecho y orondo como una rosca, saldrá a las calles a invitarnos a “vivir la fiesta”._ 


Guiados por Lorenzo, los niños también aprenden el arte de "correr la rosca". Esperemos que en un futuro sean ellos también santiagueros. Foto sacada del vídeo que realizó en directo Juan Ignacio Fernández García este 24 de julio de 2024 

Diecinueve son a fecha de 2024 los miembros cofrades que componen esta secular cofradía de Santiago de Cárcar: 
*Anastasio Alcoya
**María Ángeles Hernández y Nicolás Pascual
*Pedro Jimeno
**Alfredo Mendoza y Marisa Roldán
***Esteban Mendoza, su hijo Jesús Manuel y el hijo de este, Iker
*Eufrasia Mendoza
*Juan Carlos Mendoza
*Julia Ramírez
*Ángel Mari Ruíz
***Lorenzo Zurbano y sus hijos Efrén y Uriel, 
***y los tres nuevos miembros que se han incorporado este año: Laura, Alejandro y Mila.

Como decía don Juan Antonio: hay savia joven que le da vida. Que no la dejemos morir.

jueves, 1 de agosto de 2024

"POESÍA A MI PUEBLO-CÁRCAR" de JUAN ANTONIO DÍAZ DE RADA


Cárcar visto desde Lerín. Foto: Agustín Garnica

Juan Antonio Díaz de Rada Ruíz fue un sacerdote diocesano natural de Cárcar (Navarra) que falleció en el año 2020 durante la pandemia del coronavirus. Era muy amante de su pueblo y ponderaba sus costumbres y tradiciones, tal es así que se preocupó en recopilar fechas y hechos destacados del siglo XX referidos a él. Buena parte de ellos los plasmó en el libro Cárcar Historia, Vocabulario y Plantas que escribió junto a Eduardo Mateo, Luis Javier Fortún y Carmen Pardo, y que se editó en el año 2002 con ayuda del Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Cárcar.

Don Juan Antonio escribió también poemas y artículos de tipo costumbrista cuya temática giraba siempre en torno a Cárcar. 

Han llegado a mis manos algunos de ellos y en su memoria los quiero ir recogiendo para Legado de Cárcar, ya que la función de este blog es precisamente esa, reunir y agrupar no solo personajes sino también aquello que atañe a Cárcar y que se encuentra olvidado, desconocido o inédito.

El que traigo ahora a este post lo he grabado en un audio y es un poema al que el P. Díaz de Rada Ruíz tituló: Poesía a mi pueblo - Cárcar.



La foto está tomada desde la torre de la iglesia de Cárcar. Es una vista parcial del pueblo desde donde se ve parte del crucero de la iglesia, la Plaza de los Fueros y la calle Mayor, y apenas una pequeña parte de la panorámica que se alcanza a divisar desde ese punto. Foto: Charo López

viernes, 5 de julio de 2024

ANTONIO SÁDABA MARÍN, MISIONERO AGUSTINO RECOLETO


Antonio Sádaba Marín O.A.R. Foto: familia Mendoza-Lizaldez

La semilla que sembró el sabio Marín Sola entre algunos de sus familiares dio mucho fruto. Siguiendo su estela quedaba todavía un tercer sobrino por entrar en religión: Antonio Sádaba Marín, hermano del P. Paco, pero este no ya como dominico sino agustino recoleto.

Antonio nace en Cárcar el día 13 de junio del año 1925. Hijo de Leonardo Sádaba Lasarte y Ricarda Marín Sola, era el más joven de los hijos y nace en el domicilio familiar de la calle de Medios. Su padre era labrador y su madre ama de casa. Sus hermanos mayores: Francisco O.P., María Gracia, Elena, Jesús, María y María Carmen Sádaba Marín. Antonio era trece años menor que su hermano dominico, por lo que para cuando nació Antonio, Paco ya estaba estudiando en los dominicos de Valladolid, a punto de tomar el hábito.

Ingresa Antonio en el convento de la Orden de los Agustinos Recoletos de Monteagudo donde inició sus estudios. Con 18 años, hace el día 9 de octubre de 1943 los votos simples, y se ordena sacerdote en Marcilla el 24 de julio de 1949. Era en Marcilla donde estaba desde el año 1865 el Colegio Máximo de Teología para la Provincia de san Nicolás de Tolentino.

El P. Antonio Sádaba en sus primeros años de fraile. Foto familia Irigoyen-Reyes

De Marcilla pasó al Colegio Seminario San José de Lodosa, fundado en el año 1925, donde fue formador de aspirantes al sacerdocio. 

Colegio Seminario San José de Lodosa (desaparecido). Foto: Facebook antiguos alumnos 

Tras unos años en Lodosa lo destinan ya fuera de Navarra y, como ya parecía ser costumbre en la familia, marcha de misionero a Filipinas, a la isla de Palawan. En esta isla había estado también muchos años antes, en el año 1872, el P. Ezequiel Moreno, después canonizado y declarado santo patrón de los enfermos de cáncer. 

No he encontrado datos de cual fue la función que desarrolló el P. Antonio en Palawan, pero su necrológica advierte de que fue un misionero “muy activo y emprendedor, realizando una labor extraordinaria en aquellos lugares en que le ha tocado actuar” por lo que hay que dar por hecho que su paso por aquí también dio sus frutos; estando en este sitio tan alejado le sorprendió la noticia del fallecimiento de su hermano Francisco (P. Paco), muerto  en accidente de tráfico en Sarón (Cantabria) cuando iba a comprar menaje para el convento dominico de Arcas Reales, del cual era administrador, por lo que Antonio sufrió este hecho en la distancia y, tristemente, no pudo acudir a sus funerales.  

Los hermanos Francisco y Antonio Sádaba Marín. Foto: familia Mendoza-Lizaldez

En el año 1961, cuando tenía ya 36 años, se le asignó al P. Antonio otra nueva misión. Ahora debía salir de Filipinas y embarcarse rumbo a la capital mejicana, al  Hospital General de la ciudad de Méjico. El hospital estaba a la afueras y se había construido allí para una mejor recuperación de los pacientes. Del año 1906 databa la iglesia, próxima al hospital y que se había dedicado a la Virgen de Guadalupe. Como el templo, que era de reducidas dimensiones, estaba tan próximo al Hospital General, se le acabó llamando Nuestra Señora de Guadalupe de los Hospitales y siempre había habido algún sacerdote atendiendo a los enfermos del centro hospitalario. 

Antigua iglesia de hospitales de la ciudad de Méjico, de estilo neogótico 

En tiempos de la guerra cristera la pequeña iglesia se clausuró y se convirtió en propiedad privada empleándose para almacén de semillas, lo que hizo que sufriera su cimentación. Como los enfermos, en su mayoría católicos, reclamaban la presencia de sacerdotes que los atendiera espiritualmente, se pensó en abrir de nuevo la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe de Hospitales, erigiéndose como parroquia en el año 1947. Pero ahora el arzobispo tenía que buscar quienes se hicieran cargo de la atención espiritual del complejo, por lo que pensó para este cometido en los agustinos recoletos . Así que, como relatan las crónicas:  “El día 2 de octubre de 1961 tomó posesión de la parroquia el Párroco y prior Fr. Antonio Sádaba, que junto con Fr. Eugenio Garayoa, Fr. Jesús Lizarbe y Fr. Aurelio Lerena iniciaron esta gran labor”

El arzobispo y cardenal Miguel Darío Miranda dirá en la entrega de la parroquia a estos agustinos: “Conozco bien el espíritu y la preciosa labor que los padres Agustinos Recoletos de la Provincia de San Nicolás de Tolentino vienen desarrollando desde hace muchos años, con gran sacrificio y desinterés económico, sin más anhelo que el bien de las almas, en distintos rumbos pobres de la Ciudad. Aprecio en lo que vale la ayuda moral que estos Padres vienen prestando en la arquidiócesis. Es por ello, por lo que deseamos ardientemente encomendarles el cuidado de esta Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de los Hospitales, con la seguridad de que el sacrificio, el celo, y el eficaz y fecundo apostolado que la parroquia exige, han de estar siempre garantizados con el lema “Ciencia y Caridad” de estos dignos hijos de San Agustín”

Bendición de la primera piedra para la construcción de la nueva iglesia. Bendice el arzobispo, monseñor Miguel Darío Miranda. El P. Sádaba a la izquierda de la foto. Foto:https://agustinosrecoletos.org/2010/12/1-50-anos-de-atencion-en-los-hospitales/

Dos años más tarde se hizo una ampliación de los hospitales, inaugurada por el Presidente de Méjico Adolfo López Mateos, con el consiguiente aumento de camas hospitalarias, por lo que el arzobispo pensó entonces en construir un nuevo templo acorde a tanta demanda. 

Vista aérea del complejo hospitalario CARDI de la ciudad de Méjico. Foto: https://agustinosrecoletos.org/2010/12/1-50-anos-de-atencion-en-los-hospitales/

Hoy en día reúne la atención hospitalaria de esta zona lo que se denomina CARDI (Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral) y abarca al Hospital General de México, el Hospital Infantil de México Federico Gómez y el Centro Médico Nacional Siglo XXI. Estos centros atienden al año actualmente a unos 50.000 pacientes, con 850.000 consultas externas, y se registran alrededor de 2.500 defunciones.
 
Fray Antonio revestido, bendiciendo alguna otra obra de los hospitales. Año 1963. Foto: https://agustinosrecoletos.org/2010/12/1-50-anos-de-atencion-en-los-hospitales/

El P. Sádaba iba a gestionar ahora una obra de envergadura por lo que necesitaban financiación. Así que se las ingenió haciendo hasta incluso rifas. Las obras duraron poco más de un año y para el día 26 de junio del año 1964 la nueva iglesia fue ya bendecida, y es la que se conserva a día de hoy. Pocos días después fue resaltado el hecho en un programa especial de televisión, tanto de la belleza del nuevo templo como la labor que realizaban los agustinos recoletos.

Aquí en la caseta donde se hacía la rifa para recaudar fondos para la construcción de la nueva iglesia. Foto: https://agustinosrecoletos.org/2010/12/1-50-anos-de-atencion-en-los-hospitales/

Altar y presbiterio de la actual iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe de Hospitales. Ciudad de Méjico

Después de ejercer en Méjico DF su ministerio durante nueve años, el P. Antonio Sádaba regresa en 1970 a su tierra. Ya en España le nombran Consejero y Vicario Provincial, a la vez que Director del Boletín interno de noticias AL HABLA-OAR
 
Apenas cuatro años disfrutó de su estancia en España, y de sus nuevas asignaciones, ya que el día 22 de abril del año 1974 va a fallecer en Pamplona, inesperadamente, a consecuencia de una angina de pecho Tenía en ese momento 49 años de edad. Se cumplía de nuevo la teoría de que la vida del misionero deteriora tanto físicamente que pocos llegan a viejos.
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Durante el transcurso de esos últimos años volvió en más de una ocasión a su Cárcar natal a ver a su familia y amistades, y contaría a más de uno sus andanzas por esos mundos en los que ejerció su misión. También es posible que haya todavía quien lo recuerde. De ser así, sería ilustrativo que dejara aquí su testimonio en forma de comentario. 

MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ

Fuentes: 
-Necrológica firmada en Madrid el 25 de abril de 1974 por fray Javier Pipaón Monreal, Prior Provincial en aquel momento, y que me ha facilitado el P. Pablo Panedas O.A.R., al que agradezco desde aquí su colaboración.
-https://agustinosrecoletos.org/2010/12/1-50-anos-de-atencion-en-los-hospitales/
-CARDI Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral, A.C. Hospital General de México, Hospital Infantil de México Federico Gómez y el Centro Médico Nacional Siglo XXI. cardi.org 
-familysearch.org
-Y agradezco de nuevo a las familias Irigoyen-Reyes y Mendoza-Lizaldez por facilitarme las fotografías de los hermanos Francisco y Antonio Sádaba Marín, que me han servido para ilustrar ambos artículos.

miércoles, 12 de junio de 2024

FRANCISCO SÁDABA MARÍN (P. PACO). ENSANCHANDO FRONTERAS

Detalle del retrato que aparece más abajo, correspondiente a la foto cedida por la familia Irigoyen-Reyes 

La estela del famoso teólogo carcarés, Francisco Marín Sola, alcanzó a tres de sus sobrinos: el ya destacado Leonardo Pellejero Marín, y a los hermanos Francisco y Antonio Sádaba Marín, hijos de Casimira y Ricarda, respectivamente, hermanas ambas del sabio dominico. Del P. Leonardo ya he dado cumplida cuenta en capítulo anterior y ahora lo haré con su primo Francisco. Antonio, que fue agustino recoleto, ocupará también espacio propio en este blog.

Francisco, hijo de Leonardo Sádaba Lasarte y Ricarda Marín Sola, era el hijo mayor del matrimonio y nace en el domicilio familiar de la calle de Medios el día 6 de marzo del año 1911. Leonardo, su padre, era labrador y su madre, Ricarda, se dedicaba a las tareas del hogar. Después de Francisco nacerán: María Gracia, Elena, Jesús, María, María Carmen y Antonio Sádaba Marín.

Retrato del P. Paco junto a su hermano Antonio (agustino recoleto). Foto cedida por la familia Mendoza-Lizaldez 

 A Francisco se le conocía como Paco, y así se le llamó incluso durante su vida de religioso. Es muy probable que Francisco (en lo sucesivo Paco) y su primo Leonardo  se fueran juntos a estudiar con los dominicos, aconsejados quizá por el tío, y juntos ingresaron en el vallisoletano colegio de La Mejorada de Olmedo. Como Paco era tres años más joven que Leonardo en los primeros cursos de Humanidades irá siempre una asignatura más atrás, por lo que no coincidieron en las clases, aunque sí en los espacios comunes. Concluida esta parte de formación, mientras Leonardo se iba a Ocaña, Francisco lo hacía al colegio de Santo Tomás de Ávila donde cursará Filosofía y Lugares Teológicos. Aquí tomó el hábito el día 8 de septiembre del año 1926 y hace la profesión temporal o simple el 10 de septiembre del año siguiente, justo al día siguiente en que Leonardo había hecho también allí  la profesión simple, tomando ya ambos rumbos distintos. 

De Ávila pasó Paco a los Estados Unidos de América, (como lo había hecho anteriormente su tío el P. Marín) al centro de estudios que los dominicos de la Provincia del Rosario tiene en Rosaryville, en el estado de Luisiana, donde hizo los cuatro cursos de Teología; a su conclusión, hace la profesión solemne el día 7 de marzo del año 1932 y es ordenado sacerdote un 10 de agosto del año 1935.

Centro de estudios de los dominicos en Luisiana. Foto: Jorge López Teulón 

Ya sacerdote, su primer destino fueron las islas Filipinas. Una vez allí fue asignado al convento de Santo Domingo de Manila, donde, a lo largo de los cinco años siguientes fue cantor y director de la capilla de tiples. La voz del P. Sádaba era al parecer de mucha sonoridad y, con posterioridad, uno de sus alumnos llegó a  calificarla como “supersónica”. Pronto pasó como profesor al colegio San Juan de Letrán a la vez que recibía clases de Teología en la Universidad de Santo Tomás, donde se licenció. Tanto en Rosaryville, como en el colegio y la universidad de Manila la figura del P. Sádaba marcó su propia personalidad pero sería fácilmente reconocido como el sobrino del sabio y recordado profesor y teólogo Marín Sola, y ante su tumba rezaría en más de una ocasión mientras su estancia en Manila.

Universidad de Santo Tomás de Aquino en Manila. Foto: La Vieja España

Es muy grande la huella que desde los primeros años han ido dejando los dominicos en Filipinas y que empezó en 1587, año en el que se establecieron. Enseguida de llegar levantaron el convento de Santo Domingo, y en el año 1611 erigieron en Manila Intramuros la citada universidad de Santo Tomás, la más antigua de Asia y la universidad católica que más alumnos tiene actualmente a nivel mundial. En 1620 nació también a su amparo el prestigioso colegio de San Juan de Letrán, y en todos estos centros se movió con soltura el P. Paco Sádaba al igual que lo había hecho su tío. 
 
Se avecinaban ahora tiempos difíciles para Filipinas y el P. Sádaba vivió muy de cerca las consecuencias de la ocupación japonesa en las islas mientras la guerra que el ejército nipón mantenía con los Estados Unidos de América, iniciada en diciembre de 1941. 

El P. Paco era de espíritu activo y animaba a los estudiantes a practicar deportes. Entre los años 1941-46 fue moderador atlético de los equipos universitarios colegiados, del Colegio San Juan de Letrán, por lo que se encontraba a cargo de ellos cuando los japoneses invadieron Manila. El ejército nipón arrasó muchos edificios, también el beaterio de Santa Catalina de Siena regentado por las madres dominicas. “Cuando lo japoneses destruyeron este edificio el 28 de diciembre de 1942, la imagen fue evacuada bajo la dirección del P. Francisco Sadaba O.P. de Letrán. Las sirenas antiaéreas aterrorizaron a los portadores, que abandonaron la imagen en la calle mientras corrían a refugiarse en la casa religiosa jesuita de Intramuros. Finalmente, todos llegaron al campus de la Universidad de Santo Tomás": https://andalltheangelsandsaints.blogspot.com/2015/  Este testimonio publicado en el blog And all the angels & saints produce escalofríos y es fácil imaginar el temor y el peligro cierto de morir al que todos estuvieron expuestos.

Imagen de Santa Catalina de Siena procesionando en Manila. Foto: And all the angels & saints blogspot 

La imagen de Santa Catalina sigue procesionando a día de hoy en su día y en la fiesta de la Virgen de la Naval de Manila. A consecuencia del enfrentamiento bélico fueron muchos los daños colaterales que diezmaron a la población filipina hasta alcanzar cifras espeluznantes de muertos; más de cien mil civiles, en el mejor de los casos. 

Así quedó Manila tras el bombardeo americano y la destrucción y masacre japonesa sobre la población. Foto: ABC 

En los últimos coletazos de esta denominada Guerra del Pacífico, la ciudad de Manila fue bombardeada sin piedad y, como no podía ser de otro modo, también afectó a los centros de los dominicos; once bombas cayeron sobre el convento de Santo Domingo y nueve en el colegio de San Juan de Letrán, con sus correspondientes incendios. Afortunadamente no hubo víctimas allí al haber sido desalojados, pero los edificios quedaron muy afectados; tuvieron que buscar refugio en el norte de la isla de Luzón, en la casa de retiro que tenían en Baguío

Aquí el P. Paco ocupó el cargo de Síndico, es decir, la persona que representa a la institución ante la justicia y los jueces, tanto civiles como eclesiásticos, por lo que le tocó dar la cara en muchas ocasiones en aquellos difíciles y delicados momentos en los que la vida de cualquier persona carecía del menor valor. También de Baguío fueron expulsados, por lo que tuvieron que huir a Manaoag, en la provincia de Pangasinan, a unos doscientos kilómetros al norte de Manila. Al encontrarse tan alejados de la ciudad se salvaron de las matanzas indiscriminadas y salvajes que los japoneses, al verse vencidos por el ejército americano iniciaron una especie de “operación final” matando a miles de prisioneros y civiles, y también a un buen número de religiosos. 

Cuando en 1945 los americanos entraron en Manila liberando la ciudad, el P. Sádaba se agregó al ejército americano en calidad de capellán castrense, donde permaneció apenas un año, para finalmente embarcarse de nuevo hacia los Estados Unidos, al estado de Illinois, al convento que los dominicos de la Provincia de San Alberto Magno tienen en Oak Park, en el área metropolitana de Chicago; allí el P. Sádaba Marín, con mucho más sosiego, dio clases como profesor en el Fenwick High School, siendo además cantor en la parroquia. La pesadilla que había vivido en Manila tardaría mucho en desaparecer de su retina.

Retrato que le hicieron al P. Paco en el estudio fotográfico Karmen-Winger de Oak Park. Junio de 1946. Fotografía facilitada por la familia Irigoyen-Reyes 

A su llegada a los Estados Unidos quiso enviar a su familia una fotografía a modo de fe de vida para tranquilizarles. Se la hizo en el estudio fotográfico Karmen-Winger de Oak Park un 9 de junio del año 1946, como aparece datado en el propio retrato, escrito de su puño y letra. Tenía en ese momento treinta y cinco años. 

Detalle de la firma del P. Paco que escribió en el marco del retrato. Foto: Irigoyen-Reyes 

A los dos años de su llegada a Norteamérica cayó enfermo y sus superiores lo enviaron a España a recuperarse, de modo que en julio de 1948 arribó al convento del Rosario de la capital de España. En 1950, ya recuperado, le asignaron al colegio de la Mejorada de Olmedo, lugar donde el P. Paco se había formado en su primera etapa religiosa. Aquí ejerció como Profesor y Lector de Casos Morales durante seis años (1950-56).
 
Grupo escolar en La Mejorada. Año 1954. El P. Paco identificado con el número 8. Foto: Faustino Martínez 

En el año 1956 los dominicos van a erigir un nuevo colegio apostólico en la ciudad de Valladolid, al que bautizarán con el nombre de Arcas Reales; este colegio iba a albergar a casi seiscientos alumnos en sus aulas. El P. Sádaba será aquí administrador de la finca y será aquí también Síndico.

Colegio Apostólico Arcas Reales (Valladolid) Foto: arquitecturaviva.com 

Administrar Arcas Reales requería de mucha dedicación ya que su cometido abarcaba desde la parte administrativa hasta la intendencia y el lugar tenía muchas dependencias a las que atender:  “además de la iglesia y de los espacios propios del Colegio [aulas, laboratorios, sala de dibujo, salón de estudios, seminarios, despachos, cuartos para enseñanza de piano, recreos cubiertos, salón de actos como teatro y cine, pequeño museo misional, piscina con vestuarios propios, campos de deporte... etc.], tenía también un Internado para quinientos alumnos [cuatro grandes estancias de dormitorios, dos comedores de alumnos con los correspondientes espacios de servicios], y la Residencia de los PP. Profesores de la Orden de Predicadores [habitaciones, capilla, biblioteca y refectorio privados, una sala de descanso y un pequeño jardín con estanque]. Asimismo y como apoyo integral, portería general de entrada, garajes, enfermería, una gran cocina, despensa, depósito de agua, almacenes y un Pabellón Residencial para Monjas Dominicas encargadas de la intendencia de todo el Colegio. El terreno elegido y comprado para ello, cinco hectáreas, se concretaba en una extensión plana y despejada, casi al borde de la tierra de pinares, y junto a las Arcas Reales que Juan de Herrera había trazado a finales del siglo XVI para reconducir el manantial, que ya entonces allí brotaba, hasta el centro de la ciudad y abastecer de agua a los habitantes del Valladolid de la Corte". Espacio, Símbolo y Modernidad en la Iglesia de Los Padres Dominicos en Valladolid de Miguel Fisac Daniel Villalobos Alonso; Sara Pérez Barreiro. (Año 2014). 

El P. Sádaba en el círculo rojo, entre los profesores en el curso de alumnos 1957-58. Este sería su último curso. Foto rescatada de la página de Facebook de Antiguos Alumnos Dominicos de la Provincia del Rosario 

A la coordinación de este centro en sus primeros años de vida se dedicó el P. Sádaba en cuerpo y alma. El período vacacional lo aprovechaba para labores de intendencia. Dos años después de la apertura del colegio todavía necesitaban comprar más vajilla por lo que a finales de agosto del año 1958 sale el carcarés con una furgoneta en dirección a Bilbao acompañado por un cooperador, Fr. Francisco Ortega, que conducía el vehículo. A primera hora de la mañana del día 28 de agosto transitaban por la población cántabra de Sarón. Al parecer había poca visibilidad y el coche patinó, yendo a dar contra un castaño silvestre que se encontraba al lado de la carretera. El conductor del vehículo sufrió apenas algunos golpes pero el P. Sádaba quedó gravemente herido e inconsciente. Fue trasladado al Hospital santanderino de Valdecilla donde recibió atención médica de urgencia, pero no pudieron salvarle la vida. Los PP. Dominicos de Caldas de Besaya le dieron la Extremaunción muriendo poco después. Ocho Padres dominicos de Arcas Reales se trasladaron hasta el hospital en cuanto recibieron la llamada avisando del accidente, y junto con los de Caldas sacaron el cadáver del P. Sádaba del Hospital y lo trasladaron al cementerio del convento de las Caldas de Besaya para darle sepultura, ya que en Arcas Reales no tenían todavía cementerio propio. Esto ocurría el día 28 de agosto del año 1958.  Dos de aquellos P.P. dominicos que se habían desplazado desde Valladolid se quedaron en Caldas para celebrar el lunes, uno de septiembre, un funeral solemne por su eterno descanso. El convento-colegio de Arcas Reales vivió con tristeza su primer día de luto en la historia del centro.

Santuario de Caldas de Besaya (Cantabria) 

Recordado en los centros por los que pasó, dejó huella el P. Sádaba especialmente por su celo apostólico. Cuando tras su bagaje  por el mundo volvió España, regresaba en período vacacional a su Cárcar natal a visitar a su familia, y esas visitas dieron también sus frutos. En la escuela de su pueblo de Cárcar, y también en la de Lerín, logró el discernimiento vocacional de varios jóvenes. Unos perseveraron y otros no.
 
Grupo de profesores de Arcas Reales. Años 70. El P. Isidro Rubio (profesor entonces de literatura), en primera fila, segundo por la derecha. También había profesores seglares como su sobrino Anastasio, con jersey azul. Foto: Antiguos Alumnos Dominicos Provincia Santo Rosario.

De entre los que perseveraron destacar a Elías Arróniz Yoldi (Cárcar), en una primera tanda, y a Isidro Rubio Insausti (Cárcar) y Serafín Monasterio Iñigo (Lerín) en un segundo verano. En una tercera ocasión ingresaron en la Mejorada Jesús María Pitillas Bascarán y Marcos Ramón Ruíz Arbeloa, ambos de Lerín. Y es que en Lerín mantenía la familia Sádaba Marín una amistad fraterna con el matrimonio formado por José Reyes y María Zubiri, y en su visita a Lerín para ver a sus amistades, el P. Paco solía hacer examen a los chicos que prometían vocación para llevarlos con él al colegio de La Mejorada. Todos los chavales citados llegaron a ser destacados dominicos en docencia, misión y pastoral, siguiendo las huellas de Santo Domingo de Guzmán en la Orden de Predicadores. 

MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ

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Para hacer este trabajo he necesitado consultar las necrológicas recogidas por los Padres Dominicos Hilario Ocio y Eladio Neira. t. 2 p. 614 (A-1960). y en las crónicas del Convento de Arcas Reales de Valladolid de agosto de 1958 facilitadas ambas por el P. Ramón Rodríguez OP al que agradezco su colaboración.
Del mismo modo agradezco a las familias Mendoza-Lizaldez e Irigoyen-Reyes por facilitarme los retratos del P. Sádaba Marín.