Este blog busca dar visibilidad a personajes de Cárcar, o relacionados con esta población navarra, que permanecen desconocidos u olvidados; así como a cosas que se refieran a ella.
lunes, 16 de enero de 2023
PEDRO BUSOU DEL REY, ESCULTOR DE CÁMARA EN LA CORTE DE CARLOS IV
jueves, 29 de diciembre de 2022
RESUMEN DEL AÑO 2022. Blog Legado de Cárcar
-Enero empezó con Manuel Albeniz, el organista estellés que llegó a Cárcar hacia el año 1772 y quedó prendado del órgano, del pueblo y de sus gentes, hasta el punto de establecerse aquí para siempre. Música sublime que arrancó al valioso órgano de Joseph de Mañeru, con el que Albéniz deleitó a los carcareses y llenó de solemnidad las funciones litúrgicas de la parroquia San Miguel. Ojalá algún día se recupere esta valiosa pieza de la escuela de organería de Lerín que se encuentra desde hace muchos años muda.
María Rosario López Oscoz
lunes, 19 de diciembre de 2022
Don Alejo, el cura cronista de Cárcar. 2ª carta
El 24 de marzo de 1874, veinte días más tarde de escribir don Alejo la primera carta a Eusebio Zubizarreta, comunicándole la muerte en Cárcar de su prima Micaela Zumalacárregui y diciéndole que le nombraba heredero de sus bienes, le vuelve a escribir nuevamente ante la incertidumbre de si la anterior habría llegado a sus manos a La Habana, dada la lejanía y las vicisitudes que dicha carta pudiera haber sufrido por las contingencias de la guerra. Esta segunda carta corrobora de nuevo las causas de la muerte de la hija del general carlista.
España Navarra
Sr. D. Eussebio Zubizarreta y Dorronsoro
Muy señor mío y amigo:
Por el correo del 19 (la carta se escribió el día 2) participé a U. la triste noticia del fallecimiento de su querida prima y mi inolvidable amiga Doña Micaela Zumalacárregui. Decía a U. que testó dejando a U. heredero, y entre los cabezaleros a mí para cumplir su voluntad de funerales, etcétera, y mandas especiales. La muerte la ocasionó una viruela maligna el 1º del actual.
Repito a U. este, por el correo del 1º, por si la anterior no ha llegado y después que yo he concluido los funerales. Se ha hecho un carnario y la cruz, que he encargado que sea modesta (así me lo advirtió), se colocará tan pronto me la remitan.
No sé si le decía que a la caja le puse dos llaves que están en mi poder hasta que U. determine. Bien conozco que no le será a U. fácil venir por aquí, pero hay cosas, amigo, que solo la persona puede ejecutarlos; quiero decir, que U. sabrá que es lo que más interesa a U. conservar en su poder de los de la finada, y algunas gestiones que tal vez tenga U. que hacer para los títulos, etcétera, pues la Micaelita me tenía dicho que en Guipúzcoa había émulos que alguna vez intentaron arrebatarles algunas glorias.
No puedo ser más largo pues me llaman a ejercer mi ministerio y tampoco hoy hay nada que comunicarle. A Vitoria escribí a los otros cabezaleros; todavía no he tenido contestación; no lo extraño pues dudo que haya correo para dicha ciudad.
Ya sabrán Us. por esa, que Bilbao hace un mes que sufre un bombardeo atroz. Mucha y muy grandes son las pérdidas.
Se repite a sus órdenes su affmo. amigo y capellán q.b.s.m.
Cárcar 24, marzo, 1874
viernes, 18 de noviembre de 2022
CRÓNICAS DE CÁRCAR. DON ALEJO, EL CURA CRONISTA
Alejo Aranáz fue párroco de Cárcar durante más de veinte años. Era hijo de Miguel, el organista del pueblo y nieto del también organista de Cárcar, Esteban Aranaz. Durante su ministerio le tocó vivir y atender espiritualmente a Micaela, la hija pequeña del General Zumalacárregui, no solo cuando esta acudía a Cárcar a visitar a sus parientes sino también en el momento de su muerte, cosa que ocurrió precisamente en este lugar, como ya he dicho en otras ocasiones (pinchar). Ella había venido buscando refugio mientras la Tercera Guerra Carlista a casa de Ambrosia López Bailo, la prima de su madre. Ambrosia murió estando Micaela en esa casa y ella misma la cuidó en su enfermedad. Tras la muerte de la tía, Micaela se quedó con el tío Francisco, esposo de aquella, dando tiempo a que pasara el peligro de la guerra. Sin embargo, a Micaela le sobrevino la muerte de forma inesperada mientras se encontraba aquí.
Don Alejo se hizo entonces cargo de la situación y le correspondió también la tarea de ser el cabezalero, lo que le obligaba a cumplir las últimas voluntades de la finada y hacer llegar la herencia al heredero y primo segundo de esta, Eusebio Zubizarreta Dorronsoro. En el desempeño de esa función de albacea, don Alejo tuvo que dar la luctuosa noticia a Eusebio que se encontraba en Cuba trabajando como Corredor de Comercio.
La correspondencia que llegaba a Cárcar de Zubizarreta no se conserva, pero sí la que don Alejo le enviaba a aquél; esta se encuentra custodiada en el Museo Zumalakarregi, y por su valor historiográfico supone un tesoro, no solo por la información que contiene, relativa a esa parte de la historia, sino también en lo que concierne a la crónica social de Cárcar.
Por este motivo intentaré a lo largo de las siguientes entradas al blog, transcribir algunas de estas cartas esperando que su singular contenido ayude a conocer y contemplar la intrahistoria de esa época concreta.
CARTA don Alejo Aranaz, párroco de Cárcar comunicando al heredero, Eusebio Zubizarreta, la muerte de su prima MICAELA ZUMALACÁRREGUI, ocurrida el día 1 de marzo del año 1874.
S. D. Eusebio Zubizarreta y Dorronsoro
Muy señor mío y amigo: triste el motivo que por vez primera me obliga a escribirle a usted. Su bella prima, mi íntima y queridísima amiga Doña Micaela de Zumalacárregui pasó a mejor vida el 1º de los corrientes, víctima de una viruela maligna, después de haber recibido los auxilios espirituales; más bien por haberlos pedido su acendrada virtud, que por serlo en aquel entonces necesario. Tremenda desgracia, gran pérdida para los que, tratándola íntimamente, conocíamos su gran corazón, sus muchas virtudes y su talento nada común. Gran vacío deja en el corazón de cuantos nos honrábamos con su profundo cariño y fina amistad. Del cielo nos mandará el necesario consuelo.
Sintióse indispuesta con dolor de cabeza y tronzamiento general el 21 de febrero. Al día siguiente se levantó con objeto de ir a misa pero, conociéndose desvanecida, se acostó. El 23 a la noche pronuncióse una erupción abundantísima por todo el cuerpo, pero sumamente pequeña. El médico de este no se atrevía a calcularla de viruela, por la gran cantidad y pequeñez, apareciendo que, ni era sarampión, ni, como ella pensaba, fuerza de la sangre; inmediatamente determiné traer un médico notable. Ambos convinieron que la erupción no era viruela; sumamente confluente, apareció, no obstante, franca y generosa los días siguientes con algunas alternativas de desvanecimiento de cabeza y postración. La erupción continuaba bien y, al parecer y según los médicos, sin vestigio de complicación alguna. En el período de supuración hubo algo de delirio y gran postración; por esto y porque la erupción en la garganta le dificultaba el paso de las bebidas, pregunté claramente a los médicos su estado, con objeto de traer otros. Volvieron a confirmar no se veía peligro alguno; que la mancha de la erupción era regular y que no había que temer mientras no apareciera complicación, de lo que no se veía señal alguna. Como por lo general estaba despejada y serena, y el 28 lo estuvo mucho más, expectoraba y aún la garganta se le aligeró; todos, médicos y amigos, confiamos en que se salvaba. Aquella noche a la una, me retiré con el médico de cabecera, sumamente complacidos del estado de la enferma, pero, a la mañana, se recargó la cabeza y presentes el médico y yo, a las seis y media, cual herida de un rayo, cayó en un profundo letargo del que a las dos horas se trasladó al cielo. Puede usted figurarse como nos quedaríamos.
Ya desde antiguo había depositado su mi amistad y su ilimitada confianza y, cuando se sintió enferma, no obstante de haber confesado y comulgado dos días antes, me pidió los auxilios espirituales que le di, y me advirtió los encargos que en su nombre había de hacer. A luego testó dejando a usted heredero universal de lo poco que actualmente sabe usted que tenía, y de lo mucho que podría tener; pues de algunos reales que tenía los he destinado para su alma y demás encargos que me hizo: caja mortuoria, funerales y demás que he hecho conforme correspondía a su rango, habiéndosela llevado al cementerio de este los voluntarios carlistas; la caja tiene dos llaves, una para usted y la otra, usted dispondrá para quien su parecer debe ser.
Entre los encargos que me hizo, uno fue que usted use su reloj, su esposa el anillo de diamantes regalo de su papá a su mamá; el azul a Fatimita y, los demás, la familia de usted.
No le mando a usted la copia del testamento, y sí un extracto de las principales cláusulas, por no estar seguro de si llegan con regularidad las cartas a esa, pero tan pronto como usted me lo diga, la pediré en su nombre y la remitiré a usted. Advierto a usted que como aquí no estaba sino accidentalmente, las cositas de su papá, ropa y muebles, las dejó en Vitoria y aquí los papeles y algunas alhajas.
Como primer cabezalero que soy, usted me dará instrucciones de lo que usted crea que debo hacer y se las comunicaré a los de Vitoria a quienes les comuniqué el encargo que les había dejado la finada.
Salude usted de mi parte a su señora y familia procurando consolarse de tan tremendo golpe y, con tan triste motivo, se ofrece a usted, su verdadero amigo y capellán q.b.s.m.
Alejo Aranaz, párroco.
Navarra Carcar 2 de marzo 1874
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María Rosario López Oscoz
Fuente: Museo Zumalacárregui / Zumalakarregi Museoa
martes, 18 de octubre de 2022
JOSEPH ARBIZU Y BRABO Y LA CAJA DEL ÓRGANO DE LA IGLESIA
Cuando entras en la iglesia San Miguel de Cárcar, ¿has pensado alguna vez en quien pudo haber hecho la gran puerta de cancela que vemos al franquear la primera puerta de entrada, y que se abre de par en par en días solemnes de procesión y en la celebración de los funerales? ¿O quién sería el que talló la bonita caja barroca del órgano que puede admirarse a poco que eleves la vista sobre la propia puerta? Pues estas preguntas no solo tienen respuesta sino también un nombre: Joseph de Arbizu y Brabo.
lunes, 5 de septiembre de 2022
JOSEPH FERNANDO DE PAGOLA. Alcalde de la Real Corte Mayor de Navarra, una vida entre leyes y palacios
En el corazón del siglo XVIII navarro, la figura de Joseph Fernando de Pagola Alargunsoro se destaca como la de un hombre cultivado, comprometido con el servicio público y profundamente arraigado a su familia y a su tierra. Su historia, que conecta pueblos como Cárcar, Lodosa, Pamplona y Granada, es también un retrato de una época marcada por los cambios sociales, las instituciones reales y el valor de la memoria.
Los orígenes: entre Cárcar y Lodosa
Joseph Fernando nació en una familia de abolengo de Cárcar, aunque su bautismo tuvo lugar en Lodosa el 2 de junio de 1704. Era el primer hijo de Francisco de Pagola y Miguel de Boliaga, natural de Cárcar, y de María Isabel Alargunsoro, de Lodosa. Sus ocho hermanos, sin embargo, nacerían ya en Cárcar, en la casa familiar que pasaría de generación en generación hasta su demolición a finales del siglo XX.
Viviendas modernas que se construyeron sobre el solar de la casa Pagola en Cárcar
📍 ¿Sabías que la antigua casa Pagola aún se recuerda en Cárcar como parte del patrimonio histórico local?
De estudiante a abogado del Reino
Con vocación jurídica, Joseph Fernando se trasladó a Valladolid para estudiar Derecho. Allí se graduó y, en 1729, y en Pamplona obtuvo el título de abogado de los Tribunales Reales del Reino. Su carrera lo llevaría a instalarse definitivamente en la capital navarra.
El 25 de agosto de 1737 contrajo matrimonio con Alberta Garzarón y Villava en la iglesia de San Juan Bautista. Tuvieron varios hijos; tres hijas fueron bautizadas en la iglesia de San Lorenzo y uno de los hijos varones, José, alcanzó cargos notables como Alcalde del Crimen, regente de Audiencia y ministro togado del Consejo de Guerra.
Un regidor en el Palacio del Condestable
A mediados del siglo XVIII, Joseph Fernando se convirtió en segundo regidor del Ayuntamiento de Pamplona por el Burgo de San Cernin. En ese tiempo, vivía junto con su familia en el emblemático Palacio del Condestable, en la calle Mayor, como apensionado del Duque de Alba y Conde de Lerín.
Palacio del Condestable en la actualidad. Foto: arquitecturaviva.com
🏛 El Palacio del Condestable es hoy un centro cultural visitable en Pamplona. Si paseas por la calle Mayor, no dejes de imaginar las historias que allí se vivieron.
En 1751, el Ayuntamiento decidió derribar su sede original debido a su mal estado, y durante las obras —que se prolongarían siete años— trasladó sus oficinas precisamente al palacio donde vivía Pagola. Esto obligó a la familia a desalojar el edificio, y fue el propio Ayuntamiento quien cubrió los gastos del nuevo alquiler. El acta del 8 de agosto de 1753 recoge el acuerdo de entregarle 54 ducados por dicho concepto.
Reconocimiento y legado
En 1760, al poco tiempo de inaugurarse el nuevo edificio del Ayuntamiento, Joseph Fernando fue nombrado alcalde supernumerario de la Real Corte Mayor de Navarra. Murió en Pamplona en 1771.
Nombramiento de Alcalde de Corte supernumerario del Reino de Navarra a Joseph Fernando de Pagola por parte de Carlos III. España, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte AGS Gracia y Justicia. Legajo 159. https://eltiempodelosmodernos.wordpress.com/category/navarra/
Hasta su muerte, mantuvo una costumbre profundamente significativa: pagar todos los años las misas de aniversario por el alma de sus padres en la parroquia de Cárcar. Ese pequeño gesto de fidelidad familiar resume bien el carácter de un hombre que vivió entre leyes, servicio público y un fuerte sentido de la memoria.
María Rosario López Oscoz
Fuentes consultadas:
Archivos parroquiales de Cárcar
-
Garralda Arizcun, José Fermín. Archivo Municipal de Pamplona. Sección Obras Municipales. Consultas, libro 38.
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AGS Gracia y Justicia, Legajo 159. Nombramiento otorgado por Carlos III.