miércoles, 8 de febrero de 2023

ANTONIO ONA, OBISPO DE LUGO

Antonio Ona de Echave. Fuente: Gran Enciclopedia de Navarra

Antonio Ona de Echave fue un sacerdote carcarés que llegó a ocupar la silla episcopal de Lugo. Pertenecía a la rama de los Ona de Cárcar. Esta familia se afincó en Cárcar desde que Tiburcio de Ona y Gómez de Segura llegara a finales del siglo XVIII procedente de Oteo (Álava). Tiburcio era hidalgo y propietario ganadero. Plantó aquí su solar y en la fachada de su casa de la calle Portal (o de Juan Cruz Aranaz) colocó su escudo de armas tras defender su ejecutoria alegando su derecho de uso como originarios de la casa Ona en Alda (Álava).
 
Armas de los Ona en Cárcar. Foto: gentileza de David Sádaba

Era Antonio Ona, como digo, descendiente de este alavés, e hijo de Antero Ona Pardo, de oficio secretario de ayuntamiento y natural de Cárcar, y de Juana de Echave Royo, esta natural de Igea (La Rioja). Otros hijos del matrimonio fueron: Estefanía, Arsenio, María Ángeles, Sergio, Jesús y José Ona de Echave. Antonio, que es el que nos ocupa, nació en Cárcar un 25 de julio del año 1905. Vivían en la calle Mayor, muy cerca de la plaza del ayuntamiento del que Antero era su secretario. Cuando a Antero le adjudicaron nueva plaza en el ayuntamiento de Olite se trasladó con toda la familia hasta esa población a la que quedaron ligados, aunque sin perder nunca la referencia del pueblo de sus orígenes. 

El joven Antonio, tras hacer los estudios elementales, va a Pamplona a continuar su formación. Aprovechando una de las becas que había creado su paisano carcarés, Juan Cruz Aranaz, se traslada a Zaragoza para estudiar en su Universidad Pontificia, con gran aprovechamiento pues obtuvo sendos doctorados en Teología y Derecho Canónico. Fue ordenado sacerdote el 12 de marzo del año 1928 y su primer destino lo llevó hasta Aoiz donde fue coadjutor de la iglesia San Miguel. Más tarde va de párroco y ecónomo a la iglesia de San Pedro de Olite y después a la de San Juan Evangelista de Peralta, para terminar de párroco en la iglesia San Lorenzo de Pamplona

Libro de Oro de Navarra. Foto: Fco. Javier Zubiaur Carreño

Durante su época en San Lorenzo, fundó el Instituto de Hijas de la Parroquia, Auxiliares del Buen Pastor. En el año 1950 el Papa Pío XII promulgó el dogma de la Asunción de la Virgen María por lo que se llevaron a cabo multitud de actos y celebraciones en el mundo católico. Navarra quiso hacer su propia aportación con la creación de un libro muy especial, del que Ona de Echave fue su promotor: “Antonio Ona de Echave, párroco de San Lorenzo (Pamplona), había iniciado los trabajos conducentes a lo que con mayor propiedad se llamaría Libro de Oro de Navarra, a cuya iniciativa se sumó gustosa la Diputación Foral de Navarra al asumir su iniciativa como propia y que, una vez confeccionado, entregaría a Su Santidad Pio XII” [El Libro de Oro de Navarra a S. S. el Papa Pío XII. Zubiaur Carreño Francisco Javier (2017)]. Según manifiesta este escritor,  Ona de Echave estaría también entre los autores literarios al texto del libro. 

La Corte de San Fermín, acompañados por el párroco Javier Leoz, año 2020. Foto: Diario de Navarra

También en San Lorenzo, relanzó Ona la cofradía de la Corte de San Fermín, que estaba languideciendo, y se dedicó con entusiasmo a escribir obras de teatro religioso que se representaron con éxito en el Teatro Gayarre de Pamplona. “Novenario de estampas evangélicas”, “La noche del Jueves” o “Era el hijo de Dios”, fueron algunos de los títulos. Estas aportaciones literarias del sacerdote carcarés se iniciaron en el año 1943 y duraron hasta ser promovido a la silla episcopal: “El nombramiento de D. Antonio Ona de Echave como obispo auxiliar de Lugo el 26 de marzo de 1956 habría influido, entre otros motivos, para dar por finalizados once años de montajes de teatro religioso en el principal teatro pamplonés”. (El teatro religioso pamplonés del siglo XX” Álvaro Anabitarte. Revista Pregón, nº 57, octubre de 2020). Se le reconoce también a Antonio Ona la autoría de otro texto: “La mala prensa considerada como la segunda caída del hombre y sus consecuencias”. San Sebastián, 1926. 

Teatro Gayarre de Pamplona. Foto: Redescena

Mientras sus años en Pamplona, Ona de Echave fue director de la revista Hogar, además de consiliario de la Asociación Católica de Padres de Familia, Canónigo y Arcediano de la Catedral. En 1951 lo erigieron Vicario General de la Diócesis de Pamplona, cargo que ocupó hasta el 27 de marzo de 1956 en que fue nombrado obispo auxiliar de Lugo. Su solemne consagración episcopal tuvo lugar en junio de ese año en la catedral de Pamplona a manos del nuncio papal, monseñor Hildebrando Antoniutti,.y acompañado por el entonces obispo de Pamplona, Enrique Delgado Gómez y el auxiliar de Valencia, Jacinto Argaya Goicoechea.

Ona de Echave en su ordenación. Foto: Portal digital de cultura navarra

Bendición del nuevo obispo tras la ceremonia. Foto: Portal digital de cultura navarra

El pueblo de Cárcar regaló al nuevo obispo el anillo y el báculo episcopal que la familia donó después a la parroquia tras su fallecimiento ya que ese era su deseo. Siendo ya obispo, monseñor Ona ordenó sacerdote a un paisano, Vicente Sádaba Mendoza, y se trasladó a Cárcar para administrar el Sacramento de la Confirmación a un grupo de niños. De esa visita episcopal quedaron fotografías para el recuerdo. 

Confirmación de Miguel Ángel Turumbay en Cárcar a manos de Monseñor Ona. En la fotografía: Félix Pardo (OAR), Monseñor Ona, Isabel Suescun, y el ya sacerdote, Vicente Sádaba. Año aprox. 1957.. Foto gentileza de Miguel Ángel Turumbay


Monseñor Ona a las puertas de la iglesia de Cárcar, flanqueado por el alcalde de Cárcar, Enrique Ágreda, e Isabel Suescun, su esposa. Foto: "Cárcar, impresiones, oficios, anécdotas y fotos". Eduardo Mateo Gambarte. 2008.

En Lugo desempeñó en primera instancia los cargos de Vicario General del obispado y Arcipreste de su catedral. En 1960 será ya el  Administrador Apostólico de la Diócesis  en sede plena, y al año siguiente nombrado obispo de Lugo tras el fallecimiento del anterior, Rafael Balanzá y Navarro

Emblema episcopal de don Antonio Ona. 

Entre obispo auxiliar y titular, Monseñor Ona ejerció su ministerio episcopal en Lugo durante veintitrés años. Todo este tiempo estuvo acompañado y asistido por sus hermanas, Estefanía y María Ángeles, que le atendieron en la labor doméstica. El día 25 de julio del año 1979 renunció a la mitra por razones de salud. Se retiró a Pamplona donde falleció ocho años más tarde, el 1 de abril del año 1987. Fue posteriormente inhumado en la capilla del Pilar de la catedral de Lugo donde reposan sus restos.

Lápida de Monseñor Ona en la catedral de Lugo. Foto: gentileza de Consuelo Ochoa

En su calidad de obispo le tocó asistir al Concilio Vaticano II, y entre sus aportaciones a la diócesis destacan la restauración de casi todo el interior del Palacio Episcopal, que se encontraba ruinoso, y la erección de cinco nuevas parroquias en la capital lucense, además de realizar sendas visitas pastorales. Fue nombrado Secretario de Medios de Comunicación Social, y en ese contexto fundó la Emisora Radio Popular de Lugo, integrada actualmente en la cadena COPE. Ubicó la emisora en el edificio de la Casa Diocesana, centro que había fundado y promovido para usos múltiples, y que albergó también a la Residencia femenina de estudiantes Sagrado Corazón. Dejó marcada huella en el tema comunicador y así lo refleja el actual obispo de Lugo, don Alfonso Carrasco, en el prólogo al libro: Medio siglo de radio. Cincuenta años de Cope Lugo: "en el año 1967, mi antecesor, Monseñor Antonio Ona de Echave, miembro entonces del Secretariado de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal, decide abrir en Lugo una emisora de la Diócesis, consciente de que, “tanto la radio, como otros medios de comunicación, si se utilizan correctamente, proporcionan valiosas ayudas al género humano”. Con esta premisa hace que se incluya en el proyecto de construcción de la “Casa Diocesana” un edificio para albergar las instalaciones de Radio Popular de Lugo, que se comenzó a edificar en verano de 1967. Y se construye también la antena, una obra de ingeniería de envergadura, tres veces más alta que la torre del reloj de la Catedral. En declaraciones a la prensa de la época, Mos. Ona de Echave, muy consciente de las exigencias y de los costes de la obra, hablaba sin embargo de hacer “una cosa buena o nada”, en referencia a la Radio popular naciente. Hoy podemos decir que, sin duda, supo “construir sobre roca”, de modo que “cuando vinieron los vientos y se salieron los ríos” la casa no se hundió; se pasaron momentos difíciles, incluso recientemente, pero la que hoy es Cope Lugo superó crisis que hicieron tambalear e incluso sucumbir a muchos de  los grandes medios”http://www.anosavoz.com/presentacion-do-libro-medio-siglo-de-radio-cincuenta-anos-de-cope-lugo/

Visita pastoral en parroquia del Hospital (Lugo). Foto: As fotos do Carlos

Monseñor Ona era de porte y envergadura notable que hacía que su figura destacara de entre la mayoría.  El escritor y periodista, Xulio Xiz, lo describe: “Ona de Echave fue el último obispo espectacular de Lugo, revestido de un interior pontifical del que nunca pudo separarse por cronología y formación. Dio a luz a Radio Popular de Lugo, y permitió que no fuera una emisora clerical, sino joven, libre, abierta a lo que pasaba en Lugo y a lo que sentíamos los jóvenes tripulantes”. Aporta también el periodista un detalle personal: “Ona se mostró distante pero no insensible: aún conservo una pluma de oro que me regaló cuando Marcial y yo ganamos el Premio Lugo Bimilenario de Radio Internacional por Radio Popular”. https://www.galiciadigital.com/opinion/opinion.2217.php

Ona de Echave se preocupó también por la instrucción religiosa de los sacerdotes de su diócesis creando una casa de formación y estudio, al tiempo que una residencia de descanso para los sacerdotes ancianos. La ciudad de Lugo tiene dedicada una calle en su memoria. La Rua Bispo Ona de Echave tiene una longitud de algo más de medio kilómetro y es una importante calle de la ciudad.

MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ
FEBRERO 2023


lunes, 16 de enero de 2023

PEDRO BUSOU DEL REY, ESCULTOR DE CÁMARA EN LA CORTE DE CARLOS IV

Casa del Labrador en el Real Sitio de Aranjuez. Foto: Patrimonio nacional.

Ya estaban bien avanzadas las obras y mejoras que el Cabildo parroquial se había propuesto acometer en su iglesia de Cárcar y lucía espectacular desde hacía unos años el retablo mayor de estilo barroco churrigueresco que les había hecho el famoso retablista José San Juan, “Sanjuanillo”, tudelano de nacimiento e hijo del lerinés Francisco San Juan. Estaba también tomando forma el nuevo órgano encargado al también lerinés Joseph de Mañeru, tras recibir el permiso del obispado para cambiar la ubicación a la pared de enfrente; el maestro carpintero carcarés Joseph de Arbizu se encontraba ahora haciéndole una caja acorde al soberbio instrumento del renombrado organero. Y como colofón, el Cabildo había contratado a dos expertos la ejecución y tallado de una sillería para el coro con su facistol, todo ello en armonía a la categoría del resto de obras. Estos tallistas habían venido de la vecina Calahorra. 

Foto donde se muestra parte de la sillería del coro y el facistol de la iglesia de Cárcar tallada por Francisco Busou y Julián Martínez

Uno de ellos era Julián Martínez, experto en estas lides, y el otro un tal François Busou y Commeg, un francés afincado en Calahorra y natural de la localidad de Meyracq, en la región de Aquitania. Busou había venido de aquellas tierras ya formado, y además de la escultura y la talla de retablos, dominaba también la técnica del dorado. Llegó a Calahorra con un buen puñado de grabados y libros, que utilizó en su formación y que le sirvieron para introducir mejoras y tratar de incorporar el estilo rococó que se estaba imponiendo, a pesar de que a él le costó que se lo aceptasen en algunos lugares. En un principio se empleó en el taller del calahorrano Diego de Camporredondo y trabajó con él entre otros en los retablos mayores de las iglesias de Lodosa y de Lerín, siendo notoria la influencia del francés en la evolución del tallado de Camporredondo, sobre todo de las imágenes del primero con respecto a las del segundo. Las dimensiones más ajustadas y los trazos más finos vendrían a ratificar esa influencia. 
 
Imagen de San Pedro en el retablo mayor de la iglesia San Miguel de Lodosa, obra de Diego de Camporredondo, de las primeras obras en las que colaboró Francisco Busou 

Imagen de San Pedro en el retablo mayor de la Santa María de Lerín, obra de Diego de Camporredondo y donde también intervino Francisco Busou.

Francisco Bussou (en España se le conoció con su nombre en español), se echó una novia en Calahorra con la que se casó en el año 1761. La joven se llamaba Melchora del Rey y Luís. El padrino de la boda fue el propio Camporredondo. Al año siguiente el matrimonio tuvo una hija a la que bautizaron en la catedral de Calahorra con el nombre de Petra. La relación con Camporredondo al parecer se torció. Ambos maestros se enemistaron y Busou montó en esa misma ciudad su propio taller. Sería más o menos en ese momento cuando le aprobaron la contrata para trabajar en Cárcar junto a Julián Martínez, y hasta esta población navarra se trasladaron llevando Busou también a su mujer y su hija Petra, pasando a residir en ella hasta la conclusión del tallado de la sillería. En este intervalo, Melchora se quedó nuevamente embarazada y en Cárcar dio a luz un niño el día  27 de junio del año 1765, bautizándolo tres días más tarde en esa iglesia de San Miguel. Martín José de Corroza, párroco en ese momento, le puso el nombre de Pedro Justo, aunque  se le llamaría simplemente Pedro. La carta que escribió Francisco a su pueblo de Meyracq para comunicar a sus padres, Jean y Bernarde que habían sido abuelos partió esta vez de Cárcar. Sin embargo, Francisca y José, los abuelos calahorranos de la parte materna, vendrían enseguida a conocer a su nieto, ya que Calahorra dista de Cárcar apenas quince kilómetros. 

Las obras del tallado de la sillería del coro y del facistol fueron revisadas al año siguiente (1766) por el propio Camporredondo, dando su aprobación.

Texto de la foto: el rayo solar que cruza la fachada occidental, en la tarde de los equinoccios se alinea con el gnomon que construyó Busou para filtrarlo durante la conjunción equinoccial. Foto: Rioja Abierta. Revista de información del Centro Riojano de Madrid. N.º 6, junio 2018, pág.. 18.

Concluida su contrata en Cárcar, Francisco Busou trabajó en la comarca de Nájera donde el artista intervino en varias obras: en el monasterio de San Millán de la Cogolla (trascoro y gnomon sobre la puerta de este), Tricio y Huércanos, instalándose a vivir con su familia en esta última población. En ella actuó sobre el retablo de la Asunción para su iglesia de San Pedro (aunque no lo acabó). 

Para entonces Pedro tenía ya dieciocho años y su padre le había instruido en el oficio, mostrándose al parecer muy diestro. El Cabildo de la iglesia de Huércanos lo incluyó como colaborador del padre en las obras que este iba a acometer: «mozo de acreditada habilidad y capaz por lo mismo a seguir y ultimar la obra de dicho retablo en los mismos términos que lo ofrece dicho su padre si llegase el caso de que este falleciese». (Busou, el escultor de Carlos IV, Marcelino Izquierdo). Ya estaba Francisco para entonces enfermo y fallece el 9 de septiembre de 1790 a los 51 años. Pedro se encargó de acabar algunas de las obras que su padre había dejado inconclusas.
 
El joven Busou había entrado en contacto con un académico de San Fernando llamado Antonio Losada, y probablemente por influencia de este en un momento dado se marcha a Madrid para ingresar en esa famosa institución. Participa en certámenes que ofrecía la academia ya para el año 1784 y consigue varios premios. 

Obra de Pedro Busou por la que ganó el primer premio de escultura de la Real Academia de San Fernando (se encuentra bastante deteriorada). Fondo Academia de Bellas Artes de San Fernando

En el año 1794 obtiene un importante premio en escultura y en 1796 le darán el primer premio y medalla de oro de tres onzas por la obra titulada “Moisés baja por segunda vez del Monte con las Tablas de la Ley y el pueblo las recibe con veneración”, quedando el hecho reflejado en la Gaceta de Madrid del año 1796: "La Real Academia de S. Fernando, en cumplimiento de sus estatutos, celebró el día 13 del corriente Junta pública para la distribución de los premios establecidos en cada trienio á favor de los opositores, que ganan su adjudicación en concurso general. Nunca ha sido tan lucida y autorizada esta función por haber merecido la Academia que el Serenísimo Sr. Infante D. Luis Príncipe heredero de Parma, amante de las bellas artes como -de todas las ciencias que se complace en cultivar , la honrase con su presencia asistiendo la Junta, y dignándose dé presidirla, de permitir se colocase su Real nombre entre los individuos de ella, y de distribuir, como distribuyó por su mano, los premios á los discípulos á quienes habían sido adjudicados en la forma siguiente: Primera clase: Medallas de oro de tres onzas. Pintura, á D. Joseph Apaifici; Escultura, á D. Pedro Busou del Rey; Arquitectura, á D. Agustín Humaran". (GAZETA DE MADRID DEL VIERNES a 22 DE JULIO DE 1796. Nº 59. 605). 

Fuente: "Distribución de los premios concedidos por el Rey nuestro señor a los discípulos de las tres nobles artes, hecha por la Real Academia de San Fernando en la junta pública". Imprenta Viuda de Ibarra. Madrid. 13 de julio de 1796.

En 1798 Busou esculpió una talla de la Virgen de la Soledad para la iglesia de Huércanos. En este pueblo, a excepción de su primer año de vida en Cárcar, había pasado toda su infancia y juventud, y allí seguían su madre y su hermana, por lo que tendría cierta querencia hacia él. Dicha talla se conserva en aquella localidad riojana y procesiona en Semana Santa.

Imagen de la Soledad en Huércanos, obra de Pedro Busou.
 https://www.youtube.com/watch?v=289WE5iZs08

Pronto empieza el cada vez más prometedor escultor carcarés a relacionarse en Madrid con la familia real española, entrando al servicio del Infante don Antonio de Borbón (hijo de Carlos III) como profesor de escultura. Solicitó permiso de este para pugnar por el título de académico de mérito, cosa que consigue con la obra “Degollación de los inocentes” pasando así a ser nombrado académico de mérito en escultura en la Real Academia de San Fernando.

Degollación de los inocentes. Técnica: relieve en barro cocido. Otra obra de Pedro Busou. Catalogado como: estado de conservación lamentable. Fondo Academia de Bellas Artes de San Fernando

Entre los años 1802 y 1805, talló para el infante Antonio una “bellísima efigie” de San Antonio de Padua que se venera en la iglesia de Sacedón (Guadalajara). Al quedar vacante la plaza de escultor del Real Sitio de Aranjuez, solicita Busou ese puesto que Carlos IV le concede. Y en 1805 será el propio rey quien le nombre escultor de Cámara asignándole la responsabilidad de la conservación de las obras escultóricas de la Real Casa del Labrador en Aranjuez. Allí realizará la mayor parte de sus obras, dedicadas en este caso a las deidades paganas: Apolo Pithio, Antinoo, Perseo y un “hermoso Baco que es muy aplaudido por los profesores” para esa Casa del Labrador del Real Sitio de Aranjuez, además de un busto dedicado a la diosa Artemisa para la fachada de dicho lugar. Desgraciadamente no pudo hacer mucho más ya que enfermó pronto. Por prescripción médica se trasladó a Madrid a reponerse, pero lejos de mejorar, fallece en la capital el día 19 de mayo del año 1806  a la edad de 41 años. Dejó inconclusa la fuente de Adonis de esta Real Casa del Labrador sobre la cual se encontraba trabajando. 

Pedro Busou se había casado en Madrid con una joven llamaba Bonifacia Rubio con la que tuvo dos hijos, Martín y Cándido Busou Rubio. Al parecer ninguno de los dos tuvo descendencia por lo que el apellido Busou en España se extinguió.

En 2006, Huércanos conmemoró los 200 años de la muerte de Pedro Busou. En Cárcar, su lugar de nacimiento, esta efeméride pasó totalmente inadvertida. En 2026 se cumplirán los 220 años de su fallecimiento, una buena ocasión para tenerlo en cuenta. 

MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ
Enero de 2023

jueves, 29 de diciembre de 2022

RESUMEN DEL AÑO 2022. Blog Legado de Cárcar



Termina el año 2022 y toca hacer de nuevo balance en este blog Legado de Cárcar. Un buen puñado de artículos he podido añadir este año al mismo y ya van 41, desde que en febrero de 2020 iniciara su andadura. Si bien las posibilidades de mantener este ritmo se acortan, intentaré exprimir al máximo el rico patrimonio humano de Cárcar con nuevas entradas en los siguientes meses. 



-Enero empezó con Manuel Albeniz, el organista estellés que llegó a Cárcar hacia el año 1772 y quedó prendado del órgano, del pueblo y de sus gentes, hasta el punto de establecerse aquí para siempre. Música sublime que arrancó al valioso órgano de Joseph de Mañeru, con el que Albéniz deleitó a los carcareses y llenó de solemnidad las funciones litúrgicas de la parroquia San Miguel. Ojalá algún día se recupere esta valiosa pieza de la escuela de organería de Lerín que se encuentra desde hace muchos años muda.
----------------------------------------------------------------------------------------------------
 

-Febrero fue para Isidora Perez Arróniz, Madre Isidora. En el año 1928 Cárcar ensalzó y homenajeó a esta mujer con más pompa y solemnidad todavía que a los otros tres hombres a quienes también honraba con una calle. Esta mujer fue esposa de un militar liberal del que le sobrevivió un solo hijo. Al quedar viuda decidió ingresar en la congregación de las Oblatas donde llegó a ser Superiora. Reconocida por su talante caritativo, humilde y bondadoso, murió en enero de 1928 en olor de santidad en Zaragoza. Su hijo Francisco López Pérez también fue Superior de los claretianos.
----------------------------------------------------------------------------------------------
 
Escudo en Cárcar de los Zúñiga

-Marzo atrajo a Anacleto Pardo Zúñiga. Era lerinés de madre carcaresa. Militar de profesión, se casó con Eleuteria Fortún, una sobrina suya también de Cárcar. Luchó en el bando carlista y se tuvo que exiliar a Francia. Con el Convenio de Vergara se incorporó de nuevo al ejército. Después se casó con una señora de Valtierra y allí se jubiló y murió.
-------------------------------------------------------------------------------------------
 


-Abril acogió a lo que consideraría una de las figuras más importantes y valiosas de las recuperadas para este blog, y una también una de las más laboriosas: Vicente Martínez Monreal. Su padre era de Cárcar pero él nació en Pamplona, aunque tenía a gala decir que era de Cárcar. Destacado médico de profesión, trabajó en el Hospital de Pamplona promocionando grandes avances médicos; lo reclamaron en la Corte madrileña para atender a los infantes, primero, y al propio rey después, pero por lo que sobresalió especialmente fue por ser el pionero en traer la vacuna contra la viruela a Navarra, aunque eso no se le ha sido reconocido todavía. Con su pundonor y esfuerzo evitó las miles de muertes que se producían cada año por esta causa. Sus peripecias ligadas a la primera línea de la historia de España de su tiempo, suponen un testimonio apasionante de observar. 
------------------------------------------------------------------------------------
 

-Mayo propició conocer, por medio del famoso diccionario de Pascual Madoz,  la perspectiva que presentaba Cárcar en el año 1849. Su ubicación, distribución, servicios, monumentos, geología y demografía. Una buena herramienta para hacer una comparativa con la situación actual. 
---------------------------------------------------------------------------------------------

Hotel donde se hospedaba permanentemente en Logroño. Foto: historias del comercio y la industria de La Rioja

-Junio estuvo dedicado a Desiderio Pagola, ingeniero de Caminos Canales y Puertos. Un carcarés que residió la mayor parte de su vida en Logroño desde donde proyectó importantes obras y desempeñó relevantes cargos. Fue nada menos que Inspector General del cuerpo de Ingenieros de su gremio y Director de Obras Públicas. 
----------------------------------------------------------------------------

Título, Garrote vil. Autor, Ramón Casas. Museo Reina Sofía 
-Junio trajo también uno de los artículos más visitados del blog, llegando a ocupar en pocos días el cuarto puesto del ranking. Lo titulé “El que a hierro mata a hierro termina”. Para realizarlo me apoyé en una parte del sumario que recogió la causa. Se trataba de la muerte de un arriero ocurrida en terreno de Lerín a manos de dos individuos de Cárcar, según sentencia. Corría finales del siglo XVIII y un asesinato se pagaba con la muerte, en este caso a garrote vil, en plaza pública y a la antigua usanza. La plaza de Lerín fue testigo del acto; los cuerpos, tanto del agresor como del agredido, descansan en el subsuelo de su iglesia parroquial. Una historia que sobrecoge y justifica el interés suscitado.
--------------------------------------------------------------------------------------


-Agosto. Los archivos guardan documentos muy curiosos. En agosto me centré en escudriñar lo que el médico de Cárcar, Juan José Moreno dejó escrito y registrado en el libro “Historia Universal de las Fuentes Minerales de España (1699-1776)”, escrito por Pedro Gómez de Bedoya y Paredes y publicado en el año 1765. El dato estaba referido a la existencia de una fuente de aguas medicinales de gran aprovechamiento curativo ubicada en Cárcar. Encontrar la fuente de La Falaguera, como así se llama, fue casi como vivir un capítulo de Indiana Jones ya que tuve que precisar hasta del concurso de dos geólogos (el carcarés Eulogio Pardo y Juan José Durán) y la ayuda de los cazadores locales (Salvador y Jesusmari Bañales y Teodoro Arambilet) y aunque en la actualidad sus aguas no fluyen a la superficie, estos dan fe ya que la han visto manar, e incluso consumir destacando sus efectos medicinales. Seguimos expectantes a la espera de continuados cursos lluviosos para verla de nuevo filtrarse por entre las rocas y poderla así demarcar.
----------------------------------------------------------------------------------

España, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. AGS Gracia y Justicia. Legajo 159

-Septiembre fue para Joseph Femando de Pagola, abogado, regidor del Ayuntamiento de Pamplona por el Burgo de San Cernin, primero, y alcalde supernumerario de la Real Corte Mayor de Navarra después. Fue padre de Joseph Pagola y Garzarón, alcalde del Crimen de Granada, oidor y regente de la Audiencia de Granada, regente de la Audiencia de Asturias y ministro togado del Consejo de Guerra. Personajes ambos que tienen todavía mucha historia por desentrañar.
-------------------------------------------------------------------------------------------

Detalle de la caja del órgano que hizo Joseph de Arbizu 

-Octubre la dediqué a Joseph Arbizu y Brabo un maestro carpintero de Cárcar al que debemos la realización de la caja del órgano y la puerta de cancela de la iglesia de Cárcar entre otras obras, tanto de arte religioso como civil. Unos monumentos que nos hablan de una cultura artística que surgió en Cárcar y que dio abundantes maestros que dejaron su huella por distintos pueblos de la geografía navarra.
----------------------------------------------------------------------------------

Eusebio Zubizarreta, hijo. Museo Zumalakarregi

-En Noviembre empecé a transcribir una serie de cartas que escribió Alejo Aranáz, párroco de Cárcar a mitades del siglo XIX. Acababa de morir en este pueblo la hija del General Zumalacárregui, como ya expliqué en un artículo dedicado a ella, tocándole hacer los funerales y las gestiones de su herencia. Un primo segundo de la finada resultó ser el heredero y don Alejo tuvo que gestionar todo el papeleo, incluido la serie de cartas que le tuvo que enviar a La Habana, donde se encontraba, para ponerle al día de todos los procedimientos que estaba siguiendo. A un tiempo, por medio de estas misivas surgió entre ellos una amistad tal que le llevó a dar detalles en sus cartas de personajes y situaciones de la vida cotidiana de Cárcar que creo pueden resultar interesantes de conocer.
-------------------------------------------------------------------------------------------


-Diciembre acoge a la segunda de las cartas de don Alejo Aranáz donde reitera de nuevo el motivo y la causa de la muerte de la última de las hijas del mítico carlista en Cárcar. Refleja los tiempos, el modo de escritura y ayuda a ver cómo funcionaba en aquella época el correo y la preocupación de si llegaban las cartas importantes a su destino. 
-----------------------------------------------------------------------------------------

He incorporado también recientemente una nueva herramienta al blog que permite leer los artículos en distintos idiomas, para que puedan hacerlo en su lengua nativa quienes lo visitan desde otras latitudes.
  
Espero que en el 2023 pueda aumentar la lista de individuos locales ya que el filón no está ni mucho menos agotado.

Deseo un feliz año 2023 a todos los seguidores de este blog y a los que lo visitan esporádicamente, agradeciendo a todos su interés y apoyo.

María Rosario López Oscoz

lunes, 19 de diciembre de 2022

Don Alejo, el cura cronista de Cárcar. 2ª carta

Firma de don Alejo Aranáz

El 24 de marzo de 1874, veinte días más tarde de escribir don Alejo la primera carta a Eusebio Zubizarreta, comunicándole la muerte en Cárcar de su prima Micaela Zumalacárregui y diciéndole que le nombraba heredero de sus bienes, le vuelve a escribir nuevamente ante la incertidumbre de si la anterior habría llegado a sus manos a La Habana, dada la lejanía y las vicisitudes que dicha carta pudiera haber sufrido por las contingencias de la guerra. Esta segunda carta corrobora de nuevo las causas de la muerte de la hija del general carlista.


España Navarra

Sr. D. Eussebio Zubizarreta y Dorronsoro

Muy señor mío y amigo:

Por el correo del 19 (la carta se escribió el día 2) participé a U. la triste noticia del fallecimiento de su querida prima y mi inolvidable amiga Doña Micaela Zumalacárregui. Decía a U. que testó dejando a U. heredero, y entre los cabezaleros a mí para cumplir su voluntad de funerales, etcétera, y mandas especiales. La muerte la ocasionó una viruela maligna el 1º del actual.

Repito a U. este, por el correo del 1º, por si la anterior no ha llegado y después que yo he concluido los funerales. Se ha hecho un carnario y la cruz, que he encargado que sea modesta (así me lo advirtió), se colocará tan pronto me la remitan.

No sé si le decía que a la caja le puse dos llaves que están en mi poder hasta que U. determine. Bien conozco que no le será a U. fácil venir por aquí, pero hay cosas, amigo, que solo la persona puede ejecutarlos; quiero decir, que U. sabrá que es lo que más interesa a U. conservar en su poder de los de la finada, y algunas gestiones que tal vez tenga U. que hacer para los títulos, etcétera, pues la Micaelita me tenía dicho que en Guipúzcoa había émulos que alguna vez intentaron arrebatarles algunas glorias.

No puedo ser más largo pues me llaman a ejercer mi ministerio y tampoco hoy hay nada que comunicarle. A Vitoria escribí a los otros cabezaleros; todavía no he tenido contestación; no lo extraño pues dudo que haya correo para dicha ciudad.

Ya sabrán Us. por esa, que Bilbao hace un mes que sufre un bombardeo atroz. Mucha y muy grandes son las pérdidas.

Se repite a sus órdenes su affmo. amigo y capellán q.b.s.m.

Alejo Aranáz
Párroco 

Cárcar 24, marzo, 1874  

Bombardeo en la zona de Bilbao. Foto tomada del libro "Jaúregui el Guerrillero" escrito por Fr. J.I. Lasa Esnaola
----------------------------------------------------------

María Rosario López Oscoz

Fuente: Archivo documental Museo Zumalakarregi

viernes, 18 de noviembre de 2022

CRÓNICAS DE CÁRCAR. DON ALEJO, EL CURA CRONISTA

Eusebio Zubizarreta era el destinatario de las cartas que escribió don Alejo. La fotografía corresponde al hijo de aquel, también de nombre Eusebio. Foto: fondo de archivo del Museo Zumalakarregi

Alejo Aranáz fue párroco de Cárcar durante más de veinte años. Era hijo de Miguel, el organista del pueblo y nieto del también organista de Cárcar, Esteban Aranaz. Durante su ministerio le tocó vivir y atender espiritualmente a Micaela, la hija pequeña del General Zumalacárregui, no solo cuando esta acudía a Cárcar a visitar a sus parientes sino también en el momento de su muerte, cosa que ocurrió precisamente en este lugar, como ya he dicho en otras ocasiones (pinchar). Ella había venido buscando refugio mientras la Tercera Guerra Carlista a casa de Ambrosia López Bailo, la prima de su madre. Ambrosia murió estando Micaela en esa casa y ella misma la cuidó en su enfermedad. Tras la muerte de la tía, Micaela se quedó con el tío Francisco, esposo de aquella, dando tiempo a que pasara el peligro de la guerra. Sin embargo, a Micaela le sobrevino la muerte de forma inesperada mientras se encontraba aquí. 

Don Alejo se hizo entonces cargo de la situación y le correspondió también la tarea de ser el cabezalero, lo que le obligaba a cumplir las últimas voluntades de la finada y hacer llegar la herencia al heredero y primo segundo de esta, Eusebio Zubizarreta Dorronsoro. En el desempeño de esa función de albacea, don Alejo tuvo que dar la luctuosa noticia a Eusebio que se encontraba en Cuba trabajando como Corredor de Comercio.

La correspondencia que llegaba a Cárcar de Zubizarreta no se conserva, pero sí la que don Alejo le enviaba a aquél; esta se encuentra custodiada en el Museo Zumalakarregi, y por su valor historiográfico supone un tesoro, no solo por la información que contiene, relativa a esa parte de la historia, sino también en lo que concierne a la crónica social de Cárcar.

Por este motivo intentaré a lo largo de las siguientes entradas al blog, transcribir algunas de estas cartas esperando que su singular contenido ayude a conocer y contemplar la intrahistoria de esa época concreta.

CARTA don Alejo Aranaz, párroco de Cárcar comunicando al heredero, Eusebio Zubizarreta, la muerte de su prima MICAELA ZUMALACÁRREGUI, ocurrida el día 1 de marzo del año 1874.

S. D. Eusebio Zubizarreta y Dorronsoro

Muy señor mío y amigo: triste el motivo que por vez primera me obliga a escribirle a usted. Su bella prima, mi íntima y queridísima amiga Doña Micaela de Zumalacárregui pasó a mejor vida el 1º de los corrientes, víctima de una viruela maligna, después de haber recibido los auxilios espirituales; más bien por haberlos pedido su acendrada virtud, que por serlo en aquel entonces necesario. Tremenda desgracia, gran pérdida para los que, tratándola íntimamente, conocíamos su gran corazón, sus muchas virtudes y su talento nada común. Gran vacío deja en el corazón de cuantos nos honrábamos con su profundo cariño y fina amistad. Del cielo nos mandará el necesario consuelo.

Sintióse indispuesta con dolor de cabeza y tronzamiento general el 21 de febrero. Al día siguiente se levantó con objeto de ir a misa pero, conociéndose desvanecida, se acostó. El 23 a la noche pronuncióse una erupción abundantísima por todo el cuerpo, pero sumamente pequeña. El médico de este no se atrevía a calcularla de viruela, por la gran cantidad y pequeñez, apareciendo que, ni era sarampión, ni, como ella pensaba, fuerza de la sangre; inmediatamente determiné traer un médico notable. Ambos convinieron que la erupción no era viruela; sumamente confluente, apareció, no obstante, franca y generosa los días siguientes con algunas alternativas de desvanecimiento de cabeza y postración. La erupción continuaba bien y, al parecer y según los médicos, sin vestigio de complicación alguna. En el período de supuración hubo algo de delirio y gran postración; por esto y porque la erupción en la garganta le dificultaba el paso de las bebidas, pregunté claramente a los médicos su estado, con objeto de traer otros. Volvieron a confirmar no se veía peligro alguno; que la mancha de la erupción era regular y que no había que temer mientras no apareciera complicación, de lo que no se veía señal alguna. Como por lo general estaba despejada y serena, y el 28 lo estuvo mucho más, expectoraba y aún la garganta se le aligeró; todos, médicos y amigos, confiamos en que se salvaba. Aquella noche a la una, me retiré con el médico de cabecera, sumamente  complacidos del estado de la enferma, pero, a la mañana, se recargó la cabeza y presentes el médico y yo, a las seis y media, cual herida de un rayo, cayó en un profundo letargo del que a las dos horas se trasladó al cielo. Puede usted figurarse como nos quedaríamos.

Ya desde antiguo había depositado su mi amistad y su ilimitada confianza y, cuando se sintió enferma, no obstante de haber confesado y comulgado dos días antes, me pidió los auxilios espirituales que le di, y me advirtió los encargos que en su nombre había de hacer. A luego testó dejando a usted heredero universal de lo poco que actualmente sabe usted que tenía, y de lo mucho que podría tener; pues de algunos reales que tenía los he destinado para su alma y demás encargos que me hizo: caja mortuoria, funerales y demás que he hecho conforme correspondía a su rango, habiéndosela llevado al cementerio de este los voluntarios carlistas; la caja tiene dos llaves, una para usted y la otra, usted dispondrá para quien su parecer debe ser.

Entre los encargos que me hizo, uno fue que usted use su reloj, su esposa el anillo de diamantes regalo de su papá a su mamá; el azul a Fatimita y, los demás, la familia de usted.


No le mando a usted la copia del testamento, y sí un extracto de las principales cláusulas, por no estar seguro de si llegan con regularidad las cartas a esa, pero tan pronto como usted me lo diga, la pediré en su nombre y la remitiré a usted. Advierto a usted que como aquí no estaba sino accidentalmente, las cositas de su papá, ropa y muebles, las dejó en Vitoria y aquí los papeles y algunas alhajas. 

Como primer cabezalero que soy, usted me dará instrucciones de lo que usted crea que debo hacer y se las comunicaré a los de Vitoria a quienes les comuniqué el encargo que les había dejado la finada.

Salude usted de mi parte a su señora y familia procurando consolarse de tan tremendo golpe y, con tan triste motivo, se ofrece a usted, su verdadero amigo y capellán q.b.s.m.

Alejo Aranaz, párroco. 

Navarra Carcar  2 de marzo 1874

-------------------------------------------------

María Rosario López Oscoz

Fuente: Museo Zumalacárregui / Zumalakarregi Museoa 

martes, 18 de octubre de 2022

JOSEPH ARBIZU Y BRABO Y LA CAJA DEL ÓRGANO DE LA IGLESIA

Detalle de la caja del órgano, obra de Joseph Arbizu. Foto: Charo López

Cuando entras en la iglesia San Miguel de Cárcar, ¿has pensado alguna vez en quien pudo haber hecho la gran puerta de cancela que vemos al franquear la primera puerta de entrada, y que se abre de par en par en días solemnes de procesión y en la celebración de los funerales?  ¿O quién sería el que talló la bonita caja barroca del órgano que puede admirarse a poco que eleves la vista sobre la propia puerta? Pues estas preguntas no solo tienen respuesta sino también un nombre: Joseph de Arbizu y Brabo.

Joseph Arbizu era hijo de Francisco Arbizu López y Bernabela Brabo Sádaba. Todos habían nacido en Cárcar; Francisco, el padre, lo hace en el año 1682, la madre, en 1692 y Joseph, el día 16 de marzo del año 1716.

Bien pudo Joseph haber aprendido el oficio de carpintero de la mano su padre, o quizá en algún taller local, pero el caso es que tomó tal destreza que sus obras han traspasado el tiempo y su legado todavía perdura, conservándose en aceptables condiciones, a pesar de que en el caso del órgano, éste no suene desde hace décadas y le falte toda la trompetería horizontal. 

El órgano en su estado actual. Debajo la puerta de cancela. Foto: Charo López

La caja del órgano venía a acoger el importante instrumento que estaba haciendo el gran organero lerinés Joseph de Mañeru y Ximenez, considerado en la zona como uno de los artesanos más prestigiosos de la época en esta disciplina.
  
Interior de la iglesia de San Miguel de Cárcar visto desde el coro. Foto: Charo López

Cuando el cabildo de la iglesia de Cárcar consideró la necesidad de hacer un órgano nuevo se estaba remodelando toda esa zona de la parte de atrás del templo y quisieron dotarla de un empaque acorde con el monumental edificio, especialmente con el retablo mayor de estilo barroco churrigueresco que había hecho recientemente José de San Juan (Sanjuanillo), y que remató en 1755 el arquitecto carcarés Tomás de Puelles ya que San Juan no lo concluía. Firmó por tanto el cabido con dos tallistas de renombre para que hicieran la sillería del coro y el facistol, y con el ebanista local Joseph de Arbizu y Brabo para el caso de la caja del órgano y la puerta de cancela. 

Puerta de cancela, obra de Joseph de Arbizu. Foto: Charo López

Los tallistas serían los escultores Julián Martínez, natural de Calahorra, y Francisco Bussou, un francés nacido en Meirac y afincado también en Calahorra. La sillería que tallaron resultó un primor de obra y Arbizu se esmeró de tal modo con la suya que no desmereció para nada con la de los anteriores. Fue Diego de Camporredondo, famoso retablista, escultor y tracista calahorrano, quien revisó  la obra en el año 1766 quedando el conjunto listo para su uso. La solemne bendición y estreno de las obras se haría con gran ceremonia pues no era para menos. El cabildo se sentaría a partir de ahora en los nuevos sitiales para rezar los oficios y el órgano sonaría por fin a gloria a manos de reputados organeros que se disputaron el cargo a lo largo de los años. 

Sillería del coro y facistol. Obra de Fco. Bussou y Fco. Martínez. Foto: Charo López

La sillería vista desde otro ángulo. Foto: Charo López

Hoy en día el órgano es una rareza y una joya que nadie discute; sin embargo sigue mudo, y es por eso que me surge una pregunta, ¿después de tanto esfuerzo empleado en aquellos años por conseguir ese valioso órgano para la parroquia, no seremos capaces doscientos cincuenta  y tantos años después de hacer nada por recuperarlo?

Otra vista en detalle del trabajo de ebanistería del órgano de la San Miguel de Cárcar. Foto: Charo López

Muchas otras obras dejó hechas Joseph de Arbizu, que todavía no están catalogadas, a la espera de nuevas investigaciones; y hubo también otras que le arrebataron, como el retablo de la ermita de la Virgen de Gracia de este mismo pueblo, que disputó con su cuñado el ya nombrado Tomás de Puelles, quedándosela este al ganar la puja.

Retablo de la ermita de Nuestra Señora de Gracia en Cárcar, obra del carcarés Tomás Martínez de Puelles. Foto: Charo López

Joseph de Arbizu tuvo descendencia y uno de sus hijos, Ildefonso, aún superó en importancia a su padre. Pero eso lo explicaré ya en otra entrada de este blog. 
 
Y ahora, cuando alguien pregunte al visitar la iglesia de Cárcar sobre estos extremos podremos dar cumplida respuesta. 

María Rosario López Oscoz
Octubre 2022