miércoles, 31 de enero de 2024
JOSEPH BRAVO Y SADABA, otro aventurero carcarés
viernes, 29 de diciembre de 2023
RESUMEN DEL AÑO 2023
El blog Legado de Cárcar cumple este mes de diciembre cuarenta y seis meses de andadura desde que le diera inicio en el mes de febrero del año 2020, poco antes de la pandemia del coronavirus. Por lo tanto, está próximo a cumplir los cuatro años. Y siguiendo la norma de hacer un resumen anual de los artículos publicados, vaya aquí el del año 2023 que termina. (Clicando en cada uno de los nombres resaltados se accede al artículo en cuestión).
*En enero abordé a un famoso escultor que nació circunstancialmente en Cárcar; se llamaba Pedro Busou del Rey y era hijo del francés Francisco Busou, también escultor, que llegó a este pueblo a cumplir una contrata para tallar la sillería del coro de la parroquia. Pedro cursaría estudios en la Real Academia de San Fernando donde llegó a ser académico de mérito, consiguiendo premios en distintos certámenes y hasta una medalla de oro. Fue profesor del infante Antonio (hijo de Carlos III), escultor de Cámara de Carlos IV y del Real Sitio de Aranjuez y responsable de la conservación de las esculturas de la Real Casa del Labrador de Aranjuez.
*Febrero fue para Antonio de Ona, obispo de Lugo y doctor en Teología y Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Zaragoza. Fundó el Instituto de Hijas Auxiliares del Buen Pastor de Pamplona. Fue Secretario de Medios de Comunicación Social en Lugo, donde fundó la cadena de Radio Popular en esa ciudad. Una calle de la capital lucense lleva su nombre.
*En marzo adapté y copié el anuario de Cárcar del año 1924 aprovechando los datos que ofrecía la Guía de Aragón, Navarra, Soria y Logroño, escrita por Román García Garate. Gracias a ella han quedado reflejados los nombres de los miembros del ayuntamiento, el clero, los funcionarios públicos, maestros y cuantos tenían algún cargo o regentaban establecimientos públicos en ese año.
*Abril acogió dos anuarios más; los de los años 1932 y 1942. En el artículo aparece todo lo reseñable referente a Cárcar durante esos años. Conseguí insertar además tres valiosas fotografías de distintos grupos escolares de esos años con sus correspondientes maestros que los atendían.
*En el mes de mayo abordé la heráldica de Cárcar y algunos de los edificios históricos que afortunadamente se conservan todavía. Ha quedado pendiente el estudio de dos escudos a los que no me ha sido posible de momento acceder. A saber: el que estaba en el edificio que fue el Café Lorente y el que se encontraba en la casa de Eulogio Pardo. También he tenido noticias, que no he podido contrastar, de que había otro escudo heráldico en el Barrio Monte, en “Casa de Lara” (casas de Antonio Hernández, Ismael Sádaba y Melchor Guillén). Sirvan estas líneas como petición de ayuda por si alguien sabe algo al respecto. Escudos armeros de Corroza, San Juan, Díaz de Rada, Martínez, López Bailo, Ona y Zúñiga todavía se conservan y esperemos que lo sigan haciendo por mucho tiempo.
*”Un maestro de pueblo” fue el título del artículo del mes de junio. Aprovechando una fotografía inédita de don Benito Pérez (uno de los maestros que había en Cárcar en tiempos de la posguerra) que posaba junto a uno de sus alumnos (Antonio Hernández), traté de perfilar como era la vida de un maestro rural de su tiempo y la problemática de enseñar a unos chicos que se veían muchas veces en la tesitura de si acudir a la escuela o ir a ayudar al padre en las tareas agrícolas.
*Julio lo dediqué para el “Viejo puente metálico” anterior al actual. Inaugurado en el año 1898 se mantuvo en pie durante 74 años hasta caer al río Ega en el año 1972 al paso de un camión que sobrepasaba la carga permitida.
*Septiembre acogió a Juan Manuel de Sádaba, un carcarés que nació en el año 1641 y se embarcó con veintiún años rumbo a Nueva España (Méjico) bajo las órdenes de Juan Miguel de Agurto y Álava, recién nombrado Alcalde del Crimen de la Real Audiencia de Méjico.
*El Padre Javier Fortún ocupó el artículo del mes de octubre. Este había nacido en el año 1931. Fue durante 32 años misionero jesuita, diez de ellos en la región del Gujerat (India). De ahí pasó a Venezuela, para volver a España e ingresar en el Monasterio navarro de Leyre como monje benedictino. En ese monasterio dedicó cincuenta años de su vida a la vida contemplativa y donde falleció en abril de este año 2023.
*Noviembre fue para un arquitecto carcarés del siglo XVIII, Ildefonso de Arbizu. Era hijo de un importante maestro carpintero y casó con la hija de otro importante artista de su tiempo: el maestro organero lerinés Lucas de Tarazona. Ildefonso acometió, entre otras obras, el derribo y construcción del coro de la iglesia de Lerín, así como el removimiento y traslado del mausoleo con los restos del Conde de Lerín y Condestable de Navarra hacia otro punto de la iglesia.
MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ
29-12-2023
viernes, 15 de diciembre de 2023
"EN EL CENTRO", villancico popular de Cárcar
lunes, 27 de noviembre de 2023
ILDEFONSO DE ARBIZU, ARQUITECTO CARCARÉS-LERINÉS
De la serie de arquitectos de Cárcar faltaba por destacar a Ildefonso Arbizu Quintana. Con él concluyo una lista de arquitectos, retablistas, escultores y doradores que surgieron en Cárcar a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Ya destaqué en anteriores trabajos a Tomás Martínez de Puelles y a sus hijos Tomás Antonio y Adrián, tío y primos respectivamente de Ildefonso, y también a Antonio de Izaguirre, tío a su vez de los Martínez de Puelles; también a Pedro Busou, escultor de Cámara de Carlos IV, y, más inicialmente, a Andrés de Mata, dorador de retablos, pintor y estofador. Un elenco de artistas que dejaron sus obras repartidas por buena parte del territorio navarro y español.
Ahora me detendré en Ildefonso de Arbizu. Este nace en Cárcar el 29 de enero del año 1740. Hijo del maestro carpintero Joseph de Arbizu y Bravo y Ana María Quintana y Sádaba fue el primogénito de siete hermanos, y se movió, como digo, en un ambiente y en un momento artístico sin precedentes en Cárcar. Él vio tallar a su padre la caja del órgano que construyó el maestro lerinés Joseph de Mañeru para la iglesia de Cárcar, y vio también como cincelaba la inmensa puerta de cancela por la que se accede al templo parroquial.
Observó a los maestros calahorranos esculpir la sillería del coro y conoció de primera mano las destacadas obras barrocas que realizaba su tío Tomás Martínez de Puelles. Es posible que aprendiera a manos de éste el oficio de arquitecto, pero también cabe la posibilidad de que su padre lo mandara a estudiar a alguna escuela de arquitectura. El caso es que empezó a hacer sus primeros trabajos en Lerín y aquí conoció a la que sería su mujer: Teresa de Tarazona y López de Velasco. Teresa era hija del importante maestro organero Lucas de Tarazona, y de Josepha López de Velasco. Todos los hermanos de Teresa eran, como el padre, constructores de órganos, así que ella se movió en un ambiente, digamos, muy musical. Seguramente su padre le haría un órgano portativo para que aprendiera a tocar en casa, como hiciera más tarde su sobrina María Luisa de Tarazona y Beunza, organista del convento de las monjas clarisas de Arizcun.
Ildefonso y Teresa cumplimentaron la ceremonia de velación en Cárcar el año 1764, ya que era aquí donde iban a vivir los primeros años. Dos de los hijos del matrimonio nacieron en Cárcar: María Micaela y Manuel Francisco pero para el año 1771 la familia Arbizu-Tarazona ya estaba residiendo en Lerín donde nació Javier Antonio, último de los hijos. Este se casará después con Ramona, su prima carnal, e hija de Julián de Tarazona, uno de sus tíos organeros.
Es evidente que Teresa tenía querencia por Lerín y atrajo a Ildefonso hacia esta población vecina; aquí estaba toda su familia materna que eran gente de prestigio; la madre de Teresa era nieta, nada menos que de Clemente López de Velasco, promotor fiscal del estado y condado de Lerín y escribano real. Además, Lerín ofrecía mayores posibilidades para trabajar en lo suyo por tener una población mayor y ser cabeza del condado del mismo nombre.
Estando residiendo en Lerín, es requerido Ildefonso para trabajar en Sartaguda donde realizo el retablo mayor de la iglesia y desmontó y recompuso el chapitel de la torre. Enseguida le aprobaron un proyecto para Lerín. En 1779 se hace cargo del derribo del coro antiguo de la iglesia y la construcción de uno nuevo, proyecto aprobado por Santos Ángel de Ochandátegui, prestigioso arquitecto de la época. Esta construcción constará de “arco de medio punto entre pilastras y sotocoro con bóveda de medio cañón y lunetos” (Ricardo Fernández Gracia).
Retablo mayor visto desde la capilla del coro que hizo Arbizu. Lerín
Pero hizo Ildefonso otras actuaciones en la iglesia de Lerín. En el interior del templo y a los pies del presbiterio se encontraba desde el año 1616 el mausoleo de los condes de Lerín. Este monumento fue un encargo de don Luis de Beaumont y Navarra (segundo conde de Lerín y Condestable a su vez de Navarra), a Gil Morlanes el Viejo, afamado escultor aragonés. A este Condestable en cuestión le apodaban El Valeroso, como manifiesta Juan Jesús Virto en otro artículo de mismo libro citado. Este mausoleo, además de contener los restos de este conde, reposaban en él también los de su nieto y cuarto conde de Lerín, don Luis de Beaumont y Manrique de Lara, y los de don Diego Álvarez de Toledo, hijo del tercer duque de Alba y esposo a su vez de doña Brianda, quinta condesa de Lerín. El féretro con los restos de este don Diego había traído desde Alba hasta la vecina localidad de Sesma en espera de que concluyeran las obras en la iglesia de Lerín donde serían finalmente depositados.
Tuvo pues el carcarés que gestionar el desmonte de este magnífico bulto marmóreo y sacar los despojos de los condes allí enterrados y depositarlos en el hueco preparado al efecto. Arbizu fue pues uno de los pocos privilegiados que vio los restos del todopoderoso Condestable años después de su muerte. Cuatro meses después, todas las piezas del conjunto mortuorio quedaron perfectamente encajadas en su nueva ubicación. La minuta que pasó Ildefonso al Patronato de la iglesia ascendía a 5.821 reales con 24 maravedíes.
Esta remodelación no duró mucho y aquellos nobles despojos no consiguieron descansar en paz muchos años ya que en 1841, y mientras el gobierno liberal de Espartero, iban a sufrir un acto de vandalismo. Así lo cuenta Pedro de Madrazo en el libro "Navarra y Logroño en España. Sus monumentos y artes. Su naturaleza e historia". Barcelona. 1886":
“Pero no fueron los franceses los que removieron de su sitio el magnífico enterramiento de mármol y alabastro que en la misma iglesia tenían los primeros condes de Lerin (…) Este monumento fue víctima de un acto de venganza indigno y salvaje: después de la guerra llamada de los siete años, el pueblo siguió un pleito sobre exención de tributos con el duque de Alba; obtuvo sentencia favorable, y en la explosión de su júbilo, arrancó violentamente de la iglesia el sepulcro, lo sacó al atrio medio destrozado...”.
Bien por esta cita de Madrazo, o por un bulo infundado, el caso es que se creyó que el mausoleo había desaparecido. Sin embargo, Juan Jesús Virto, tras un minucioso trabajo de investigación asegura que, después de vandalizado, dicho mausoleo debió ser llevado al palacio condal de Lerín. Los huesos de los condes, por su parte, fueron depositados en alguna tumba de la propia iglesia parroquial hasta que en el año 1862 el duque de Alba mandó llevar, tanto los restos mortales como el mausoleo hasta el Palacio de Liria en Madrid. Y allí los halló Virto por casualidad en el año 2010. Y es que, recogidas todas las piezas y bien embaladas habían sido trasladadas en ferrocarril hasta Madrid en ese año de 1862 para ser finalmente montado el mausoleo y depositado en la sacristía de la capilla del palacio de Liria propiedad de los duques de Alba. No se encuentra expuesto al público pero algunos historiadores han tenido acceso al mismo, y es por eso que, siquiera a través de fotografías, podemos ver como era aquél magnífico sepulcro cincelado por Gil Morlanes el Viejo, y destinado a que reposaran en su pueblo los condes de Lerín. Poco iba a imaginar el Condestable los vaivenes que iba a sufrir después de muerto.
Aún le quedaba a Ildefonso una última actuación en la iglesia de Lerín. Asegura María Josefa Tarifa que en octubre de 1790 fue el propio Arbizu quien presentó un condicionado para hacer unas zanjas con objeto de “desviar e impedir la introducción de aguas subterráneas al interior de la parroquial por el lado de los cimientos que daban a la plaza”. Y es que la iglesia sufría (y sufre) de abundantes humedades en cimientos y paredes, principalmente en la zona de los retablos de la Ánimas y Nuestra Señora del Rosario. Quizá fuese efectiva en su momento la actuación de Arbizu, pero, a día de hoy, dichas humedades siguen latentes y son tan evidentes como preocupantes.
Es evidente como la humedad va comiendo la base del retablo del Rosario. Lerín
Por esos mismos años (entre los años 1790 y 1802) se hizo en la iglesia de Cárcar una gran restauración desde la nave hasta los pies del crucero. En esta parte se añadió la que se denominó capilla de los Santos Pasos, por ser el lugar que alberga los pasos que procesionan en Semana Santa; también esta obra y otras de menor envergadura le fueron encargadas a Ildefonso, pero, sin poder precisar el motivo (quizá por su fallecimiento), no las pudo terminar. Lo hizo en su lugar el arquitecto alavés Francisco de Sabando.
No todas las obras que llevó a cabo Ildefonso de Arbizu fueron en el ámbito religioso, también hizo otras civiles, como reflejan algunos pleitos conservados en el Archivo de Navarra: obras en el regadío de Mendavia acompañado del albañil de Lodosa Andrés García Soto, en el trujal de Larraga y en casas particulares.
Los documentos sin clasificar podrían aportar más datos sobre este personaje. De momento, esto es lo que he encontrado y aquí queda reflejado.
domingo, 29 de octubre de 2023
EL PADRE JAVIER FORTÚN
lunes, 18 de septiembre de 2023
JUAN MANUEL DE SADABA, un carcarés en Nueva España
Para el 27 junio de 1662 ya tienen listos los papeles en la Casa de Contratación. Siete días más tarde zarpan desde Sanlúcar de Barrameda en la Flota de la Nueva España, comandada por el general Nicolás Fernández de Córdoba y Ponce de León (descendiente del Gran Capitán). Para viajar a la Indias Occidentales este era el modo habitual de hacerlo. En esta ocasión dicha Flota la componían veinticuatro buques escoltados por tres galeones de guerra. Transportaban un total de 4.500 toneladas de carga y 1.326 quintales de azogue (mercurio para tratar la plata). Entraron en el puerto de Veracruz el día 12 de septiembre de ese año, tras dos meses y cinco días de travesía oceánica.
Qué fue de Juan Manuel de Sádaba una vez llegado a Méjico es de momento un misterio. Si siguió al servicio de Juan Miguel de Agurto habría que saber que este, tras su paso por la Audiencia de Méjico, fue nombrado en 1673 Capitán General y Presidente de la Audiencia de Guadalajara (Méjico) y que en 1680 cubrió la plaza de Gobernador de Campeche de forma interina. Ese mismo año, y también de forma interina, fue nombrado Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Guatemala. Durante tres años ejerció en este cargo hasta en en 1684 regresa a España donde se le nombra Oidor de la Real Chancillería de Granada. Sin llegar a tomar posesión del cargo, muere en Madrid en el año 1685.
Si siguió, como digo, a cargo de este mandatario habría que imaginarlo haciendo todo ese recorrido junto a él. Si, por el contrario, una vez allí siguió su vida particularmente, el resultado sería otro. Sea como fuere, el caso es que gracias a los archivos de Indias sabemos que un chaval de Cárcar hizo la ruta de las Indias (no fue el único) y arribó a Méjico hace la friolera de trescientos sesenta y un años.
miércoles, 26 de julio de 2023
EL VIEJO PUENTE METÁLICO DE CÁRCAR
Cárcar también sufrió progresivos cambios en el trazado de sus vías de transito. A pesar de que la comunicación con los pueblos limítrofes estaba garantizada se hacía necesario también acceder al regadío por una ruta rápida que obligaba a cruzar el rio Ega. Es por eso que se fueron tendiendo sobre el río sencillos y sucesivos puentes de madera, ni demasiado seguros, ni demasiado duraderos, pues las avenidas del agua en tiempos de crecidas se los llevaron por delante en no pocas ocasiones.
El nuevo puente quedó inaugurado al transito para regocijo de los carcareses y mejora de todos los usuarios, lo que suponía un avance notable en las comunicaciones. A partir de ese momento los agricultores accedían a sus huertas cómodamente y se facilitaba la comunicación hacía Lerín y Estella para los que venían de la parte de Lodosa y los que lo hacían desde la carretera de Planillos.
viernes, 23 de junio de 2023
UN MAESTRO DE PUEBLO
La fotografía está hecha en un aula de la escuela de Cárcar, ubicada entonces en el piso superior del Ayuntamiento, y el maestro es don Benito Pérez Apiñariz, natural de Etayo (Navarra) y nacido en 1886. Don Benito estudió Magisterio y Cárcar fue uno de sus destinos. Vivía en el número uno de la calle Jardín. "Ganas menos que un maestro de escuela", es una frase que se dice de modo recurrente y así era al parecer, a juzgar por las alpargatas que calza don Benito y que la mesa no consigue ocultar. Contrasta el sencillo y pobre calzado del maestro con el zapato lustrado y de lazos que porta el alumno, puesto seguramente de modo excepcional para la ocasión. El niño es Antonio Hernández Martínez y tenía en ese momento entre ocho o nueve años; sobre la ropa lleva una bata o "babi" que le protege de los roces del pupitre y del polvo de la tiza. Don Benito se la debió de quitar para la foto y luce una sencilla americana de doble botonadura, quizá de cuando se casó. Obediente, Antonio, apunta con decisión a un lugar en el globo terráqueo que el maestro le ha indicado señalar, mirando a cámara con cierta timidez. El maestro, en cambio, se muestra confiado y su expresión delata, además de su bonhomía, seguridad y confianza en el buen hacer del alumno. También cierto aprecio. Tras el educando cuelga el mapa de España de un atril del que el maestro se valía para enseñarles a ubicar los cabos de España, ríos y demás accidentes geográficos que todo buen alumno debía aprender.
Los maestros de pueblo de aquella época tenían que bregar con las circunstancias de sus alumnos. Unos niños que, a menudo, hacían novillos por ir al campo para apoyar en la economía familiar. Porque esos chicos tenían que elegir muchas veces entre ir a la escuela o echar una mano al padre; y eso era más vital que aprender a sumar; los chicos, claro, no podían rendir convenientemente en la escuela.
Un recuerdo especial para todos aquellos "maestros de escuela" de vocación que tanto contribuyeron con su labor a que hoy seamos como somos.
-----------------------------------------------------------------------
Agradezco a Inés Hernández su gentileza al cederme la fotografía para hacer este breve artículo.