lunes, 11 de marzo de 2024

LEONARDO PELLEJERO MARÍN. MISIONERO EN JAPÓN

Misionero evangelizando
 
A mediados del siglo XVI la religión católica llega a Japón a través de Filipinas por medio de los jesuitas y con el navarro San Francisco Javier a la cabeza, aumentando día a día el número de cristianos. Ya en 1587 las autoridades japonesas prohibieron la entrada a los misioneros extranjeros, pero para entonces se habían convertido al cristianismo más de doscientos mil japoneses. A pesar de ser perseguidos, y en muchos casos torturados y martirizados, los misioneros siguieron evangelizando en esas tierras. En vista de que el número de jesuitas mermaba a consecuencia de esas persecuciones, otras congregaciones  acudieron en su refuerzo, incorporándose enseguida también los misioneros dominicos.

En 1614 quedó totalmente prohibido en todo Japón el cristianismo y los últimos misioneros detenidos y torturados lo fueron en 1643. Para entonces, y solo de la Orden Dominicana, ya habían muerto martirizados en Onura y Nagasaki, entre los años 1592 y 1634, quince frailes españoles y veinticinco hombres y mujeres japoneses de la Orden Dominicana. Estos mártires, junto con los del resto de órdenes religiosas que también sufrieron martirio, fueron beatificados el día 7 de julio del año 1867. Algunos de ellos han llegado a los altares. El Papa S. Juan Pablo II los declaró santos el día 18 de octubre de 1987. 

Misioneros mártires en Japón.

A todo aquel período misionero, en el que cientos de religiosos y miles de cristianos japoneses fueron perseguidos y asesinados a causa de la fe, pereciendo muchos de ellos de forma  espantosa y cruel, se le denominó “el siglo cristiano del Japón” por lo que durante casi una centuria la evangelización cristiana dejó su semilla en la nación nipona y dio sus frutos. Y no será hasta el año 1873, y gracias a las presiones de Occidente, que se despenalice la práctica del cristianismo en Japón. 

Cuando llegaron de nuevo los misioneros y abrieron la primera iglesia católica, de forma sorpresiva “acudieron unos japoneses cristianos escondidos que habían mantenido la fe en secreto durante dos siglos y medio, sin sacerdotes, sin Eucaristía, sin confesarse y sin Biblias”. En grupos dispersos, eran unos cincuenta mil cristianos los que habían conservado de algún modo la fe cristiana. Tres fueron al parecer las motivaciones que los mantuvo perseverantes y que transmitiendo a sus descendientes: "una catequesis sobre la confesión, una oración memorizada de contrición y arrepentimiento (que recitaban en casa cada vez que se veían forzados a participar en actos paganos o de apostasía), y una profecía del año 1660 llamada "del catequista Sebastián", que avisaba que en 7 generaciones llegarían barcos con confesores, "y os podréis confesar incluso cada semana". (Religión en Libertad. 18-10-2017). 

El caso es que un poso cristiano había perdurado en el corazón de estos japoneses a pesar de prohibiciones y persecución y sobre la sangre de los mártires. En 1904 llegarán a Japón de nuevo los misioneros dominicos de la Provincia del Rosario que retomaban las tareas misionales. Erigieron una Prefectura Apostólica en la isla de Shikoku, siendo este el primer foco de evangelización católica de la orden dominicana de esta segunda parte.
 
Isla de Shikoku. Foto National Geographic

Treinta y dos años después de esa fecha ya tendremos a un dominico carcarés misionando en la nación del sol naciente; su nombre: Leonardo Pellejero Marín.

La madre de Leonardo, Casimira, era una de las hermanas de Francisco Marín Sola, (clikar sobre el nombre) el más grande sabio y teólogo dominico carcarés, ya estudiado en este blog. Leonardo nació en la tarde del día 11 de mayo de 1908 en la misma casa en que lo hizo su tío Francisco, ya que los padres de Leonardo se instalaron en la casa familiar materna, ubicada en la Plazuela. Veinte años después, esa plaza será dedicada precisamente al sabio dominico.

Casa donde nacieron tanto Leonardo Pellejero como su tío Francisco Marín Sola (el trozo de fachada que da a la plaza solo corresponde a la zona encalada). 
 
El padre de Leonardo, Francisco Pellejero Rubio, era natural de Lodosa y se había casado en Cárcar con Casimira. A la mañana siguiente de venir Leonardo al mundo su padre lo inscribe en el juzgado. Era Juez municipal, Ulpiano Fortún, y secretario, Antero Ona. Recibió el nombre por su tío y padrino, Leonardo Sádaba Lasarte, casado con Ricarda, hermana de Casimira. Hermanos de Leonardo fueron, Nicasio, Rufina, Felipe (apodado Cañamón) y Raimundo Pellejero Marín. De ellos sólo él sintió vocación religiosa, influido sin duda por la trayectoria de su tío Francisco. Así que pronto lo enviarán a cursar Humanidades a La Mejorada, un colegio que tenía la Orden de Predicadores en la población vallisoletana de Olmedo.

Año 1924. Es muy posible que uno de estos alumnos sea Leonardo. Foto Javier Yugero. Antiguosalumnosdar.com

Un 8 de septiembre del año 1925, ya con 17 años, toma Leonardo el hábito  en el convento de Santo Tomás de Ávila donde hará también los cursos de Filosofía. Al año siguiente tendrá lugar su profesión simple. 
Pronto lo trasladan al convento de Santo Domingo de Ocaña donde realizará el curso de Lugares Teológicos y en ese mismo lugar emitirá los votos solemnes un 9 de septiembre del año siguiente (1929). 
Una vez hechos los votos lo enviarán a los Estados Unidos, a la universidad de Rosaryville, en el estado de Luisiana, para hacer los cuatro cursos de Teología; esta era la misma universidad donde años atrás había ejercido de profesor su tío Francisco. Leonardo fue ordenado finalmente sacerdote en la catedral de San Luis de Nueva Orleans, uno de los principales templos que la Iglesia Católica tiene en los Estados Unidos. Fue un 8 de junio del año 1933.
 
Catedral de San Luis en Nueva Orleans. Foto Wikipedia

El P. Leonardo tenía una voz potente y bien timbrada por lo que en este convento de Luisiana y en algunos otros por los que pasó fue cantor de coro. 

Terminada su carrera eclesiástica y examinado también como confesor, se encontraba ya preparado para asumir la misión que los superiores tuvieran a bien encomendarle. Como al parecer demostraba vocación misionera lo enviaron a la ciudad China de Hong Kong. Para allá se embarcó el fraile carcarés en el mes de septiembre del año 1934, apenas un año después de haber sido ordenado sacerdote. Antes de llegar a su destino hizo el barco escala en el puerto japonés de Kobe, en la bahía de Osaka; aquí recibió un telegrama del Provincial en el que se le comunicaba que su destino no iba a ser China sino Japón, por lo que tomó rumbo ahora a las misiones que los dominicos habían abierto en la isla japonesa de Shikoku. La Misión atendía a zonas rurales pobres y alejadas.

Isla de Shikoku. Foto Mundo Japón

A la llegada del P. Leonardo apenas habían pasado treinta años desde la reapertura misional dominicana en Japón y todo estaba aún asentándose. Desde el Vicariato de Shikoku se optó por evangelizar en parroquias y educar a la juventud formando comunidades cristianas, y así se fundaron escuelas y residencias infantiles, comunidades parroquiales y el más tarde prestigioso Colegio Aiko. El Provincial Buenaventura García de Paredes había dado independencia a los frailes para que pudieran impulsar el movimiento misionero, y así lo hizo también el P. Pellejero. Sus primeros tres años de misión los pasó  en la parroquia de Matsuyama (1935-38) tras los cuales se trasladó a Niihama a donde llegó apenas un año después de haber sido esta fundada y donde ejerció durante cuatro años (1938-42). 

Colegio Aiko en Matsuyama. Foto: arquitectura y empresa.es

Vista aérea del Colegio Aiko en Matsuyama. Foto: arquitecturayempresa.es

Dos años estuvo en Kochi (1942-45) donde se encontraba el Vicariato Provincial San José. En Yawatahama misionó entre los años 1945 y 1948, y los cinco años siguientes atendió la parroquia en Uwajima (1948-53) y cinco años más los pasó en Matsuyama. Mientras su estancia en este lugar se fundó en 1956 el convento de San José, que fue el primero en erigirse como casa religiosa, destinada a albergar a los frailes que trabajaban en el colegio Aiko. En este colegio Aiko, el P. Pellejero fue profesor de religión y ética hasta el año 1958. Llegó a tener un conocimiento de la lengua japonesa envidiable, al punto de ser considerado como uno de los europeos que mejor dominaba ese idioma, un verdadero perito del idioma japonés. Y también escribía perfectamente los difíciles caracteres de la escritura nipona. Era en sus modos humilde y bondadoso, algo que le caracterizaba.

Los tres años siguientes los pasó el P. Pellejero en el convento de Itami en Osaka donde ejerció como capellán del noviciado de las religiosas dominicas. De ahí pasó a las parroquias de Imabari y Uwajima, atendiendo también las escuelas infantiles hasta el año 1963, año en que cayó enfermo. 

Tras veintinueve años de misión en Japón, los mejores de la vida, el P. Leonardo regresa a España al convento de La Mejorada de Olmedo, lugar donde se había iniciado en la vida religiosa. Aquí se consiguió recuperar de su enfermedad y durante los siete años siguientes atendió como director espiritual a los aspirantes a hermanos cooperadores, terminando de desgastar su vida en servicio por los demás.

Real Monasterio Santo Tomás de Ávila. Foto: monasteriosantotomas.com

La enfermedad lo fue minando poco a poco. La diabetes le dejó casi ciego, lo que le obligó a pasar sus últimos años en la enfermería del convento de Santo Tomás de Ávila. Era confesor del obispo de Ávila que lo eligió por su sencillez, espiritualidad y conocimiento del alma humana. Era habitual escucharle cantar, especialmente cantaba jotas navarras que le gustaban mucho, y hasta por afuera del convento se le oía su potente voz. También los frailes se deleitaban con sus cantos y les gustaba que les contara cosas de su pueblo de Cárcar y de su querido y añorado Japón. 

En la enfermería de ese de Ávila falleció un 31 de marzo del año 1977 a los 69 años de edad. El desgaste misional suele hacer estragos y es habitual que estos frailes no se distingan precisamente por su longevidad. Y esto también le ocurrió al Padre Leonardo Pellejero. El funeral lo presidió el propio obispo de Ávila.

Guardaba su hermano Felipe un retrato suyo y lo exhibía con orgullo siempre que se lo pedía algún fraile dominico que visitaba la casa natal del P. Leonardo. 

En el eco de los montes de Japón resonarán todavía los ecos y la huella dejada por el P. Leonardo Pellejero, al igual que durante siglos se viene escuchando la de su paisano San Francisco Javier y la de tantos otros misioneros que entregaron lo mejor de su vida para extender el mensaje de Jesucristo por el mundo. Que sus vidas no queden en el olvido.

María Rosario López Oscoz
marzo de 2024

Agradezco al P. Ramón Rodríguez, prior del convento de los dominicos de Arcas Reales de Valladolid, por haberme facilitado datos sobre el P. Pellejero para hacer este trabajo.
No he conseguido sin embargo ninguna fotografía del dominico, pero no me rindo, de momento. 

miércoles, 21 de febrero de 2024

EL BLOG CUMPLE CUATRO AÑOS


Era un 21 de febrero del año 2020 (a punto de entrar en pandemia del Coronavirus), cuando inició su andadura este blog al que titulé “Legado de Cárcar”. Se cumple hoy, por tanto, su cuarto aniversario. Una empresa que desde sus inicios supuso un reto por las dificultades que entrañaba, ya que en muchos casos partía apenas de unos escasos datos de archivo. La búsqueda de referencias y la construcción y redacción de unas historias de las que poco o nada se conocía, ha sido la tarea que he venido desarrollando y ha marcado cada uno de estos artículos.

Cabecera del blog

Transcurridos cuatro años es ya posible estudiar pues el proyecto en perspectiva.  57 han sido hasta hoy las entradas al blog y por ellas han ido desfilando un sin fin de personajes de las más heterogéneas profesiones y oficios: arquitectos, monjes, obispos, escultores, maestros carpinteros, políticos, ingenieros, sacerdotes, médicos, militares, fundadores, organistas, misioneros, doctores en química y en física, abades, farmacéuticos, catedráticos en distintas disciplinas, conquistadores, frailes, retablistas, pintores y doradores, abogados, notarios, síndicos consultores, escritores, políticos, doctores en distintas materias, catedráticos de medicina legal, maestros organeros, cronistas, y hasta aventureros que se embarcaron rumbo a las Indias, junto con la historia de Micaela Zumalacárregui y el nexo familiar que une a Cárcar con el famoso general carlista.  Un singular plantel de carcareses que destacaron en distintas disciplinas y que han dado lustre a su pueblo. Pocos oficios han podido escapar a estos emprendedores "carcareses por el mundo". 

Unido a ellos he podido incorporar al blog otro tipo de temas que también tienen que ver con la historia de Cárcar: la recuperación escrita de la desaparecida ermita de Santa Bárbara, la ubicación de un manantial medicinal, el rescate de algunas cartas que implican a la vida del pueblo y sus gentes, así como la aportación de algunos anuarios antiguos; también la historia del hundido puente viejo, la secular cofradía de los santiagueros, la heráldica de Cárcar, la tremenda crónica negra que sacudió al pueblo en los últimos días del siglo XVIII, y hasta el testimonio musical del villancico más autóctono. Sin olvidar el amplio archivo fotográfico que acompaña a cada trabajo y que contribuye a enriquecerlo. 

Algunos personajes más, y otros temas, siguen esperando turno, y es mi deseo que todos ellos lleguen a buen puerto. Hay que reconocer no obstante que el filón se va reduciendo por natural agotamiento documental, pero, aún así, mientras exista alguna posibilidad de sacarlo adelante lo seguiré intentando.
 
Agradezco de veras los comentarios y los ánimos de tanta gente que aprecia y reconoce este trabajo, visita el blog y se hace seguidor, añadiéndole atractivo y estimación al mismo. Conviene ahora no solo divulgarlo, sino también custodiarlo y conservarlo convenientemente como bien patrimonial. 
 
Esta es pues mi contribución personal hacia mi pueblo natal de Cárcar, mostrando a través de este blog la vida y obra de algunos de sus destacados hijos. Pero también me gustaría rendir desde aquí un homenaje de reconocimiento a todos los que  se quedaron y sacaron adelante, con esfuerzo y sudor, al pueblo que les vio nacer. Miles y miles de hombres y mujeres anónimos que a través de los siglos dejaron su impronta silenciosa en el devenir cotidiano de sus vidas en este pequeño pueblo de la Navarra rural. Todos y cada uno de ellos (los que se fueron y los que se quedaron) han hecho grande a Cárcar y merecen nuestro respeto y reconocimiento.

Vino de Bodega Valdelares. Cárcar

El motivo pues, merece un brindis con buen vino local. 

CHARO LÓPEZ OSCOZ

miércoles, 31 de enero de 2024

JOSEPH BRAVO Y SADABA, otro aventurero carcarés

Oidor de Audiencia de la época. Foto: Wikipedia

Varios fueron los carcareses que viajaron a las Indias en siglos pasados y de alguno de ellos ha quedado huella documental. En este caso se trata de Joseph Bravo y Sadaba. Este había nacido en Cárcar el día 31 de octubre del año 1681 y era hijo de Phelipe Bravo y Josepha Sadaba. Sus hermanos fueron: María, Manuel, Bernavela, Manuela y Josepha Bravo y Sadaba

Calle de Cárcar

A José se le ocurrió marcharse a hacer las Indias. No hay muchos datos sobre sus hechos o su persona por lo que se deduce que mucho no prosperó, pero sí se sabe que se embarcó como criado para ir a la Isla Española acompañando a un magistrado llamado Francisco Fernández de Barco que había sido nombrado Oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo. La Española es la isla que incluye actualmente la República Dominicana y Haití y fue el primer asentamiento español en América. Fernández del Barco era un señor que había nacido en Plasencia y había cursado estudios superiores en la Universidad de Alcalá, siendo catedrático de la misma. Es muy probable que Joseph contactara con el catedrático por estar él mismo estudiando en Alcalá.

Universidad de Alcalá

En octubre del año 1705, Fernández de Barco obtiene licencia de embarque para ir a esa Isla Española a cumplir su cargo de Oidor (juez), acompañado por Joseph.

Antes de embarcar hacia las Indias era necesario completar una serie de exigencias burocráticas en la Casa de Contratación de Sevilla, y en esa documentación se dice que Joseph Bravo tenía en ese momento veinticuatro años y era de mediana estatura, robusto, pelo rubio, ojos azulesque era natural de la villa de Cárcar en el obispado de Pamplona. Esos serán pues los únicos datos que se aporten sobre el joven y nada más he podido encontrar de momento sobre él.

Museo de las Casas Reales, antigua Audiencia de Santo Domingo. Wikipedia

La Audiencia de Santo Domingo fue el primer tribunal que tuvo la Corona española en América. El Oidor Fernández de Barco desempeñó ese cargo durante doce años, hasta que en 1718 fue designado para reemplazar a Francisco Oyanguren como fiscal del Crimen de la Audiencia de Méjico; así que todo apunta a que Joseph se mantendría durante todo ese tiempo también en Santo Domingo junto al juez y que ahora le iría a acompañar también a su nuevo destino en Méjico. Desgraciadamente, Fernández de Barco no llegó a ocupar el puesto ya que murió durante la travesía marítima por la zona de los islotes de Alacrán (Méjico). 

Seguramente fue el carcarés quien le asistió en sus últimos momentos y se encargó de dar parte del deceso a las autoridades competentes. ¿Qué fue a partir de entonces de Joseph? De momento, nada más se sabe. 

Fuentes: 
-Portal de Archivos Españoles. ES.41091.AGI//CONTRATACION,5461,N.14. Fecha 12-11-1705
-familysearch.org
-https://dbe.rah.es/biografias/42990/francisco-fernandez-de-barco

viernes, 29 de diciembre de 2023

RESUMEN DEL AÑO 2023

Loes de Cárcar

El blog Legado de Cárcar cumple este mes de diciembre cuarenta y seis meses de andadura desde que le diera inicio en el mes de febrero del año 2020, poco antes de la pandemia del coronavirus. Por lo tanto, está próximo a cumplir los cuatro años. Y siguiendo la norma de hacer un resumen anual de los artículos publicados, vaya aquí el del año 2023 que termina. (Clicando en cada uno de los nombres resaltados se accede al artículo en cuestión).


*En enero abordé a un famoso escultor que nació circunstancialmente en Cárcar; se llamaba Pedro Busou del Rey y era hijo del francés Francisco Busou, también escultor, que llegó a este pueblo a cumplir una contrata para tallar la sillería del coro de la parroquia. Pedro cursaría estudios en la Real Academia de San Fernando donde llegó a ser académico de mérito, consiguiendo premios en distintos certámenes y hasta una medalla de oro. Fue profesor del infante Antonio (hijo de Carlos III), escultor de Cámara de Carlos IV y del Real Sitio de Aranjuez y responsable de la conservación de las esculturas de la Real Casa del Labrador de Aranjuez. 


Confirmación de Miguel Ángel Turumbay a manos de don Antonio Ona

*Febrero fue para Antonio de Ona, obispo de Lugo y doctor en Teología y Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Zaragoza. Fundó el Instituto de Hijas Auxiliares del Buen Pastor de Pamplona. Fue Secretario de Medios de Comunicación Social en Lugo, donde fundó la cadena de Radio Popular en esa ciudad. Una calle de la capital lucense lleva su nombre.


Publicidad de la tienda de los Lezaun

*En marzo adapté y copié el anuario de Cárcar del año 1924 aprovechando los datos que ofrecía la Guía de Aragón, Navarra, Soria y Logroño, escrita por Román García Garate. Gracias a ella han quedado reflejados los nombres de los miembros del ayuntamiento, el clero, los funcionarios públicos, maestros y cuantos tenían algún cargo o regentaban establecimientos públicos en ese año.


Grupo escolar del año 1934

*Abril acogió dos anuarios más; los de los años 1932 y 1942. En el artículo aparece todo lo reseñable referente a Cárcar durante esos años. Conseguí insertar además tres valiosas fotografías de distintos grupos escolares de esos años con sus correspondientes maestros que los atendían. 


Heráldica de los Zúñiga

*En el mes de mayo abordé la heráldica de Cárcar y algunos de los edificios históricos que afortunadamente se conservan todavía. Ha quedado pendiente el estudio de dos escudos a los que no me ha sido posible de momento acceder. A saber: el que estaba en el edificio que fue el Café Lorente y el que se encontraba en la casa de Eulogio Pardo. También he tenido noticias, que no he podido contrastar, de que había otro escudo heráldico en el Barrio Monte, en “Casa de Lara” (casas de Antonio Hernández, Ismael Sádaba y Melchor Guillén). Sirvan estas líneas como petición de ayuda por si alguien sabe algo al respecto. Escudos armeros de Corroza, San Juan, Díaz de Rada, Martínez, López Bailo, Ona y Zúñiga todavía se conservan y esperemos que lo sigan haciendo por mucho tiempo.


D. Benito Pérez y Antonio Hernández

*”Un maestro de pueblo” fue el título del artículo del mes de junio. Aprovechando una fotografía inédita de don Benito Pérez (uno de los maestros que había en Cárcar en tiempos de la posguerra) que posaba junto a uno de sus alumnos (Antonio Hernández), traté de perfilar como era la vida de un maestro rural de su tiempo y la problemática de enseñar a unos chicos que se veían muchas veces en la tesitura de si acudir a la escuela o ir a ayudar al padre en las tareas agrícolas.


El puente viejo. Foto: Archivo Administrativo de Navarra

*Julio lo dediqué para el “Viejo puente metálico” anterior al actual. Inaugurado en el año 1898 se mantuvo en pie durante 74 años hasta caer al río Ega en el año 1972 al paso de un camión que sobrepasaba la carga permitida.


La Flota de Indias. Foto: Geografía Infinita

*Septiembre acogió a Juan Manuel de Sádaba, un carcarés que nació en el año 1641 y se embarcó con veintiún años rumbo a Nueva España (Méjico) bajo las órdenes de Juan Miguel de Agurto y Álava, recién nombrado Alcalde del Crimen de la Real Audiencia de Méjico. 



Fray Javier Fortún. Foto: Boletín de Leyre. Nº 176

*El Padre Javier Fortún ocupó el artículo del mes de octubre. Este había nacido en el año 1931. Fue durante 32 años misionero jesuita, diez de ellos en la región del Gujerat (India). De ahí pasó a Venezuela, para volver a España e ingresar en el Monasterio navarro de Leyre como monje benedictino. En ese monasterio dedicó cincuenta años de su vida a la vida contemplativa y donde falleció en abril de este año 2023. 


Coro de la iglesia de Lerín que construyó Ildefonso de Arbizu

*Noviembre fue para un arquitecto carcarés del siglo XVIII, Ildefonso de Arbizu. Era hijo de un importante maestro carpintero y casó con la hija de otro importante artista de su tiempo: el maestro organero lerinés Lucas de Tarazona. Ildefonso acometió, entre otras obras, el derribo y construcción del coro de la iglesia de Lerín, así como el removimiento y traslado del mausoleo con los restos del Conde de Lerín y Condestable de Navarra hacia otro punto de la iglesia. 


Nacimiento en el Convento de las Hermanas de Santa Ana en Lerín. Foto: Agustín Garnica
*Finalmente en el mes de diciembre recogí unos de los villancicos más emblemáticos y exclusivos de Cárcar, bien conocido por todos, especialmente por aquellos que peinan canas. No sé cuál sería su título primitivo, ni quien lo compuso, o si alguien lo introdujo en Cárcar o nació aquí, pero todos lo conocemos con el título de: EN EL CENTRO. Ojalá esta pequeña contribución ayude para que se siga cantando por siglos.
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Recuperar estas costumbres, este acervo local, estos personajes y vivencias, es el objetivo de este blog. Para que cuando ya nos hayamos ido sobreviva en el tiempo como patrimonio de todos.
 
Aprovecho este resumen para felicitar a los seguidores del blog y desearles un feliz año 2024.


MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ

29-12-2023


viernes, 15 de diciembre de 2023

"EN EL CENTRO", villancico popular de Cárcar


Foto Agustín Garnica

En todos los pueblos hay singularidades, y llegada la Navidad tenemos en Cárcar un villancico que si no es genuinamente autóctono, casi lo es. El villancico se titula, o lo titulamos, “En el Centro”. Generación tras generación en la iglesia de Cárcar se ha venido cantando este villancico durante el ciclo de Navidad, especialmente acabada la misa y mientras discurre el rito de la adoración al Niño Jesús.  En un barrido por internet solo he encontrado una referencia a él (con alguna variante) en el blog Desolvidar. Nada más.

Es un villancico sencillo y sentido, lleno de nostalgia, que nos retrotrae a la infancia y nos evoca momentos vividos junto a tantos de los nuestros que ya no están. La letra dice así:

En el centro de una austera gruta,
en el crudo rigor del invierno,
viene a luz el infante mas tierno
y más bello que nunca se vio.

Es su cuna grosero pesebre,
por almohadas la paja y el heno,
y su rostro infantil está lleno
de una dulce e inefable expresión.

Podríamos considerar, por tanto, que el villancico “En el Centro” es patrimonio de Cárcar y un legado de nuestros mayores; por consiguiente, una obligación conservarlo y custodiarlo, y cantarlo y transmitirlo a las generaciones venideras.
 
En un alarde de orgullo sano por saberme una de esos custodios de este legado, me he venido arriba, y en una grabación casera lo he cantado a palo seco, susceptible de mejoras. Aquí lo dejo como un homenaje a todos los carcareses que a lo largo de los años lo entonaron y lo siguen haciendo cada Navidad. 


Quién lo compuso y cuando lo hizo son preguntas que de momento, al menos yo, no puedo contestar.
 
Me gustaría que estas navidades, cuando el coro parroquial de Cárcar lo cante mientras el pueblo fiel va a besar al Niño, se grabe en algún dispositivo para poderlo incorporar después a este post. Desde aquí mi agradecimiento.

Aprovecho para desear a todos los lectores del blog, Legado de Cárcar, una feliz Navidad. 
 
MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ
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No ha sido necesario esperar a Navidad, tras colgar el artículo, y por deferencia del coro parroquial  de Cárcar, he recibido de manos de Gracia Soto un vídeo donde ellos mismos cantan el mítico villancico mientras tenía lugar un concierto que hacían en Mendavia. Les agradezco pues enormemente el detalle; y seguro que no solo yo. Aquí va pues...



lunes, 27 de noviembre de 2023

ILDEFONSO DE ARBIZU, ARQUITECTO CARCARÉS-LERINÉS

 

Grabado alegórico de la arquitectura

De la serie de arquitectos de Cárcar faltaba por destacar a Ildefonso Arbizu Quintana. Con él concluyo una lista de arquitectos, retablistas, escultores y doradores que surgieron en Cárcar a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Ya destaqué en anteriores trabajos a Tomás Martínez de Puelles y a sus hijos Tomás Antonio y Adrián, tío y primos respectivamente de Ildefonso, y también a Antonio de Izaguirre, tío a su vez de los Martínez de Puelles; también a Pedro Busou, escultor de Cámara de Carlos IV, y, más inicialmente, a Andrés de Mata, dorador de retablos, pintor y estofador. Un elenco de artistas que dejaron sus obras repartidas por buena parte del territorio navarro y español.

Ahora me detendré en Ildefonso de Arbizu. Este nace en Cárcar el 29 de enero del año 1740. Hijo del maestro carpintero Joseph de Arbizu y Bravo y Ana María Quintana y Sádaba fue el primogénito de siete hermanos, y se movió, como digo, en un ambiente y en un momento artístico sin precedentes en Cárcar. Él vio tallar a su padre la caja del órgano que construyó el maestro lerinés Joseph de Mañeru para la iglesia de Cárcar, y vio también como cincelaba  la inmensa puerta de cancela por la que se accede al templo parroquial. 

Caja del órgano y puerta de cancela que talló Joseph de Arbizu, padre de Ildefonso en Cárcar

Observó a los maestros calahorranos esculpir la sillería del coro y conoció de primera mano las destacadas obras barrocas que realizaba su tío Tomás Martínez de Puelles. Es posible que aprendiera a manos de éste el oficio de arquitecto, pero también cabe la posibilidad de que su padre lo mandara a estudiar a alguna escuela de arquitectura. El caso es que empezó a hacer sus primeros trabajos en Lerín y aquí conoció a la que sería su mujer:  Teresa de Tarazona y López de Velasco. Teresa era hija del importante maestro organero Lucas de Tarazona, y de Josepha López de Velasco. Todos los hermanos de Teresa eran, como el padre, constructores de órganos, así que ella se movió en un ambiente, digamos, muy musical. Seguramente su padre le haría un órgano portativo para que aprendiera a tocar en casa, como hiciera más tarde su sobrina María Luisa de Tarazona y Beunza, organista del convento de las monjas clarisas de Arizcun. 

Ildefonso y Teresa cumplimentaron la ceremonia de velación en Cárcar el año 1764, ya que era aquí donde iban a vivir los primeros años. Dos de los hijos del matrimonio nacieron en Cárcar: María Micaela y Manuel Francisco pero para el año 1771 la familia Arbizu-Tarazona ya estaba residiendo en Lerín donde nació Javier Antonio, último de los hijos. Este se casará después con Ramona, su prima carnal, e hija de Julián de Tarazona, uno de sus tíos organeros.

Es evidente que Teresa tenía querencia por Lerín y atrajo a Ildefonso hacia esta población vecina; aquí estaba toda su familia materna que eran gente de prestigio; la madre de Teresa era nieta, nada menos que de Clemente López de Velasco, promotor fiscal del estado y condado de Lerín y escribano real. Además, Lerín ofrecía mayores posibilidades para trabajar en lo suyo por tener una población mayor y ser cabeza del condado del mismo nombre.

Estando residiendo en Lerín, es requerido Ildefonso para trabajar en Sartaguda donde realizo el retablo mayor de la iglesia y desmontó y recompuso el chapitel de la torre. Enseguida le aprobaron un proyecto para Lerín. En 1779 se hace cargo del derribo del coro antiguo de la iglesia y la construcción de uno nuevo, proyecto aprobado por Santos Ángel de Ochandátegui, prestigioso arquitecto de la época. Esta construcción constará de “arco de medio punto entre pilastras y sotocoro con bóveda de medio cañón y lunetos” (Ricardo Fernández Gracia). 

Fotografía actual de la obra del coro de Lerín que hizo Ildefonso de Arbizu

En el informe que presentó Ochandátegui, y que recoge María Josefa Tarifa en un artículo contenido en el libro Lerín, Historia, Naturaleza, Arte. A. Garnica, J.L. Ona (coord.) 2010, se habla también de  “la existencia de dos trazas con objeto de reformar la capilla mayor, una presentada por Vicente Arizu y otra del citado Arbizu, siendo ésta en opinión del experto la más acertada”. Advierte Ochandátegui, que viendo la solidez, seriedad, sencillez y hermosura de dicha capilla mayor se deberá llevar a cabo la obra con el mayor cuidado y delicadeza “siguiendo la ordinacion de la planta con puntualidad y esmerándose en imitar con mucha propiedad y simetria el delicado gusto que manifiesta dicha capilla mayor (…) sin necesidad de alterar ni retocar otra cosa que los capiteles por estar estos mal esculpidos por la mala inteligencia del escultor o tallista que los abrio”. Es de suponer que dada la potente opinión del afamado Ochandátegui el trabajo del arquitecto carcarés fue aprobado con nota.

Retablo mayor visto desde la capilla del coro que hizo Arbizu. Lerín


Bóveda sobre la que se asienta el coro. Obra de Ildefonso de Arbizu 

Pero hizo Ildefonso otras actuaciones en la iglesia de Lerín. En el interior del templo y a los pies del presbiterio se encontraba desde el año 1616 el mausoleo de los condes de Lerín. Este monumento fue un encargo de don Luis de Beaumont y Navarra (segundo conde de Lerín y Condestable a su vez de Navarra), a Gil Morlanes el Viejo, afamado escultor aragonés. A este Condestable en cuestión le apodaban El Valeroso, como manifiesta Juan Jesús Virto en otro artículo de mismo libro citado. Este mausoleo, además de contener los restos de este conde, reposaban en él también los de su nieto y cuarto conde de Lerín, don Luis de Beaumont y Manrique de Lara, y los de don Diego Álvarez de Toledo, hijo del tercer duque de Alba y esposo a su vez de doña Brianda, quinta condesa de Lerín. El féretro con los restos de este don Diego había traído desde Alba hasta la vecina localidad de Sesma en espera de que concluyeran las obras en la iglesia de Lerín donde serían finalmente depositados.

Mausoleo de los condes de Lerín obra de Gil Morlanes el Viejo. Fotografía tomada del artículo Gil Morlanes el Viejo y el sepulcro de Lope Ximenez de Urrea, de María Carmen Lacarra Ducay

Este llamativo sepulcro de mármol y alabastro, que ocupaba el centro mismo del presbiterio, no creaba consenso entre los fieles, ya que les impedía ver el altar mayor durante la misa y estorbaba los movimientos de los sacerdotes a la hora de administrar la comunión, por lo que no faltaban las quejas, por lo que el patronato de la iglesia consiguió permiso del duque de Alba para removerlo. En marzo del año 1786 se decidió trasladarlo a un lugar más discreto dentro de la misma iglesia. Se trataba de llevarlo hasta la capilla de San Francisco Javier, en la parte del lado del Evangelio, y este trabajo le fue encargado a Ildefonso de Arbizu

Detalle del mausoleo. Fotografía tomada del artículo Gil Morlanes el Viejo y el sepulcro de Lope Ximenez de Urrea, de María Carmen Lacarra Ducay

Tuvo pues el carcarés que gestionar el desmonte de este magnífico bulto marmóreo y sacar los despojos de los condes allí enterrados y depositarlos en el hueco preparado al efecto. Arbizu fue pues uno de los pocos privilegiados que vio los restos del todopoderoso Condestable años después de su muerte. Cuatro meses después, todas las piezas del conjunto mortuorio quedaron perfectamente encajadas en su nueva ubicación. La minuta que pasó Ildefonso al Patronato de la iglesia ascendía a 5.821 reales con 24 maravedíes. 

Esta remodelación no duró mucho y aquellos nobles despojos no consiguieron descansar en paz muchos años ya que en 1841, y mientras el gobierno liberal de Espartero, iban a sufrir un acto de vandalismo. Así lo cuenta Pedro de Madrazo en el libro "Navarra y Logroño en España. Sus monumentos y artes. Su naturaleza e historia". Barcelona. 1886":

“Pero no fueron los franceses los que removieron de su sitio el magnífico enterramiento         de mármol y alabastro que en la misma iglesia tenían los primeros condes de Lerin             (…) Este monumento fue víctima de un acto de venganza indigno y salvaje:                     después de     la guerra llamada de los siete años, el pueblo siguió un pleito sobre             exención de tributos con el duque de Alba; obtuvo sentencia favorable, y en la                     explosión de su júbilo, arrancó violentamente de la iglesia el sepulcro, lo sacó al atrio           medio destrozado...”.

Bien por esta cita de Madrazo, o por un bulo infundado, el caso es que se creyó que el mausoleo había desaparecido. Sin embargo, Juan Jesús Virto, tras un minucioso trabajo de investigación asegura que, después de vandalizado, dicho mausoleo debió ser llevado al palacio condal de Lerín. Los huesos de los condes, por su parte, fueron depositados en alguna tumba de la propia iglesia parroquial hasta que en el año 1862 el duque de Alba mandó llevar, tanto los restos mortales como el mausoleo hasta el Palacio de Liria en Madrid.  Y allí los halló Virto por casualidad en el año 2010. Y es que, recogidas todas las piezas y bien embaladas habían sido trasladadas en ferrocarril hasta Madrid en ese año de 1862 para ser finalmente montado el mausoleo y depositado en la sacristía de la capilla del palacio de Liria propiedad de los duques de Alba. No se encuentra expuesto al público pero algunos historiadores han tenido acceso al mismo, y es por eso que, siquiera a través de fotografías, podemos ver como era aquél magnífico sepulcro cincelado por Gil Morlanes el Viejo, y destinado a que reposaran en su pueblo los condes de Lerín. Poco iba a imaginar el Condestable los vaivenes que iba a sufrir después de muerto.

Aún le quedaba a Ildefonso una última actuación en la iglesia de Lerín. Asegura María Josefa Tarifa que en octubre de 1790 fue el propio Arbizu quien presentó un condicionado para hacer unas zanjas con objeto de “desviar e impedir la introducción de aguas subterráneas al interior de la parroquial por el lado de los cimientos que daban a la plaza”. Y es que la iglesia sufría (y sufre) de abundantes humedades en cimientos y paredes, principalmente en la zona de los retablos de la Ánimas y Nuestra Señora del Rosario. Quizá fuese efectiva en su momento la actuación de Arbizu, pero, a día de hoy, dichas humedades siguen latentes y son tan evidentes como preocupantes.

Es evidente como la humedad va comiendo la base del retablo del Rosario. Lerín

Por esos mismos años (entre los años 1790 y 1802) se hizo en la iglesia de Cárcar una gran restauración desde la nave hasta los pies del crucero. En esta parte se añadió la que se denominó capilla de los Santos Pasos, por ser el lugar que alberga los pasos que procesionan en Semana Santa; también esta obra y otras de menor envergadura le fueron encargadas a Ildefonso, pero, sin poder precisar el motivo (quizá por su fallecimiento), no las pudo terminar. Lo hizo en su lugar el arquitecto alavés Francisco de Sabando.

No todas las obras que llevó a cabo Ildefonso de Arbizu fueron en el ámbito religioso, también hizo otras civiles, como reflejan algunos pleitos conservados en el Archivo de Navarra: obras en el regadío de Mendavia acompañado del albañil de Lodosa Andrés García Soto, en el trujal de Larraga y en casas particulares. 

Los documentos sin clasificar podrían aportar más datos sobre este personaje. De momento, esto es lo que he encontrado y aquí queda reflejado.

MARÍA ROSARIO LÓPEZ OSCOZ
NOVIEMBRE DE 2023



domingo, 29 de octubre de 2023

EL PADRE JAVIER FORTÚN

El pasado 9 de abril de este 2023 fallecía Fray Francisco Javier Fortún tras una vida silenciosa de oración y contemplación como monje benedictino en la Abadía de San Salvador de Leyre (Navarra). Aprovechando los inestimables datos que aporta Ramón Luís Mañas O.S.B. en el número 176 del Boletín de la Abadía y el trato epistolar que mantuvo quien esto escribe con el P. Fortún a lo largo de los últimos once años, voy a intentar construir en este blog una pequeña biografía, casi panegírico, sobre su vida.

Foto en detalle del padre Javier Fortún entresacada del número 176 del Boletín de Leyre

Francisco Javier Fortún Ardáiz nació en Cárcar el día 23 de marzo del año 1931, hijo de Luis Fortún García y Julia Ardáiz Sagredo,  fue el benjamín de tres hermanos. Con solo cinco años quedó huérfano de padre y a los once ingresó en el Seminario Conciliar de Pamplona. En 1946 pasó al noviciado de Loyola de la Compañía de Jesús donde despertó en él su vocación misionera. En 1951, con veinte años de edad, va a misionar a la India. Aquí hizo también sus estudios para ser sacerdote. En la isla de Ceilán (actual Sri Lanka) realizó los tres cursos de Filosofía y el primero de Teología y en la ciudad de Poona los últimos cursos de Teología. Una vez acabados es ordenado sacerdote en Ahmedabad el 24 de marzo de 1959, justo al siguiente día de cumplir los veintiocho años.

Durante los diez años siguientes permaneció como misionero en el estado  del Gujerat (India), codo con codo con otros misioneros navarros que también se encontraban allá, como el jesuita lerinés José Luis Gorosquieta Reyes con quien mantuvo una relación de amistad de por vida, a pesar de los distintos rumbos que finalmente tomaron sus vidas.  Gorosquieta seguiría en la misión en Gujerat durante casi sesenta años, hasta su muerte ocurrida en Rathanpur, aunque su principal labor misionera se desarrolló en la ciudad de Dhandhuka. 

Portada de la revista que los misioneros jesuitas publican desde la región india del Gujerat en la que se recoge el fallecimiento del P. Gorosquieta Reyes

Tras ese tiempo en la India, el P. Fortún fue destinado a Venezuela donde permaneció otros dos años. Estando aquí sintió una fuerte llamada a la vida contemplativa que quiso madurar volviendo a su tierra. Durante el discernimiento estuvo en su pueblo de Cárcar; aquí tuvo ocasión de impartir a los escolares unas charlas en las que les explicaba su experiencia en la misión. Tras marchar de su casa natal a los once años, fueron muy escasas sus visitas a Cárcar pero, aún así, quedó grabada en él la imagen de su pueblo y sus gentes con memoria fotográfica, de modo que era capaz de revivirlo con una precisión que pareciera haber estado allá hacía solo unos días.
 
Tratando de recordar  y enlazar personas y apellidos de su pueblo de Cárcar

Una meditada y profunda reflexión espiritual y existencial le llevó a decidirse definitivamente por la vida contemplativa. Es por eso que el 21 de octubre del año 1972 ingresó en el monasterio navarro de San Salvador de Leyre. El 10 de julio del año siguiente le llegó de Roma el permiso para cambiar de orden. Tras pasar con éxito el período de prueba, hizo la profesión solemne el día de San Benito, ya como monje benedictino.

Desde entonces, su misión en dicho monasterio, -además de la propia como orante contemplativo- se desarrolló en la enfermería, y en la sacristía atendiendo el servicio litúrgico. Durante muchos años fue también el encargado del servicio de correos de la abadía y, en los últimos, pasó a hacerse cargo de la depositaría.

Activo confesor, dedicó la mayor parte de su vida a atender al confesionario, tanto en la iglesia abacial, como a las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, a las que asistía espiritualmente en el convento que las monjas tienen en la población cercana de Javier.

Portada del libro escrito por el P. Fortún

De natural muy piadoso, fray Javier Fortún amaba la Eucaristía y la Adoración Eucarística; no en balde escribió el libro “El Sagrario y el Evangelio” que publicó la editorial Patmos en el año 1999 y del que se han hecho hasta ahora cuatro ediciones. Gran devoto de la Virgen y San José su máxima favorita era: “Para mi, después de la Virgen, y junto a la Virgen, San José”.  En época de Navidad, le apasionaba montar el Belén de la comunidad.  Mientras realizaba sus paseos habituales por el bosque que rodea la abadía, recogía las piñas más bonitas que utilizaba después para adornar el Belén. 

Foto: Abadía San Salvador de Leyre. Fuente: monasteriodeleyre.com

Cumplía con diligencia y devoción las horas canónicas que en la orden benedictina se hacen en comunidad a través del canto gregoriano, pero también tenía las suyas personales; cada día rezaba el rosario y meditaba los siete dolores y gozos de San José, compuestos por Enrique de Ossó. Era también devoto del beato Florentino Redondo Insausti, paisano y mártir carcarés, al que le pedía “me alcance el espíritu de agradecimiento”. Emulando sus consejos, exclamaba: “el mejor modo de pedir es dar gracias, y eso también entre hombres”. 
 
Los benedictinos de Leyre con el arzobispo don Francisco Pérez. A la derecha del arzobispo está Fray Javier Fortún y a la izquierda el padre abad. Foto: Iglesia Navarra

Cada día celebraba misa en el oratorio de San Virila, y cuando últimamente ya no podía desplazarse por su propio pie hasta esa capilla, lo acercaba en su silla de ruedas uno de los monjes; esto hasta pocos días antes de su muerte.

En su lúcida ancianidad, recordaba con nitidez su infancia en Cárcar, los nombres de las personas, las calles y la historia de su pueblo. El actual titular del órgano de la abadía, José Luis Echechipía París, le traía a la memoria a uno de sus maestros de infancia: don Germán Echechipía, tío del anterior, al que citaba a menudo junto a don Benito Pérez, a los que rememoraba como si aún estuvieran presentes. Si alguna visita le obsequiaba con un presente, generalmente en forma de dulces, se alegraba mucho si comprobaba que había suficientes unidades como para repartir entre el resto de monjes. Agradecía también recibir noticias de su pueblo. Su última visita a Cárcar fue en junio de 2014 con motivo de celebrar el funeral por su hermano José Luis; recordaba aquel momento con emoción y gratitud. 

Foto de Cárcar de los años 70 del siglo XX

Leía y meditaba a diario y con devoción la Lectio Divina, como es preceptivo, pero también leía otros libros. Me consta que con especial cariño leyó la obra Arte y Perseverancia Final en Gracia, escrita por el jesuita carcarés Domingo de Antomas y publicada en Lima en el año 1765, que en una ocasión le envió quien esto escribe. Su crítica al libro no pudo ser más agradecida: “me gustó muchísimo, tanto que ya lo he leído dos veces y creo que no serán las últimas”. No obstante, se lamentaba que en las citas no apareciera la que para él era la mejor: Perseverad en mi amor (Jn, 15-9).

En los últimos años, ya con las fuerzas mermadas, se encomendó a las oraciones de sus allegados y se preparó para la muerte. “Hasta el Cielo”, se despedía ya en sus últimas cartas. En marzo de este año, 2023, cumplió noventa y dos años y su salud empezó a empeorar. El 5 de abril, al tiempo que la Iglesia Universal se preparaba para celebrar el Triduo Pascual, el padre Fortún entró en agonía. Acompañado y atendido por los miembros de la comunidad y por su sobrinos, murió en serena paz la mañana del Domingo de Resurrección del día 9 de abril. A las cinco de la tarde del lunes de Pascua se celebraron sus exequias presididas por el padre Abad. Su cuerpo fue inhumado en el cementerio de la Abadía de Leyre.
 
Fray Javier Fortún dedicó treinta y dos años de su vida a la misión como jesuita, y los otros cincuenta años siguientes como monje contemplativo entregado a la oración, la meditación, el silencio y el trabajo manual, según la regla de San Benito: Ora et labora. Una vida alejada del mundo, silenciosa y ascética, de total entrega a Dios y rica en matices que escapan a este trabajo. Sin duda un santo varón. Descanse en paz.


María Rosario López Oscoz
Octubre de  2023